Domingo, 27 August 2017 19:00

El Pequeño Picasso forma parte de los migrantes refugiados en Belgrado

Escrito por  Matthew Brunwasser | The New York Times
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En un ruinoso centro de refugiados en las afueras de Belgrado, un artista afgano al que llaman Pequeño Picasso pasa sus días dibujando y soñando mientras vive en el limbo, aparentemente inmune al cada vez más intenso sentimiento de desesperanza y desaliento a su alrededor.

Farhad Nouri, un niño de diez años que vive con sus padres y sus dos hermanos menores en una pequeña habitación en un antiguo cuartel militar yugoslavo que alberga a más de 600 migrantes y refugiados, se ha vuelto famoso en Serbia y fuera de ese país. Los fanáticos hablan de su extraordinaria habilidad artística. Este mes inauguró su exposición, organizada por la Refugees Foundation, una organización sin fines de lucro con sede en Belgrado.

 

Sin embargo, la historia de Farhad —un chico listo y larguirucho de risa fácil— es más que un inesperado rayo de esperanza en circunstancias desalentadoras. Es una luz para los solicitantes de asilo olvidados y un ejemplo del potencial incalculable que se pierde entre los migrantes varados a lo largo de la ruta de los Balcanes hacia Europa Occidental.

 

“Farhad es un ejemplo sorprendente de todo el talento y el potencial humano que se está desperdiciando y se está dejando en espera entre estos miles de personas varadas”, comentó Elinor Raikes, directora regional europea del Comité Internacional de Rescate.

“No se puede subestimar hasta qué punto no tener ningún control ni autoridad sobre nuestro propio futuro puede afectar nuestro bienestar psicosocial”, explicó.

La familia Nouri se encuentra entre los 4700 solicitantes de asilo que la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados calcula que viven en Serbia. Aunque Europa no ofrece vías claras para que los solicitantes de asilo se labren un futuro en Occidente, los gobiernos de los Balcanes todavía siguen tratándolos como residentes provisionales.

Mientras Farhad y su familia esperan planear su futuro en otro país —tal vez Alemania, Suiza o Suecia, según dice su padre— se han visto empujados hacia un torbellino de publicidad en Serbia.

La primera exposición de Farhad se llevó a cabo este mes en un café de Belgrado. Vendió fotos que había tomado y veinte copias escaneadas de sus dibujos para recaudar 34.000 dinares serbios (unos 335 dólares), para un niño de Belgrado, Nemanja Damcevic, que se está recuperando de una cirugía para extirpar un tumor cerebral. También vendió once de doce dibujos originales con el fin de recaudar 735 dólares para su propia familia.

La estrella serbia del pop Svetlana Raznatovic, cuyo nombre artístico es Ceca, visitó a Farhad en el centro de acogida para comprar parte de su obra. En primavera se hizo amigo del actor estadounidense Mandy Patinkin.

El miércoles, su familia y él recibieron una invitación para visitar al presidente serbio, Aleksandar Vucic. Farhad le regaló a Vucic un retrato estilizado y enmarcado que había dibujado de su rostro. A su vez, Vucic le ofreció la ciudadanía serbia a la familia de Farhad si elegían quedarse en el país.

“Si piensas que tienes futuro aquí en Serbia, considérate bienvenido en nuestro país”, dijo Vucic al chico en presencia de una decena de periodistas.

Farhad agradeció al país por ayudar a su familia, en un serbio lento y cuidadoso. “Quiero vivir en Serbia”, dijo. “Nos sentimos bien en Serbia”.

Farhad nació en Isfahán, Irán. Su padre, Hakim Nouri, de 33 años, era un adolescente cuando huyó de Herat, Afganistán, después de que el Talibán tomó el control. Su familia huyó de Irán hace dos años debido a la creciente presión contra los afganos por parte del gobierno iraní.

La familia viajó de Turquía a Grecia, donde Farhad tomó clases de dibujo en un centro de refugiados. Una mujer suiza que se encontraba en el centro quedó tan conmovida por su arte que donó fondos para la manutención del niño y de la familia, relató la familia Nouri.

La familia llegó a Serbia en diciembre y Farhad comenzó la escuela. Dijo que tenía amigos serbios y que nunca lo habían tratado mal en ese país por ser afgano. Era mucho peor para los afganos en Irán, relató.

En una visita reciente a la habitación de la familia en el centro de refugiados, Farhad sonreía, juguetón y curioso, sentado al lado de su padre sobre la cama. Su padre, un yesero de voz dulce, dijo que la familia se sentía cómoda en Serbia y feliz con la educación y los servicios para los niños. Sin embargo, dijo, el futuro de la familia estaba en otra parte: en Europa Occidental.

Farhad, demasiado joven para entender la profunda preocupación de sus padres, lo contradijo. “Es un error”, dijo burlonamente, “nos queremos quedar en Serbia”.

¿Por qué? “Porque el presidente de Serbia me invitó a quedarme y no le quiero decir ‘No’”, dijo el niño con una sonrisa, frotándose las manos con un gesto que quería decir que el asunto estaba decidido.

Sin embargo, no hay muchas buenas opciones a largo plazo para quienes eligen una vida en Serbia. De las 1857 solicitudes de asilo enviadas desde 2013, solo a 83 se les otorgó asilo o se les dio otra forma de protección. Sin opciones legales para cruzar las fronteras tan restringidas a lo largo de los últimos dos años, muchos migrantes corren el riesgo de sufrir violencia o robos a manos de traficantes y contrabandistas.

Según los activistas, el gobierno serbio ha aumentado enormemente su capacidad de proveer necesidades básicas a los migrantes. En 2015, el país tenía cinco centros de acogida con una capacidad de albergar a 800 personas. Serbia ahora tiene 18 centros con una capacidad para 6000 personas. No obstante, el cambio institucional para que se trate a los migrantes como algo más que residentes provisionales acaba de comenzar.

“Puesto que esta crisis se ha extendido y agudizado, ahora es tiempo de recurrir a necesidades secundarias para que más niños vayan a la escuela, se ayude a adultos a aprender nuevas habilidades, proveer actividades de educación informal y preparación laboral”, comentó Raikes, del Comité Internacional de Rescate.

La incertidumbre que viven genera un enorme estrés a los refugiados, incluyendo a la madre de Farhad.

“Es extenuante y deprimente”, comentó su madre, Jamila Nouri, de 27 años, tratando de sonreír. Incluso después de ocho meses en Serbia, “todavía sentimos que estamos viajando y en peligro. Nos sentimos muy nerviosos y cansados de esta vida”, dijo.

Sin embargo, Farhad muestra pocos signos del sufrimiento por el que ha pasado su familia. Dice que quiere aprender animación. “No siento que estoy esperando”, dijo. “Solo estoy pensando en el futuro de mi familia”.

 
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