Thursday, 20 April 2017 00:00

La geografía en la frontera hace imposible la construcción del muro entre México y Estados Unidos

Escrito por  Ron Nixon/The New York Times
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Manuel Torresmutt, un agente de la Patrulla Fronteriza, detuvo su Chevy Tahoe blanca y verde al costado de un camino de grava desierto, enmarcado por las vías de tren de un lado y arbustos espesos del otro.

El sol del sur de Texas brillaba fuertemente mientras Torresmutt, un agente veterano y corpulento, se bajó de la camioneta para encontrarse con su equipo, formado por tres hombres. Un aviso por radio decía que se habían detectado “cuatro cuerpos” en el lado “Mike”, un código para referirse al banco del río Bravo en México.

Minutos después, Torresmutt y otros integrantes de la Unidad Ecuestre del Sector del Valle del Río Grande de la Patrulla Fronteriza estaban en camino, levantando piedras y polvo al tiempo que sus caballos se apresuraban entre los arbustos en busca de quienes cruzan la frontera ilegalmente.

El presidente Trump ha prometido construir un muro para detener el flujo de migrantes indocumentados en áreas como esta, pero la geografía —riberas poco profundas y caminos escarpados por donde no pueden pasar los vehículos, por ejemplo— provoca que eso sea imposible y tremendamente costoso.

Desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ha gastado más de 100 mil millones de dólares en tecnología de seguridad fronteriza como sensores en la tierra, cámaras de video, muros, capas de bardas y cámaras infrarrojas. Sin embargo, en los matorrales a lo largo de la orilla del río, donde los contrabandistas pueden esconderse fácilmente, la unidad ecuestre de la Patrulla desempeña un papel fundamental en los esfuerzos por detectar actividad ilegal.

En los últimos meses, la cantidad de inmigrantes detenidos mientras cruzan de forma ilegal esta parte de la frontera ha disminuido a cerca de 100 personas al día, mientras que antes el número era de unos 600. John Kelly, el secretario de Seguridad Nacional, ha dicho que la reducción es el resultado de un cumplimiento más estricto de las leyes, pero los expertos en migración sostienen que también ha contribuido la mejora de ciertas condiciones en algunos de los países de donde huían las personas.

Aunque el flujo de migrantes ha bajado, el contrabando de drogas sigue siendo constante. Hay señales de ello por todas partes: decenas de huellas, chalecos salvavidas abandonados, trajes para nadar y envoltorios de comida aparecen a lo largo de la ribera.

Los agentes de la Patrulla Fronteriza peinan el área en camionetas y bicicletas sobre los caminos principales. Helicópteros y dirigibles, o globos aerostáticos, proporcionan vigilancia aérea, mientras que en las vías fluviales hay lanchas.

La unidad ecuestre trabaja cerca del río Bravo, donde los agentes dicen que alguien que cruce la frontera puede escurrirse entre las áreas boscosas y en pocos minutos estar en la ciudad o desaparecer en un vehículo.

 

La Patrulla Fronteriza aquí tiene casi 40 caballos, obtenidos de un programa operado por la Oficina de Administración de Tierras estadounidense. Esta agencia atrapa caballos y los entrega para su entrenamiento básico a internos de la Correccional Hutchinson, en Kansas.

Desde la creación de la patrulla, en 1924, se han usado caballos para la seguridad fronteriza. La unidad ecuestre de Texas se estableció en 2011, después de que el jefe local de la Patrulla Fronteriza se diera cuenta de que los animales eran adecuados para las áreas de difícil patrullaje. También son útiles sus agudos sentidos del oído y de la vista, dijo Jeff Wiggins, un agente que monitorea el entrenamiento de los caballos.

Poco después de una hora de cabalgar por el matorral, Torresmutt y otro agente, David Garcia, regresaron al punto de partida.

Otros dos agentes, Garrett Gremes y Kelby Forbes, estaban persiguiendo a un hombre que había logrado escapar tanto de la patrulla ecuestre como de los agentes en vehículos.

A medida que llegaba la noche y los moscos zumbaban, en la radio se anunció que agentes y funcionarios locales habían visto drogas tiradas en el lado mexicano de la frontera.

Un poco más tarde llegó otra alerta sobre un grupo de personas que cruzaban el río en una pequeña balsa. Esa información fue retransmitida desde un radar a bordo de un globo aerostático que sobrevolaba el área.

Una hora después llegó una alerta al teléfono de Forbes desde un sistema de cámaras operado a control remoto, conocido como Operación Puente Levadizo. El agente dio clic al vínculo y de inmediato comenzó a recibir las coordenadas de las áreas donde una cámara había detectado al grupo de migrantes.

La Operación Puente Levadizo, a cargo del Departamento de Seguridad Pública de Texas, es una red de miles de cámaras para exteriores escondidas y equipadas con detectores de movimiento y una función para cuando la luz es escasa. Monitores estatales reciben una alerta cada vez que una cámara detecta actividad y conducen a los agentes al terreno con imágenes de 360 grados de posibles cruces ilegales.

Torresmut reunió a su unidad para planear una estrategia con el fin de detener a quienes cruzaran. Él y Forbes acordaron acercarse por el este, mientras que otros dos agentes lo harían por el norte.

“¿Estamos bien?”, preguntó Torresmutt. Todos asintieron con la cabeza y galoparon hacia el río.

Era casi media noche cuando se detuvo una camioneta de la Patrulla Fronteriza.

En la parte de atrás había tres hombres. Habían sido capturados por Torresmutt y la unidad ecuestre mientras intentaban eludir a los agentes corriendo de regreso al río. Los hombres fueron entregados a otro agente que conducía la camioneta. Todos estaban mojados y cubiertos de lodo. 

Uno dijo que era ciudadano mexicano. Los otros dos dijeron que eran de Guatemala y que habían estado viajando durante un mes.

Los agentes no les creyeron. Los tres hombres tenían celulares y parecían estar comunicándose con personas en el lado mexicano del río; los agentes empezaron a sospechar que, en realidad, transportaban droga o eran exploradores de los carteles.

“¿Cuánto pagaron para llegar aquí?”, les preguntó en español Roderick Kise, un funcionario de relaciones públicas de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.

Los tres hombres lo negaron con la cabeza al mismo tiempo, asegurando que no le habían pagado a nadie.

Kise estaba incrédulo. Les preguntó de nuevo: “¿A quién le pagaron para pasar?”

“¡Por favor!”, dijo Kise, alzando la voz. “No pueden cruzar desde México sin uno de los carteles. Nada es gratis, en especial de ese lado”.

Torresmutt y la unidad ecuestre llegaron justo cuando concluía la entrevista a los hombres capturados.

Tanto ellos como los caballos estaban cubiertos de sudor. El caballo de Forbes se había parado sobre una víbora de cascabel durante la persecución, dijo.

Los tres hombres aprehendidos eran parte de un grupo más grande, según los agentes. Muchos miembros del grupo huyeron de regreso hacia el río después de ver a la patrulla ecuestre. Los agentes no los persiguieron, sino que se quedaron e hicieron señales a posibles contrabandistas del lado mexicano para que fueran a recoger a los hombres.

Por lo menos un de ellos había logrado evadir la captura, dijeron los agentes. Lo más seguro es que hubiera llegado al pueblo y hubiese desaparecido. Encontrarlo sería tarea del próximo turno.

Torresmutt y su equipo guardaron a los caballos en un tráiler. Después de diez horas, su turno había terminado. Se dirigieron de vuelta a los establos, donde los caballos recibirían masajes y agua. Los agentes harían su papeleo y luego irían a casa.

“Mañana estaremos de vuelta”, dijo Torresmutt.

 
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Migración

12 hours ago
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