Jueves, 14 September 2017 00:00

Acuerdo entre Trump y demócratas consistió en dar protección a los dreamers a cambio del apoyo del muro fronterizo

Escrito por  Jan Martínez Ahrens/El País

Donald Trump dio esta mañana otra patada a las esperanzas de los dreamers (soñadores), los inmigrantes sin papeles que llegaron al país siendo menores y a los que él mismo ordenó la semana pasada retirar en seis meses la protección legal. La noche anterior, tras una cena en la Casa Blanca, los dos líderes parlamentarios demócratas, habían anunciado que habían cerrado un principio de acuerdo sobre inmigración y que el presidente aceptaba volver a dar cobertura legislativa a los dreamers. A cambio ellos estaban dispuestos a apoyar un aumento de los recursos destinados a la seguridad fronteriza sin incluir la espinosa cuestión del muro con México. Por la mañana, sin embargo, el presidente tuiteó que no se había alcanzado acuerdo alguno y que debía aceptarse una “seguridad fronteriza masiva” a cambio de su consentimiento. “El muro […] continuará siendo construido”, remachó, dejando en el aire la idea de que los dreamers se han vuelto una moneda de cambio y que supedita cualquier pacto a la aceptación de esta obra divisoria, un anatema para los demócratas.

La cena de la confusión se había celebrado la víspera con el líder de los demócratas en el Senado, Chuck Schumer, y su homóloga en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. No era ningún secreto que buscaban un acuerdo. La semana anterior, Trump y los demócratas sorprendieron al país cuando cerraron un pacto que permitió superar el bloqueo al límite de deuda federal. Ahora parecía repetirse la situación.

“Tuvimos una reunión muy productiva en la Casa Blanca con el presidente. La discusión se centró en el DACA y en consolidar de forma rápida sus protecciones en una ley y en trabajar un paquete sobre seguridad fronteriza, que excluya el muro y sea aceptable para ambas partes”, señalaron los líderes demócratas en un comunicado al salir de la cena.

Nada dijo Trump, pese a que todos los medios recogían el principio de acuerdo. Pero luego, a las seis de la mañana disipó las esperanzas mediante una serie de tuits. Negaba que se hubiese cerrado pacto alguno, pero nuevamente, como siempre ha hecho con los dreamers, volvía a declararles su apoyo.

El fallido principio de acuerdo no dejaba de ser una pirueta política que, como casi todo en Trump, se nutría de la paradoja. El martes pasado, Trump tocó uno de los momentos más bajos de su mandato cuando decidió liquidar el programa que daba cobertura legal a 800.000 dreamers. Aunque dio una prórroga de seis meses para que el Congreso hallase una solución, la decisión ofreció el lado más despiadado del presidente. El mismo que lució cuando seguía la línea del indulto al exsheriff Joe Arpaio o la equidistancia ante los neonazis de Charlottesville.

Fue una concesión a su electorado ultra, pero que esta vez le situó en una zona peligrosa. En contra estaban no solo las grandes compañías y las principales figuras de su partido, como el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, o el senador John McCain. También una mayoría de votantes republicanos, como indican las encuestas, son partidarios de regularizarles.

Este amplio apoyo no es ajeno a la penetración social de este colectivo. Formado por inmigrantes que deben haber entrado en EE UU con menos de 16 años y vivir permanentemente en el país desde 2007, los dreamers carecen de antecedentes y han de estar estudiando o tener el bachillerato acabado. A cambio se les otorgaba un permiso provisional que les permitía trabajar y conducir, así como acceder a la seguridad social y disponer de una tarjeta de crédito.

Eliminado el programa que les otorgaba esta cobertura, el llamado DACA, se ha abierto para ellos el horizonte de la deportación. Un infierno para cientos de miles que jóvenes crecidos y educados en EEUU y que en muchas ocasiones ni siquiera conocen el idioma de su país natal.

Este desamparo y la injusticia de su expulsión han sido reconocidas por el propio Trump. Aunque en campaña había prometido acabar con el programa DACA, ya en el poder les había declarado su “amor” y había prometido que “no tenían nada que temer”. Esta mañana volvió a las andadas y les volvió a exculpar. “Han estado en nuestro país por muchos años pese a que no cometieron ninguna falta sino que fueron traídos por sus padres a una edad temprana”, dijo en un tuit, que dejó en el aire la idea de que los dreamers son rehenes de la negociación del muro.

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