La pobreza en el país es una acumulación de desventajas. De acuerdo con el informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2016, realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), los grupos vulnerables son los que continúan necesitando políticas públicas más amplias que consideren sus particularidades económicas, políticas y sociales y que además, sean similares a las de los grupos que históricamente han tenido mayores privilegios.

Los grupos desfavorecidos van aumentando en gravedad al añadirle otras características. El Coneval sostiene que en 2014, siete de cada diez personas indígenas se encontraban en pobreza y tres de cada diez , en pobreza extrema.

La pobreza es mayor cuando se examina al grupo de adultos mayores: el 45.9 por ciento de la población mayor de 65 años es pobre.

Si de ese grupo se extraen a las mujeres, el 46.3 por ciento, es pobre. 

Finalmente, si se es mayor de 65 años, mujer y además, indígena, el 75.5 por ciento, es pobre.

Cifra similar para los jóvenes indígenas: 72.8 por ciento son pobres. 

Del total de mexicanos indígenas, ocho de cada diez tenían empleos informales, frente a la población no indígena, en la que seis de cada diez están en esa condición.

La mitad de ese grupo jamás ha cotizado seguridad social, por lo cual, sostiene el Consejo, no contarán con una pensión o jubilación al final de su vida laboral y dependerán sólo de programas sociales. 

El problema es más grave en población indígena que habita en zonas rurales, ya que el 92 por ciento no ha cotizado nunca.

Otro grupo desfavorecido son los jóvenes. Se encontró que entre 2010 y 2014 incrementó la cantidad de los que viven en pobreza; pasó de 46 a 47.1 por ciento, es decir, de 16.8 a 17.5 millones de personas.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y empleo (ENOE), en el segundo semestre de 2016 seis de cada diez jóvenes trabajaban en empleos informales con salarios bajos, inestabilidad laboral y sin prestaciones como servicios de salud y seguridad social.

Así, sólo la mitad de los jóvenes que estudiaron hasta licenciatura se encuentran ocupados (53.9 por ciento) y a pesar de estar empleados, 57.7 por ciento no tiene acceso a servicios de salud y cuatro de cada diez trabajan en empleos informales.

En el caso de las mujeres, el informe expone que a pesar de que estudian en la misma proporción que los hombres y se titulan en mayores proporciones, siguen siendo contratadas para ocupar los niveles más bajos de investigador.

 

O aun cuando la Constitución Política establece la obligación de los partidos políticos de garantizar la paridad entre géneros en sus candidaturas al Poder Legislativo federal y local, el porcentaje alcanzado en 2015 continuaba estando por debajo de lo establecido: en la Cámara de Diputados fue de 41.4 por ciento y en la Cámara de Senadores fue de 34.1 por ciento.

Tres de cada diez mujeres jóvenes que tuvieron al menos un hijo nacido vivo tenían rezago educativo en 2014 mientras solamente alrededor de una de cada diez jóvenes que no tuvieron hijos tenía rezago.