Opinión

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Un enorme desconcierto ha provocado en Oaxaca y en el sur del estado de Puebla el nombramiento de Lorenzo Hernández Ahedo como coordinador de delegados de la Secretaría General de Gobierno (SGG), por tratarse de un personaje que estuvo bajo investigaciones por supuestos actos de corrupción en la entidad oaxaqueña, por tener fama de ser poco leal y muy tramposo, y porque en la contienda local de 2016 fue el responsable de que Antonio Gali Fayad, en su calidad del candidato a la gubernatura de la coalición Sigamos Avanzando, perdiera los distritos electorales de Izúcar de Matamoros y Acatlán de Osorio.

Hernández Ahedo, quien tiene a su cargo medir el pulso político y social de los municipios del estado, ha llegado a ese cargo por la cercanía que guarda con Santiago Carrasco Sherer, directivo de la empresa AGP Consultoría e hijo de Diódoro Carrasco, titular de la SGG y copropietario de dicha compañía.

Dentro del gobierno de Gali Fayad nadie se explica cómo le pudieron dar un cargo a este personaje, luego de que es el autor de la mancha negativa en el triunfo electoral del actual titular del Poder Ejecutivo.

O visto de otra manera, nadie se explica por qué Diódoro Carrasco le da cobijo a alguien con negros antecedentes y que fracasó en la operación electoral del año pasado, que incluye la queja de muchos operadores de que se “perdió” el dinero destinado para sacar adelante el triunfo de la coalición de partidos que encabezaba el PAN.

En la lucha por la llamada minigubernatura, solo hubo tres distritos electorales en que ganó la priista Blanca Alcalá: el IV, de Zacapoaxtla; el XXII, de Izúcar de Matamoros, y el XXIII, de Acatlán de Osorio, estando los dos últimos bajo el control de Lorenzo Hernández, quien recibió el nombramiento de coordinador para la promoción del voto.

Bajo el antecedente de que en Izúcar de Matamoros y Acatlán nunca ha podido ganar el PAN, Lorenzo Hernández, quien es conocido como “Loren” en los círculos políticos de Oaxaca, en varias ocasiones definió ante las estructuras de la coalición Sigamos Avanzando que el objetivo no era precisamente ganar, sino evitar “una paliza”. Eran las plazas del honor.

Sin embargo, se destinaron recursos no para perder de manera honrosa, sino para ganar.

Más allá de los gastos de propaganda y de movilización de votantes, se dice que directamente se habría entregado a la coordinación de promoción del voto unos 10 millones de pesos para afianzar el trabajo de los operadores que garantizarían la obtención de miles de sufragios por arriba del índice tradicional de votación del PAN.

A lo anterior se debe sumar que llegaron docenas de operadores electorales de otras partes del país, pero principalmente de Oaxaca, entre los que se encontraba Javier Luna Cárdenas, ex titular de la Junta de Conciliación Agraria oaxaqueña.

El resultado en esas dos demarcaciones fue lo peor que hubo en la campaña de Gali. No se cumplió con ninguno de los propósitos.

En Zacapoaxtla la coalición de Gali perdió por una diferencia insignificante de apenas 348 votos, lo que habla de una contienda reñida, cerrada, donde si hubo un esfuerzo mayúsculo de las estructuras del PAN y otras fuerzas políticas aliadas.

En los otros distritos sí hubo “una paliza”. En Izúcar de Matamoros se perdió por una diferencia de 5 mil 533 sufragios y en Acatlán de Osorio por 9 mil 268 votos.

Quienes llegaron a Puebla para operar electoralmente esos distritos, principalmente los originarios de Oaxaca, se fueron enojados, por decir lo menos, ya que nunca hubo dinero para realizar el trabajo encomendado y mucho menos para recompensarlos. Entre los inconformes se encontraba Javier Luna Cárdenas.

¿Qué pasó con los 10 millones de pesos, que se especula habrían sido destinados para la operación electoral? Nadie sabe qué pasó con esos fondos.

Se dice que el Lore y Santiago Carrasco, quien era el encargado de las finanzas de la coordinación de promoción del voto, no pudieron ofrecer una explicación convincente de por qué se perdió drásticamente ambos distritos electorales.

Normalmente quien falla en un proceso electoral se queda fuera de los puestos públicos de un gobierno. Eso tendría que haber ocurrido, pero Diódoro Carrasco ordenó que se diera a el Lore la coordinación de delegados de la SGG, sin importar sus malos antecedentes recientes y de años atrás.

Lorenzo Hernández Ahedo es un empresario que es dueño de un hotel en Puerto Escondido y renunció a una larga militancia en el PRI, luego de que no apareció en la lista de aspirantes a candidatos a diputados federales del tricolor en el año 2012. Se sabe que no lo incluyeron porque siempre ha sido identificado como un operador de Diódoro Carrasco, quien posterior a haber sido gobernador de Oaxaca traicionó al Partido Revolucionario Institucional para volverse panista.

Medios de comunicación de Oaxaca dan cuenta que el Lore estuvo bajo investigación por la Secretaría de Contraloría y Transparencia Gubernamental, ya que cuando fue director del Instituto de Capacitación y Productividad para el Trabajo –entre los años 2008 y 2010– se detectaron millonarias contrataciones fraudulentas de instructores y de cursos de capacitación.

Por eso en algunas columnas de Oaxaca no dudan en calificarlo de ser: “traidor y hábil para los negocios turbios”.

Una área del sector educativo que podría sufrir un grave deterioro en el transcurso de los próximos meses es la de las Universidades Tecnológicas e Institutos Tecnológicos Superiores de la entidad.

Varias son las causas, entre ellas la falta de entendimiento entre la secretaria de Educación Patricia Vázquez del Mercado, y el subsecretario de Educación Superior, Ignacio Alvízar Linares, quien supone que tiene el mismo nivel que aquella por haber sido nombrado directamente por el gobernador José Antonio Gali Fayad; las grillas de ambos en contra de la ex subsecretaria María del Carmen Salvatori Bronca; el arribo de gente sin experiencia, ni el perfil profesional adecuado para desempeñarse como rector de Universidad o director general de Tecnológico Superior; y el despido de la gente que sí sabe y hasta ha ganado premios y reconocimientos.

Pero además por la contratación de operadores políticos, en lugar de académicos, investigadores y especialistas en ingenierías y carreras técnicas y tecnológicas, y el pago de aviadores, es decir, de gente que sólo aterriza en estas instituciones los días de quincena pero que no da clases, ni tiene ninguna responsabilidad académica, administrativa o técnica en estas 28 instituciones.

Instituciones que se clasifican de la siguiente manera: 14 Institutos Tecnológicos Superiores, 8 Universidades Tecnológicas, 3 Universidades Politécnicas; 2 Universidades Interserranas y 1 Universidad Intercultural.

El desconocimiento que del sector tiene el subsecretario de Educación Superior es tan grande que éste dispuso —pasándose por el arco del triunfo la ley— que las Juntas de Gobierno de estos Organismos Públicos Descentralizados (OPD) ya no sean trimestrales, como se establece en su decreto de creación, sino semestrales si sus programas de estudio tienen esta modalidad o trimestrales si sus ciclos son cuatrimestrales.

Otra cuestión que ha llamado la atención de los rectores y directores generales es que Ignacio Alvízar pretende empoderar y hasta nombrar representante de la SEP en las Juntas de Gobierno al director de Vinculación Científica y Tecnológica, Jesús Alberto Gil Andrade, pese a carecer formalmente de título y cédula profesionales.

¿Con qué autoridad un funcionario que gestionó un título cua cua de la cuestionada Universidad del Desarrollo (Unides), que ni siquiera se atreve a exhibir, puede representar a la SEP en las Juntas de Gobierno de las Universidades Tecnológicas e Institutos Tecnológicos Superiores del estado?

¡Por favor!

El asunto es tan delicado que los representantes de la Federación, en las Juntas de Gobierno de estos 28 organismos públicos descentralizados, pronto podrían comenzar a pintar su raya y a marcar distancia de lo que ahí se analiza y aprueba. Por ahora sólo han hecho observaciones.

Mañana ahondaré en el caso, documentándole la existencia de aviadores en algunas de estas instituciones.

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Wednesday, 29 March 2017 00:00

El Inventario de JEP

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José Emilio Pacheco (JEP) fue durante más de 40 años nuestro Big Data, la encarnación de ese uso masivo de datos descrito por Víctor Schönberger que supera las capacidades de cualquier memoria convencional. Desde muy joven fue un experto en recuperar documentos para cruzar sus referencias con otras; un minero de la información sepultada en bibliotecas y hemerotecas; un cazador minucioso de esas páginas que como mariposas aletean por la Internet con un volar incierto o aparecen en documentales imposibles.

Tuve que esperar 20 años para tener acceso a ese disco duro que Pacheco había alimentado con sus hallazgos toda la vida. Su memoria fotográfica como la de su amigo Monsiváis era asombrosa. En 1987, desesperado por no dar con un texto de Carlos Fuentes sobre el fascismo y México, me atreví a molestar a Jose Emilio Pacheco por teléfono.

Después de escuchar mi consulta, tras un breve silencio me dio su respuesta:

–Fue la ponencia de Fuentes en un congreso de 1976 en Mazatlán. Lo debe haber publicado Excélsior el 17 o el 19 de mayo.

Luego de despedirme entre agradecimientos y genuflexiones –a pesar de que no podía verme– corrí a la hemeroteca de La Ciudadela, que entonces se encontraba muy cerca de La Jornada. Y allí estaba el texto de Fuentes en la primera fecha que me mencionó: México: objetivo final de la marea fascista.

Entre agosto de 1973 y enero de 2014  apareció una de las columnas literarias más importantes de Hispanoamérica. A decir de Carlos Monsiváis la mejor sección de periodismo cultural en México de la segunda mitad del siglo XX. Su autor tenía 34 años y firmaba sólo con sus iniciales: JEP.

Se titulaba Inventario y apareció inicialmente en el periódico Excélsior de Julio Scherer y después del golpe al diario perpetrado por el entonces presidente Luis Echeverría en 1976, en la revista Proceso.

Aunque la crónica literaria tiene una larga tradición en México, pocas han sido tan constantes y fecundas como la escrita por José Emilio Pacheco durante más de cuatro décadas.

Curiosamente a pesar de haber sido tan pública –aparecía cada semana–, esa es la obra menos valorada del poeta. Una obra de servicio en la que se valió de su erudición para entender los asuntos del presente.

Si en la literatura nada viene de nada – todo es hijo de la tradición, del pasarse la estafeta literaria de una generación a otra– Inventario dio cuenta de ello. Por eso siempre encontró el pretexto para conversar con los muertos, para hablar de autores y obras en contexto, para entrecruzar la vida cultural y la estadística dura, los gustos cinematográficos de una época y la música.

Son notables sus crónicas sobre el nacimiento del jazz en Nueva Orleáns, las que escribió sobre Obregón o Borges. También sus acercamientos a Truman Capote, Revueltas, Noticias del imperio, Dumas, Pitol, Arreola, Stevenson, Gelman, Salvador Novo, de quien exhumó de las catacumbas de las hemerotecas sus crónicas con el título La vida en México durante el periodo presidencial de...

¿Y qué decir de sus acercamientos a Alfonso Reyes, Salman Rushdie, Monsimad, Monsimarx, Monsiváis?

Gilles Lipovetsky, sin duda el filósofo referente de nuestra cambiante modernidad, está cierto de que luego de la democratización del arte y la cultura hecha por el mercado (la motivación económica no mata la creación, la cultura pervive pese a su utilización mercantilista) lo que sigue es afinar la educación de los consumidores de la nueva estetización del mundo: ayudarlos a pasar de los espejismos de la cantidad a la calidad; a no conformarse con el erotismo de las Cincuenta sombras de Grey y asomarse, por ejemplo, a la Lolita de Nabokov. José Emilio Pacheco fue en este sentido un mediador indispensable, un verdadero curador de hechos culturales y expresiones artísticas cruzando datos aparentemente dispares, rescatando virtudes desatendidas, retomando lo nuevo, lo novedoso de un poeta como Ovidio valiéndose de cantantes como Gloria Trevi.

Aunque todas sus crónicas literarias  dan cuenta de este generoso Big Data que tuvimos el privilegio de conocer, hay crónicas que retratan su erudición sin pedantería, su por momentos inverosímil capacidad para cruzar los datos más disímbolos para ofrecernos una lectura amable y francamente sabrosa como sus close ups de Vasconcelos, Álvaro Obregón o Francisco de Quevedo.

José Emilio fue el único escritor que notó, por ejemplo, el ninguneo en México y España, a los cuatro siglos del nacimiento de Quevedo, del forjador del bronce de la lengua castellana: el mayor artista que han tenido la prosa y el verso de nuestro idioma.

Sólo Pacheco pudo recordar que el poeta siguió vivo en las cantinas mexicanas de los cincuenta; que la vanguardia dio, en boca de Borges, nuevas perspectivas para leerlo; que su vocabulario prohibido le ha dado vigencia, que uno de sus herederos fue Neruda, el poeta que habitó la isla Negra. También nos hizo ver que fue el poeta de la congoja, la pesadumbre, el desengaño; el de la carcajada grotesca y del gargajo en el rostro de la belleza; el poeta cuyo reino, dominio, harén, plaza fuerte, sensualidad e imperio fue la lengua española. Francisco de Quevedo y Villegas, el prisionero sombrío de la Torre de Juan Abad, es el emperador del castellano.

¿Y qué decir de sus aproximaciones a los Cuatro cuartetos de Eliot, a Porfirio Díaz o a la Academia de Letrán, la academia más productiva y menos onerosa de nuestra historia, donde un grupo de escritores liberales de acción y reflexión como Ignacio Ramírez vivieron una vida austera y emocionante, características que difícilmente podemos encontrar en los neoliberales de nuestros días?

Recientemente Ediciones Era puso a circular una antología en tres tomos del Inventario de José Emilio Pacheco. La novedad editorial que esperé durante 20 años y que se convertirá en uno de los acontecimientos literarios más importantes en mucho tiempo.

En estos días en que se ha anunciado un nuevo modelo educativo para que los niños más que memorizar razonen, sería estupendo que todas las bibliotecas públicas contaran con una colección de Inventario para que pudieran conocer un ejemplar ejercicio de razonamiento a partir de la cultura.

Wednesday, 29 March 2017 00:00

Dulce bellum inexpertis

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“La guerra atrae a quienes no la han padecido”. Así podría traducirse este adagio, atribuido muchas veces a Píndaro, y que Erasmo de Rotterdam (1466-1536) glosó en una antología de sentencias morales que crecía y crecía con cada edición. 

En esas glosas pensé, justamente, cuando leí, hace poco y en este mismo diario, una entrevista concedida por Paula Gaviria Betancur, consejera del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en materia de derechos humanos. Antes de asumir esta consejería, Gaviria dirigió la Unidad de Atención y Reparación de las Víctimas de la guerra que ha estremecido a Colombia y causado a su población más de ocho millones de víctimas en el curso de casi tres cuartos de siglo

En dicha entrevista, Gaviria hace afirmaciones que mueven a pensar varias veces antes de engañarse ante las complejidades que entraña poner fin a una guerra. Una de ellas atañe, justamente, a la justicia transicional y a la preocupación por la verdad: “La máxima justicia”, dice, atinadamente, Gaviria, “la máxima verdad no siempre son compatibles con la convivencia”. En otro recodo de la entrevista, Gaviria expresa perplejidad por algo que a mí, como a tantos otros extranjeros en esta tierra, tampoco ha dejado de sorprenderme: “Es increíble que al país no lo seduzca la paz; la gente no está seducida por el fin del conflicto”.

Debo atribuir al “azar objetivo” el que, por los días en que leí esta frase de Gaviria, me hallaba yo inmerso en un libro escrito por un colombiano que vivió hace más de un siglo. Se trata de la crónica de una de las guerras civiles colombianas del siglo XIX, acaso una de las 22 guerras que famosamente perdió el coronel Aureliano Buendía. Se titula Cómo se evapora un ejército y lo escribió Ángel Cuervo, uno de los mejores comediógrafos y dramaturgos hispanoamericanos de su época. Cuervo hizo parte del bando derrotado en una sangrienta revolución, uno de cuyos combates, librado en Cundinamarca, dejó en el campo más de 1.000 muertos antes de que Bogotá fuese ocupada a sangre y fuego por los sublevados.

Al terminar de leerlo, tuve la impresión de haber encontrado un texto de intención paródica sobre las endebles razones que han dado siempre los violentos de nuestro continente para justificar sus epopeyas, especialmente cuando éstas fracasan. Pero no es así: Cuervo creía firmemente en la justicia y la inevitabilidad de su guerra.

En cierto momento, incapaz cada bando de derrotar al otro, se pactó una tregua conocida desde entonces como “armisticio de la quebrada de Chagüaní”. El armisticio duró, para decirlo con expresión cara a Simón Bolívar, lo que un trocito de casabe en caldo. Durante aquella brevísima tregua, una intolerable tristeza, una macondiana melancolía hizo presa a los compañeros de Cuervo: hacer la paz les resultaba ignominioso.

Con lo que regreso a la perplejidad de la doctora Gaviria. John Keegan, gran historiador moderno de la guerra, dice al respecto: “Las guerras de este siglo han alcanzado tal extremo y han adquirido una forma tan cruel que al hombre actual le ha resultado fácil caer en la suposición de que la guerra extrema es inevitable”. “La guerra moderna”, concluye Keegan, “les ha dado mala fama a la moderación y al autodominio y las interrupciones o mediaciones humanitarias se consideran, cínicamente, medios con los que se enmascara o se palia lo intolerable”.

La alegría y entusiasmo con que volvieron a la matanza los contendores del relato de Ángel Cuervo fueron homéricas, aunque en Chagüaní no haya habido una explanada como la que se miraba desde las murallas de Troya.

@ibsenmartinez

Wednesday, 29 March 2017 00:00

Los modernos

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Todos aquellos que presumen de ser modernizadores se topan, con frecuencia inusitada, en el espejo de su arraigada fe neoliberal. A esta exquisita minoría, la de alto rango, les disgusta el prefijo neo y sólo aceptan ser liberales. Su reciente prosapia arranca de los años 80, cuando se encaramaron en la cima decisoria del país. Ahí, arriba, absorbieron la disputa por el respeto en juego con su autocelebrada responsabilidad adjunta. La militancia partidaria, a la mayoría, les incomoda, aunque ciertos de ellos, en efecto, han llegado a dirigir alguna de esas agrupaciones. Con fatua y relajada suficiencia, lanzan sus condenas a todo aquello que, ante su escrutadora y serena mirada, intente volver al pasado. Ellos sólo ven al futuro y lo describen brillante, colorido, hasta cercano. Sólo piden un poco de paciencia, a partir de la confianza que transpiran, para acercar, a los incrédulos, tan huidizo paraíso. Son, de acuerdo con sus indisputables veredictos, una concreción de la razón eficiente. El alcance de su pragmática visión llega a los mero confines de la abundancia. El bienestar colectivo no les ocupa en demasía, pero, a veces, sólo a veces, hablan de ello. Es la desigualdad lo que les da comezón. Su valioso tiempo se consume en predicar las supremas leyes del mercado y el control de los fundamentales macroeconómicos. El mundo en que operan es el de la competencia (competitividad la apodan) y la impasible parsimonia ante las urgencias vitales de los de abajo.

Ante perfumada concurrencia reciente, un selecto grupo de modernizadores oficiaron su reciente festival concientizador. Lo disfrazaron, a medias, como convención bancaria acapulqueña. Pero en el fondo pretenden exorcizar un nebuloso fenómeno actual aunque todavía nebuloso para ese auditorio: lo llaman populismo. La intención no manifiesta trató de unificar posturas para satanizar a una figura pública que se envuelve, según estas premoniciones, en el populismo: AMLO, como su purificada encarnación. Esa indefendible e irredenta opción que, sin embargo y hasta ahora, es la preferida por los futuros votantes del país.

La argumentación más socorrida por los modernizadores y su abrumador aparato de persuasión que los secunda se apoya en una corta y endeble maraña de supuestos. En verdad son pleitos conceptuales a modo. AMLO, por casi decreto verbal, es retrógrado, maniqueo, irresponsable y mesiánico. Su reiterada promesa insisten en revestirla de poses mágicas para mirar atrás, una intentona de volver a un pasado idílico. Ese tiempo ido que, sostienen los populistas, ha sido manoseado por entreguistas negociantes. La añoranza surgida por un Estado que lo abarcaba todo. Postura engañosamente revolucionaria en boga durante trágicos años del siglo pasado concluyen. Su reciente libro así lo revela y afirma, le alegan orondos. Los modernizadores, en cambio, ofrecen leyes, esforzado trabajo, decisiones dolorosas y sacrificios necesarios a cambio de un crecimiento modernista que siempre escatiman.

De manera independiente a tan elevada discusión entre los modernizadores y sus acólitos, la realidad se acomoda y discurre por distintos senderos. El neoliberalismo, como abarcante postura de la actualidad gubernativa, deja firmes huellas de dolor humano, privaciones cotidianas, concentración de riqueza e ingresos, inseguridad galopante y terrible desigualdad creciente. No hay país bajo control de este tipo de modernizadores que se libre de esas dolencias. Es ahí, muy a pesar de los estigmas lanzados desde arriba que, en el seno de esas sociedades afectadas, sea donde florecen las censuradas ideas y líderes que las encarnan. Pero también surgen populistas de una clase distinta a la satanizada por el oficialismo modernizante.Y aparecen a pesar de estigmas y amenazas. Es un populismo que atiende y se empapa de las necesidades y anhelos, de los sufrimientos y los olvidos que los modernizadores van dejando en el camino de sus autocelebraciones. Es un populismo justiciero, transformador, honesto y, sin ironías al canto, modernizador de instituciones.

Los modernizantes del oficialismo se sienten de élite, bien arraigados en las instituciones y organismos de corte económico y, sobre todo financiero, donde monopolizan, por ahora, todo sitial disponible. Pero esos mismos sufren de notoria esquizofrenia al toparse con la democracia. Acuden, presurosos, en cínico tropel, a trampear los procesos electorales. En especial aquellos que pudieran no favorecer sus intereses políticos y sus masivos negocios personales, de grupo o familia. Es el caso del estado de México. No quieren dejar tan inmenso botín a la deriva. Lo quieren, apasionadamente, para ellos mismos, tal y como lo han usufructuado los pasados ochenta años. Faltará ver cuál será el veredicto de las atropelladas urnas.

Wednesday, 29 March 2017 00:00

El soldado Peña Nieto

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Hace bien Enrique Peña Nieto en reconocer y enaltecer el trabajo diario de las fuerzas armadas mexicanas, que tratan de sostener y defender jirones de la institucionalidad que los políticos civiles han deshecho. Encomiable es que esos actos de gratitud oficial hacia los elementos militares se realicen frente a las familias de ellos y las incluyan.

Lamentable, desde luego, es que esos actos de respeto y honra sean tan frecuentes que parezcan un recurso político para tratar de afianzar la lealtad y apoyo de esas fuerzas armadas ante el declive generalizado del poder civil, una suerte de frotamientos retóricos en espera de que las varias inconformidades del sector castrense (que son parte de las varias y activas inconformidades de la sociedad mexicana en general) no se traduzcan en distancia o reticencia respecto de los actos del deficitario grupo de civiles que desgobiernan al país.

También desmerecen tales homenajes cuando el impugnado ocupante de la silla presidencial utiliza tales escenarios para faenas politiqueras y electoreras, en busca de desprestigiar de manera insidiosa a su principal adversario, Andrés Manuel López Obrador, e incluso generar la impresión de que un eventual triunfo de éste, en 2018, sería mal visto o rechazado por quienes tienen el poder de las armas.

En tales andanzas de utilización política del foro castrense, ante 32 mil miembros de las tres ramas militares (soldados, marinos y personal aéreo) y sus familias, Peña Nieto se colocó, metafóricamente, la holgada casaca militar al estilo de Felipe Calderón Hinojosa: no fui formado en la disciplina militar, no fui formado como soldado, pero al asumir esta responsabilidad, dado el orden constitucional, de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, sí me asumo como uno de ustedes (https://goo.gl/tjOhgq), dijo quien ocupa el timón nacional a nombre de un partido, el Revolucionario Institucional que, en su momento, canceló el militar como uno de sus sectores y, a partir de Miguel Alemán Valdés, ha marcado una moderna distancia en el ejercicio del poder entre los personajes militares y los civiles.

El peculiar encuentro se realizó en el Campo Militar número uno y fue reproducido en instalaciones de las regiones militares del país, con la intención de que fuera visto por la totalidad de los miembros de las fuerzas armadas. El tono discursivo elegido fluctuó entre el elogio abierto y el rechazo a quienes descalifican el actuar de los militares. En particular, Peña Nieto se asumió como juez para dictaminar que los señalamientos, quejas y acusaciones contra dichas fuerzas armadas son inadmisibles e inaceptables, lo cual a todas luces constituye un despropósito, pues la Constitución y las leyes secundarias permiten y garantizan claramente que los ciudadanos puedan impugnar los actos de poder que les parezcan reprobables, sean ejecutados por civiles o militares.

Según Peña Nieto, expresamente asumido ya como soldado, quienes critican las acciones de soldados, marinos y fuerza aérea lo hacen por ignorancia o con dolo y, ya en pleno desliz en el tobogán de la oratoria sin sustento jurídico ni institucional, aseguró que quienes denigran la labor de nuestras fuerzas armadas, denigran a México; quienes lastiman a nuestras fuerzas armadas, lastiman a México; quienes desacreditan el trabajo de nuestras fuerzas armadas, desacreditan a México.

Y, por si alguien dudara que la postura de Peña Nieto forma parte de la acometida política contra López Obrador, practicada ya antes por miembros del gabinete peñista y el taxista dirigente nacional del PRI, el mexiquense dijo ser el primero en condenar aquellas expresiones que han señalado, condenado y fustigado a las fuerzas armadas, y las palabras de quienes han dicho que estas fuerzas se han dedicado a ofender, lastimar, faltar a los derechos humanos, a masacrar, como alguno se atrevió a decir.

Otro juez, Anuar González Hemadi, emitió una resolución que constituye una pieza memorable de pornografía judicial, de virtual incitación al delito sexual contra menores de edad y personas en general. Bajo un denso tufo de actuar a partir de estímulos económicos o por presiones superiores (así ha sucedido en múltiples casos, y en el de los jóvenes apodados los Porkys siempre ha habido una combinación de clasismo, capacidad económica e influencias políticas), dicho juez de distrito consideró que no se demostró fehacientemente la comisión de delitos contra una joven víctima de abusos sexuales.

Con razonamientos retorcidos y francamente irritantes, González Hemadi ha pretendido establecer que tocamientos y ciertas acciones físicas en áreas genitales no necesariamente constituyen actos lascivos ni significan una agresión sexual, así que abrió el camino hacia la libertad del joven Diego Cruz Alonso, quien había sido detenido en España y luego fue extraditado a México.

El otro Duarte, César, ex gobernador de Chihuahua, ayer pasó a formar parte de la galería de políticos mexicanos prófugos de la acción de eso que llaman justicia pues, según informó el actual mandatario estatal, Javier Corral Jurado, hay varias órdenes de aprehensión contra su antecesor, relacionadas con una red de corrupción. En ese tenor, se ha encarcelado a tres ex funcionarios de esa pasada administración priísta y estaría por librarse una decena más de órdenes de encarcelamiento.

Mención especial merece el caso del suplente de diputado federal Antonio Enrique Tarín García, quien pretendió tomar posesión del cargo ayer, en sustitución del titular, Carlos Hermosillo, quien falleció días atrás en un accidente. Tarín, quien fue director de adquisiciones del gobierno estatal, tiene una orden de aprehensión en contra relacionada con los actos de simulación y corrupción realizados en complicidad con el Grupo Fritag, propiedad de Jaime Agustín Fong, un sobrino político de César Duarte Jáquez. Aun cuando no hay una referencia expresa, la acometida contra este ex gobernador priísta tiene como contexto el asesinato de la corresponsal de La Jornada, Miroslava Breach. ¡Hasta mañana!

Twitter: @julioastillero

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Wednesday, 29 March 2017 00:00

Los americanos blancos se están muriendo

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En Estados Unidos, los hombres blancos de mediana edad y con menos educación se están muriendo a un ritmo inusitado. De hecho, su tasa de mortalidad es mayor que la de los hispanos o los negros de su misma edad y de su mismo nivel educativo. La mortalidad de los blancos menos educados es también mucho más alta ahora de lo que había sido hasta comienzos de este siglo. Este es un fenómeno exclusivamente estadounidense. En otros países desarrollados no sucede. 

Esta es una de las conclusiones de un importante estudio que acaban de presentar en Washington el Premio Nobel de Economía Angus Deaton y Anne Case, una destacada economista de la universidad de Princeton (y esposa de Deaton).

Ya en 2015, estos dos economistas habían causado revuelo con un estudio que por primera vez documentaba el trágico aumento de las muertes entre los estadounidenses blancos sin estudios universitarios. Mientras que en 1999 su tasa de mortalidad era un 30% más baja que la de los negros de sus mismas características, para el año 2015 la mortalidad de los blancos era un 30% más alta que la de los afroamericanos.Estos cambios en EEUU revierten décadas de progreso. Durante el siglo pasado, y aun hoy, la mortalidad a nivel mundial ha venido cayendo al 2% cada año, en todos los países y en todas las categorías demográficas. Pero los norteamericanos blancos sin mucha preparación académica son la excepción. ¿Qué pasó? Pues que, en este grupo, los suicidios y las muertes por sobredosis de drogasy por alcoholismo aumentaron drásticamente. El cáncer y las enfermedades cardiacas también se agudizaron, así como la obesidad. Desde el 2000, las muertes por estas causas entre los blancos no-hispanos, entre 50 y 54 años de edad, se han duplicado. Y para el 2015 morían a una tasa dos veces mayor que la de las mujeres blancas con las mismas características (y cuatro veces más que la de los hombres blancos que alcanzaron a ir a la universidad).

Una explicación común para esta tragedia es el desempleo que afectó duramente a este grupo de trabajadores, tanto a causa de la crisis como por la globalización y la automatización de la producción, que están haciendo desaparecer los puestos de trabajo de baja cualificación. 

El Nobel de Economía Angus Deaton y la economista Anne Case documentan el trágico aumento de muertes entre estadounidenses blancos sin estudios

Deaton y Case no dudan de que el desempleo y la consecuente caída en los ingresos son factores importantes. Pero según ellos no son suficiente explicación y mantienen que la mayor mortalidad de los blancos en EEUU tiene “causas más profundas”. ¿Cómo se explica, si no, que los hispanos y negros que también perdieron sus empleos e ingresos aumentaran su longevidad? ¿Y por qué entre los trabajadores europeos que fueron víctimas de los embates de la gran recesión del 2008 y las políticas de austeridad no se dan las letales tendencias que afectan a los trabajadores blancos estadounidenses? Es más, en Europa la longevidad de quienes tienen menos años de estudio (y menos ingresos) ha seguido subiendo --y a más velocidad-- que la de los europeos con mayor nivel educativo.

Según los dos economistas, las causas más profundas de este fenómeno tienen que ver con lo que ellos llaman “desventajas acumulativas”. Estas son condiciones debilitantes y hábitos disfuncionales que este grupo humano ha ido acumulando durante toda su vida como reacción a profundas transformaciones económicas y sociales. Con frecuencia comenzó con el abandono de los estudios secundarios y la entrada temprana en el mercado de trabajo en épocas de empleos abundantes y salarios atractivos. Pero esta “bonanza laboral” se fue extinguiendo y otros cambios en la sociedad –el papel de las mujeres, el aumento de los divorcios y la fragmentación familiar, la movilidad geográfica– dificultaron la vida a los hombres blancos, y los hicieron más vulnerables a lo que Deaton y Case describen como “muertes por desesperanza”. Son hombres que no ven un futuro mejor ni para ellos ni para su familia.

Las causas más profundas son las "desventajas acumulativas": la extinción de la bonanza laboral y otros factores sembraron la "muerte por desesperanza"

Esta desesperanza causa gran sufrimiento. En EEUU la mitad de los hombres desempleados toma medicinas contra el dolor y dos tercios consume opioides. El abuso de estas drogas se ha convertido en una gravísima epidemia. En 2015, más estadounidenses fallecieron por sobredosis de drogas que por armas de fuego y accidentes de tránsito. ¿La abrumadora mayoría de las víctimas? Hombres blancos.

Dos preguntas finales: Primera: ¿Por que los hombres blancos de origen hispano, poca educación formal y mala situación económica mueren menos? Porque tienen más esperanzas de lo que les depara el futuro. Ellos no están añorando una mejor situación económica que tuvieron en el pasado. Nunca los tuvieron. Para ellos el futuro solo puede ser mejor. Y para sus hijos aun mas.

Segunda: ¿Cuál es la reacción política de los blancos estadounidenses con altas tasas de mortalidad? Votar por Donald Trump. Más del 60 por ciento de ellos así lo hizo.

Sígame en twitter @ moisesnaim

Wednesday, 29 March 2017 00:00

Sobre zombis políticos

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La anunciada muerte del PRD es, me parece, más un acto de propaganda que una realidad política. Obviamente, el principal interesado es Morena, cuyos principales dirigentes parasitaron su organismo hasta que ya no les sirvió. Muchos de ellos ansían su total aniquilamiento y descomposición, para terminar de comerse los restos. Otros, más prudentes, quisieran únicamente convertirlo en un partido satélite y por lo tanto manipulable. Pero la enfermedad y la salud, indistinguibles en ocasiones, suelen ser engañosas. Muchas veces, lo he visto, quienes eran candidatos a la tumba, terminan enterrando a los que parecían más vigorosos. Lo que pasa con los hombres les sucede a las instituciones: pensemos en el PRI y su muerte anunciada desde hace más de 15 años. O en las instituciones religiosas, cuya desaparición muchos anunciaron. Y aunque ahora las perspectivas no parecen ser halagüeñas para el PRD, me parece que los presagios sobre su muerte son exagerados y, sobre todo, confunden el triunfo electoral en las elecciones presidenciales con su viabilidad como instituto político a mediano plazo.

Morena, por el contrario, no necesariamente tiene garantizada su vida a la larga, porque todo en ese partido o movimiento gira alrededor de un individuo. Y si algo le pasa a esa persona, no hay garantía alguna de continuidad de la organización. A menos que aquello se convierta en un partido dinástico, con la mujer o los hijos al frente, al mejor estilo de India o Argentina. Tampoco está garantizada la integridad del partido si López Obrador vuelve a perder las elecciones, por las razones que sean. Y aunque las tendencias políticas mundiales, de rechazo a lo establecido, lo pongan como favorito en los momentos actuales, ya hemos visto que sus enemigos, como él mismo, se han encargado de revertirlas. El PRD, por su parte, posee una estructura que ha persistido, pese a tropiezos, errores y perversiones. Y tiene, a pesar de todo, un núcleo de seguidores nada despreciable, el cual considera la democracia y otros valores progresistas como parte esencial de su proyecto de nación. Al mismo tiempo, como López Obrador se ha distinguido por su soberbia y miopía política, al pensar que no necesita de nadie para triunfar, el resultado a mediano y largo plazo no es necesariamente el mejor para su movimiento-partido. Veremos en el futuro cuál es el verdadero zombi de la política nacional.

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El proyecto de establecer un campus en la ciudad de Querétaro de la Universidad Estatal de Arkansas (ASU, por sus siglas en inglés) avanza viento en popa. Si los cálculos son correctos, podrá abrir sus puertas en agosto de este año. Será la primera universidad estadounidense con sede en México y se plantea como una alianza público-privado en el campo de la educación superior.

En el portal de ASU dedicado al Campus Querétaro se puede leer que es patrocinada por una fundación privada de empresarios mexicanos, mientras que, como tal, la ASU se define como una universidad pública del estado que representa. Establecida hace más de un siglo, la ASU cuenta en la actualidad con cuatro campus: Beebe, Mountain Home, Newport, y el principal: Jonesboro, que concentra la mayor parte de su matrícula, de alrededor de quince mil estudiantes.

¿Qué tan buena universidad es la ASU? Depende qué ranking se tome en cuenta. En el ranking que produce Times Higher Education ocupa la posición ochocientos de la lista estadounidense. Por debajo, incluso, de otras universidades de aquel estado. En el US News & World Report le va mejor: la posición 59 dentro del total de universidades regionales del Sur de ese país. Las cuotas de admisión y colegiaturas oscilan entre los diferentes programas que se ofrecen, pero, un promedio anual fluctúa entre diez mil dólares al año, para estudiantes residentes en Arkansas, y quince mil al año para no residentes. A estas cifras se agregan cuotas para residencia y mantenimiento, en caso de requerirse, del orden de 13 mil dólares al año. ¿Cómo se va considerar a los estudiantes mexicanos dentro de este esquema?

Un indicador bastante socorrido en Estados Unidos sobre la calidad universitaria se expresa en su tasa de selectividad. Se parte del supuesto que, mientras mejor la institución, mayor demanda genera, y por lo tanto su cociente de selectividad es alto. En este rubro la ASU acepta aproximadamente el 70 por ciento de su demanda (dato de 2015). En contraste, las principales universidades de investigación en Estados Unidos indican tasas de selectividad en ningún caso superiores a 10 por ciento.

Los indicadores no son suficientemente precisos para un juicio concluyente, y aunque la ASU se define como una universidad de docencia e investigación, lo cierto es que sus datos la ubican, en el mejor de los casos, a media tabla. Es difícil encontrar una racionalidad estrictamente académica en el proyecto que se impulsa. Pero sí una extensa área de oportunidad de negocios.

El trato es excelente para la ASU: la parte mexicana, reunida en torno a la fundación Arkansas State University CQ, A.C., y por lo tanto pretendidamente sin fines de lucro, pone el dinero que requiere el proyecto. La primera etapa está valuada, en números redondos, en dos mil millones de pesos. Recientemente el consorcio contrató con el Grupo Financiero Multiva crédito por 600 millones de pesos para terminar los pendientes del proyecto y estar en condiciones de iniciar operaciones. El líder financiero de la iniciativa, Ricardo González Valdés, donó el terreno y ha conducido y coordinado la integración de la Asociación Civil. El propio González Valdés, nieto del ya fallecido Ricardo González Barrera, creador de Grupo Industrial Maseca y presidente de BANORTE, ha declarado que ya cuenta con los permisos de la autoridad educativa para impartir las carreras que se ofrecerán, y además con la opción de una doble titulación.

Las cifras son muy optimistas. Iniciar la Universidad con mil estudiantes y hacerla crecer, en sus distintas etapas, hasta un nivel de veinte mil. Se contempla recibir estudiantes de diferentes países, y establecer relaciones de intercambio académico con la propia ASU, aunque también con otras instituciones. Se prevé también desarrollar áreas de frontera en campos como ingeniería de sistemas, aeronáutica, y alta dirección de empresas. Se anticipa, y en ello se está trabajando, en impulsar la vinculación con la industria y las empresas de la localidad sin desatender la vocación global del proyecto. El estudiante de ASU-Querétaro debe ser bilingüe, porque uno de los compromisos de la sede central es activar la opción de que profesores estadounidenses se ocupen del diseño y en algunos casos la impartición de programas.

En el contexto de los órganos de gobierno de ASU, aunque en general el proyecto ha sido visto con beneplácito en sus diferentes versiones, y alcanzó continuidad pese al cambio de rector, no han faltado voces disidentes. Miembros de la junta directiva (Board of Trustees) del sistema estatal de universidades de Arkansas han mostrado algunos puntos opacos en el convenio o contrato: En la sesión de febrero de este año, Prince Gardner preguntó a la Junta: ¿Quién es el dueño? ¿Es solamente Ricardo? ¿Qué ocurre si desaparece? ¿Qué pasa si se decide un cambio en el control económico del corporativo?

No son preguntas triviales. Al lector interesado le recomiendo la transcripción de las intervenciones de la Junta de Gobierno en: “Mexican college all aet, ASU alters pact”, Arkansas Democrat-Gazete, 26 de febrero de 2017 (véase nota completa).

Hace unos días se presentó, finalmente, el nuevo Modelo Educativo para la Educación Obligatoria en un evento público que se realizó en Palacio Nacional. Este plantea, según señalan sus principales defensores, “una transformación radical del sistema educativo mexicano, lo que supone una verdadera revolución educativa, a partir de una política educativa de largo plazo, apenas parecida al Plan de Once Años, que en 1959 anunció el entonces secretario de educación pública, Jaime Torres Bodet”.

En esta breve reflexión presento algunos de los principales retos que enfrenta la implementación del Nuevo Modelo Educativo (NME), el cual se estructura en cinco ejes: cambio y renovación curricular, escuela al centro, formación y desarrollo profesional docente, equidad e inclusión, y gobernanza del sistema educativo.

El primero alude a la necesidad de una nueva pedagogía, que deje de lado el aprendizaje memorístico y dé paso al aprendizaje crítico y creativo, donde no sólo importe lo cognitivo, sino el desarrollo de habilidades socio-emocionales y para la convivencia. El segundo implica la transformación de la escuela, para que ésta cuente con infraestructura y equipamiento necesarios y que sea autónoma y capaz de tomar sus propias decisiones. El eje tres se refiere a la importancia de la formación inicial y la profesionalización de los docentes, ya que ellos, se sostiene, son el principal actor educativo responsable de la transformación de la educación.  El cuarto sostiene que es indispensable lograr la equidad y la inclusión del sistema educativo, de tal manera que todos los niños, sin importar su origen, género, condición económica o discapacidad, cuenten con oportunidades educativas para desarrollar sus capacidades. El último eje pone en la palestra el concepto de “gobernanza”, entendida como la necesaria participación y coordinación de distintos actores – incluidos autoridad educativa federal y locales, el INEE, el sindicato, los maestros, padres de familia, sociedad civil y Poder Legislativo – para implementar el Modelo.

Si bien todos los ejes colocan aspectos fundamentales que deben ser incluidos en cualquier proyecto de política educativa, las principales ideas de cada eje no son en realidad aportaciones novedosas en tanto que han estado presentes en el discurso e imaginario colectivo de administraciones anteriores. No es nuevo, por ejemplo, que se ponga al docente en el centro del debate, señalando que es uno de los actores más importantes para lograr el cambio educativo y que su ascenso en la carrera magisterial debe ser con base en el mérito. Tampoco lo que se dice respecto a que se les proveerá de estrategias de formación y capacitación continuas. Esto último, además, se viene anunciando desde el inicio de la reforma educativa y con resultados cuestionables. Si bien en estos años se avanzó en la configuración de dispositivos de evaluación de los docentes (para su ingreso, promoción y permanencia en el servicio), para nadie es un secreto que sigue siendo un gran reto el ofertarles una formación inicial y continua pertinente, relevante y, sobre todo, oportuna.

La idea de la escuela al centro y con capacidad para tomar sus propias decisiones tampoco es novedosa. Y se antoja difícil de concretar en los próximos meses y años. Esta supone, de hecho, una autonomía que no se logrará sin plantillas completas, docentes bien capacitados, infraestructura suficiente y de calidad. Y es que el modelo, para funcionar, debe operar como un conjunto integrado. Pero el problema está en que cada eje del modelo involucra retos considerables, muy difíciles de concretar sin presupuestos suficientes y, sobre todo, sin voluntad política.

Sin ánimo de ser pesimista, pero sí realista, considero que uno de los retos más importantes para la implementación del NME es conciliar las voluntades políticas de todos los involucrados. El Modelo llega muy tarde, en el quinto año del gobierno de Peña Nieto, cuando ya los ánimos y las preocupaciones están puestos en las elecciones del 2018. Sorprende que su elaboración haya tomado tanto tiempo, lo que habla, sin duda, de la falta de gobernanza del sistema educativo, o, en otras palabras, de la imposibilidad de llegar a acuerdos efectivos de manera eficaz y oportuna, para conciliar a los distintos actores involucrados, inclusive dentro de la propia Secretaría de Educación Pública.

A ello no abonaron seguramente, las constantes reorganizaciones de la Secretaría, que en su momento postergaron la puesta en marcha y avance de proyectos sustantivos, como por ejemplo la Estrategia de formación continua de los docentes o el lanzamiento del Plan Integral de Diagnóstico, Rediseño y Fortalecimiento de las Escuelas Normales (PIDIRFEN), estipulado en el artículo 22 transitorio de la Ley General del Servicio Profesional Docente, y el cual nunca llegó.

Aunque algunos querrán justificar que la búsqueda de consensos es lo que dilató el anuncio del ME, porque se hicieron diversas consultas con docentes, funcionarios, academia y sociedad civil, lo cierto es que el proyecto inicial del NME –para su posterior consulta -se presentó apenas en julio del año pasado, es decir, tres años después de anunciada la reforma. Ello pone en duda si será factible, como se señala en la Ruta para la implementación, que los planes y programas de estudio estén listos para mayo de este año: ¿en un par de meses se tendrán listos estos documentos? ¿Avalados por quién y cómo?

El nuevo Modelo, según se ha anunciado, comenzará a operar en el ciclo escolar que comienza en agosto de 2018. Justo un mes después de las elecciones. La pregunta de los sesenta y cuatro mil es si el próximo gobierno lo suscribirá sin más o lanzará una nueva consulta, que dilate aún más la concreción de los cambios urgentes que requiere nuestro sistema educativo. Sin duda, hay que colocarse en el justo medio, entre la búsqueda de los consensos y el impulso de los cambios de manera pronta y oportuna; más, si se toma en cuenta que los cambios que implica el nuevo Modelo no son de corto plazo. En la presentación pública del NME, el Secretario señaló que éste es una apuesta de “alto impacto y largo aliento”, por lo que los cambios que propone comenzarán a rendir frutos –en los aprendizajes de los niños- a los diez años de su aplicación.

En fin. El reto mayor será la puesta en marcha del Modelo, si es que éste sobrevive al cambio sexenal. Su implementación implica una importante erogación de recursos, a nivel federal y estatal, y una pronta y efectiva capacitación a los principales encargados de hacerla realidad: los maestros.

Asimismo, y como se señala en la Ruta de implementación, en el ciclo escolar 2017-2018 se deberán revisar y ajustar las estructuras ocupacionales de acuerdo con las definiciones del nuevo modelo y los planes y programas de estudio, así como realizar las modificaciones normativas que impulsen esta nueva integración ocupacional y de operación de nuevas figuras educativas. Más inverosímiles resultan algunas actividades, planteadas para realizarse en el ciclo escolar 2016-2017, el cual está a punto de concluir, como, por ejemplo: “fortalecer las acciones para garantizar que cada nuevo ingreso, así como aquellos que se encuentran en proceso de regularización, cuenten con el apoyo de un tutor” o “iniciar la operación del Servicio de Asistencia Técnica a la Escuela”.

Ante el gran número de actividades comprometidas para los próximos meses, algunas de las cuales no parecen viables, varios gobernadores han externado su preocupación, señalando la falta de presupuesto[1] para implementar las actividades que se indican en el nuevo Modelo, entre las que destaca la capacitación que se requiere para que los docentes cumplan con las expectativas puestas en ellos.

Entonces, ¿es posible la revolución educativa? El planteamiento para el cambio ya está en papel. Ya está también señalada una ruta de implementación, con actividades y metas específicas. Falta, sin embargo, un ingrediente vital: voluntad política, “gobernanza” y presupuesto para concretar las acciones propuestas. Sin duda, también será necesaria la participación de la sociedad civil organizada, la academia y el Poder Legislativo, para que juntos monitoreemos el cumplimiento de los compromisos y metas enmarcados en el planteamiento del Nuevo Modelo.

Arcelia Martínez Bordón es académica del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

[1] De acuerdo con Fiorentina García, investigadora del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), en 2017, “el programa de formación de desarrollo docente sufrió un recorte de 39.5%, equivalente a cerca de 900 millones de pesos”.

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