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Wednesday, 26 April 2017 00:00

A lo mejor ahora sí se le hace ser magistrado

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De los 14 aspirantes a ocupar la magistratura que dejó vacante Jorge Sánchez Morales en el Tribunal Electoral del Estado de Puebla (TEEP), hay uno que podría llegar a la terna final con el apoyo de los senadores del PRI.

Se trata de Jesús Gerardo Saravia Rivera —hijo del extinto líder magisterial Jesús Saravia Ordoñez—, quien ya en anteriores ocasiones ha intentado ser magistrado y consejero electoral.

De acuerdo con una fuente confiable, el abogado Jesús Gerardo Saravia podría en esta ocasión lograr su propósito, gracias a la ayuda de los senadores del PRI, pero especialmente de la poblana Blanca Alcalá Ruiz.

Y es que el susodicho fue apoderado legal del PRI y de la ex candidata a la gubernatura de Puebla, Blanca Alcalá, en los comicios del año pasado dentro del Juicio para la Protección de los Derechos Políticos-Electorales del Ciudadano identificado con el número SUP-JDC-1621/2016.

El padre de Jesús Gerardo Saravia fue líder de la sección 51 del SNTE, fundador del SETEP, diputado federal del PRI y operador político y financiero de la ex lideresa nacional del SNTE, Elba Esther Gordillo.

Otros personajes que podrían estar en la terna final para el cargo de magistrado son María Eugenia Osuna Blanco, titular de la Dirección Jurídica del Instituto Electoral del Estado; Paola Pérez Bravo Lanz, funcionaria de la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Electorales (FEPADE) con Santiago Nieto e hija del abogado poblano Jorge Pérez Bravo, y Noé Julián Corona Cabañas, secretario general del IEE y actual director técnico del secretariado del mismo Instituto.

Se prevé que la designación del nuevo magistrado electoral de Puebla se dé antes del jueves, ya que de lo contrario el nombramiento saldría hasta el mes de septiembre.

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Enrique José Flota Ocampo es un personaje oscuro del morenovallismo, ya que jugó un papel relevante para garantizar impunidad en el caso de la represión al pueblo de Chalchihuapan, por lo que resulta paradójico que este personaje sea catedrático de la Universidad Iberoamericana Puebla (Ibero), que imparta la materia de Teoría de los Derechos Humanos en la Facultad de Derecho y que esta casa de estudios diera su aval para que se convierta en el nuevo fiscal anticorrupción del estado. Parecería que dicha designación es una concesión a la Ibero para que frene su comportamiento crítico frente a los abusos del grupo político del ex gobernador Rafael Moreno Valle.

Curiosamente esta posible concesión a la Ibero se da luego de que esta casa de estudios, junto con otras cinco universidades privadas, suscribieran un manifiesto en el cual calificaban como una persecución política el proceso de inhabilitación que el Congreso del estado aprobó contra el ex alcalde de la ciudad de Puebla Eduardo Rivera Pérez.

Y es que al gobierno de José Antonio Gali Fayad y al grupo morenovallista les han caído como un balde de agua fría los cuestionamientos surgidos por la persecución política desatada contra Rivera, contra un grupo de militantes que van a ser expulsados del PAN y una larga lista de líderes albiazules que tienen órdenes de aprehensión en su contra, todo por ser críticos de Rafael Moreno Valle.

La idea que ha prevalecido es que ni en los peores gobiernos del PRI hubo tanta represión contra los principales líderes del panismo tradicional, tal como ahora en que se supone que el PAN tiene el control del Poder Ejecutivo.

Particularmente fue de mucho impacto el desplegado suscrito por la Ibero, la UPAEP, la UDLA, la Universidad Madero y el Tec de Monterrey, entre otras instituciones, en el que apuntan como un grave abuso los procesos administrativos –sin sustento jurídico– que el Congreso inició contra Eduardo Rivera. Ante tal cuestionamiento, el gobierno del estado tuvo que recurrir a paleros para revertir esa mala imagen.

Por eso echó mano de la Asociación de Universidades e Instituciones de Educación Media Superior y Superior para que pagara desplegados en la cual sostiene que es correcta la persecución política contra el ex alcalde de la capital.

Como parte de ese intento de acallar voces críticas se percibe el nombramiento de Enrique José Flota Ocampo, abogado vinculado a la Ibero y en particular a la Compañía de Jesús, la orden religiosa que tutela a esta casa de estudios y a la que pertenece el papa Francisco.

En los próximos meses habrá que revisar si la Ibero conserva su espíritu crítico frente a los abusos cometidos por el morenovallismo.

Porque si la Ibero cambia su sentido crítico, sería de graves consecuencias para las libertades civiles en Puebla, ya que esta es la única institución de educación superior en el estado que tiene un programa de defensa de los derechos humanos y no se ha callado frente a las injusticias sociales y los abusos del poder político.

Aunque al mismo tiempo genera mucho desencanto que se sepa que la Ibero solapó y guardó silencio acerca de la presencia en sus aulas de Enrique José Flota Ocampo, quien como funcionario de la Fiscalía General del Estado y encargado del área de Derechos Humanos de la misma dependencia, avaló la política represiva del morenovallismo y jugó un papel importante en el encarcelamiento de los presos políticos.

Es un absurdo que por un lado este personaje ha estado enseñando Teoría de los Derechos Humanos en las aulas de la Ibero, y por otro lado, cuando sale de esa universidad y se va sus oficinas de la Fiscalía General del Estado, se ha dedicado a dar sustento al encarcelamiento de los presos políticos del morenovallismo, entre ellos muchos activistas de la tercera edad y de origen indígena.

En su momento Elía Tamayo fue clara y precisa: Enrique José Flota Ocampo como funcionario público fue el encargado de amenazarla con que si no aceptaba las disculpas públicas del gobierno del estado por el asesinato en manos de la policía estatal de su hijo de 13 años, como parte de la represión al pueblo de Chalchihuapan ocurrida el 9 de julio de 2014, habría cárcel para pobladores de esa comunidad.

Desde que surgió esa acusación, la Ibero tendría que haber actuado con congruencia y sacar de su Facultad de Derecho a quien obliga a una madre a darle buena cara a los asesinos de su hijo. Queda claro que esta universidad guardó silencio y solapó a un represor.

Vale la pena preguntarse:

¿Nunca se dio cuenta de esta incongruencia el jesuita Fernando Fernández Font, rector de la Ibero?

¿Es congruente que el rector de la Ibero hacia fuera de la institución denuncie la violación a los derechos humanos y en las aulas de la universidad dé clases un funcionario que cree en la represión?

Así con este antecedente, no sería raro que un día la Ibero invite de maestro a Nicolás Aguilar Rivera, el cura pederasta de la región de Tehuacán que se encuentra a salto de mata con la protección del poder político.

O que los ex gobernadores Mario Marín Torres y Rafael Moreno Valle Rosas sean invitados a dar cátedras sobre defensa de los derechos humanos.

Wednesday, 26 April 2017 00:00

Trump: también contra la ciencia

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Al embate de Donald Trump contra los migrantes mexicanos –a los que está deportando sin importar sus condiciones, el tiempo que hayan estado viviendo y trabajando en Estados Unidos, con hijos ciudadanos estadunidenses y sin haber tenido ningún evento con la justicia de ese país– se añade ahora la posibilidad de que los llamados dreamers, es decir, aquellos jóvenes que llegaron de pequeños con sus padres indocumentados, pero que se encuentran estudiando, puedan verse también afectados con la deportación, a pesar de estar protegidos por la orden ejecutiva de Barack Obama bajo la ley DACA. De hecho, tres de ellos han sufrido la deportación.

Pero ahora, en la medida en que muchas de sus propuestas han sido un fracaso, Trump dirige su atención hacia las visas H1B, las que, según su criterio, afectan a los trabajadores estadunidenses, pues se privilegia a los extranjeros calificados a los que se les paga menos. Vuelve a enarbolar el lema comprar estadunidense y contratar estadunidenses y traer de vuelta los empleos para los estadunidenses. Estas visas a lo largo del tiempo han ido incrementando su número hasta alcanzar actualmente 85 mil por año. Lo que Trump busca con la orden ejecutiva es endurecer y controlar la asignación de esas visas para otorgar esos puestos de trabajo a los estadunidenses. Pero cuestionar el funcionamiento de las visas H1B que se otorgan a profesionistas calificados y que son esenciales para la industria tecnológica en Estados Unidos, no sólo es problemático para las empresas que dependen de ellas, sino que no toma en cuenta las condiciones que las promueven. Y de entrada 2 mil 500 mexicanos altamente calificados podrían verse afectados.

Lo que Donald Trump olvida, pues así conviene a sus dichos y a sus propuestas fantasiosas, es que, por un lado, el desempleo en esos niveles profesionales es muy bajo, 3.7 por ciento, a diferencia del que se presenta a escala nacional, que es de 4.8 por ciento. Es decir, sí hay escasez de este tipo de trabajadores a pesar de las visas H1B, pues las ocupaciones denominadas STEM no pueden llenar sus vacantes por falta de contingentes internos con las habilidades requeridas.

Por otro lado, en este nivel no hay diferencias salariales entre extranjeros y nativos; por el contrario, en algunas áreas hay una pequeña diferencia en favor de los migrantes. La mayoría de los países desarrollados y algunos emergentes, están cambiando y flexibilizando sus políticas migratorias para poder captar ese recurso humano, en la medida en que es insuficiente internamente y escaso a escala mundial, pero central para el desarrollo de los procesos de la revolución tecnológica. Esto explicaría por qué se habla de una competencia mundial por los talentos. Sin embargo, si en verdad Trump revierte la tendencia y pone en peligro la captación de profesionistas extranjeros, entonces veremos otros escenarios.

Un escenario posible es que Estados Unidos dejaría de ser el principal receptor del talento mundial. De acuerdo con un estudio del Banco Mundial, Estados Unidos concentra por sí solo a 50 por ciento de los migrantes calificados que viven en los países de la OCDE y a un tercio de los migrantes calificados a escala global. Por tanto, con Trump se pondría un freno a sus procesos de innovación tecnológica, disminuyendo el liderazgo en estas áreas además de dificultar su transición hacia la cuarta revolución industrial.

El otro escenario tiene que ver con la necesidad de calificar a su población en las profesiones exigidas para estas industrias y de esta forma llenar las vacantes. Trump no toma en cuenta que esta carencia de calificación generó en gran parte el desempleo en las áreas que lo apoyaron, no sólo fue el outsourcing. Sin embargo, una de las dificultades estructurales para generar los recursos humanos calificados suficientes en cantidad y en tiempo es la baja tasa de fecundidad que se encuentra por debajo del nivel de remplazo, 1.89 hijos por mujer en edad fértil, un gran obstáculo para suplir a los migrantes de las visas H1B.

Si a esto se agrega que el sector de investigación científica y tecnológica sufrió un recorte cercano a 10.5 por ciento, lo que significa que potencialmente se reduzca su presupuesto en 31 mil millones de dólares para el Instituto Nacional de Salud, así como 7 mil millones a la Fundación Nacional de Ciencia, 5 mil millones a la Oficina de Ciencia del Departamento de energía, así como la disminución en las partidas orientadas al financiamiento de diversos programas civiles de investigación científica, quedaría claro que a la administración Trump no le interesa la ciencia, pero sí la industria bélica, cuyo presupuesto para el gasto militar se incrementó en 54 mil millones de dólares.

Wednesday, 26 April 2017 00:00

PRI, nueva (de)generación

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Una imagen dice más que mil palabras. La elocuente fotografía publicada en la página 15 de Proceso (2011) la semana pasada muestra al entonces flamante presidente, Enrique Peña Nieto, rodeado de sus sonrientes correligionarios en pleno disfrute de las mieles del poder. Me pregunto a cuánto ascenderá el monto del erario que han llevado a sus bolsillos, abusando con rapacidad incontenible de los cargos que ostentan u ostentaron. Se siente el espíritu de cuerpo, la solidaridad inquebrantable con los principios fundamentales de su partido: “La moral es un árbol que da moras y vale para una pura chingada” (Gonzalo N. Santos) y “Un político pobre es un pobre político” (Carlos Hank González).

¡Están todos arrestados!, exclamo en silencio al imaginar los barrotes de la escalera del fondo cubriendo a todos los orondos personajes que se sienten y actúan como dueños del país, no como sus servidores. ¿Cuántos años de cárcel sumarían los ufanos sujetos ahí retratados si realmente se les aplicara la ley? Tal vez no sean todos los que están y ciertamente no están todos los que son, pero el retrato de la cofradía tricolor exalta la nostalgia de justicia.

 
Desmemoriado, el presidente dice no recordar haber nombrado a su generoso (ex)amigo “Javi” como ejemplo de “la nueva generación del PRI”, junto con “Beto” Borge, exgobernador de Quintana Roo, quien antes de abandonar el poder armó su “paquete de impunidad transexenal” y, aunque se desconoce su paradero, aun cuenta con 44 escoltas y 12 vehículos oficiales, así como una impunidad más valiosa que todo lo que se robó; y a César Duarte, exgobernador de Chihuahua, también prófugo de la justicia por su corrupción y desfachatez insuperable. 

En primera fila, de izquierda a derecha aparecen también: Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, hoy diligente operador de campaña del candidato priista a sucederlo, cueste lo que cueste. En seguida, sumido en su impasible disimulo, Rodrigo Medina, entonces gobernador de Nuevo León, quien estuvo preso sólo 18 horas, aunque sigue enfrentando un juicio acusado de peculado y daño al patrimonio estatal; Andrés Granier, otrora gobernador de Tabasco, hoy preso, también acusado de corrupción; Juan Sabines Guerrero, hoy exgobernador de Chiapas, otro de los beneficiarios de la impunidad otorgada por el gobierno de Peña Nieto, premiado con el consulado en Orlando, Florida, a pesar de que la Auditoría Superior de la Federación presentó desde noviembre de 2013 ante un juzgado de distrito un reporte de presuntas irregularidades financieras detectadas durante la gestión de Sabines por 40 mil millones de pesos. A su izquierda, la ya mencionada dupla Duarte, saboreando su desmedida codicia, cuyo fin y castigo están cerca.

Al presidente Peña Nieto se le ve complacido, con la imperturbabilidad que le confieren su investidura y su entrenamiento histriónico. Detrás, el entonces mandatario de Michoacán, Fausto Vallejo, cuyo expediente se encuentra en la Comisión de Justicia Partidaria del PRI, donde se analiza su posible expulsión (Jesús Reyna, quien fuera gobernador interino de Michoacán cuando Vallejo pidió licencia por razones de salud, fue detenido por la Procuraduría General de la República en abril de 2104, acusado de establecer compromisos con Los Caballeros Templarios); enseguida, el ya referido Roberto Borge, en pleno despliegue de su desvergüenza, y Rubén Moreira, en aquel tiempo gobernador de Coahuila, de mañas y alcurnia familiares aún por desvelarse, en el goce que procura la inmunidad. En la parte superior de la fotografía aparece Egidio Torres Cantú, quien gobernaba Tamaulipas, también aficionado a los lujos palaciegos y a las amistades peligrosas, e igualmente intocado por la justicia. Hasta ahora. Y ya no sigo la enumeración, que no pretende ser exhaustiva. (Tomo la información del estupendo reportaje de José Gil Olmos).

En ese retrato de familia está plasmada con prístina fidelidad lo que ha sido y es el partido que hoy ha vuelto a (des)gobernar y a desmadrar al país debido al masoquismo del electorado mexicano, mencionado por Mario Vargas Llosa tras el retorno del tricolor al poder. ¿Es ése el gobierno que merece México? Me niego a aceptarlo. Dudo que los ciudadanos de este país gocemos del maltrato que nos han propinado nuestros gobernantes. Más bien estamos hartos de su ineptitud, de su inmoralidad pública y de su cinismo sin par.

La clase de políticos que hemos padecido ha estado muy por debajo de la responsabilidad histórica que le hemos conferido con nuestro voto o nuestra negativa a sufragar. Ello revela que quienes acceden a las altas esferas del poder no han sido los más aptos ni los más rectos, sino los más ambiciosos de poder y riqueza, así como los más habilidosos para escalar dentro de las estructuras partidarias, allegándose aliados políticos y financieros. Y ello también muestra que, dentro de las mediocres opciones que nos han presentado los partidos, los electores hemos escogido, en el mejor de los casos, a los menos malos. A esa circunstancia es necesario agregar que nuestros procesos comiciales casi nunca han sido libres y equitativos, sino que han estado plagados de irregularidades cada vez más ingeniosas y peligrosas, como lo es la infiltración del narcotráfico en elecciones y gobiernos plasmada en la fotografía de la congregación priista.

En los próximos comicios del Estado de México, Coahuila y Nayarit –así como en los de 2018– la nueva (de)generación del PRI merece ser derrotada. Basta de caquistocracia cleptocrática.

Este análisis se publicó en la edición 2112 de la revista Proceso del 23 de abril de 2017.

 

Wednesday, 26 April 2017 00:00

Mujer chicana: entrevista con Judithe Hernández

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Judithe Hernández (Los Ángeles, 1948), como muchas de sus contemporáneas, tuvo que decidir entre el feminismo y La Raza, entre América Latina o las mujeres. Confrontada por ello, terminó por no renunciar a nada: en los murales que hizo con Los Four –uno de los grupos de arte chicano más notables de la época–, Judithe le dio entrada a las mujeres: no a aquellas que organizaban el feminismo más conocido desde su trinchera universitaria y blanca, sino a las mexicanas, latinas y chicanas. Decidimos entrevistar a esta artista visual y pionera del movimiento muralista chicano para entender la separación entre las chicanas y las primeras artistas feministas que también montaron sus escuelas y exposiciones en California. También quisimos enterarnos de las dificultades que tuvieron las artistas mexican-american para participar en el movimiento chicano, tan dominado por los hombres.

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“Death in East Eden”, Judithe Hernández, Adam & Eve Series, 2010. Pastel sobre papel. Tomado de judithehernandez.com

 

Ante esa disyuntiva y considerando que estudiaste la universidad, como las feministas blancas de los setenta, ¿cómo decidiste sumarte al movimiento chicano?

JH: Es cierto, fui a la universidad, pero también fui una minoría. Cuando estudié en el Instituto de Arte del Otis College apenas había cinco chicanos en la escuela. Nos conocíamos y nos juntábamos porque no teníamos tanto en común con los estudiantes blancos. Al respecto, quiero apuntar que estoy hablando de los setenta, y no de hoy. Ahora los jóvenes son educados de manera más internacional y tienen todo tipo de amigos. Yo, en cambio, no conocí a ninguna persona blanca hasta que fui mayor, porque no tenía el entorno social para hacerlo. Mis amigos cercanos no eran blancos. Creo que nunca tuve realmente un amigo blanco.

Por lo tanto, cuando tomé una decisión, no me sentí atraída al movimiento feminista. Jamás pensé en unirme a ellas. Desde lo intelectual, por supuesto que apoyaba sus acciones y los objetivos por los que peleaban. Sin embargo, al vivir como joven en East L.A., teníamos cosas que ofrecerle al movimiento chicano. Además, había entonces una tremenda ola de orgullo cultural y el sentimiento palpable de que, como grupo, teníamos que hacer algo y asumir los objetivos del movimiento.

 

A pesar de ello, en tus murales pintas mujeres que además son chicanas, mexicanas, latinas. Tengo para mí que peleaste en ambos frentes, asumiste las dos causas.

JH: Obviamente, el de los setenta era un mundo dominado por los hombres. El mundo del arte siempre lo ha sido y ciertamente en el chicano ocurría lo mismo. Como mujeres queríamos hacer nuestra parte por La Raza, pero también sentimos que teníamos el derecho de hacerlo como mujeres, como “compañeros” [lo dice en español], no como novias y esposas, llevándoles comida y limpiando sus casas. Estuvimos en las trincheras, haciendo lo mismo que ellos. De ahí que sintiéramos el derecho de hablar sobre el papel que han tenido las mujeres, porque en ese mundo dominado por hombres, se pintaban imágenes que nada decían de nosotras.

 

A la vez, en las mujeres de tus murales se perciben preocupaciones muy distintas del feminismo blanco. Pienso, por ejemplo, en uno de tus murales que empodera a las abuelitas de Aztlán. Me parece entonces un feminismo chicano que habla de las abuelitas porque son muy relevantes para nuestra cultura, ¿es así?  

JH: Justo. Entramos al feminismo desde el punto de vista de nuestra cultura. En cambio, nunca advertí eso en el movimiento feminista blanco, en el que todo estaba demasiado intelectualizado, idealizado, generalizado. Empoderar a las mujeres es una gran cosa para empezar, pero mucho de lo que hicieron realmente no aplicaba para las mujeres latinas o afroamericanas. La visión y el desarrollo del feminismo blanco no tocó nuestros problemas. Además, debo decir que nosotras no queríamos oponernos a los hombres, queríamos ser pares, compañeras, socias.

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Homenaje a las mujeres de Aztlán, Judithe Hernández, 1976. Tomado de latinomurals.wordpress.com

 

Mientras tanto, Judy Chicago decidió separarse de los hombres y fundar un programa de arte feminista exclusivo para mujeres. Recuerdo haber leído que ella se negaba siquiera a escuchar consejos que provenían de los hombres. A diferencia de esta corriente separatista de los setenta, tú decidiste trabajar codo a codo con ellos, tuviste que negociar con los hombres que integraban el grupo Los Four, hablar, lidiar y pintar con ellos.

JH: En ese momento, pensaba: ¿cómo cambias a estos hombres, su esquema de pensamiento? Trabajando con ellos, hablando con ellos, tratándolos como pares, en oposición al rol tradicional de las mujeres. De nuestra parte, fue un proceso educativo.

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Mural de la avenida 43, Judithe Hernández y Carlos Almaraz, miembros del colectivo Los Four. Tomada de judithehernandez.com

 

¿Lograste cambiar su manera de pensar?

JH: Creo que sí o me gusta pensar que sí. Uno a la vez. Está claro que desde entonces el mundo ha cambiado, pero en el camino, a lo largo de mi carrera, he sido afortunada, la vida me ha dado la oportunidad de reencontrarme con algunas personas y conocerlas de nuevo. Sí me han dicho que influí en su manera de pensar o que quieren que sus hijas sean como yo, fuertes, valientes, que tengan opiniones propias y luchen por lo que piensan. Eso ha sido enormemente gratificante, cuando lo escucho realmente me conmueve.

 

¿Cómo fue que concebiste introducir a las mujeres en tu pintura? Sé que fuiste educada en la pintura clásica, sobre todo en el periodo renacentista, incluso detecto en tus dibujos algunas referencias al Renacimiento germánico.

JH: Fui muy afortunada al tener una madre que estudió la universidad. Ella nació en 1914, en Zacatecas. Su padre –me habría gustado conocerlo mejor– murió cuando yo era adolescente, por eso sólo lo vi un par de veces. Hablaba varios idiomas y trajo a su familia a los Estados Unidos; al principio de la Primera Guerra Mundial, trabajó como traductor. Bueno, pues el creía en el sufragio y los derechos de las mujeres. Crió a dos hijas de pensamiento muy progresista que no estaban atadas al rol tradicional de la madre, de modo que la mía siempre alentó mis intereses. Por ahí empezó. Cuando crecí fue un reto para mis padres, porque escuchaban de mis profesores que yo debía tener una carrera artística, de modo que me dieron el mejor entrenamiento que pudieron pagar.

A pesar de que en los setenta los hombres superaban en número a las mujeres, tuve profesores fenomenales. Al menos vivieron dos guerras mundiales, así que eran increíblemente abiertos. También estudié con el legendario Charles White. Todos ellos tenían un gran amor por el arte mexicano y fueron muy generosos con su ayuda. Aceptaron lo que yo sentía por mi trabajo. Por entonces yo me hice de una misión: cada vez que hacía arte público, no debía faltarle técnica ni integridad, porque la educación nos iguala a todos, el arte debe pertenecer a todos, tanto a los chicanos como a los blancos. Y si eres inteligente, quizá no les caigas bien, pero tendrán que aceptarte.

 

¿Sabías, desde que empezaste, que estabas forzando y cambiando el arte occidental con retratos de latinas y chicanas? Lo cierto es que los retratos son un género occidental. ¿Sabías que estabas cambiando esa tradición europea que recibiste en la universidad?

JH: Esa fue mi intención. Si bien, debo decir que no hay nada malo en la manera en que el arte occidental se desarrolló y llegó al Renacimiento –son grandes obras de arte–, pero pensé en cómo podía aplicar ese conocimiento, la manera en que fui educada, para incrementar la apreciación y la conciencia de la figura de la mujer en el continente americano. Quise que la mujer latina gozara de ese respeto.

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“Aetatis suaue #1”, Judithe Hernández, Serie Juárez, 2015. Pasteles y medios mixtos sobre tabla de madera. Judithe Hernández ideó esta serie como protesta por las mujeres asesinada en Ciudad Juárez.
“Hasta que la muerte de estas mujeres jóvenes se vuelva proridad para las autoridades mexicanas, al encontrar y castigar a los criminales responsabls, esta serie continuará”, se lee en un texto que acompaña a estos dibujos.

 

A pesar de inscribirlas en la tradición europea, mantuviste a las chicanas como tales, no las “volviste blancas”, sino que las conservaste en sus tipos de cuerpo y con sus rostros. Todas son muy latinas e indígenas y están rodeadas de colores vivos –he leído que para ti México se dice en cierta paleta de colores. No deja de ser interesante cómo representas la figura de la mujer, sobre todo ahora que hay un debate político sobre el peso.

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El encuentro, Judithe Hernández, 1983. Museo Nacional de Arte Mexicano, Chicago. Tomado de judithehernandez.com

JH: No puedo decir que todo ello fuera consciente. Estaba intentando representar de la manera más honesta posible, para mí, la figura de la mujer latinoamericana. No quise generalizarla, pero sí trabajar un arquetipo a partir de las mujeres que vi cuando visité México, Oaxaca, Cuernavaca. Me encontré entonces con mujeres que tenían una belleza que no parte del estándar estadunidense –en ese ideal delgado y rubio. Esas mujeres eran muy bellas, era explícita la suavidad de su piel, la fineza de sus rasgos; aunque no fueran parte del estándar de Estados Unidos, había algo sensual y muy atractivo en ellas, que me impresionó. Siempre admiré esa belleza, por ejemplo, en el muralismo de Diego Rivera, quien hizo grandes obras sobre las mujeres indígenas. De modo que quise hacer mi propio intento.

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Sueño sombra, Judithe Hernández, 2008. Tomado de judithehernandez.com

Pero Diego Rivera tuvo el apoyo del Estado mexicano, además de dinero y contactos. Creo que debió haber sido mucho más difícil para ti, al ser mujer y al no contar con el respaldo del gobierno estadunidense.

JH: Pasa que yo siempre he pagado por hacer arte; el arte nunca me ha financiado. Es hasta ahora –cumplo setenta el siguiente año– que se acercan los coleccionistas. No fue así durante la mayor parte de mi carrera. Así que trabajé en otras cosas, como ilustradora y profesora, y luego tenía que trabajar en el arte durante mi tiempo libre.

Fue así también en Chicago, donde viví por 25 años. Ahí no había lugar para los latinos. Es una ciudad muy segregada: sólo les interesa el trabajo de los artistas hombres y blancos. Es realmente difícil exponer tu trabajo ahí. Entonces estaba muy aislada.

 

¿Qué tan difícil es entonces ser artista como mujer? Retomando a Diego, creo que no me equivoco cuando digo que siempre tuvo a varias mujeres a su alrededor, quienes lo cuidaban. No me imagino que se preocupara por cocinar. En cambio, tú tuviste que trabajar en actividades distintas al arte y recoger tu casa y cocinar. ¿Qué tan demandante fue para ti?

JH: Creo que las mujeres, más que los hombres, estamos diseñadas, no para aceptar esa situación, sino para trabajar con ella. Las mujeres son creativas y encuentra la manera, aunque sea difícil.

Sin embargo, recuerdo que cuando regresé a Los Ángeles, di una conferencia para  la primera edición del Pacific Standard Time, financiada por la fundación Getty. Ahí se presentó también una mujer que habló de la dificultad para nosotras. Recuerdo entender y compartir por completo lo que decía. Pensaba: “he estado en la situación que describes”. Por ejemplo, en los últimos 25 años he hecho de todo por criar a mi hija por mí misma –su padre no estaba tan involucrado.

Hay que pensar en esto: cuando un hombre interrumpe su carrera y luego regresa, nunca le hacen preguntas. Si fue un alcohólico que se recupero, se le felicita. Nunca tienen la menor duda acerca sobre si deben aceptarlo de regreso. Pero si una mujer interrumpe su carrera para criar a su familia, entonces sí se preguntan cosas como: “ay, bueno, qué tan seria puede ser si se tomó un tiempo”. Es muy molesto que incluso en el siglo XXI las mujeres jóvenes sean castigadas porque interrumpieron su carrera por un tiempo o porque alentaron su producción. Creo que todo ello es la base para articular una resistencia: nos da temas para hablar de lo sociopolítico.

 

Hablando de resistencias, el viernes pasado Jeff Sessions, el fiscal general, visitó San Diego para darle un ultimátum a las ciudades santuario, a saber: que ya no recibirán fondos de la federación a menos de que demuestren que han colaborado con el gobierno federal en la captura de inmigrantes, y tienen hasta el 30 de junio para probarlo. Siendo una artista chicana, este periodo tan violento de Estados Unidos debe ser descorazonador.

JH: De vez en cuando, publico cosas en Facebook. Hace poco usé Photoshop para combinar el cuerpo de un hombre con uniforme nazi que dio un discurso en 1939, en Berlín, y le puse la cabeza de Trump, porque el presente es justo como esa época.

Los pobres empleados de la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés): no los culpo, están haciendo su trabajo, pero muchos son latinos, mexicanos, salvadoreños, y trabajan en ICE. A pesar de que en todo East L.A. contamos con reportes de redadas que ocurren durante la noche o que irrumpen en las fábricas. Es exactamente como Alemania en la década de los treinta. Incluso deportaron a un dreamer, a un joven inscrito en DACA (Acción Diferida para los Llegado en la Infancia) que debía estar protegido contra esa medida.

Los mexicanos estamos de vuelta bajo la lente. El año pasado lo estuvieron los afroamericanos y ahora lo estamos los mexicanos. Aquí todos estamos en alerta.

 

Acerca de la segunda edición del Pacific Standard Time Latin America-Los Angeles (PST: LA/LA), esta serie de exposiciones, que también cuenta con la participación de mujeres artistas jóvenes y mexicanas, ¿la entiendes como un santuario, debido a la conciencia política con que miran al arte? ¿Crees que ayudará en algo a la comunidad chicana?

JH: Sinceramente le aplaudo a la Fundación Getty: llevan la delantera cuando  hablamos de identificar el arte latino. El arte europeo y estadunidense solía dictar la tendencia, y los artistas latinos éramos ignorados. Por ello, es un parteaguas que tantos millones de dólares se destinen a financiar una exposición sobre este grupo, que también abarca la dimensión histórica.

Sobre todo, hay que hacer hincapié en que PST: LA/LA muestra la influencia artística de México y América Latina en el arte, en las bellas artes, en el arte decorativo, en la arquitectura. La gente camina por Los Ángeles y no se percata de ello, así que es un recordatorio para todos.

Si consideramos la ansiedad que provoca el gobierno de Donald Trump, PST: LA/LA no pudo haber ocurrido en un mejor momento.

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Chupacabra Gothic, 2008. Colección privada. Tomado de judithehernandez.com
Wednesday, 26 April 2017 00:00

Sin salida

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Éramos como dos samuráis ofreciéndonos el cuello el uno al otro, por ver quién cortaba primero. Yo no tenía 20 y él, entonces, 40. Le debía respeto, era mi padre, pero hacía rato que yo no usaba esas convenciones. Era verano, yo estaba en el pueblo en el que nací, y no sé por qué discutimos aquel día. Nunca gritábamos, solo nos mirábamos de un modo en que yo jamás he mirado a nadie y él, supongo, solo a gente a la que ha querido matar. Lo dejé de pie en la cocina, tomé las llaves del auto, me subí y di marcha atrás para sacarlo del garaje chirriando, como en una mala película. Era un Torino, un auto de fabricación nacional, una bestia repleta de motor y caballos de fuerzas. Salí de la ciudad rumbo a la ruta, sin plan. Solo quería hacer algo, mover algo en el mundo. Escuchaba a todo volumen a Los Redonditos de Ricota, una banda que era mi Biblia, cuando se reventó un neumático. Venía un camión de frente. Frené como me había enseñado mi padre —mi padre— con la palanca de cambios, y terminé en la banquina, a metros de un canal. Usaba —uno no olvida esas cosas— un vestido floreado y alpargatas. Bajé. Me obligué a detener el beat de mi corazón. Abrí el baúl, saqué las balizas, la llave cruz, el gato, la rueda de auxilio. Unos nenes que estaban pescando se acercaron a ayudarme. Les dije que no hacía falta. Cambié el neumático, ajusté las tuercas, quité el gato, volví a ajustar las tuercas un poco más. Todavía con el recuerdo del auto removiéndose como un pez demasiado grande fuera de control, subí, lo puse en marcha, volví a la ruta. Y regresé a mi pueblo, despacio. “La ciudad siempre es la misma —decía Kavafis—. Otra no busques / —no la hay—, / ni caminos ni barco para ti. / La vida que aquí perdiste / la has destruido en toda la tierra”. La única salida de emergencia es la que llevamos dentro. Al menos, lo aprendí temprano.

Wednesday, 26 April 2017 00:00

Los crímenes de la calle Cajigal

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La parroquia de El Valle, al suroeste de Caracas, fue durante lustros un bastión chavista. Allí creció Nicolás Maduro. Fue también allí donde, pronto hará 20 años, surgieron los primeros “círculos bolivarianos”, células del vasto e incontenible descontento que, en 1998, llevó a Hugo Chávez al poder. El Valle fue también uno de los campos de matanza del Caracazo, la ola de saqueos y motines que estremecieron desde sus inicios el malhadado segundo periodo presidencial de Carlos Andrés Pérez. En aquella ocasión, febrero de 1989, la parroquia aportó una cuota considerable a los centenares de muertos que dejó el ametrallamiento de las barriadas con que el Ejército sofocó la revuelta.

Las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, contra todo el ventajismo chavista y las marrullerías sin cuento del organismo electoral, otorgaron a la oposición venezolana una aplastante mayoría en la Asamblea Nacional y pusieron al descubierto que El Valle había dado la espalda a Nicolás Maduro. José Guerra, brillante economista y académico, candidato de la Mesa de Unidad Democrática a la diputación de El Valle, arrasó en las urnas.

¿Cuánto deberá esperar Venezuela para que este asesino sea desalojado del poder que usurpa?

Hoy, la dictadura de Maduro pretende inculparlo como “golpista” y lo acusa de ser promotor de la letal conmoción que sacude la parroquia desde la noche del pasado 20 de abril. Ante la indoblegable determinación de protestar pacíficamente de que ha dado muestra la hoy más que mayoritaria masa opositora, la violencia desatada por todos los brazos armados con que cuentan Maduro y su camarilla luce camino a superar la ignominiosa cifra de más de 40 muertos que dejaron las protestas de hace tres años. En El Valle, esta violencia que cínicamente Maduro atribuye a la oposición provocó, el 20 de abril, una conmoción tal que los vecinos no dudan es describirla como otro Caracazo.

Aun para las magnitudes de una ciudad convertida en capital mundial del homicidio impune, lo ocurrido en la calle Cajigal —y en toda la parroquia— rebasa todos los horrores imaginables y testimonian cuán demencial y sangrienta es la interminable ordalía que atraviesa mi país. La noche del 20 abril estalló en El Valle un cacerolazo de protesta acompañado de gritos que clamaban por la renuncia de Maduro. Nadie ha podido cabalmente dar cuenta de lo que ocurrió a partir de ese momento. Pero una hipótesis muy verosímil sugiere que, exaltados por la ruidosa protesta, muchos hambrientos se echaron a la calle para saquear comida. Al parecer, la Guardia Nacional, los sicarios motociclistas del paramilitarismo chavista conocidos como “colectivos” y las bandas delictivas locales no solo atacaron a los saqueadores para reprimirlos, sino que terminaron ametrallándose unos a otros.

Es un hecho que no todos los colectivos actúan ya coordinadamente con la Guardia Nacional. Para los vecinos es concebible que, por una vez, los sicarios motociclistas fueron atacados por grupos rivales, desprendidos del propio paramilitarismo, que han preferido volver a ser agentes del hampa común.

El comunicado oficial sobre lo ocurrido habla de ocho muertes “por electrocución” que atribuye, sin más, a la cerca de seguridad de una panadería saqueada en la calle Cajigal. Este tipo de cercado, dicen los expertos, está concebido para repeler enérgicamente al intruso, no para matarlo. Los vecinos insisten en que, tal como ocurrió durante el Caracazo, las víctimas fueron masacradas y nunca se sabrá por quiénes. No se permitió a sus familiares presenciar el levantamiento de los cadáveres. El desgobierno de Maduro ha comenzado a asesinar también a los habitantes de su propio barrio. ¿Cuánto deberá esperar Venezuela para que este asesino sea desalojado del poder que usurpa?

@ibsenmartinez

Wednesday, 26 April 2017 00:00

Fascismo explícito

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Los monstruos de carne y hueso están más cebados que nunca. El escritor chaqueño Miguel Ángel Molfino, víctima del terrorismo de Estado, recibe un mensaje tan espeluznante que hiela la sangre por el modo en que reproduce la retórica de las amenazas de la Triple A. “Como portavoz ocasional del Espíritu Argentino hago llegar a Miguel Ángel Molfino, traidor a la Patria, parte de la canalla asesina que fuera abatida en los años 70 del siglo pasado en su intento de cambiar nuestra Bandera por el trapo rojo comunista, la evocación de la fecha de la Victoria contra la Subversión, 24 de Marzo de 1976. Gabriel Ruiz de los Llanos. Sociedad Argentina de Escritores. Socio Activo 4789. Mayor información en Google con el nombre y apellido del suscripto. Otro sí digo: Ni los 7.900 Desaparecidos reconocidos por el Estado más los muertos en combate de las formaciones guerrilleras juntas, llegan a equivaler la vida del Tte. Gral. Pedro Eugenio Aramburu”. Este es el texto que le envió al escritor, mediante un mensaje privado por Facebook, Gabriel Ruiz de los Llanos (foto inferior), un prolífico narrador, poeta y ensayista de la extrema derecha argentina –que adhiere al nazismo y celebra la última dictadura cívico militar, especialmente a través de la figura del genocida Jorge Rafael Videla, a quien le dedicó una oda–, autor de títulos de pura cepa fascista como las novelas El antisemita, Avanza el enemigo, A paso redoblado y La patria, esta última prologada por el ex militar carapintada Mohamed Alí Seineldín.

 

Aunque Molfino nació en Saladillo (Buenos Aires) en 1949, es chaqueño por adopción. En los años 70 militó en el PRT-ERP y fue amenazado por la Triple A, que no sólo intentó secuestrarlo sino que le voló un auto, un Siam Di Tella 1500. Vivió en la clandestinidad entre el 74 y el 79, hasta que fue secuestrado en Buenos Aires y brutalmente torturado en el centro clandestino de detención “Coordinación Federal”. Luego fue trasladado a Chaco, donde continuó el calvario de torturas, hasta que fue legalizado. Su madre, Noemí Esther Molfino de Gianetti, fue secuestrada en Perú en 1980, en el marco del Plan Cóndor de coordinación de las fuerzas represivas en el continente, y apareció asesinada en España. Una de las hermanas del escritor, Marcela Molfino, militante de Montoneros, fue secuestrada y desaparecida cuando tenía un mes de embarazo junto con su compañero Guillermo Amarilla. En cautiverio tuvo a Martín, que fue recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo en 2009. Cuando Molfino realizó la denuncia en la Fiscalía Federal de Resistencia, le dijeron que posiblemente lo que activó a Ruiz de los Llanos haya sido el documental Extramuros de Liv Zaretzky, que cuenta la historia de Molfino. “Es público y notorio que milité en el PRT-ERP, nunca lo oculté, pero esto que pasó me llama la atención porque somos muchos los ex presos políticos que estuvimos en esa organización y me ha elegido a mí, honestamente no sé por qué”, confiesa el escritor a PáginaI12. 

“Pude averiguar algunas cosas de la vida de este hombre, una es que vive en la habitación número 12 del Hotel San Miguel, en Recoleta, sobre la calle Arenales. Sé que sale a correr casi todas las mañanas y que es un tipo de 72 años que escribió en la revista El caudillo, que fue un órgano de difusión de la Triple A. Si uno entra en su página de Facebook, se va a encontrar con una numerosa retahíla de joyas del fascismo vernáculo escritas por él. Con la amenaza, me mandó también una oda a Videla. Hay un reportaje donde él afirma que Dios es nazi. Es fascismo explícito”, define Molfino. Unos versos de esa oda “¡Dios te salve, oh Videla!” despliegan la ideología de Ruiz de los Llanos: “Dios te salve, oh Videla/ oh azote sacrosanto/ que fuiste tajo y espanto/ del zurdo en su cantinela,/ de la subversión que apela/ al crimen y al vasallaje/ vos le sacaste pasaje/ sin regreso al más allá/ para dejar limpio acá/ el terreno de salvajes”. 

Molfino aclara que el texto de la amenaza está fechado el 10 de abril, “pero como soy muy desatento con las comunicaciones que me llegan, lo encontré el sábado pasado”. 

“Un amigo me comentó que en el documental Parapolicial negro: Apuntes para una prehistoria de la Triple A aparece Ruiz de los Llanos recitando un poema”, revela el autor de la novela Monstruos perfectos (2010), finalista del Premio Hammett de la Semana Negra del Gijón. El poema que recita en ese documental sobre la Triple A es “Rompan todo”, incluido en El mejor enemigo es el enemigo muerto, un poemario dedicado al “mártir argentino” José Miguel Tarquini, que perteneció a la Triple A y fue asesinado en un atentado atribuido a Montoneros. “Cuánta humillación a manos de la canalla usuraria./ Despleguemos generosos nuestro odio múltiple y multicolor./ Demos paso a nuestro odio blanco y negro./ Fuego y fuego./ Subamos nuestro odio todo rojo./ Ese odio magistral para sacar mercaderes de los templos”, se lee en una parte del poema. El escritor esboza una hipótesis. “Yo creo que es como esos japoneses que después de treinta años los encontrás en la selva porque creían que seguía la guerra. Este tipo es un facho perdido en la selva. O no… Eso es lo que me inquieta”.

–¿Es un facho perdido en la selva o hay un clima político que lo estimula y alienta?

–Hay condiciones objetivas que se han creado desde que Mauricio Macri explicitó que iba a terminar con “el curro de los derechos humanos” y con el desmantelamiento paulatino de toda la organización de los juicios de lesa humanidad. La política amistosa que tiene el secretario de Derechos Humanos, (Claudio) Avruj, con Cecilia Pando y toda esta ultraderecha derecha gritona, está planteando la teoría de los dos demonios, que forma parte de este clima y que está enrareciéndose a partir de la dureza del gobierno. Estos tipos están chochos con que les peguen palos a los manifestantes, eso es propio de los fachos. Desde La Liga Patriótica hasta la fecha, la derecha argentina está integrada por tipos de armas a tomar, golpeadores, rompe huelgas, etcétera. Yo no dejo de inscribir la actitud de este individuo en este contexto. Por otra parte, soy testigo de un juicio de lesa humanidad que se viene ahora, antes de fin de año, en donde se va a juzgar a un ex juez federal (Luis Ángel Córdoba) y un ex fiscal de la dictadura (Roberto Domingo Mazzoni), y también estoy por declarar en otra causa por delitos de lesa humanidad en el Chaco, en la que no soy solamente testigo sino víctima. Quizá esto puede traer agua al molino de este señor o de los señores que están detrás de él.

Molfino entró al Programa de Protección al Testigo desde el pasado miércoles 19 de abril. “Me van a entregar un celular especial, con botón antipánico. No sé muy bien, todavía me tienen que explicar. Me ofrecieron tener custodia en la puerta de mi casa, de Gendarmería o de Policía Federal, y la rechacé porque es dormir con el enemigo. No cambia demasiado estar bajo la protección de este programa porque sigo viviendo en el mismo lugar y no me pienso mudar. Después de todo lo que pasé, ahora no me voy a ir”, subraya el escritor y destaca que en la provincia del Chaco el movimiento por los derechos humanos es muy fuerte. “Acá recibí una solidaridad sin límites en estos días, con la gente que me viene a ver a casa, a mi oficina, o por Facebook o mail. En ese sentido, me siento protegido”.

Wednesday, 26 April 2017 00:00

“La Madre de todas las bombas”

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¿Por qué EE.UU. usa nombres de los pueblos originarios que exterminó o de los líderes de esos pueblos para bautizar a su industria guerrerista? Las preguntas surgen de la escalada de tensión mundial desde que asumió Trump.
 
“La Madre de todas las bombas” fue usada en Afganistán contra un complejo de túneles del EI
 

“Todo lo que vuela contra todo lo que se mueva”, ordenó Henry Kissinger cuando era el consejero de Seguridad Nacional de Richard Nixon para empezar los bombardeos de 1969 sobre Camboya. Hoy no cae el Napalm sobre Vietnam, pero hasta el año pasado Arabia Saudita arrojaba bombas de racimo fabricadas en Estados Unidos sobre los civiles de Yemen. El antídoto antiterrorista de la MOAB fue utilizado después de que diera la orden el presidente Donald Trump mientras comía una torta de chocolate. Su objetivo era destruir los túneles o cuevas construidos por el ISIS en el distrito afgano de Achin, provincia oriental de Nangarhar. Barack Obama siguió por TV junto a Hillary Clinton desde la Casa Blanca el asesinato de Bin Laden en Abbottabad, Pakistán, en 2011. Al líder de Al Qaida y la operación para matarlo, Estados Unidos los bautizó Gerónimo. El nombre del último jefe apache que combatió al hombre blanco hasta que cayó detenido y fue confinado a una reservación. 

La industria militar de EE.UU. también tomó el nombre de la tribu de Gerónimo y se lo puso a un helicóptero de ataque, el AH-64 Apache, que en sus distintas versiones actualizadas ha participado en las invasiones de Panamá, Afganistán e Irak. Hoy lo sigue fabricando la compañía Boeing. Su antecesor fue el Cheyenne –el nombre de otro pueblo originario– que se utilizó en la guerra de Vietnam pero que por su alto costo fue discontinuado después. Lo desarrollaba la Lockheed.

Otro helicóptero que alude a un jefe indio es el Black Hawk (Halcón Negro) fabricado por Sicorsky, utilizado para el transporte de tropas. La caída en 1993 de uno de ellos en Mogadiscio, Somalia, fue tratada por el cine de Hollywood en una película que ganó dos Oscar. La tradición de ponerle nombre a estas naves se remonta a fines de la década del 50, cuando la Bell llamó “Iroqués” a uno de sus prototipos que todavía sigue volando para el ejército de EE.UU. Chomsky dice de esta costumbre que “la elección del nombre recuerda la facilidad con la que bautizamos nuestras armas homicidas con el nombre de las víctimas de nuestros crímenes…” Y enseguida se pregunta en su libro: “¿Cómo habríamos reaccionado si la Luftwaffe hubiera llamado a sus cazas judío o gitano?” 

El piloto Paul Tibbets, quien comandaba el bombardeo B-29 que arrojó la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, le puso a su nave Enola Gay. Lo hizo en honor a su madre, que se llamaba igual. Falleció en 2007 cuando tenía 92 años en su casa de Ohio. No se arrepintió de lo que hizo. Fue muy gráfico cuando lo confesó sin pudor: “Nunca perdí una noche de sueño por Hiroshima”. A la bomba que lanzó desde su avión la habían bautizado Little boy (niño pequeño). A la que destruyó Nagasaki tres días después, Fatman (hombre gordo). Murieron 240 mil personas entre los dos ataques ordenados por Washington, los únicos de la historia en que se emplearon proyectiles nucleares.

Estados Unidos consiguió la rendición incondicional de Japón, pero desde entonces la carrera armamentística nunca se detuvo. Junto a Rusia acumula con holgura los mayores arsenales atómicos del planeta, muy lejos de Francia y China, que los siguen según las estadísticas de ojivas nucleares más difundidas realizadas por la FES (La Federación de Científicos Estadounidenses). La escalada beligerante por las armas nucleares que tiene hoy como centro a la península de Corea es la consecuencia de esa política. Las presiones crecientes de EE.UU. sobre Corea del Norte –que posee armas atómicas– empeoran la tensión internacional para algunos especialistas reconocidos. 

Con un costo estimado de entre 8.000 y 10 mil millones de dólares, la principal potencia planetaria tiene previsto fabricar las B61-12, sus nuevas bombas atómicas. Su producción en serie comenzará en 2020 y se desplegarán por Europa entre sus países aliados como armamento disuasivo contra Rusia. Ya hubo una prueba en el estado de Nevada, donde se arrojó desde un F-16 un proyectil de estas características sin el explosivo. El anuncio se realizó el 13 de abril pasado. El aparato militar de Estados Unidos se mantiene activo y al acecho. No importa que nombres les ponga a sus armamentos y operaciones encubiertas. La MOAB, esa bomba gigantesca de 10 toneladas –considerada la hija de la BLU-82 utilizada en la Guerra de Vietnam–, es la mejor prueba del militarismo con que intenta domesticar al mundo.

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Unas horas después de ser atrapado en Guatemala a mediados de abril, el exgobernador de Veracruz Javier Duarte fue fotografiado en el asiento trasero de una patrulla. Duarte sonreía de una manera perturbadora, con toda la cara estirada y los ojos desorbitados en una mueca psicopática.

La sonrisa de Javier Duarte es obscena y tenebrosa. Obscena porque donde debiera haber arrepentimiento hay burla, y tenebrosa porque Duarte muestra los dientes como estrategia. Ante la justicia, con la barbilla en alto, se pavonea como si fuera intocable; puertas adentro, le dice a la red de cómplices que le permitió enriquecerse con la voracidad de un pirata que no hay de qué preocuparse, que nada sucederá mientras se sienta protegido. Si en sus labios abiertos hay un mensaje en su boca cerrada hay otro: para el público es la burla; para la cultura política corrupta que tomó al Estado mexicano como un tesoro a ser asaltado es un guiño mafioso.

La justicia mexicana pidió a la Interpol que detuviera a Duarte para que explicara cómo entre 2010 y 2016, mientras gobernó el tercer mayor estado de México, fueron desviados más de 3.400 millones de dólares de fondos públicos a través de una red de prestanombres y empresas fantasmas. Duarte, el hijo de una panadera, usaba al estado como si fuera su hacienda. Cuando se fugó de Veracruz, a fines de 2016, la prensa y sus opositores hallaron ranchos, caballos pura sangre, documentos incunables de la historia mexicana y hasta pinturas y esculturas de Miró, Botero y Tamayo. 

Javier Duarte muestra que la cultura de castas sigue incrustada en el aparato del Estado mexicano. Las nuevas generaciones políticas fueron incapaces de renunciar o acabar con la cultura de saqueo de las arcas públicas durante los gobiernos conservadores que sucedieron en 2000 al Partido de la Revolución Institucional tras 70 años en el poder. Mucho menos cuando el PRI regresó en 2012 con la presidencia de Enrique Peña Nieto. El Banco de México, la autoridad monetaria del país, dijo en 2015 que la corrupción tuvo un costo equivalente al 9 por ciento del PIB, cinco veces más que la cifra estimada en 2009. El delito sistemático ha desincentivado inversiones y los montos de evasión fiscal alcanzan cifras astronómicas.

La ancha y arrogante sonrisa de Duarte hace pensar en cómo la corrupción está extendida, casi sin distinción, por todo el sistema de partidos. Es aceptada, apañada o financiada por el sector privado y no puede ser contenida por una justicia percibida como poco preparada y, en ocasiones, cooptada. Según la organización civil Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, apenas 17 de 42 gobernadores y exfuncionarios públicos sospechosos de corrupción han sido objeto de alguna investigación. Las respuestas políticas a la demanda social han sido decepcionantes. Un paquete de leyes anticorrupción está en el aire porque el mismo congreso que lo aprobó no designa al fiscal que debe ejecutarlas. Y todavía es recordado el escándalo que rodeó a la revelación y auditoría de la casa millonaria de Angélica Rivera, la esposa del presidente Peña Nieto.

La detención de Duarte no es un triunfo presidencial: encarcelar criminales es una obligación, no una prerrogativa a utilizar por necesidad política.

El descrédito generalizado de los políticos en la sociedad mexicana lleva a presuponer que el sistema de partidos opera como un mecanismo de castas, donde una vieja clase dirigente es suplantada, por acuerdo de recambio o por el asalto, por una nueva camada que repite una concepción premoderna del poder: el patrimonialismo o derecho a valerse de la función pública para enriquecerse como un señor feudal. Los ciudadanos han comenzado a organizarse y a hallar mejores mecanismos de protesta, pero, sin la aplicación efectiva de la ley o ejemplos inspiradores de sus dirigentes, prima la idea de que el poderoso que es investigado entra al tribunal por una puerta y sale por la otra. Como si no hubiera gestión pública, se saquea los cofres comunes y se viola al débil en beneficio propio.

La expresión de Duarte es el último mensaje desolador: el poderoso puede reír aún atrapado y expuesto a la luz del día, como si nunca hubiera hecho nada o, peor, como si tuviera la certeza de que, sin importar las pruebas, terminará por salirse con la suya. Duarte parece sentir que, aunque le pongan frente un pelotón de jueces, se librará porque sabe demasiado. Su sonrisa cínica exhibe su confianza en el conocimiento interno de las relaciones políticas. Sonríe porque sabe que, antes de que lo abandonen en una cárcel poco segura rodeado de hombres demasiado predispuestos a cometer un crimen por la suma correcta de dinero, puede abrir la boca algo más y convertir la sonrisa en una cloaca capaz de ensuciar a medio sistema político.

En general, las organizaciones delictivas que se entroncan en el poder hasta confundirse con él se autodepuran cuando la presión —local o internacional— alcanza un punto de inflexión. Pero el PRI aun no ha ofrecido ni siquiera esas opciones malsanas. La justicia mexicana debe probar que es capaz de castigar a los ladrones del partido durante la presidencia de Peña Nieto. La detención de Duarte —o la de su par Tomás Yárrington— no es un triunfo presidencial: encarcelar criminales es una obligación, no una prerrogativa a utilizar por necesidad política.

En México habrá una percepción más cierta de justicia –y esto no es un juego de palabras– cuando a Duarte se le borre la sonrisa de la cara.

 
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