En México reina y gobierna la impunidad. Lo mismo se mata a periodistas, a un centenar de candidatos en pleno proceso electoral, a un jefe del narcotráfico en cuanto entra a una “prisión de máxima seguridad”, que se roba el dinero público a puños o se vulnera su sistema bancario sin que haya responsables.

Todo es posible, en buena parte resultado del comportamiento de las élites políticas y económicas. Son muchos los políticos los que comenzaron protegiendo a la delincuencia organizada y terminaron siendo parte de ella. Y muchas las riquezas construidas sobre delitos, incluidas aquellas hechas a nombre del combate a la delincuencia. 

Los agentes de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México que fueron captados recibiendo dinero de presuntos narcomenudistas en Tepito, y que después de ser exhibidos se fugaron, son apenas el primer eslabón en la cadena de corrupción policial. Esa es una escena común en las calles de todo el país.

Hay otros actos de corrupción que no se ven y han generado fortunas en México con dinero sucio. Ya sea por contratos, comisiones, sobornos, extorsión o cualquier otro tipo de delitos de cuello blanco. Con el tiempo, muchos de esos delincuentes se han reciclado y pasado a ser parte de las élites del poder político o económico. O ambos.

Nada nuevo. Pero ese ambiente es el propicio para que México se haya convertido en lo que ahora es: un mall a donde concurren delincuentes de todo el mundo.

La delincuencia transnacional se asienta y expande en donde la impunidad ya no solo es reina, también gobierna. México no sólo eliminó sus barreras económicas y comerciales ante el mundo. Es garantía también para traficar migrantes, mujeres, drogas, armas, lo que sea.

La detención en Italia del exgobernador del PRI Tomás Yarrington, es una sola estampa de esa realidad. No fue ninguna casualidad que el exjefe político de Tamaulipas se haya refugiado en el corazón de la ´Ndranghetta, la poderosa mafia calabresa.

Llegar a ser uno de los principales centros de la delincuencia en el mundo se construyó a pulso, al amparo de la impunidad.

En la monarquía de la inmunidad caben todos los poderosos. No importa que una transnacional como Facebook haya violado los datos personales de casi un millón de mexicanos. Bueno, esa es la cifra que reconoció la empresa de redes sociales.

En Inglaterra y Estados Unidos se investiga el papel de Facebook en el robo de datos por parte de Cambridge Analytica. En México, donde se ha admitido la operación de ambas empresas en el mismo sentido en que se hizo en Estados Unidos para intervenir en las elecciones que le dieron el triunfo a Trump, la red social firma un convenio con el Instituto Nacional Electoral (INE) para “combatir las noticias falsas”.

En Estados Unidos e Inglaterra, Mark Zuckerbeg tiene que testificar ante los congresistas y tal vez ante las cortes. En México, los suyos firman convenios con Lorenzo Córdova, el presidente del INE. No se sabe quiénes son los suyos porque el INE clasificó el convenio como reservado. Algunas cláusulas han de ser inconfesables para que no se conozca por ahora. Si no, qué sentido tenía ocultarlas.

Si se mira bien, todo eso tiene que ver con el poder. Por eso, su encono con la prensa que se dedica a revisar sus actos. No es casualidad que los premios internacionales a periodistas mexicanos sean precisamente por dar a conocer casos de esa monarquía delictiva.

@jorgecarrascoa

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