En días pasados, nos llevamos las manos a la cabeza con la filtración a la prensa de las dos páginas del manual de cultura rusa que la Asociación de Fútbol Argentina (AFA) distribuyó entre técnicos, jugadores y periodistas, referente al trato que éstos debían dar a una chica rusa para tener “una oportunidad”. Sentí que se me morían un par de neuronas cuando me hicieron partícipe de las mencionadas letras. Pero pasadas unas horas de reflexión, convine que había que leer con atención

A los argentinos que viajan a Rusia se les pide que sean limpios, que no vean a las chicas como objetos, ya que son “personas que quieren sentirse importantes y únicas”; motivo por el cual se les aconseja “tratar a la mujer que tienes en frente como alguien de valor, con sus propias ideas y deseos”. Así mismo, se les recomienda divertir a las chicas, empresa para la que se sugiere contar cosas interesantes y originales.

Como convendrán, si obviamos el estereotipo, por el momento no vamos mal:  no ver a la mujer como un objeto sexual y tratarla de forma igualitaria, es una de las reivindicaciones más antigua del feminismo. No obstante, la AFA no para en estas recomendaciones básicas y se aventura a pedir a los hombres algo más osado como: “dejar hablar a las chicas”. Esto es, no monopolizar la conversación, ya que eso denota que eres “egoísta” o que te “pones nervioso al hablar con una chica guapa”. En ambos casos, lo AFA no duda en decir tajante que “cambies de actitud”.

Por último, la AFA advierte a los hombres argentinos acerca de una conducta que es, según el manual, exclusiva de las bellas chicas rusas: ellas “ponen atención a las cosas importantes”. Por esto, si  tratas de “impresionarlas hablando del dinero que tienes” o haciéndolas creer que “tú sabes todo” lo único que vas a conseguir es que “si la chica tiene un poco de sentido te bote”.

A mi me parecen buenos preceptos de conducta para tratar a las mujeres como seres que piensan por sí mismas, no siempre van detrás del dinero de los hombres, les interesa hablar y escuchar de temas interesantes y originales e, incluso, les puede gustar irse a la cama con un hombre sólo para disfrutar de una noche de sexo, como les pasa a ellos. Lo que me tiene preocupada son los motivos por los que los dirigentes pensaron que era importante hacerles ese manual para viajar. Es ahí cuando mis manos regresan a mi cabeza y me topo con nuestra cruda realidad.

El futbol es para muchos el último reducto de la masculinidad. Una masculinidad construida fundamentalmente frente a la homosexualidad, entendida como el hombre que no lo es, y castigada en cánticos y expresiones, ya que, en este entorno, el homosexual es el intruso, el traidor, en un espacio reservado para los hombres de verdad. Es una masculinidad, particularmente violenta en Argentina, como se ha demostrado en los último años, con la necesidad de prohibir a la afición visitante en los estadios, al ser las autoridades y clubes, incapaces de controlar la violencia en los partidos de liga. Es un relato en el que las mujeres son todo lo contrario a lo que dice el manual.

Ese par de páginas, una vez más, nos muestra descarnadamente lo enraizado que está aún el machismo en nuestras sociedades y, particularmente en el futbol. Es inaudito que los ochos puntos explicados en el manual no formen parte de nuestro sentido común, de “lo normal”. No obstante, las cifras de feminicidios y crímenes homofóbicos de los países de la región nos gritan que eso no es así. Por ello,  exhorto a la AFA a que pongan de nuevo las páginas en su lugar, es más, que las hagan extensivas a otras federaciones, para que  los hombres que tengan la suerte de ir a Rusia practiquen y ya entrenados, sigan poniéndolo en práctica en su vida cotidiana.

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