Mi camino en la lucha con López Obrador comenzó un abril del 2011 con una incertidumbre total sobre lo que era un movimiento que por medio de las elecciones buscara el poder. Ya conocía a la Liga Estudiantil Democrática (LED), movimiento estudiantil en la universidad organización de la que era un simpatizante medio inconstante, aunque muy curioso. La esperanza era muy tangible, la lucha con los estudiantes me la daba.

Antes, el movimiento zapatista (EZLN) me había inspirado a la utopía, había despertado en mí cierta pasión por combatir la injusticia que vivían los pueblos indígenas, y había logrado instaurar esperanza en un mundo nuevo de todos, del famoso: “para todos todo”.

Una tarde como cualquier otra, Fernando Jara y Leonor Vargas que fueron quienes tocaron a mi puerta me invitaron a incorporarme a un comité de movimiento regeneración nacional (MORENA). Yo accedí aunque dejé claro que mi intención de la lucha en la izquierda era otra, un poco más radical les contesté, ellos sonrieron y me incorporaron. Así comencé a apoyar a morena.

De ante mano entendía que mi camino no era la lucha partidista, pero tenía conciencia de que tenía que colaborar, ayudar al triunfo en lo que se gestaba un movimiento mucho más radical de izquierda, la esperanza aquí la abanderaba el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que buscaba llevar a la presidencia a López Obrador. Aunque cabe destacar que en este tiempo la izquierda, por lo menos la que yo conocía tenía mucho desagrado a los partidos políticos.

Me alegra saber que ya entendía la frase: “hacer lo urgente mientras hacemos lo importante”, así he conducido mi vida y aunque son unas santas madrizas, hasta ahorita me ha dado resultados. En este trayecto conocí a personas maravillosas Eduardo Gandur, Iván Cano, Sus de Luz, Cristian Antonio Hidalgo, Cesar Hernández y su familia, Ángel Zamorano y Gabriel Biestro, todos ellos marcarían parte de lo que soy hoy, de lo que quise ser y también de lo que no, todos ellos habrían de determinar parte del triunfo del primero de julio.

Al llegar a Puebla, con la convicción tatuada por los cuarenta y cinco días de brigada en Chalco, Estado de México, nos dispusimos a replicar la “Brigada Roja”, grupo de élite brigadista que recorrería el distrito 9 federal, a cargo de Biestro, hoy presidente de morena en el estado, nos involucraríamos en una empresa en la que ya nos sentíamos unos expertos, de septiembre de 2011 a abril del 2012 caminaríamos convenciendo a la militancia de incorporarse a morena.

La frescura-esperanza-espontaneidad de #YoSoy132 habría de determinar parte de lo que representó el triunfo del primero de julio, como bien lo dice Fidel Sánchez. Lo que yo puedo destacar de ese movimiento, es que los compas del movimiento estudiantil se insertaron para darle un espectro de organización más sólido, una estructura a la espontaneidad, lamentablemente el resultado fue el ver desinflarse la voluntad popular. Observé muchas victorias de ellos a pesar del desgaste por el choque inútil en el que siempre se inserta la izquierda que solo quiere destruir.

No puedo dar una lectura de lo que fue #132, yo militaba en morena tiempo completo y la coyuntura a veces nos hacía encontrarnos, dialogar y desplegarnos en nuestras luchas, todo esto surgía de forma muy acelerada, los pesos y contrapesos, los grupos de izquierda, ¿cómo unificarlos? ¿cómo pasar a la acción? ¿directa o indirecta? de ataque o de defensa, con línea o sin línea, etc., etc.

Parecía el despertar del país, de los jóvenes, sobre todo, andábamos muy hartos de que estuvieran pensando solo en meterse una borrachera los viernes, de la manipulación de las noticias de televisa, nos dolía el pueblo y este movimiento #YoSoy132 era un rayito de esperanza.

Como saben, el gobierno ganó, Peña fue presidente y ese balde de agua helada nos desmovilizó, la esperanza se murió, no para los revolucionarios de siempre sino para la voluntad general, la esperanza de cambio se iba perdiendo, las formas de organización no servían, solo resistíamos, no avanzábamos, solo sobrevivíamos. Estas luchas las viví primordialmente con Fidel Sánchez, Iván Elías, El 13, Luis Bruno, Morza Contreras, Ricardo Cordero, Lucero, Argelia, Ulises, José Manuel Vera, Nanni y otros tantos más que no enlisto.

La protesta no paró, sabíamos lo que se avecinaba, un recetario neoliberal que teníamos que contrarrestar, con lo que teníamos y con lo que podíamos, mientras lo demás se gestaba, otra vez la lógica, hacer lo urgente mientras atendemos lo importante. Luego llegó la lucha de los compañeros del IPN, que debido a diversas situaciones nos tocó en la secretaría estatal de jóvenes de morena, Dafne, Laura, Dulce Toribio, Marco, Maleni, Luis, Diego, Eren y Dulce, atendimos el llamado con responsabilidad, ya que logramos movilizar a los compas de la Universidad Tecnológica de Puebla (UTP) y nos sumamos sin reparos.

En medio de todo lo acontecido, un golpe de realidad sacudiría al país, Ayotzinapa nos ocuparía, día y noche, y nos llenaría de esperanza de ver otra vez del Pueblo despierto en busca de 43 estudiantes, secuestrados por el crimen organizado en complicidad con el gobierno federal. Ahí conocí a muchos compañeros de lucha, Arafat, Isaac, Zvesda, Deni, Victor, Lluvia, El trece, Shariff, Celso, Victoria, mi novia Kimberly, entre varios otros.

En México conocí a Frank de morena-EdoMex con quien sostengo lazos de hermandad. La asamblea en la CdMex en la UACM me ayudó a entender que cualquiera que sea la postura en el movimiento social, los gobiernos que no son revolucionarios su arma más letal es dividirlos, provocar disenso, enfrentarlos unos con otros. Que con la dinámica de la izquierda en nuestro país no es muy difícil hacerlo.

El asambleísmo, la gradual radicalización de las acciones, la infiltración y la discordia que se genera por ganar la dirección de la estrategia del movimiento nos desgastó, nuevamente en otro ejercicio de organización popular que terminaría con las vacaciones de diciembre. Otra vez murió la esperanza del Pueblo.

Lo intentamos por varios medios, había propuestas serias de organización radical en varios frentes, pero sabíamos muy bien que no eran costeables, posibles y que solo perderíamos el tiempo. Toda la fuerza a morena, la última esperanza, esa fue la estrategia.

En morena cuándo AMLO solicitó agregar a Bartlett, a Rodrigo Abdala y a José Juan parecía una contradicción muy grande, el pensamiento que merodea es, ya se vendió, el hambre de poder, todo por ganar la presidencia, etc. Pensaban algunos que eso nos obligaría a corromper nuestros principios, que ya nos habríamos vendido y demás. Ahora entiendo que los principios uno los lleva en el corazón, en la conciencia que se trabaja diario y que no importa con quién hables, con quien te sientes o con quien te reúnas, siempre que los lleves por delante, al actuar con congruencia, saldrás avante.

La elección de gobernador de 2016 nos enseñó que a la voluntad general aún no le importa mucho quién sea el elegido candidato, siempre que tenga una tendencia al triunfo y estructura puede ganar una elección. Los honrosos 10% que tuvo Abraham Quiroz nos dejó claro que la apertura se necesitaba. Un cuadro no solo honesto sino con características específicas para poder gobernar.

Los debates fueron duros, ríspidos, se necesitó de mucha firmeza, habilidad y terquedad para poder cumplir los objetivos nacionales. Varios, casi la mayoría nunca me gustaron, pero confiábamos en que AMLO no era tonto y que necesitábamos ser hegemonía. En esta experiencia yo entendí que para ser gobierno teníamos que ser hegemonía y que la verdadera mayoría no solo se encuentra en el Pueblo, porque muchos están controlados y subordinados, sino en el involucramiento de las clases privilegiadas.

Realmente nunca quisimos las alianzas, pero eran necesarias, ahora entiendo el por qué y la considero fundamental para poder lograr los objetivos de gobierno. La apertura ahora será cuasi indiscriminada. Morena pasará de partido de combate a partido en el gobierno. Nos tacharán de vendidos algunos, pero sabemos que es función y en beneficio del Pueblo. Luego escribiré sobre eso.

En esa lucha llena de contradicciones se ejecutó la estrategia, ganábamos terreno y lo perdíamos, era un vaivén de distintos sabores, una tendencia que impulsaba la apertura indiscriminada y sin estrategia, otra que aceptaba la postura, pero no la impulsaba (aún), otra que no la quería a toda costa (en ese grupo de consejeros hubo uno que otro que después se fue con el PAN).

Luego llegó la oleada de las alianzas, Barbosa, Manzanilla, Armenta, Nancy de la Sierra serían candidatos por morena, las sesiones del consejo para sacar a ternas no habrían de convencer a la estrategia de la Comisión Nacional de Elecciones, habrían de incluir en las encuestas propuestas tradicionales y más populares, era lógico que los resultados serían favorables a las propuestas del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) le habíamos cumplido a la congruencia, pero no al partido. Necesitábamos perfiles populares para ganar, ese fue el claro mensaje del CEN.

Así comenzó una lucha interna por no permitir que el partido se llenara de vivales, buscábamos entre nuestros cuadros de izquierda, pero casi ninguno era popular, otros lo eran, pero sin estructura, lo considero natural ya que una de las características de una persona que verdaderamente es de izquierda es no hacer alarde de su militancia, va contra el oportunismo y contra la mediatización de la lucha. Error crucial hoy día que se necesita más que nunca hacer mediáticos a los cuadros honestos para las futuras representaciones de morena.

Muy a fuerza comenzó la desbandada, una de cuadros del PRI del PAN y otros partidos, unos con mucha gente otros no tanta otros mediáticos etc. Era lo que necesitaba el partido, hasta la elección de Barbosa. Fui uno de los que publicó el porqué de su elección, no me arrepiento, hice lo necesario para aportar al triunfo de AMLO y aunque tenía muchas reservas sabía que teníamos que andar en unidad porque el disenso es el mayor dolor de la izquierda, arma que ocuparía en campaña la derecha.

A pesar de todo eso logramos avanzar a la elección, sin embargo las fricciones continuaron, se generaron disensos en municipios por las alianzas obligadas por el CEN, las alianzas con el PES y el PT (de las que yo en el consejo nacional junto con algunos compañeros votamos en contra se llevaron a cabo), la distribución de candidaturas 50% morena, 25% PES y 25% PT nos llevarían a un terreno más fraccionado. Aun así aguantamos, trabajamos por la estabilidad y buscamos que se respetara la mayoría de cuadros provenientes de la cepa de morena, en donde tocaba PES Y PT no había mucho que hacer.

En este escenario de contradicciones fuimos bastante asediados por personas de izquierda y de derecha, dice Nietzsche que la política es el arte de soportar las tensiones entre los distintos niveles de poderes. Es cierto, había que aguantar e impulsar la unidad.

Después de brigadas, de eventos, de muestras de músculo de AMLO y demás dirigentes en el partido, de alianzas extrañas y proyectos que nacían y morían en semanas, logramos avanzar hasta el día del conteo del primero de julio a las 8pm, las declaraciones de los Meade y los Anaya me darían el resplandor de triunfo al corazón, sabía que lo habíamos logrado, pensé en quienes se habían ido, en quienes estaban luchando aún, pensé en el cierre de AMLO y los héroes de la patria, pensé en mis compañeros en aquella brigada roja, por fin lo habíamos conseguido.

No pude evitar llorar hice llamadas y me quedaba sin palabras, quería que me dejaran claro que era cierto, que AMLO había ganado y que lo que hicimos 7 años antes había rendido frutos. Me llené de alegría, sin euforia, solo me sentí en paz, con el sabor del deber cumplido, con el anhelo de esperanza, el triunfo de AMLO me dio esperanza, en la gente, en el partido, en la lucha que dejamos y aportó y en la que se viene, me di cuenta que la esperanza se volvió motor y resultado de la contienda, que la esperanza nos iluminaba el horizonte y me dio mucha confianza para el porvenir.

La esperanza motivó corazones, los volvió inquebrantables, embriago al mundo de coraje y deseo por un mejor país y sobre todo eliminó el miedo. Sí ese, el de la guerra sucia, el que irresponsablemente o por mucha ignorancia sumergía a nuestros adversarios. La esperanza se volvió revolucionaria, movilizaba, defendía y unificaba. Para mí, la esperanza es siempre revolucionaria.

 

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