Valdría alejarse de nuestro ruido, de nuestras frases hechas, de nuestro prejuicio. Podríamos pedir consejo a Nicolás Maquiavelo, que algo sabía de la historia y del poder, y que soñó con un gobierno popular. Al florentino muchos lo verán como asesor de tiranos o como profesor del mal pero deberíamos recordarlo como el gran teórico del republicanismo, el defensor de una libertad exigente, el historiador que sabía que la gente entiende mejor su circunstancia que el más ilustrado de los príncipes. A eso dedica Maurizio Viroli un libro reciente. El biógrafo de Maquiavelo ha publicado un ensayito que identifica sus consejos electorales. (How to Choose a Leader. Machiavelli’s Advice to Citizens, Princeton University Press, 2016). Lo retomo aquí porque parecen lecciones pertinentes para la elección y, sobre todo, para después del voto. Si algo buscó el autor de El príncipe fue entender las cualidades del liderazgo. Lo hizo, como bien dice Viroli, con extraordinaria honestidad. ¿En qué debemos pensar al votar? Aquí unas sugerencias.

Duda de tus ojos y de sus palabras. Solemos juzgar por la vista dice Maquiavelo, es decir, por la apariencia. Nos disponemos a morder el anzuelo si es el gancho es brillante y atractivo. Los políticos han de ser juzgados por lo que son, por lo que hacen, no por lo que dicen que harán ni por lo que aparentan ser. La sospecha debe ser, por tanto, el punto de arranque de cualquier evaluación política. ¿Qué han hecho los candidatos? ¿Para qué han usado el poder? ¿Han contribuido a hacer del país un lugar más próspero, más justo? ¿Se han rodeado de personas juiciosas e íntegras? ¿Celebran la adulación de sus allegados? ¿Aceptan la crítica?

Aprecia la adaptación. La historia está escrita con sorpresas. Por eso el tiempo defrauda a los dogmáticos. Quienes siguen instructivos, quienes se aferran a un dogma, quienes creen que la política supone acatar los dictados de algún dios o de una ciencia terminarán enfrentados a la realidad. La coherencia en política es menos importante que la pertinencia. Cambiar de ideas, de lealtades, reconocer el cambio de los vientos no debe considerarse como una traición sino como un signo de flexibilidad. Hay ocasiones en que es mejor incumplir una promesa que cumplirla. Un político ha de estar abierto a escuchar malas noticias, a calibrar el efecto de sus decisiones a cambiar de planes, a redirigir sus acciones. Y si los líderes (o las políticas) no cambian, los ciudadanos han de poder cambiar de líderes (y de políticas), dice Viroli.

Castiga a los corruptos. Maquiavelo sabía bien que el peor de los males en una república era la corrupción, el secuestro privado del interés común. No era posible para él una república sin una idea común de virtud. Eso implicaba un respeto a las leyes, un cuidado escrupuloso de los fondos comunes. Cuando un país era presa de la corrupción, era imposible preservar el orden y la libertad. El florentino identificaba una causa para este mal: la injusticia. “La corrupción y la incapacidad de mantener instituciones libres proviene de una desigualdad muy grande.” El combatir efectivo a la desigualdad es el rasero más importante en la vida pública.

Recuerda que las políticas cuestan. Los votantes deben considerar el interés colectivo antes que el propio. Debe entenderse que en esa búqueda, no hay obra gratuita. El florentino no era economista pero algo entendía de los requisitos fiscales del orden político. Sabía que no puede haber obra pública cuando no hay recursos públicos para financiarla. Las repúblicas bien establecidas cuentan con finanzas sólidas. Por eso entendía que el Estado debía ser, antes que cualquier otra cosa, solvente. Si las arcas del Estado están vacías, no habrá Estado y no habrá, por tanto, derechos que cuenten ni obras que se ejecuten.

No temas al cambio. Las órdenes prolongadas, escribió Maquiavelo, llevaron a Roma a la servidumbre. Es entendible el temor que los ciudadanos pueden sentir ante los cambios. Tendemos a aferrarnos a lo conocido y temer lo que no ha sido estrenado pero siempre será peligroso mantener a los mismos en posiciones de poder. Cuando el gobierno permanece fijo durante largos periodos se cierra a los cambios, genera lealtades perversas, se ciega a la realidad. La alternancia es el oxígeno de la vida pública.

Al entender la fuerza y las limitaciones de la política, Maquiavelo es vacuna conra el conformismo y también contra la ilusión.

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