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Es bien conocida la relación entre los montos de la inversión científica y tecnológica y el desarrollo global de una sociedad. Esta afirmación tan clara, sin embargo, no parece haber convencido del todo a los últimos presidentes. Con Enrique Peña Nieto fue evidente que no tenía la intención de cumplir su compromiso de gobierno de invertir al menos uno por ciento del PIB en materia de ciencia y tecnología, ya que en su último año de gobierno apenas llegó a la mitad de lo prometido. Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en la presentación de un documento fundamental por parte del rector Enrique Graue Wichers, el 22 de agosto de 2018, se volvió a comprometer solemnemente en el esfuerzo que haría el gobierno de la República por invertir al menos 2.3 por ciento del PIB en materia de ciencia y tecnología, que es la cifra promedio que han invertido en ese rubro los países de la OCDE.

En aquella ocasión sostuvo AMLO: Buscaré aumentar la inversión en ciencia y tecnología. En un documento sobre política pública en materia de desarrollo y sobre la innovación de la Universidad Nacional Autónoma de México indicó: Vamos a garantizar que la aportación en el presupuesto para ciencia y tecnología aumente y en el peor de los casos se mantenga y que no se reduzca, y que jamás haya un presupuesto por abajo de la inflación. Añadió que la ciencia y la tecnología requieren de los recursos del sector público y del privado, el cual en los últimos años ha dejado de invertir en esa área y que ahora podría dedicar más recursos a medida que mejore la economía.

En la misma reunión con el rector de la UNAM, López Obrador prometió un documento sobre el desarrollo científico y tecnológico que podría ser útil para la misma universidad. Los puntos principales de dicho documento serían los siguientes: 1) el desarrollo científico, tecnológico y de innovación son elementos centrales para alcanzar crecimiento económico y bienestar social; 2) a pesar de los esfuerzos por incrementar la inversión en investigación y desarrollo (I+D) en México, ésta aún es muy baja en comparación con los países desarrollados, incluso al compararlos con algunos países latinoamericanos; 3) al analizar la inversión en I+D por sector de financiamiento, es claro que las empresas deberían incrementar su participación, ya que aumenta la probabilidad de innovar y acrecentar su competitividad; 4) el programa de ciencia, tecnología e innovación (CTI) forma parte de los planes presupuestarios transversales del gobierno federal y establece las erogaciones de las dependencias federales que integran el gasto programado en CTI. El presupuesto para este programa es muy fluctuante, aunque muestra una leve tendencia positiva; 5) el presupuesto del Ramo 38 resume el gasto programado del Conacyt, que recientemente sufrió importantes reducciones sobre todo en programas relacionados con infraestructura, fomento a la CTI a escala regional y sectorial y a la innovación; 6) el nivel de inversión por entidad federativa es muy bajo y está relacionado con su grado de desarrollo económico y social. Los estados con menos desarrollo invierten menos en CTI.

La suma de conocimientos originados por las inversiones en ciencia y tecnología han producido transformaciones profundas en las sociedades y economías del mundo. Las naciones que han sabido desarrollarlas y utilizarlas ahora cuentan con muchas ventajas tecnológicas e industriales para crear diseños, fabricar nuevas herramientas y dispositivos, comercializar bienes, prestar servicios y mejorar las condiciones socioeconómicas de su población. En el caso contrario, como ocurre en México, se tiene una fuerte dependencia del exterior, con altos costos en la transferencia e importación de bienes y servicios tecnológicos, y en la incorporación tardía al avance de los cambios mundiales. En las últimas décadas se ha hecho patente la importancia de la CTI en la transformación de las economías y las sociedades. De hecho, se les considera factores clave para acelerar el crecimiento económico, la competitividad internacional, la sustentabilidad ambiental y las mejoras en el bienestar de una nación.

Para obtener mayores beneficios en México es necesario elevar el nivel de inversión pública y privada en ciencia y tecnología, para lograr efectos acumulativos y sinérgicos sobre el conjunto de la actividad productiva. La baja capacidad tecnológica e innovadora que tenemos ha limitado la creación de ventajas competitivas dinámicas y ha determinado una modalidad de especialización productiva y comercial, tanto por tipo de bienes como por fase del proceso de producción, que incorporan un reducido valor agregado tecnológico.

Podría decirse mucho más sobre la importancia de la inversión en ciencia y tecnología, pero resulta injusto y contraproducente hacer pagar a la UNAM el precio de las fallidas decisiones de política económica de los gobiernos.

 
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