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En el documento que se analizó en el Foro realizado la semana pasada, sobre la propuesta de política educativa “Más Allá de los Sexenios”, se lee como uno de sus principales planteamientos, el de contribuir al desarrollo universal de capacidades para el ejercicio y consolidación de una ciudadanía democrática, basados en que tales capacidades son fundamentales para la solución de muchos de los desafíos que enfrenta y enfrentará Mé­xico.

Se habla de que una ciudadanía libre, consciente, crítica, participativa y comprometida, que incidirá en la protección de derechos fundamentales, en el progreso sostenible y en la eliminación de los lastres que han afectado nuestro desarrollo por décadas, por lo que las instituciones educativas, y en particular las dedicadas a atender los niveles de educación obligatoria son fundamentales para el desarrollo, el fortalecimiento y la supervivencia de nuestra democra­cia.

Sin embargo, si bien es importante dentro de una sociedad la democracia, la ciudadanía en su conjunto no puede cifrarse solamente en ello, porque si bien la democracia es una forma de vida, en nuestro país esa democracia se vincula básicamente con el ejercicio del voto.

Hace falta construir, como escribe Lorenzo Meyer, espacios en donde los individuos desarraigados de sus viejas estructuras comunales, podamos encontrar nuevas formas de unión, comunidades de interés para no naufragar apoyados en ejercicios de movilización, de pedagogía ciudadana y de formación de opinión pública.

Encontrar al Estado que tanto tiempo hemos buscado, requiere afianzarse desde mi punto de vista, en una educación que implique formación en valores para la convivencia, la tolerancia y la justicia; para el ejercicio de una ciudadana responsable con derechos y obligaciones, refractaria a la corrupción e impunidad, en donde la congruencia entre el decir y el hacer sean la base de sus decisiones y en donde la utopía sea la búsqueda de una manera diferente de sociedad, en la que participemos realmente todos los ciudadanos.

La eliminación de los lastres que han prevalecido en México hasta nuestros días, también tiene que ver con el tipo de educación que ha prescrito durante mucho tiempo en este país, porque la educación no se circunscribe solamente a la responsabilidad del gobierno que se ejerce a través del sistema escolar, el proceso es mucho más amplio porque implica a todos los sectores y contextos que existen, de ahí la propuesta de educar para la vida dentro de comunidades de interés.

La educación entonces, debe de entenderse como   un proceso social que ocurre en distintos ámbitos, un proceso amplio que ocurre en una multiplicidad de contextos en donde se articulen los saberes de los diversos actores sociales con problemáticas y dilemas reales, en espacios compartidos desde la perspectiva de que se aprende en todo lugar y momento.

Es preciso, además, mejorar las prácticas educativas procurando que los alumnos se involucren de manera efectiva en la construcción de sus aprendizajes, lo que implica conectarse de manera permanente con la construcción social de la realidad, poner atención en lo que los alumnos saben dentro de su vida cotidiana y que conecta su pensamiento, sus emociones y sus prácticas de manera permanente con el contexto social en el que viven.  La vida de cada una de las personas, no solamente la de los alumnos, deben ser espacios sociales de aprendizaje.  

Ha sido evidente que no se articulan los saberes de los alumnos  con  problemas y dilemas reales,  lo que  develan  la disociación entre la demanda escolar y el mundo de afuera, por lo que  el acceso al saber y al conocimiento  no puede ser entendido exclusivamente como el resultado del aprendizaje escolar, ya que  los saberes con los que se cuentan  y las competencias que  desarrollan todos los seres humanos,  son el resultado de su participación  en los diferentes escenarios por los que transitan, aprovechando  todas las oportunidades y los recursos en su vida cotidiana.

Si lo anterior es así, tendremos que trabajar y mucho, fuera de los espacios escolares, en los medios de comunicación, en las diversas instituciones sociales, los espacios gubernamentales, en los diversos contextos sociales y muy especialmente con las familias mexicanas.

Los medios de comunicación tienen oportunidades inexploradas para contribuir al desa­rrollo de la educación de múltiples maneras, habría que revisar el marco legislativo que dentro de la Ley de Educación se establece para ellos, ante la urgencia de transformarlos, no solamente para informar, también para formar a la sociedad mexicana de manera sistemática, pertinente y efectiva.

Trabajar fuera de los espacios escolares implica posicionar el saber local producido en nuestras comunidades como una posible herramienta de cambio   para poblaciones históricamente empobrecidas, con la intención de hacer  visible su saber e insistir en el reconocimiento de los procesos educativos que tienen lugar más allá de la escuela, para vigorizar nuestras culturas locales, rescatando sus saberes para hacerlos dialogar horizontalmente.

La pedagogía ciudadana tiene como punto de partida la formación pedagógica de las familias quienes requieren formarse, no solamente para su vinculación con los procesos educativos, sino de manera más amplia: con la formación ciudadana. Generalmente se insiste en que la educación de los niños y jóvenes es responsabilidad no solamente de la escuela, puesto que es en la familia en donde existen los primeros referentes para la socialización de las personas, pero los padres de familia están tan restringidos de tiempo y espacios para educar a sus hijos, que dejan a la escuela la formación de sus hijos o ya visto de manera extrema a la televisión, al cine, a los medios de comunicación y últimamente a las redes sociales.

 Por eso, la necesidad de proponer una formación pedagógica para las familias, en donde se les oriente, motive y capacite para que apoyen efectivamente el proceso educativo de manera amplia de sus hijos, porque esa formación será la base en su formación ciudadana, formación que a todas luces requerimos apuntalar.

Si queremos eliminar   los lastres que han afectado nuestro desarrollo por décadas, hay que pensar en que, si bien la educación es la herramienta idónea, debemos transformarla para que realmente cumpla con lo que nuestra sociedad actual está demandando.

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