La política migratoria de la Cuarta Transformación se anunció de manera diferente por la Secretaría de Gobernación y por la de Relaciones Exteriores.

Para la primera se trataba de una nuevo paradigma, para la segunda de adecuarse a lo estipulado por los acuerdos de Marrakech de una migración regular, ordenada y segura. Una responde a las demandas de la política interna, otra a los acuerdos internacionales. ¿Son diferentes?

El nuevo paradigma respondió en un comienzo a la necesidad de diferenciarse de la política aplicada por Enrique Peña Nieto durante el portazode la caravana hondureña de octubre de 2018 y los inútiles esfuerzos de contención.

Y la nueva administración respondió, de hecho, con una nueva política, cuando en enero llegó la primera caravana de este año. El cambio se notó cuando se otorgaron de manera masiva más de 11 mil visas humanitarias. El resultado fue evidente: la caravana perdió visibilidad, se diluyó la solidaridad y se desmembró en su recorrido hacia la frontera norte de nuestra nación. Mientras en la de octubre llegaron más de 7 mil migrantes, prácticamente juntos, a Tijuana, en la de enero fueron cerca de 12 mil, pero no se sabe mucho de su destino, salvo que varios miles llegaron a la frontera y lo reportan las autoridades estadunidenses.

Ciertamente hay un nuevo discurso y hechos que lo confirman, como la política de visas humanitarias, la creciente aceptación de solicitudes de refugio a centroamericanos y el proyecto conjunto de desarrollo para el sur de México y tres naciones del norte de Centroamérica, que curiosamente excluye a Belice y Nicaragua. A esto hay que añadir el discurso oficial de Andrés Manuel López Obrador de que habrá trabajo para todos, incluidos centroamericanos y que nadie debe migrar por necesidad.

Sin embargo, el planteamiento de un enfoque de derechos humanos en los procesos migratorios viene de mucho antes, ya la Ley de Migración de 2011 lo señala y el Plan Especialde Migración, que formó parte del Plan Nacional de Desarrollo (2013-2018), lo especifica en cuanto a detalle, objetivos y compromisos. Otra cosa es que haya pasado a la práctica.

Ya es tiempo de evaluar y discutir el impacto del nuevo paradigma en los flujos migratorios. Y a mi buen entender ha tenido un efecto llamada. La migración centroamericana se ha incrementado notablemente e incluso esta política ha tenido repercusión más allá de Mesoamérica, particularmente en los casos de haitianos, cubanos y, muy probablemente, extracontinentales.

El acceso masivo a la visas humanitarias en enero, como medida de registro, regularización y ordenamiento del flujo, tuvo que adecuarse en abril y volverse más selectivo, lo que sin duda es un viraje en la política aplicada hace unos meses. No sabemos si es un cambio temporal, una medida correctiva o una reacción a las presiones del país vecino.

Según declaraciones oficiales retomadas del portal de la Unidad de Política Migratoria: la entrega de documentos sería limitada para quiénes su situación lo amerite y en otro pronunciamiento se afirma que, con respecto a la caravana de abril, el gobierno no asistirá su es-tancia ilegal en el país y que la estrategia consiste en ejecutar una labor de convencimiento para que estas personas regresen a sus lugares de origen en el corto plazo, con información clara sobre qué está sucediendo.

Si evaluamos y comparamos las dos caravanas, la de octubre fue irregular, desordenada y, en cierto modo segura, porque demostraron que transitar en caravana es la mejor manera de evitar a los coyotes, mafias, abusos y extorsiones. La caravana de enero de 2019 fue regular, ordenada y, hasta donde sabemos, segura. Incluso en algunas entidades se proporcionaron medios para transportar a los migrantes a la frontera. Se cumplieron las tres condiciones.

Pero las consecuencias no anticipadas han sido el incremento notable del flujo, la mayor actividad de las mafias de traficantes de personas y el incremento de las exigencias y demandas por diferentes grupos de migrantes. La espera, lentitud y negativa a conceder visas humanitarias o permisos de salida, ha generado descontento, frustración y, en algunos casos, agresión al personal o vandalismo en las instalaciones.

La política concreta de otorgar de manera indiscriminada visas humanitarias ha sido interpretada por los migrantes centroamericanos y ciertas organizaciones como de libre acceso o libre tránsito. Por su parte, las mafias, coyotes, traficantes y ciertos abogados también han aprovechado la coyuntura.

Sin embargo, en la conferencia mañanera el Presidente manifestó, refiriéndose a una pregunta sobre el incremento del flujo de migrantes registrado: ... no queremos que tengan libre paso y, no sólo por asuntos legales, sino por cuestiones de seguridad...

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