Sin la participación de la mujer, la historia moderna del deporte sería un ente

apócrifo, huérfano y mutilado.

Nicolás Vikonis, en su tercer año con el Puebla, tiene ya ganado un lugar entre los arqueros uruguayos que han hecho historia en el equipo de la franja. Siboldi y Rabajda lo precedieron, y con ellos empezó a incubarse una fuerte afinidad entre la afición poblana y guardametas nacidos en la República Oriental. Vikonis, a sus 35 años, es hoy por hoy la mejor garantía de seguridad con que cuenta la escuadra franjada, que ha acumulado 11 puntos y lleva tres partidos sin derrota, apuntalado desde el fondo por el ágil y experimentado guardameta nacido en Montevideo el 6 de abril de 1984, y camotero hasta las cachas desde principios de 2018. Antes militó en los clubes uruguayos Huracán Buceo –donde inició su carrera en 2001–, Fénix, Liverpool, Rampla Jrs. y Atlético Cerrito; pasó a Colombia en 2011 para incorporarse al Bucaramanga, luego al Bocayá y finalmente a Millonarios de Bogotá, con el que logró su único título de campeón en 2017; antes, en la gala anual para premiar a lo mejor del futbol colombiano en 2015, recibió el reconocimiento a la mejor atajada del año, ocurrida en un partido Millonarios–Santa Fe. A partir del 12 de enero de 2018, Vikonis pertenece al Puebla.Uruguay ha dado siempre grandes arqueros, desde Quique Ballestero, campeón del mundo en 1930, hasta Ladislao Mazurkiewikz, gloria del Peñarol y de la Celeste en las décadas del 60 y el 70. Y qué decir de Roque Gastón Máspoli, que con su jersey negro y su aplomo imperturbable hizo enmudecer a la artillería brasileña y a un país entero en el maracanazo de 1950. A esos nombres insignes habría que agregar los de Maidana, Alvez, Gustavo Fernández, Flavio Pereira y tantos más.

Desde entonces, lleva 59 partidos como titular indiscutible del arco camotero. Y a pesar de haber admitido 103 goles, su desempeño ha sido impecable. Algo que pocos saben es que Nicolás Vikonis Moreau cursó en su país la carrera de Psicología y posee el título correspondiente. Solo que, en su caso, su único consultorio han sido las canchas y  vestidores del futbol profesional. Y no dude usted que sus habilidades comunicativas para dar estimulo y sentido al esfuerzo de sus compañeros tengan mucho que ver con la buena racha actual del 11 franjado.

Siboldi y Rabajada. Con ellos se empezó a hablar de la buena relación entre la afición poblana y los porteros de origen uruguayo, no en balde se trató de dos señores guardametas, que dejaron huella profunda a su paso por el Cuauhtémoc.

Robert Dante Siboldi llegó a México para el Atlas y llegó a Puebla luego de pasar por el Cruz Azul. Únicamente defendió el marco camotero en los 40 partidos de la temporada 1994–95, penúltima liga en toda forma jugada en México. Estancia corta pero inolvidable la suya, recibió tan solo 46 goles, bastante pocos para un equipo modesto, que gracias a la solvencia de este gran arquero –actual DT del Cruz Azul– calificó para la liguilla de aquel año.

Gerardo Daniel Rabajda ha sido, probablemente, el más ídolo de los arqueros del Puebla de finales del siglo XX. Le tocó ya la época de vacas flacas de nuestra histórica escuadra, cuya meta defendió como tigre en innumerables ocasiones, a favor de su corpulencia física y una técnica y un arrojo que todavía se recuerdan. Llegó a la ciudad para jugar la segunda vuelta del torneo 1995–96 y su fama fue creciendo durante los dos años y medio que duró su estancia entre nosotros, terminada abruptamente debido a malos manejos del presidente del equipo, un distanciamiento sorpresivo que la afición en masa lamentó. Jugó con el Puebla 90 encuentros y recibió 131 goles. Hermosa etapa mientras duró.

Resiste la franja. Tocó a Vikonis defender su marco de la artillería, sin duda pesada, de los Tigres del Tuca Ferretti. Y lo hizo con su solvencia acostumbrada. Sabido es que al Puebla no le sobra nada, pero una vez más lo puso todo, y fue digno de verse el esfuerzo global del equipo para estar a la altura. Si caben reproches será para el pachorriento conjunto norteño, que sin embargo buscó a ráfagas la victoria, topando con Vikonis y el buen dispositivo defensivo de la franja. Un cero a cero reconfortante. Parece mentira que ambos –pese a la abismal diferencia de nómina– hayan alcanzado los mismos 11 puntos.

Jornada 9. La abrieron en Querétaro los Gallos y el Toluca y, como todos los partidos del viernes, terminaron empatados, en su caso a un gol; un impresionante el misil con derecha del choricero Leo Fernández abrió la cuenta (45’) y un frentazo de Aguilar la emparejó (60’), en juego bastante gris.

Lo más emotivo ocurrió sin duda en el México 68, en noche de estadio lleno y pasiones desatadas. La gente vibró con la entrega de los equipos y los vaivenes del marcador. Por juego debió ganar Pumas, pero Saldívar, en noche aciaga, falló en los tres goles recibidos –garrafal el segundo, cuando Viñas lo despojó de una pelota que tardó en despejar y la mandó a la red (71’)–. Freire, cabeceando un córner, había inaugurado la pizarra para el local (8’), igualó Suárez de tiro libre (31’), se adelantaron las Águilas con la chambonada de su arquero, pero cargó con ímpetu el Puma y acarició la victoria cuando sendos servicios filtrados de Álvarez y Saucedo horadaron la defensa azulcrema por el centro para que Malcorra (82’) y Dinneno (84’) pusieran en ventaja a los de Míchel, solo para que, con el último envión, llegara el frentazo de Henry Martín que selló el 3–3 definitivo. Entre reclamos de los universitarios al árbitro que más bien debieron ser para su portero. Partido luchado a fondo, con más músculo que futbol.

Monótono, en cambio, el llamado clásico tapatío, entre unas Chivas conformistas y un Atlas lamentable. Lo ganó el Rebaño con dos goles de primer tiempo (Molina a los 19’ y Macías a los 41’) y, sin un discutible penal a última hora, los rojinegros no habrían anotado nunca (Cuero, 84’). Tampoco para tirar cuetes de gusto la victoria mínima del Pachuca sobre un Santos que juega a nada (Kazim–Richards, 29’).

¿Y qué decir del campeón Monterrey? Pues que sumó su novena fecha sin victoria –2–2 en casa contra Atlético San Luis, que perdía 2–0 faltando 8 minutos y por poco les gana el partido–; permanece Rayados como colero inamovible –4 puntos de 27 posibles– y no tiene para cuando romper el maleficio. Un caso para los anales de lo insólito por mucho que se trate de la liga MuyX, la más desternillante y ciclotímica del universo conocido.

Extraño suceso. Ocurrió el otro sábado, en Alemania, en el estadio del Offenheim y cuando ya el Bayern tenía asegurada la goliza (0–6). Resulta que la porra visitante desplegó unas pancartas de contenido ofensivo contra el propietario del 11 local, un multimillonario que, según los ultras bávaros, infringe la regla del 50+1 de la bundesliga, según la cual ningún inversor puede poseer más de 49 por ciento de las acciones de un club, debiendo las restantes quedar repartidas entre los aficionados. El aludido se llama Dietmar Hopp, un magnate local recientemente erigido en mecenas del equipo. Mas como el reglamento también prohíbe ese tipo de insultos, se instó a los hinchas a que plegaran sus mantas escritas y, al negarse a hacerlo, el árbitro interrumpió por dos veces el cotejo. De nada valieron las suplicas a pie de tribuna de jugadores y directivos del Bayern, incluidos próceres como Karl–Heiz Rumenigge y Oliver Khan. Hasta que, ante el riesgo reglamentario de suspensión del juego, árbitro y jugadores convinieron cubrir los minutos restantes cediéndose el balón en corto entre los 22 hasta que el tiempo se consumiera. Y la farsa se extendió a casi 15 minutos, hasta el silbatazo final.

Para muchos, una decisión ejemplar, que seguramente sentará precedente. Pero no faltan suspicaces, extrañados de que semejante acuerdo se haya dado en defensa de un directivo –para colmo infractor– pero nunca para apoyar a futbolistas de color, frecuentemente expuestos a insultos racistas. También se recuerda que Rumenigge participó como jugador en una farsa semejante –y en plena Copa del Mundo además–, cuando para asegurarse mutuamente la calificación, las selecciones de Alemania y Austria protagonizaron un vergonzoso falso partido en Gijón (mundial de España 82).

Como tantos temas últimamente, dentro y fuera del futbol, el asunto traerá cola, polémicas ruidosas, dimes y diretes en abundancia y probables modificaciones reglamentarias.

Y mientras tanto, el calcio italiano sufre parálisis total por culpa del coronavirus.

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