Las aseveraciones históricas se suceden, habitualmente, en el terreno de la discrepancia entre historiadores. No todas: con la perspectiva que ofrece el transcurso de ocho décadas, no hay duda posible en afirmar que la Guerra Civil española (1936-1939), antesala de la Segunda Guerra Mundial, fue el conflicto nacional más global de la primera mitad del siglo XX. También el primer campo de pruebas en un buen número de técnicas bélicas empleadas, casi acto seguido, por las potencias del Eje. Fue un “pequeño” ensayo general de lo que estaba por venir, recuerda el historiador, diplomático y economista español Ángel Viñas. “Podríamos decir que se trató del primer episodio de la Guerra Mundial”, complementa Tomás Pérez Vejo, codirector de la cátedra México-España de El Colegio de México (Colmex). “Un conflicto, en definitiva, en el que se vieron involucrados todos los países del mundo atlántico y que no puede verse como un asunto únicamente español sino global”.

 

Casi todo lo que se puede decir sobre la Guerra Civil española, como suele afirmar el propio Viñas, ya se ha dicho y oído. Pero ahora toca “ver qué, de todo lo afirmado, es destacable: sustanciar algunas afirmaciones y deslegitimar otras en base a la evidencia que guardan los archivos”. Con el pretexto del 80º aniversario del final del conflicto, que desembocó en cuatro décadas de dictadura franquista, El Colegio de México, en colaboración con la Cátedra Humboldt, celebra este miércoles y este jueves un encuentro de historiadores de universidades iberoamericanas en la capital mexicana para dialogar sobre la dimensión y el contexto internacional del conflicto iniciado con el golpe de Estado de Francisco Franco en 1936: el papel de la Alemania nazi y la Italia fascista en el conflicto, y la “escasa implicación” —en palabras de Viñas— de las democracias europeas y de las izquierdas internacionales.

 

La Alemania de Hitler dio su respaldo a Franco en el verano de 1936. E “Italia fue el tercer beligerante de la Guerra Civil”, ha remarcado Javier Rodrigo, profesor del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona, en el primer panel de debate del encuentro de historiadores. “La intervención fascista fue central en el devenir de la guerra, con una estrategia militar, política y también diplomática de [Benito] Mussolini. La española fue la guerra que mejor refleja su ambición en el Mediterráneo y su intención fascistizar el mundo”. En la misma línea, Viñas, autor de ¿Quién quiso la guerra civil? (Crítica, 2019), recuerda la escasísima implicación de las democracias europeas y de la Rusia soviética en contraposición con las derechas. “Es lo que, todavía, la historiografía profranquista o neofranquista no quiere ver o admitir”, zanja.

Una perspectiva americana y, sobre todo, mexicana

La cita en El Colegio de México se presenta, además, como una oportunidad para analizar el trasfondo americano del conflicto armado español y su incidencia en las sociedades de acogida en el continente: Argentina y, sobre todo, México. Y una ocasión única para aglutinar las diferentes visiones de los historiadores sobre la internacionalización del conflicto a este lado del Atlántico; “una invitación a leer a cómo fue el proceso de integración exitoso que fue una lección a lo que debemos ser [hoy, ya bien entrado el siglo XXI], en un momento de éxodo en Venezuela y en Centroamérica, como sociedad de acogida”, acota Silvia Giorguli, presidenta de El Colegio de México, en la sesión inaugural del encuentro, que cuenta con el patrocinio del Banco Santander. También para, según Silvia Stiefermann, del Servicio Alemán de Intercambio Académico, una posibilidad para “echar una mirada al pasado y de aprender de él”.

El interés de la sociedad mexicana en las diversas estribaciones de la Guerra Civil española no es, ni mucho menos, producto del azar. El país norteamericano fue, bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940), tierra de acogida para las decenas de miles de exiliados republicanos —entre 16.000 y 18.000, según las estimaciones más fiables, muchos de ellos intelectuales, científicos y artistascomo Luis Buñuel o Remedios Varo— que, obligados a salir por la contienda y la posterior victoria franquista, se vieron obligados a hacer de México su hogar, formando la comunidad más populosa en el exilio en América y la segunda a escala global, solo por detrás de Francia. El propio Colegio de México, la Casa de España, el Colegio Madrid, el Instituto Luis Vives y el Ateneo son el mejor ejemplo de un proceso de integración que, ocho décadas después, se observa como modélico y enriquecedor para el país norteamericano. “Cárdenas”, tercia David Jorge, de El Colegio de México, “dio a su país un protagonismo internacional y diplomático que no había tenido en su trayectoria como Estado independiente, aprovechando el bajo perfil de Francia y Reino Unido en la Sociedad de Naciones”.

“La acogida a los exiliados”, ha subrayado Giorguli, “un ejemplo de integración y de aprovechamiento, por parte de México, de la contribución de los emigrados”. Una deuda histórica, ha subrayado el embajador español en la capital mexicana, Juan López-Dóriga, “que solo puede pagarse con gratitud”. Pero el encuentro en el Colmex es, también, una oportunidad para debatir sobre “los dilemas internos que planteó la Guerra Civil en los países hispanoamericanos, que tenían una relación cercana con España por cultura y lengua y en la que había una importante presencia de españoles residiendo”, cierra Pérez Vejo. “Salvo en el caso mexicano, los Gobiernos de estas naciones fueron ambiguos y las sociedades se partieron prácticamente por la mitad, igual que en España”.

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