¿Cómo hablar de la migración? ¿Cómo abordar un fenómeno que lleva sucediendo décadas pero que de pronto se ha colocado al centro de la atención pública? Llegó el momento de reflexionar sobre los prejuicios que los medios hemos perpetuado cuando se trata de los migrantes. No sólo debemos revisar el discurso, también cambiarlo. Aquí, unas breves guías para lograrlo.

En octubre de 2018, de San Pedro Sula, Honduras, partió un contingente de migrantes que aspiraba a llegar a Estados Unidos para solicitar asilo político e iniciar una nueva vida, lejos de la pobreza y la inseguridad. Emprendieron la marcha cientos de personas, hombres y mujeres de todas las edades, a los que muchos más se fueron sumando a su paso por Guatemala, de forma tal que al llegar a México ya no eran cientos, sino miles. Retenidos aquí, bajo la promesa de visas y empleo para quienes decidieran renunciar al plan de asilo en Estados Unidos, estos miles de migrantes enfrentaron hacinamiento en albergues improvisados, enfermedades, incertidumbre sobre su futuro y, aun cuando a lo largo de su recorrido las expresiones de solidaridad de algunos sectores ciudadanos se hicieron patentes, también enfrentaron desprecio y xenofobia por parte de otros.

Del encrespado mar de historias que este flujo humano representaba, cargado de voces que escapaban de la violencia delictiva, política y económica de Centroamérica, sólo una fue escuchada con atención e indignación masivas: la voz de Miriam, una joven hondureña que, en un momento de frustración, luego de recorrer Guatemala y México en condiciones de absoluta precariedad, osó comentar a un reportero que los alimentos que recibió en un albergue de la frontera norte eran como comida para “chanchos”, es decir, para cerdos. Para la prensa en México, Estados Unidos, Guatemala, El Salvador y Honduras, ese comentario fue más importante que las denuncias de acoso y falta de servicios médicos que enfrentaban los integrantes de la caravana y, de hecho, Miriam es la única de ese contingente migrante en la que, hasta la fecha, los medios de comunicación han mantenido su interés.

De noviembre de 2018 a julio de 2019, medios de Centroamérica, México y Estados Unidos han publicado decenas de notas sobre esta mujer, la mayoría destacando las expresiones de odio popular en contra de la hondureña por “malagradecida” y muchas otras publicadas con el simple objetivo de humillarla y hacer escarnio de su situación: notas como “Lady Frijoles pretende ser fashionista” y “Se filtra foto de Lady Frijoles presumiendo los pechos”. Tras 17 años de coberturas relacionadas con violaciones a derechos humanos y violencia, la periodista mexicana Daniela Rea (Premio Nacional de Periodismo 2018) halla en Miriam el ejemplo claro de la visión deformada sobre los migrantes que han abrazado, reproducido y fomentado los medios de comunicación. Daniela se pregunta a sí misma: “¿Por qué a un reportero le pareció noticioso lo que dijo esa joven acerca de la comida que le ofrecieron? A ese reportero no le importó informativamente todo el proceso que ella había sufrido: de toda la experiencia migratoria de esa mujer sólo le pareció informativo un instante en el que ella dijo una frase, porque la presentaba como malagradecida, la hizo famosa en términos negativos y provocó en contra de todos los integrantes de la caravana —y de todos los migrantes en la frontera— expresiones de los mexicanos como ‘¡Regrésense a su país!’ o ‘¡No los queremos aquí!’ que antes no se daban”.

Tras lograr cruzar a Estados Unidos, Miriam fue hospedada por una mujer a la que luego agredió físicamente durante una discusión y su historia continuó en el interés de la prensa, pero ahora para alimentar una imagen negativa de la población migrante con notas como “Capturan a Lady Frijoles por agredir con arma mortal a mujer en Texas” y “Se le acabó el sueño americano a Lady Frijoles”, con las que se reforzaba el discurso del gobierno estadounidense acerca de que el flujo migratorio está integrado por delincuentes. La cobertura sobre el caso de Miriam, detalla Daniela, no sólo es reflejo de la profunda incomprensión que sobre la migración padecen los medios y los periodistas de toda la región, sino también un ejemplo de cómo se han promovido ideas xenófobas y reforzado prejuicios entre las poblaciones de los distintos países involucrados en el fenómeno migratorio, aun en aquellos que son el punto de origen de los migrantes, como México o las naciones centroamericanas.

“Aunque en México no hemos dejado de cubrir el tema migratorio desde hace décadas —señala Daniela—, en todo este tiempo su complejidad no ha logrado ser entendida por la prensa, y eso tiene que ver con que ésta es una historia que desde el periodismo sólo se aborda de manera intermitente, coyuntural. Para ser justa, creo que esto se debe, en parte, a que en México hay muchas urgencias por atender. No dejamos de estar en una situación de emergencia por el tema de las desapariciones forzadas, cuando pasamos a una emergencia por la multiplicación de fosas clandestinas y luego a la emergencia por los ataques a defensores de derechos humanos, y luego a la emergencia por los derrames de mineras, y así vamos, de un bomberazo a otro. La consecuencia es que, como con otros temas, no hay por parte de la prensa, en general, una cobertura sistematizada sobre la temática migratoria”, es decir, un seguimiento constante y profundo sobre todas las facetas del ciclo migratorio.

Desde Estados Unidos, la periodista mexicana Eileen Truax coincide con Daniela y detalla el punto. “El problema que tenemos los medios —señala Eileen, con 15 años en la cobertura ininterrumpida de las temáticas migratorias desde aquel lado de la frontera— es que la migración se aborda sólo cuando hay problemas. Es más, los medios de Estados Unidos, y también de México, entienden la migración como un problema y, cuando desde su óptica éste es muy grande, elevan el ‘problema migratorio’ a la categoría de ‘crisis migratoria’. Pero esta premisa es absolutamente falsa: la migración no es un problema, sino una consecuencia. Es decir, el ‘problema’ es el que genera la migración.” Eileen escoge sus palabras con todo cuidado, para ser muy clara en su planteamiento: “Si la migración es una consecuencia de la violencia, entonces la violencia es el problema, no la migración; si la migración es consecuencia de una crisis económica, entonces la crisis económica es el problema; si una persona migra porque huye de la homofobia en su país, entonces, la homofobia es el problema. Y de esta manera, paradójicamente, la migración es la solución, la única que ven algunas personas a los problemas que viven en sus comunidades.”

En cambio, advierte, no sólo en México o Norteamérica, sino en todo el mundo, los medios de información mantienen una actitud de indiferencia ante los problemas que originan la migración, o son incapaces de entender el vínculo entre esos problemas y los flujos migratorios consecuentes. “Los medios —explica Eileen— han asumido que lo que describe a la migración es sólo el trayecto, porque el trayecto es muy visual y muy dramático. Involucra los elementos perfectos para una gran película: drama, tensión, horror, villanos. Pero si tú revisas el ciclo migratorio, te das cuenta de que el trayecto es un periodo brevísimo, y el resto del ciclo no se cuenta porque no es considerado ‘noticiable’. Se han escrito muchísimas notas de la gente en el camino, pero el final de la nota siempre es el mismo: arrestan al migrante, lo deportan, muere o logra cruzar. ¿Y antes de eso? ¿Y después? Si no vemos qué pasó con ellos tres años antes de que migraran, ¿cómo podemos entender por qué vienen? Y tampoco se pregunta la prensa: ¿Qué pasa al día siguiente de que cruzan, qué pasa un mes, un año, una década después con esas personas, con esas familias centroamericanas? Eso, que comprende la mayor parte del ciclo migratorio, no tiene seguimiento periodístico.”

En la actualidad, reconoce Eileen, la temática migratoria ha sido colocada entre las prioridades de los principales medios estadounidenses, pero esto no responde a un cambio de perspectiva o a un mayor interés de sus redacciones respecto a la migración, sino a que este tema es usado por el presidente Donald Trump como bandera política con fines electorales. “Pero Trump no ha creado nada nuevo: es el presidente que ha usado el discurso más racista en materia migratoria, pero Obama es el que más migrantes ha deportado hasta ahora. Todas las políticas antinmigrantes que ha impulsado Trump han sido detenidas en la corte y las herramientas que está aplicando contra la migración pertenecen a un sistema que existe desde hace 20 años. Nada de lo que en este momento se denuncia es nuevo; todo lo hemos denunciado desde hace años quienes nos involucramos con la temática migrante no de ahora, sino desde mucho antes, y casi todos somos free lance que trabajamos en medios en español, en donde poca gente nos lee. Entonces, cuando un reportero de The New York Times que acaba de subirse a este tren va a la frontera y habla hoy de lo que vio, en realidad está hablando de temas que vienen siendo abordados por periodistas independientes desde hace diez o quince años.”

Material para relatos

En 2013, tras diez años de cubrir el tema migratorio desde Veracruz —uno de los estados mexicanos que forma parte de la ruta migratoria hacia Estados Unidos—, el periodista Rodrigo Soberanes se dirigió al municipio de Tierra Blanca, para constatar cómo los migrantes utilizan el tren que surca México para llegar a la frontera norte y desde ahí cruzar a Estados Unidos. “En esa ocasión vi a más de mil personas en el tren —señala Rodrigo— y, aunque aún no estaba acuñado el término, era como una caravana migrante, y como ésa todos los días llegaban más. El municipio de Tierra Blanca se convirtió en un lugar tomado por la delincuencia. Ahí acechaban a los migrantes.”

En Tierra Blanca, no obstante, un extranjero en particular llamó la atención del periodista: se trataba de Yves Daccord, el director general de la Cruz Roja Internacional. “Yo sabía que en ese momento —recuerda el periodista—, personal de la Cruz Roja Internacional había quedado atrapado en Siria y la institución estaba enfocada con todos sus recursos en rescatar a sus compañeros. Pero mientras eso ocurría, el director general del organismo estaba en Veracruz, en Tierra Blanca, y cuando le pregunté qué hacía ahí me respondió: ‘Esta es la gran crisis humanitaria del momento’, y eso me impactó mucho.” A partir de esa plática, Rodrigo entendió la necesidad de comprender a profundidad las características del fenómeno migratorio, y decidió viajar a Honduras con sus propios fondos. “Hay que ver físicamente de dónde vienen los migrantes para saber qué es la migración, qué la empuja. Y mi primera impresión cuando llegué a Honduras es que ese lugar no era un país, era una demarcación con un nombre en la que no se cumplía con aquellas cosas que definen un país como tal: está tan destruido el tejido social que de primera instancia no tenía sentido para mí ese lugar, me sentía en un sitio en el que no se podía estar, en el que alguna vez se pudo estar pero ya no, y eso que yo venía con los antecedentes de lo que ocurre en México y en Veracruz”.

Debieron pasar cuatro días, reconoce Rodrigo, “para que yo empezara a encontrarle sentido a Honduras: encontré barrios muy bonitos, con mucha tradición, con mucho arraigo, como La Lima; conocí gente y me di cuenta de que en realidad a esa gente le gustaría seguir ahí, no tener que irse, les gustaría que La Lima, un lugar estilo Nuevo Orleans, volviera a ser próspero, que volvieran las maquilas que ahí daban trabajo a la gente, para que no se vaciara. Pero para la prensa, la historia de La Lima no es importante. Es más, a los habitantes que se van de La Lima los encuentran los reporteros en México, en las vías del tren, pero cuando los entrevistan sólo les preguntan qué traen en su mochila, cuál es su sueño americano y nada más, ni siquiera se enteran de que detrás de esos migrantes está la historia de La Lima y la de un país.”

Pero ese desinterés, destaca Rodrigo, no es casual, es resultado de las lógicas mercantiles con las que las redacciones periodísticas determinan sus contenidos. “Las redacciones de Estados Unidos tienen una lejanía absoluta respecto del tema migratorio —señala—, ellos sólo tienen un interés en el tema: quieren historias en donde pueda verse a personas dispuestas a matarse unas a otras o a lanzarse a misiones imposibles. Es decir, esas redacciones quieren ver a los personajes ideales del relato; esto es, una postura de egoísmo y de tremenda falta de empatía con la gente que migra. Lo peor es que se puede decir lo mismo de las redacciones mexicanas, pero con un ingrediente que vuelve esta postura aún más incomprensible: que México es un país expulsor de migrantes. Aquí las redacciones deberían poder entender que la migración es un fenómeno complejo, pero no ocurre así.” No obstante, aclara Rodrigo, el que los reporteros que cubren migración se enfoquen en contar relatos melodramáticos, no necesariamente implica que tengan desinterés por el fenómeno en toda su complejidad.

“Mira —explica—, si un compañero invierte 15 mil pesos de su bolsillo para ir a una cobertura necesita recuperar ese dinero, porque la economía del periodista free lance no es boyante, entonces, ¿qué hace? Pues termina buscando ese tipo de historias, que cumplan con esas características que piden las redacciones, para que se las compren”. Pero este esquema mercantil no es hegemónico, subraya Rodrigo, “es un esquema que estorba mucho, pero también hay quienes están intentando desarrollar una narrativa basada en una comprensión profunda del tema y eso se vio en 2018, durante la Caravana Migrante, que fue como un huracán que sacó lo mejor y lo peor de la prensa; a todos les sacó el cobre y, así como hubo quienes hicieron una cobertura muy superficial, sensacionalista, también es cierto que la caravana llegó en un momento en el que hay un montón de periodismo ciudadano y los medios de comunicación vienen de una etapa de varios años en los que se experimentaron cambios. Aunque continúan los medios oficialistas, también han proliferado iniciativas y proyectos independientes y ciudadanos, y sus coberturas contrastan con las de los medios tradicionales”.

La esperanza

Los flujos migratorios, explica Ángeles Mariscal, periodista chiapaneca con 19 años cubriendo la temática en la frontera sur de México, están determinados siempre por la geopolítica y la macroeconomía. “Aunque la gente ni siquiera sea consciente de ello —explica—, ambos factores determinan los movimientos migratorios, aunque la gente simplemente vea que les pega algo y que su único recurso es salir”. Por eso, destaca, son preocupantes las definiciones geopolíticas y macroeconómicas que ha tomado el actual gobierno mexicano, así como el discurso que ha impulsado para justificarlos, que se ha convertido en la narrativa periodística en materia migratoria para buena parte de la prensa. “El que la política migratoria mexicana se haya militarizado —advierte Ángeles— me parece terrible. Es algo tan grave, que ningún gobierno anterior al de Andrés Manuel López Obrador se había atrevido a hacerlo. Chiapas fue militarizado a raíz del levantamiento indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en 1994, y en el año 2000, con la llegada del presidente Vicente Fox, los militares fueron retirados parcialmente. Esa era una demanda muy importante de la sociedad, porque fue muy mala la experiencia para la población tener ahí a los militares, por todos los abusos que se cometían”.

De forma paralela, recuerda Ángeles, Fox lanzó el programa de atención a la población migrante denominado Plan Sur, que supuestamente no buscaba detener la migración, sino ordenarla, brindarle un trato humanitario y protegerla del crimen organizado. Luego, este programa fue relanzado por el presidente Enrique Peña Nieto con el nombre de Programa Frontera Sur, pero con el mismo discurso humanitario. Finalmente el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, anunció su plan de contención migratoria, bajo los mismos preceptos de ordenamiento y protección, pero ahora operado por militares asignados a la Guardia Nacional. “En México —señala Ángeles—, no es sorpresa para nadie que la mayoría de los medios viven de la publicidad oficial, y eso es más marcado aún en la prensa estatal. La línea editorial de esos medios se mueve conforme los dictados del gobierno, algo que con las actuales autoridades se ha mantenido. Entonces, aún en la actualidad, pesa mucho más el discurso de un general puesto al frente del contingente militar de la Guardia Nacional aquí en la frontera, que dice que vinieron a realizar rescates humanitarios de migrantes, al argumento de los propios migrantes que están dando cuenta de violaciones a la ley y a sus derechos humanos”.

Mientras López Obrador mantuvo un discurso de apertura y bienvenida a la población migrante, destaca Ángeles, los medios mexicanos mantuvieron una línea de apertura y sensibilidad, pero cuando el gobierno federal endureció su postura y militarizó la frontera, la narrativa de los medios se alineó inmediatamente con el discurso oficial. “Hace pocos días se dio a conocer que se realizaron operativos para capturar migrantes en hoteles de Chiapas —ejemplifica Ángeles—, y un medio nacional me buscó para realizar una nota sobre el tema, pero me insistieron en que pusiera en mi nota que esos hoteles son parte de redes del crimen organizado que llevan ahí a los migrantes. Como no tengo ninguna relación firme con ese medio, les aclaré que yo no tenía elementos informativos para sustentar esa afirmación y que no lo iba a escribir, y no lo hice. Pero si a mí me pidieron eso, también se lo pidieron a mis demás colegas, y los que están contratados no tienen otra opción que cumplir la orden o irse al desempleo. Así es como se da esta narrativa manipulada”, contra la cual, no obstante, existen ejercicios periodísticos, individuales y colectivos, que buscan realmente exponer la complejidad del fenómeno y fomentar su comprensión, sin mitificarlo.

“Cuando te acercas a este tema con sensibilidad cambia tu interior, cambias como persona: existe por ejemplo el juicio social contra las migrantes que se prostituyen en bares, aquí en la frontera sur. Yo estuve trabajando ese tema durante meses y en una ocasión visité a unas jóvenes hondureñas, para las que ser atractivas había resultado una desgracia. Cuando llegué, una de ellas estaba hablando con su hermana en Honduras, una adolescente, haciendo el acuerdo para que la niña llegara a Tapachula. La joven me respondió que su hermana trabajaría en el bar y le cuestioné por qué iba a traer a su hermana para que trabajara en un prostíbulo, me respondió: ‘Mi hermana tiene 15 años y ya uno de la pandilla se la llevó, por lo que no tardan todos los demás en ir por ella, la van a obligar, va a ser la mujer de todos, ese es el presente y el futuro que tiene ella: entonces, yo creo que aquí estaría mejor.’ Entonces entiendes que no puedes usar tu moral para juzgar a los migrantes”.

La periodista Daniela Rea desarrolla esta idea: “Las y los migrantes han vivido cosas que no nos imaginamos, cosas que sabemos porque ya se han contado, pero sobre las que no tenemos consciencia profunda, porque no lo hemos vivido en carne propia. Entonces, no pueden ser medidos con la misma moral con la que nos medimos a nosotros mismos. Debemos todos, como personas, entender que aunque no logremos entender las problemáticas que enfrentan no sólo los migrantes de América, sino los de todo el mundo, sí podemos entender que es gente cuya vida se ha trastocado, y que lo único que ahora buscan es un lugar donde vivir bien. Todos podemos entender lo trascendental que es vivir bien. Y esa terquedad duele mucho, pero también impresiona mucho; esa terquedad es algo bueno, esa terquedad es esperanza”. Y la esperanza claro que es noticiable. EP

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