Wednesday, 17 May 2017 00:00

Manuel Valencia goza de impunidad por favores ofrecidos al morenovallismo

Escrito por  Fermín Alejandro García
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El conflicto que ha provocado –desde hace un par de semanas– la toma de la alcaldía y parálisis del ayuntamiento de San Martín Texmelucan está entrampado, ya que por un lado el edil José Rafael Núñez Ramírez ha dado una muestra de una aguda incapacidad para resolver los problemas de su administración, pero por el otro lado, el generador de la confrontación Manuel Valencia Martínez ha podido implantar su ley debido a los favores que le debe el morenovallismo. Valencia Martínez ha demostrado que goza de plena impunidad y muchos suponen que esa condición se debe a lo siguiente:

Este dirigente fue uno de los artífices del morenovallismo para inflar los padrones de militantes del PRD y en los comicios locales de hace cuatro años, encabezó los grupos de choque que frenaron la movilización electoral del PRI, que tenía como candidato a edil de San Martín Texmelucan a Edgar Salomón Escorza, lo que permitió el triunfo en las urnas de Rafael Núñez, quien era el aspirante favorecido por el entonces gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

Resulta sorprendente que en el campamento que se plantó frente al palacio municipal por parte de los seguidores de Valencia, quien es uno de los líderes más violentos del gigantesco tianguis de los lunes y martes de cada semana, en el día no hay más de 50 personas y por la noche solo unas 10.

Ese número reducido de activistas permitiría un fácil y rápido desalojo de la Policía Municipal, o cualquier otra corporación de seguridad pública.

Pero eso no ocurre porque Valencia goza de impunidad brindada por el morenovallismo, luego de que en alguna ocasión estuvo en la cárcel en el sexenio anterior y salió de prisión para volverse un operador a favor de los intereses oscuros del grupo político que hasta la fecha controla al Poder Ejecutivo estatal.

Esa protección de facto hacia este dirigente parece deberse a que cuando el morenovallismo infló –entre los años 2015 y 2016– los padrones de militantes del PRD, como una manera de controlar los procesos internos de este partido político, en San Martín Texmelucan el número de perredistas pasó de unos 3 mil a más de 12 mil. Entre los aportantes de nombres para ese crecimiento atípico de las bases del instituto del sol azteca está la destacada participación de la gente de Manuel Valencia.

En el proceso electoral de hace cuatro años, faltando unos días para las votaciones, la disputa entre el PRI y la coalición de partidos morenovallistas –encabezada en este caso por el PT– por la alcaldía de San Martín Texmelucan estaba muy cerrada. Todo indicaba que se podía anteponer la experiencia del entonces candidato priista Edgar Salomón, en contra del inexperto y caótico Rafael Núñez, un empresario que buscaba por segunda vez la presidencia municipal.

Salomón Escorza enfrentaba en ese momento una fuerte animadversión del morenovallismo, ya que siendo diputado local del PRI y teniendo capacidad de interlocución con el grupo del entonces gobernador Moreno Valle, le habían pedido que se desistiera de buscar el cargo de alcalde de San Martín Texmelucan y como no acató esa petición proveniente de Casa Puebla, se emprendió una estrategia para hacerlo perder a toda costa.

El día de los comicios la casa de campaña de Salomón se vio bloqueada por grupos de choque, lo que frenó la movilización electoral del PRI y llevó a la derrota de esta fuerza política.

Una de las manos que movió a esos grupos de choque, se dice que fue la de Manuel Valencia.

La incapacidad de Rafael Núñez

Los inconformes con el alcalde Rafael Núñez han presentado un pliego petitorio para negociar su cumplimiento a cambio de levantar la toma del palacio municipal, entre lo que destaca la exigencia de la destitución de Marco Antonio Ávila, como secretario de Gobernación del ayuntamiento, y de Gustavo Berra Medrano, quien es un ex regidor del PT y actual director de Fomento Económico.

El malestar expresado por Valencia es que ambos funcionarios protegen la corrupción que se ejerce contra los alrededor de 13 mil comerciantes que acuden al tianguis semanal de ese municipio.

Todo mundo sabe que son ciertos los abusos que se cometen contra los tianguistas, que incluyen un aumento desmedido de los robos y asaltos con la complacencia de la Policía Municipal.

Y que al mismo tiempo todos los líderes de tianguistas hacen cobros indebidos y actúan con grupos de golpeadores.

La coyuntura podía permitir a Núñez depurar su gobierno y combatir las prácticas viciadas que se cometen en el tianguis. Podía iniciar despidiendo a los dos funcionarios cuestionados. Pero el problema es que el alcalde encabeza un gobierno sin rumbo, sin metas y sin atender los problemas de sus gobernados.

Núñez gobierna con los ojos cerrados, por eso Valencia impone su ley con la impunidad que le brinda el morenovallismo.

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