Figueroa y Boltvinik muestran que, bien medida, la pobreza alimentaria es muy alta

 
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Héctor Figueroa y Julio Boltvinik (FyB), coautores del artículo Dos elementos metodológicos centrales para una medición rigurosa de la pobreza alimentaria. Aplicación a la Ciudad de México, que se incluirá en el número temático sobre pobreza en México de Acta Sociológica (FCPS, UNAM), resumen así su artículo:

“Después de discutir los conceptos de hambre, desnutrición, inseguridad alimentaria y pobreza alimentaria… proponemos una metodología para la medición de la pobreza alimentaria (PA) que integra dos innovaciones desarrolladas por separado: 1) La construcción y cálculo del costo de la Canasta Normativa Alimentaria (CNA) completa para cada hogar, llevada a cabo por Evalúa DF (Consejo de Evaluación para el Desarrollo Social del DF). 2) La comparación del costo de la CNA con el gasto total en alimentos (GTA) de los hogares, y no con los ingresos, como se suele hacer… Por último, se comparan los resultados de utilizar ambas innovaciones con los de calcularlas usando la CNA de Inegi-Cepal y la LBM (línea de bienestar mínimo) de Coneval, y comparar su costo con el ingreso de los hogares”.

Después de una breve introducción, el artículo desarrolla su argumentación en tres secciones. La 1ª busca clarificar los conceptos de hambre, desnutrición, inseguridad y pobreza alimentarias, en las que prevalece gran confusión conceptual. Apoyándose en Marx, los autores sostienen que las necesidades humanas, a diferencia de las animales, son históricas, lo que se manifiesta en la creación de nuevas necesidades (como la curiosidad científica y las necesidades estéticas) y en la humanización de las necesidades biológicas, que Marx expresó magistralmente: El hambre es hambre, pero el hambre que se satisface con carne cocida, comida con cuchillo y tenedor, es un hambre muy distinta del que devora carne cruda con ayuda de manos, uñas y dientes. Por ello, debemos hablar de hambre humana y pobreza alimentaria humana. En cambio, la desnutrición humana se puede estudiar del mismo modo en el que se estudia la de los animales: por sus efectos biológicos medibles. Pero si para el ganado se puede pasar de los requerimientos nutricionales al alimento balanceado mediante un modelo de programación lineal que minimice su costo, la dieta humana está determinada culturalmente. Añaden FyB:

“Satisfacer los requerimientos nutricios del ser humano, si bien condición necesaria, no es condición suficiente de satisfacción alimentaria humana. Por tanto, se encontrarán más personas en PA que desnutridas, siempre que se midan correctamente ambas. Podemos entender por PA la situación del hogar/persona que no puede acceder a los tipos de dietas (en cantidades y proporciones adecuadas para nutrirse bien) que se acostumbran o son ampliamente promovidas o aprobadas en la sociedad a la que pertenecen, para adoptar en esta materia el enfoque de pobreza relativa desarrollado por Peter Townsend “

Mientras la FAO mide la (in)seguridad alimentaria con indicadores en cuatro dimensiones de los alimentos: disponibilidad, acceso, estabilidad y utilización, el Coneval la mide mediante puntajes derivados de un cuestionario que se refiere casi sólo a la dimensión de estabilidad, y a pesar de ello presenta su medición como si con ello cumpliese con la disposición de la Ley General de Desarrollo Social de incluir en la medición de la pobreza el indicador deacceso a la alimentación, que requeriría referirse a la suficiencia cuantitativa y a la calidad de los alimentos, dimensiones no consideradas por el Coneval. Las mediciones de desnutrición, que en México lleva a cabo el Instituto Nacional de Salud Pública, se basan en una metodología generalizada a nivel mundial que se aplica (sobre todo) para menores de edad, basada en medidas de peso y talla en relación con la edad. El artículo discute los contundentes argumentos de P. Svedberg (Poverty and Undernutrition, 2000) que muestran que dicha metodología subestima la desnutrición. La subestimación en México de la PA, todavía más alta, se aborda en la 3ª sección.

En la 2ª sección, FyB describen en detalle el procedimiento de elaboración de la canasta normativa de alimentos (CNA-DF), formulada por el Evalúa DF, y muestran sus ventajas y diferencias con otras canastas alimentarias de dudoso carácter normativo. Uno de sus rasgos es que permite el cálculo de la canasta que requiere cualquier individuo (digamos un hombre de 54 años, una mujer de 38 y un niño de 11) y, por tanto, permite calcular la CNA para cada hogar específico, y su costo que es su línea de pobreza alimentaria (LPA). Otro rasgo es que toma en cuenta todos los nutrientes que requiere el ser humano, así como agua purificada (de garrafón) y los requerimientos adicionales de nutrientes de las mujeres embarazadas, así como con mucho detalle el cálculo del costo del consumo necesario de alimentos fuera del hogar. Por todo ello, cuesta 56% más que la LBM (línea de bienestar mínimo) del Coneval, que se calculó con una canasta incompleta y que no reúne los requisitos plenos de una canasta normativa, y 32% más que la de Inegi-Cepal, que utilizó el Comité Técnico para la Medición de la Pobreza (CTMP) y el Coneval.

En la última sección, los autores calculan la PA en el DF en 2012 con el método que proponen (que consiste en contrastar el costo de la CNA-DF con el gasto en alimentos del hogar) y comparan su resultado con otras 8 opciones, que resultan de contrastar la CNA-DF con dos definiciones de ingreso de los hogares (incluyendo o no, la renta imputada de la vivienda propia, RIVP), y de utilizar las otras dos canastas mencionadas (véase cuadro). Con la metodología propuesta, el resultado es que el 80.2% de las personas viven en PA en el D.F. En el otro extremo, comparar el ingreso corriente del hogar (incluyendo la RIVP) con la LBM o con el costo de la CA Inegi-Cepal (que es la LPA del CTMP), resulta en una incidencia de sólo 3.7% o 3.9% en el DF. El cuadro que se construye con las 9 opciones resultantes, permite ver con claridad que el efecto cuantitativo más importante es la elección de la variable contra la cual se compara la LPA, que es mucho mayor que el derivado del uso de una u otra canasta. Para apreciar esto compárense los números índices del cuadrante de arriba a la derecha (que van de 1.0 a 0.398) con los del cuadrante de abajo a la izquierda (que van de 1.0 a 0.073). Para quien concibe la PA como pobreza extrema, la incidencia que obtienen los autores, de 80.2% puede parecer desproporcionada, pero no para quien sabe que la insatisfacción de necesidades específicas no es equivalente a la pobreza extrema, puesto que ésta, igual que la pobreza, comprende todas las necesidades humanas. Sin embargo, los autores advierten que los resultados obtenidos son, sin embargo, un poco más altos que la realidad alimentaria del DF, porque los gastos en alimentos (igual que los gastos totales y el ingreso), están subestimados en las ENIGH lo cual, podrían haber añadido, también afecta los resultados de las otras 8 opciones.

No se trata sólo de errores conceptuales, sino de minimización intencional, de ocultamiento de la pobreza alimentaria, que no es lo mismo que pobreza extrema.

www.julioboltvinik.org

Read 201 times Last modified on Friday, 26 August 2016 10:47
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