Continúo leyendo documentos liberados por el gobierno estadounidense, en acatamiento a las leyes de transparencia, el FOIA (Freedom of Information Act), relacionados con México.

Como dije la semana pasada, ante un reporte del embajador a Washington luego de Tlatelolco, los papeles intercambiados entre la embajada de los Estados Unidos y Washington abundan en información sobre los movimientos estudiantiles, algo que puede interesar a los historiadores (sobre todo ahora en vísperas de que el 2 de octubre cumpla medio siglo).

Hoy veremos un “Telegrama confidencial” titulado “10 de junio y la renuncia de Martínez Domínguez”, que envía al Departamento de Estado en  Washington su representante en la embajada de los Estados Unidos en México, Jack Kubisch.

Unos días antes, como se sabe, el presidente Echeverría había cesado al regente del Distrito Federal, Alfonso Martínez Domínguez, por la matanza de estudiantes el Jueves de Corpus, el 10 de junio, en San Cosme, a manos del grupo paramilitar “Halcones”. (Los estudiantes atacados se manifestaban en apoyo a los de Monterrey, que luchaban por un control “paritario” de la Universidad de Nuevo León.) 

Dice el telegrama:      

1. La renuncia del regente Martínez Domínguez (AMD) el 15 de junio puede verse como una maniobra del presidente Echeverría (LEA) para fijar su indisputado liderazgo político, un deseo común de los presidentes mexicanos. Que esa renuncia satisfaga la presión de tener un chivo expiatorio de alto nivel para lo ocurrido el 10 de junio es quizás un factor relacionado, pero no una explicación en sí misma.

2. Se entendía en lo general que cuando LEA tomó posesión AMD era una fuerza independiente en su gabinete, cuyo nombramiento se debió en cierto grado a presiones del presidente saliente, Díaz Ordaz. Y más aún: correspondía a la propia fuerza política de AMD. Había mucha especulación en el sentido de que LEA eventualmente le quitaría influencia a AMD, aunque fuera sólo para darse mayor flexibilidad cuando llegase la hora de elegir a su sucesor. Pocos esperaban que ese movimiento sucedería tan pronto, y algunos pensaban que AMD tenía la habilidad política (y el poder) para protegerse.

3. La salida de AMD va más allá del deseo de LEA de tener un gabinete completamente leal y, lo que es lo mismo, sin un obvio hombre fuerte. AMD es el político mexicano por excelencia: un maestro del compromiso, el arreglo político y el subterfugio. Es por lo menos igual de corrupto, si no es que más, que los otros y tiene fama de político sucio, que no se opone al empleo de la fuerza cuando lo exigen el sistema político o sus propios intereses, algo que entró en conflicto con la imagen de liderazgo que LEA trata de proyectar desde hace seis meses, quien pretende hacer creer que México puede ser gobernado de una forma más abierta y liberal.

4. Hay en este conflicto de filosofías políticas base para la teoría, que divulga gente cercana a LEA, que sostiene que la represión del 10 de junio fue un intento deliberado de AMD para avergonzar y, en cierto sentido, comprometer a LEA. Pudo haber juzgado que un nuevo acto represivo como el de Tlatelolco, habría terminiado con los esfuerzos de LEA para acercarse a los estudiantes, a la izquierda moderada y a otros elementos de la clase media que exigen un sistema político más honesto; pudo parecer un gambito  en el que las posibles ganancias para sus ambiciones y su seguridad política eran superiores a los riesgos en el corto plazo.

5. Una variante de esta teoría (sobre la que hay especulaciones) es que la represión ordenada por AMD estaba calculada sobre todo para dañar a Mario Moya Palencia, en un afán de reducir sus posibilidades presidenciales por implicación. La analogía es con Tlatelolco, cuando el entonces secretario LEA fue parcialmente acusado, aunque obviamente ello no le impidió llegar al poder. Ahorita es difícil ver cómo podría haber confiado AMD en mantener oculto el papel del Distrito Federal en la organización y liderazgo de los Halcones.

6. No podemos descartar del todo estas teorías, pero tampoco convencen. Son difíciles de reconciliar con los vastos rumores de que unas semanas antes, AMD era uno de los que apoyaban a los estudiantes de Nuevo León. Es difícil creer que AMD, quien estaría consciente de su posición de fragilidad en el gabinete de LEA, y quien ha organizado la caída de tantos políticos –entre ellos la del regente Uruchurtu en 1966–  prepararía una crisis que lo dejaría en una posición tan frágil.

7. Creemos más bien que hay razones para para pensar que AMD fue una víctima de las circunstancias o que, en cierto sentido, precipitó su propia caída. No es necesario asumir una teoría conspiracional extrema (instrucciones explícitas a AMD u otros para que llevasen a cabo la represión con tal severidad; o que hubiera habido apoyo oficial a la manifestación aún después de que su causa ya se había evaporado para todo efecto). Darle la cuerda a quien queremos que se ahorque es una táctica mexicana de siempre. Está bien establecido que los Halcones son una organización financiada por dinero oficial, un grupo represivo entrenado y armado, cuyo principal propósito, desde que fue creado en septiembre de 1968, es el control de los estudiantes de izquierda que se oponen al gobierno. Su existencia y funciones son bien conocidos para todos los altos oficiales políticos y a cargo de aplicar la ley del Gobierno de México. Aunque no podemos estar del todo seguros de esto, parece que AMD era el oficial del gabinete con mayor control directo sobre los Halcones. En el modo tácito de la política mexicana, era su responsabilidad emplearlos de la forma que él considerase más acorde con los deseos cotidianos del presidente. Los Halcones y el relacionado (si no es que idéntico) “Grupo Francisco Villa”, han sido usados para intimidar (y a veces matar) estudiantes en los últimos seis meses. Estas acciones nunca causaron reprobación oficial y no hemos visto indicios de que LEA hubiese advertido a AMD o a otros sobre los posibles riesgos de una confrontación severa. Reta a la imaginación creer que LEA no hubiera podido forzar el desmantelamiento de los Halcones si así lo hubiera querido, o que no estaba al tanto de los planes para reprimir la manifestación del 10 de junio sin las consecuencias dañinas a la política que ha adoptado desde que inició su presidencia. Aún si supusiésemos, de manera extrema, que los Halcones estaban bien controlados por AMD, y de que eran un recurso de su propio poder (y, por tanto, que LEA no podía simplemente ordenar que desbandaran) va más allá de lo creíble pensar que LEA, por medio de su secretario de gobernación Moya Palencia, no tenía sus propias fuentes de información entre los Halcones.

8. Por iniciativa propia, pero quizás también animado por otros, AMD pudo haber llegado a la conclusión de que una represión fuerte era necesaria ante la manifestación. Las escasas muertes infligidas por los Halcones o por el grupo “Francisco Villa” antes del 10 de junio, estaba claro, no detendrían la agitación estudiantil. Los líderes del 68 recién regresados de Chile habían anunciado su intención de continuar la lucha. No creemos que AMD ordenara o deseara la cantidad de muertos que hubo (en cierto sentido, los Halcones quizás perdieron el control y enloquecieron) pero es difícil evadir la conclusión de que sabía que habría muertos, y bien pudo haber una decisión consciente de que esa era la mejor manera de prevenir que se repitieran las diez semanas de manifestaciones que hubo en 1968 y que terminaron con la sangrienta represión en Tlatelolco. Pudo pensar que contaría con el apoyo de LEA o, al menos, que LEA podría distanciarse de los hechos aunque con enorme costo a su credibilidad. De haber sido así, en retrospectiva, fue un grave error de AMD.  

8.bis Si bien fue grande el daño inmediato a la imagen y la política de LEA (lo que haría pensar que no anticipaba la cantidad de muertos que habría) puede ser que ahora vea el pronóstico de largo plazo con satisfacción. Haya sido por cálculo o por accidente, ha sacado del juego a AMD y fortalecido su propia posición. Muchos estudiantes e izquierdistas verán a AMD como mero chivo expiatorio, desde luego, y se negarán a creer que LEA no estaba al tanto de lo ocurrido. Pero la opinión moderada puede dejarse afectar por el contraste en el manejo del suceso en oposición a cómo se manejó en 1968. Esta vez hubo reconocimiento de la responsabilidad oficial. Ha habido renuncias y LEA –aunque se le sigue considerando responsable parcial de Tlatelolco— tiene ahora la oportunidad de convencer a muchos de que si él hubiera sido el presidente entonces, no habría ocurrido Tlatelolco o que, por lo menos, se habría investigado y castigado.

9. La renuncia de AMD supone algunos riesgos en el corto plazo. Primero, si bien algunos estudiantes están bien impresionados por la aparente franqueza y prisa con que LEA ha reaccionado, los más radicales están dispuestos a verlo como una señal de debilidad, y como una invitación a renovar la agitación contra el sistema económico-político. Si, como ahora parece inevitable, los Halcones son desbandados, nos preguntamos cómo piensa el gobierno controlar a los grupos estudiantiles. Amerita recordarse que los Halcones fueron creados, al menos en parte, por la exigencia estudiantil en 1968 de que desaparecieran los granaderos. Muchos mexicanos responsables dudan que el llamado de LEA a la unidad calmará a los estudiantes más politizados, a menos que lo acompañe con cambios económico-sociales mucho más significativos que los que caracterizan hasta ahora a su presidencia, y creen que la fuerza represiva será un aspecto inevitable del sistema político en los tiempos futuros inmediatos.

10. En segundo lugar, la salida de AMD lastimará el trato de LEA con todos los políticos profesionales, no sólo los del grupo de AMD. Una eventual maniobra contra AMD era esperada, pero muchos políticos la vieron precipitada, como una maniobra de los tecnócratas contra ellos, y como una peligrosa ansiedad de LEA por poner todo el poder en sus manos. El sistema político mexicano no es muy abierto, pero históricamente ha supuesto un substancial toma y daca entre los miembros de la casta política. El moralismo de LEA y su retórica de altos vuelos sobre la política como algo hecho de confianza pública, puede parecerles amenazante.

11. Finalmente, hay por lo menos ciertas dudas sobre la reacción de los empresarios a estos sucesos, más allá de cuál interpretación elijan. No hay evidencia aún de que los empresarios o los grupos de derecha hayan orillado a AMD a actuar el 10 de junio, pero podemos suponer que muchos de ellos comparten su actitud dura sobre el uso de la fuerza en el sistema político. Pueden temer que la aparente decisión de LEA de prescindir de esa fuerza, por lo menos en lo que toca a los estudiantes, de hecho presagia políticas económicas y sociales más radicales. Los empresarios, también, en tanto que no forman parte del partido oficial, tienen interés en negociar que se mantengan las facciones en los niveles superiores del gobierno.

KUBISCH

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