Todos sabemos que la democracia está en crisis. Lo que no sabemos muy bien es qué profundidad y sobre todo qué duración va a tener esta crisis de la democracia. No es muy alentador el informe anual correspondiente a 2017 publicado esta semana por Freedom House, un veterano y prestigioso think tankestadounidense que evalúa desde hace más de 50 años el estado de las libertades, la democracia y el Estado de derecho en el mundo. Con este pasado año llevamos ya 12 seguidos de retrocesos, en los que son más los países donde merma la libertad que aquellos donde avanza.

Si es una crisis, su ciclo es muy largo, e incluso podemos intuir que más que una crisis es el inicio de una nueva época de crepúsculo democrático. Contribuye a pensarlo que este último año sea el más bajo en la evaluación del estado de las libertades de la última década. De ser así, ha desfallecido el impulso democratizador que condujo a una oleada de transiciones desde 1970 hasta 2010, un período en el que el número de países democráticos pasó de 35 a 120, cifra que según Freedom House habría retrocedido hasta 88, de un total de 195. El último avatar, las primaveras árabes de 2011, han terminado con un solo país, Túnez, clasificado como una democracia plena, aunque Freedom House señala los peligros de retroceso que la acechan a los siete años del derrocamiento de su dictador.

El retroceso más destacado de 2017 y el de mayor peso en el declive global se llama Donald Trump, a quien se debe “la retirada acelerada de los históricos compromisos que mantenía Estados Unidos con la promoción y el apoyo a la democracia”. La democracia más veterana y acreditada del mundo es uno de los países donde el informe detecta “un lento declive en derechos políticos y libertades”, que empezó hace siete años pero se aceleró con el nuevo presidente y especialmente, con las interferencias de Rusia en la campaña electoral, la violación de los estándares éticos de la nueva Administración y la disminución de la transparencia. EE UU recibe una puntuación de 86 puntos sobre 100, tres menos que en el año anterior, muy por debajo de los 94 que reciben tres países europeos como Alemania, Reino Unido e incluso España o los 99 de Canadá.

Tres son los fenómenos que lastran el paisaje democrático mundial, según el informe. La deriva autoritaria en países que habían suscitado grandes esperanzas, como Hungría, Turquía o Myanmar; la erosión de los sistemas de democracia más avanzada, especialmente en Europa, debido al terrorismo, la crisis de los refugiados, el incremento de las desigualdades y el ascenso de los populismos xenófobos; y la afirmación de las autocracias más poderosas, como Rusia y China, las mayores capitalizadoras del declive, la primera como mero spoiler o aprovechada de la crisis y la segunda como aspirante al liderazgo global, y ambas, al final, como modelo de sustitución autoritaria, que asienta le economía de mercado con total desvinculación del sistema de democracia liberal y del Estado de derecho.

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