En 1776, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos –que inspiró tantas Constituciones, como la nuestra– estableció como “derechos inalienables” del pueblo a “la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad”. Y legó además argumentos que hoy resultan entre encantadores y paradójicos si se aplican, en la Argentina, al macrismo y el radicalismo claudicante: “Cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla, o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios (...) Cuando una larga serie de abusos y usurpaciones (...) evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad y su felicidad”.

Semejante declaración explicó en sí misma, y en su párrafo final, por qué y cómo los norteamericanos de entonces consiguieron su objetivo, empeñando “vida, hacienda y nuestro sagrado honor”.  

Es oportuno recordar esto luego de que esta semana una entrevista radial a Eugenio Zaffaroni fue maliciosamente distorsionada por el trollsismo de la derecha porteña y aledaños. 

Acusar de “golpismo” a demócratas intachables es cretino por donde se lo mire, y las torpezas de estos acusadores invitan a reflexionar sobre lo que pasa con la educación argentina, que está estrechamente relacionada con esto y remite a la primera materia que este gobierno infame (o sea que “carece de honra, crédito y estimación”, según establece el Diccionario de la Lengua) destruyó desde el vamos, o sea Diciembre de 2015: la liquidación del PNL (Plan Nacional de Lectura) y la cancelación del Programa Conectar Igualdad.

En su ignorancia y estrechez, estos tipos seguramente escucharon a algún asesor, Ceo o bestia equivalente que les advirtió entonces que el peligro mayor que produjo siempre el peronismo, y en los últimos doce años su versión kirchnerista, fue el desarrollo de la lectura como arma poderosa y fundamental del pueblo.

Y es que, aunque pueda parecer excesivo a ciertos cautelosos, es fundamentalmente la lectura la que salvará al pueblo argentino, como siempre ha salvado a los pueblos oprimidos que lo primero que hicieron, al iniciar sus luchas, fue alfabetizar y dar de leer. 

Por eso cabe afirmar, sin temor a yerro alguno, que nuestro pueblo lector recuperará a esta república. Ése es el más grande mérito del kirchnerismo, más allá de sus muchos yerros y de su desconcierto actual. Y ése es el camino alternativo que bien harían en impulsar y estimular ahora mismo el peronismo en general, el radicalismo no doblegado, el socialismo residual y la izquierda idem, y casi todas las expresiones de los sectores populares. Seguir alfabetizando. Hacer leer. Dar de leer buenas lecturas, para chicos y grandes. En libros de papel y en pantallas y dispositivos digitales. Ayudar a pensar y a saber, en primer lugar, que el que no lee no sabe, no entiende y se entrega aborregado. 

Por eso desde hace más de 30 años algunos predicamos que los pueblos que no leen lo pagan con su ignorancia. Por eso estos tipos lo primero que hicieron fue eliminar todas las políticas públicas de lectura que se iniciaron en 1984, con Alfonsín, y se desarrollaron extraordinariamente desde 2003 con los ministros Filmus, Tedesco y Sileoni. Por eso algunos entendemos a la destrucción del PNL como el inicio mismo de la tragedia que hoy se vive en el ámbito educativo con medidas que aplican las políticas de embrutecimiento que, con apariencia cientificista, dictan economistas y empresarios que la van de “educadores” porque firman columnas todas las semanas en el diario La Nación, y en Clarín, Perfil y otros medios oficialistas.

Acabar con la paritaria nacional docente y eliminar el programa “Nuestra Escuela” (como ya eliminaron casi todos los que desde 2003 permitieron entre otras cosas acabar con el analfabetismo) son la punta de lanza del ataque a la CTERA y a todos los sindicatos docentes. Es parte de la estrategia mediático-judicial de hacer shows de las condenas a Balcedos, Caballos y otros sindicalistas cuestionados, con el único afán de enlodar a todo el sindicalismo del país, que se compone de más de 3.000 organizaciones con unos 75.000 delegados que en su inmensa mayoría no son corruptos.

Ahora vienen a liquidar también el incentivo docente y reducen la discusión a condiciones laborales, de titulación, de movilidad y de retiro voluntario. Pero el Estado Nacional dejará de sostener el sistema educativo “por emergencia económica de las provincias”, y la escuela pública ya no recibirá ayuda ni financiamiento para alumnos en riesgo social. En cambio, promueven la “autogestión” escolar, las charter scholl y la hora reloj, con la perversa idea de que “las escuelas deben financiarse a sí mismas”. Por eso, también, la  “secundaria del futuro” que plantean se achica a cuatro años, porque el quinto se lo regalarán a empresas que buscan ejércitos de chicos brutos y baratos. 

Pretenden establecer además el presentismo como único incentivo docente, y hacerlo por huella dactilar o por tarjetas como en las fábricas. Y planean una autoritaria reforma al régimen de licencias y es expresa su decisión de cerrar los IFD (Institutos de Formación Docente).

Nadie niega, y los docentes responsables y sensatos menos, que los Estatutos Docentes (Nacional y Provinciales) deben revisarse y corregirse en varios aspectos, pero no por eso, como pretende el gobierno, deben “adaptarse” a las reformas Previsional, Jubilatoria y Laboral que son eje del ajuste macrista. De igual modo son un hecho la superabundancia de IFDs y las irregularidades en muchos de ellos, particularmente en algunas provincias. Pero nada de esto debe ser discutido en un contexto canalla como el actual, con mensajes de texto y guatsaps de gobernadores como la bonaerense Sra. Vidal incitando a la desafiliación gremial. Nada más cretino para “modernizar” la educación de una nación que durante más de cien años fue educada en principios fundamentales como universalidad, gratuidad, obligatoriedad y laicidad.

Todo el planteo y el comportamiento de estos dizque modernizadores, brutos y autoritarios, es anticonstitucional. Igual que el megadecreto que elimina leyes por encima del Parlamento, y asombrosamente cuenta con el silencio de todos los jueces y fiscales de la república, sometidos, comprados o atemorizados. 

A todo esto aludió Zaffaroni, y así lo sostenemos decenas, centenares de compatriotas que consideramos intolerable, como decían los fundadores de la democracia norteamericana en 1776, “la larga serie de abusos y usurpaciones dirigida invariablemente” a “someter al pueblo a un despotismo absoluto”. 

También como ellos, muchos de nosotros –de manera pacífica y Constitución en mano– luchamos contra este gobierno para derrotarlo en las urnas en 2019, porque no queremos que se queden cuatro años más.

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