Hace algunas semanas escribí un artículo sobre Ricardo Anaya que titulé Ted Anaya, por su fruición con las TED talksTED: technology, entertainment, design. Si usted, estimado lector, nunca ha visto una conferencia TED, y sí ha visto en un foro a Mr. Anaya, entonces sí ha visto alguna: son esas. Oí y vi su TED talk frente a los banqueros, y ahora debo cambiarle el tratamiento y creo que merece con creces el de Mister. Su ADN idiosincrático e ideológico es exultantemente gringo. Si vemos sus presumidas, andando de shopping en tiendas muuuy modernas en las que se paga con un smartphone, o sus visitas a Ottomotor, empresa productora de tráileres eléctricos, o presumir con euforia que su norte de vida es ¡Silicon Valley!, todo exhibido en videos como parte de su talk,veremos que nos muestra palmariamente un mister con una visión enajenada, absolutamente acrítica del american way of life. No se ha enterado de un solo paper, crítico, de ese valley. Se entiende muy bien su vida sin frontera entre México y EU.

Escribí en este espacio que Anaya copiaba el estilo Ted: erré. Sus TED talks son auténticamente gringas. No erré al decir que las TED talks simplifican dramáticamente los problemas hasta semejarse a los slide­shows de monitos inteligentes y que tratan cualquier tema en un tono positivo que destila optimismo  new age sobre mejora personal. Su Dios es, claro, ¡la tecnología!: en su talk incitó vivamente a su público banquero a dar ese paso diruptivo a una economía del conocimiento. Anaya no entiende absolutamente nada de lo que significa conocimiento: lastimosamente lo confunde con tecnología.

Mr. Anaya no sólo simplifica los problemas, sino que muestra claramente que no entiende absolutamente nada (palabras/codazo que envió a AMLO), del Estado, de la política, de la vida social; especialmente de economía: el mister sin saber nada de economía, dedicó gran parte de su talk a temas que cree que son economía.

En los primeros minutos de su TED talk, dio un tan atronador como torpe y servil guayabazo a los bancos: los llamó principales motores del desarrollo. Nada menos. Pues ahí han estado los banqueros los últimos 40 años y no más no se animaron a echarse a andar como buenos motorcitos. Fíjese bien, Mr. Anaya: su admirado Milton Friedman los llamó irredeemable bunglers; cuál traducción le gusta: irremediables bandoleros, o chapuceros; escoja.

Este mister habló y habló de empresas, creyendo que estaba hablando de economía. Refirió, claro, a empresas gringas: Blockbuster, Netflix, Amazon, DHL, Uber, entre otras, fueron objeto de su arrugada visión económica. Además, este mister aludió a los premios Nobel (aunque sólo mencionó a Friedman) que desde luego concordarían con las sandeces económicas que dijo frente a los banqueros. Y aludió a Friedman, un liberal, en tiempo presente. Mister,¡hey!, mister: Friedman murió hace 12 años.

Al inicio de su talk, refirió algunas propuestas, dichas al vuelo, rapidito, porque daba por sentado que cualquier persona sensata, sin más, las ha hecho suyas: estabilidad macroeconómica, no al déficit fiscal, continuación de las reformas estructurales, competitividad para atraer capitales, libertad irrestricta al Banco de México, y unas cuantas más, recitando, mal, partes del Consenso de Washington, ignorando el papelón que estaba haciendo. “Hay cosas que costó muchísimo trabajo construir, a partir de acuerdos que yo diría fueron literalmente históricos y que no debemos bajo ninguna circunstancia perder. Debemos seguir adelante con las reformas estructurales…, sería un error garrafal dar marcha atrás a las reformas estructurales”, dijo con un aplomo digno de mejores causas. Anaya ignora absolutamente que él es un neoliberal igualito a su contrincante priísta. AMLO tiene toda la razón: ¡son lo mismo!

Su obsesión punzante es ya sabes quién y es normal que lo haya aludido burlonamente numerosas veces. Destaquemos, sin embargo, que no sólo hubo burletas, sino abundantes, descaradas, procaces calumnias, que lanzó al tabasqueño, como cuando hizo un largo y avieso speech refiriéndose a la seis refinadoras nuevas que quiere montar AMLO que cuestan 700 mil millones de pesos y que serán obsoletas en 2024, que es el año, dijo, en que habrá una disrupción en el mercado y caerá estrepitosamente el consumo de gasolinas. ¿Cuántas cosas habrá hecho este mister en su vida de la misma canallesca manera? En 2024, con seguridad, todos los mexicanos dueños de un auto con motor de combustión interna, lo cambiarán por uno eléctrico. Sobran las refinerías: demagogia for sale.

AMLO no ha propuesto lo que dice Anaya. Dijo, en el mismo foro del mister, que hace 40 años que no se construye una refinería en México, que se propone restaurar las seis existentes que fueron abandonadas, y montar “al menos una, como la que acaban de abrir –dijo AMLO– en India”, país referido por el mister, como un ejemplo de alta tecnología. No cabe duda, mentir descaradamente es su fuerte.

Este mister no sabía dónde estaba parado: explicó a los banqueros ¡qué es una progresión lineal, y cuál una tendencia exponencial! Y dijo: Es un error planear con las variables del presente porque la tecnología avanza exponencialmente: un prototípico non sense de los muchos que les echó encima a los banqueros. Este mister evidentemente no sabe lo que es una variable, pero por lo dicho, es capaz de planear con variables que no existen: las del futuro. Su TED talk es ejemplo de cómo pueden las sandeces crecer exponencialmente.

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