La brutalidad es violencia sin pensar, una persona culta puede ser brutal. La ignorancia, la falta de conocimientos ocurre cuando no se disponen los medios para conocer.  Sin embargo muchas veces la ignorancia se une a la brutalidad y entonces se conjugan en un oscurecimiento de la razón por intereses o ideología. 

A lo largo de los siglos los seres humanos luchamos contra el oscurantismo con dos herramientas fundamentales: el estudio y la memoria. Los agentes más elementales contra el oscurantismo, son los maestros y los bibliotecarios.

En estos días los bibliotecarios, con los despidos que asolan las bibliotecas, están visibilizados en los medios de comunicación no por sus obras y acciones profesionales sino como sujetos no necesarios.

Es oscurantismo, brutalidad unida a ignorancia,  pensar que las bibliotecas no necesitan de un mediador entre el conocimiento y las personas y que el  bibliotecario es prescindible. 

Es oscurantista pretender que porque hay sistemas en línea que almacenan publicaciones, el bibliotecario no tiene rol alguno que cumplir.

Es oscurantista pensar que el conocimiento es solo digital y que incluso este no necesita de organizadores, analizadores, depuradores, orientadores y facilitadores.

Este oscurantismo es el mismo que durante siglos ha quemado bibliotecas y perseguido a los bibliotecarios, como quien mata al mensajero que trae un mal mensaje. 

Este oscurantismo tiene un nombre difícil y con una actual nueva definición: se llama biblioclastia.

En Caicyt, Centro de Información del Conicet casi tan antiguo como esta entidad, se han construido saberes a los largo del tiempo y construido bibliotecas físicas y digitales. En los últimos años  hemos trabajado especialmente con el concepto de biblioclastia a través de un vocabulario digitalizado que lo actualiza dolorosamente.

Cuando se despiden bibliotecarios, se cierran archivos, servicios bibliográficos públicos, o bien éstos entran en una zona de inestabilidad de difícil pronóstico, estamos ante los nuevos rostros de la biblioclastia, no se hacen hogueras de libros pero se destruye la sustentabilidad el conocimiento acumulado.

Con nuestro conocimiento y experiencia afirmamos que bajo los discursos y acciones que consideran que las bibliotecas no necesitan bibliotecarios no hay un verdadero argumento económico, sino un dispositivo biblioclástico.

Este dispositivo biblioclástico no sólo perjudica a los bibliotecarios como sector directamente afectado, sino también a la comunidad inmediata que se beneficia de su trabajo, que puede acceder más y mejor al conocimiento, sino que también afecta a la sociedad en su conjunto.

Quizá podamos argumentar que los promotores son ignorantes si consideramos que carecen del conocimiento suficiente para comprender la potencia y a la vez las limitaciones de los recursos digitales, pero la acción brutal sobre los bibliotecarios nos dice que estamos ante oscurantismo.

Sin estudio y sin memoria nuestra sociedad pierde su identidad y su grandeza, pierde su memoria, los protagonistas de nuestra historia se ven simplemente omitidos. Una cacofonía de palabras “inspiracionales” se derrama como hojarasca ocultando contenidos, intenciones, oscureciendo las conciencias. 

Eso se llama biblioclastia, atacar el derecho humano fundamental de conocer.

* Ex Directora del Caicyt-Conicet.

**  Directora del Caicyt-Conicet.

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