El nuevo gobierno toma la posta de la exitosa política energética elaborada durante el gobierno saliente. Se agrega a los acuerdos transversales respecto de los equilibrios macroeconómicos, algunos principios macro en el área energética de carácter transversal, sobre los cuales el gobierno del presidente Piñera deberá definir y ejecutar sus prioridades. El consenso alcanzado en la elaboración del documento “Energía 2050. Política Energética de Chile”, en el cual participaron los más diversos grupos de interés, desde las empresas generadoras a organizaciones sociales, establece como marco de referencia el asegurar un suministro eléctrico continuo y de calidad; contar con una industria energética como motor de desarrollo; alcanzar la necesaria compatibilidad de los proyectos con el cuidado del medio ambiente y, lograr un índice de intensidad energética adecuado con mayor eficiencia y educación.

Aun cuando con este marco de referencia no se pretendió definir acciones específicas, subyacen en el debate dos objetivos fundamentales: menores costos de electricidad para los niveles residencial e industrial y, un aumento sostenido de la generación eléctrica a partir de fuentes de energía renovables y autóctonas en reemplazo de los combustibles fósiles. A partir de estos objetivos, el uso de electricidad como la principal fuente de energía en los hogares es fundamental para bajar los costos y especialmente, si se quiere mejorar la calidad de vida de millones de personas que en Chile viven en condiciones de absoluta marginalidad energética.

No nos engañemos, en Chile, a diferencia de los países desarrollados, el consumo per cápita de energía y particularmente de electricidad, está altamente correlacionado con diversos indicadores del estilo de vida deseable para cualquier persona o familia. Esto implica que, necesariamente, debemos aumentar el consumo de energía y electricidad si el objetivo es mejorar la calidad de vida de una parte importante de la población.

La energía en forma de electricidad es versátil, esencial para las tecnologías modernas y, si se genera a partir de fuentes renovables como la luz solar, el viento, el agua o el calor de los volcanes, es limpia y de mayor calidad que el combustible fósil directamente quemado mediante el proceso de combustión.

En nuestro país, más de siete millones de personas sufren cada invierno debido a la contaminación ambiental e intradomiciliaria afectando directamente su calidad de vida. Las consecuencias las conocemos: miles de personas enfermas, los hospitales y consultorios sobrepasados, imágenes de niños y ancianos hacinados esperando ser atendidos y las autoridades dando explicaciones sobre las medidas de emergencia y la crudeza del invierno. Según distintas fuentes, se estima que cada año mueren en Chile entre 2.800 y 5.900 personas debido a los efectos de la contaminación del aire que respiramos.

Esto es la cruda evidencia de la existencia en nuestro país de una extendida pobreza energética, que constituye un problema de salud pública, que no ha sido abordado integralmente. La realidad es brutal para cerca de 2 millones de familias del centro–sur del país que tienen una mala calidad de vida durante los inviernos; pasan frío, se enferman, presentan un alto gasto en calefacción y viven en zonas con gran contaminación atmosférica. Sólo entre las regiones del Biobío y Aysén existen 19 ciudades que presentan condiciones de saturación de calidad del aire debido a material particulado fino, con más de 2 millones de personas en cuyas residencias alrededor del 80% de la energía que necesitan proviene de la leña como combustible, por lo general de mala calidad, adquirida en un mercado informal.

 

El futuro energético de Chile no puede ser construido postergando el traspaso de los beneficios que las energías renovables pueden generar en la gente, en particular, si estos beneficios mejoran la calidad de vida de millones de familias chilenas. El consenso existe, ahora se pone a prueba la voluntad política.

 

La mala aislación térmica de millones de hogares provoca que gran parte del calor que se genera de distintas formas, se pierda. El 67% de las viviendas del país fueron construidas antes del año 2000 por lo que no poseen aislación térmica, lo que se traduce en que aproximadamente un 75% del consumo de energía de una vivienda se destine a calefacción.

Lo anterior se explica porque las viviendas no han sido construidas considerando la necesidad de calefaccionarnos. La calefacción en Chile es un lujo y no es una necesidad que esté en el debate político. En el escenario actual el que tiene plata, paga por calefacción, y el que no tiene, usa leña de mala calidad o compra parafina o gas licuado, cuando puede. El 77% de las viviendas del centro-sur utilizan como principal combustible la leña, con un consumo de 17.515 GWh/año, lo que equivale al 24% de la generación eléctrica del año 2016 y al 25% del consumo anual de gas licuado de petróleo en el año 2015. Pero el problema es que la gente no tiene alternativas, el nivel de informalidad del mercado de la leña de mala calidad se sustenta en su precio, ya que el uso de leña industrial es un 25% más caro, el pellet un 90%, la parafina un 200%, el gas un 250% y la electricidad, en base a los contratos vigentes, un 400% más caro.

Sin embargo, los precios de generación de electricidad ofrecidos en las últimas dos licitaciones para suministrar electricidad a clientes regulados llegaron a los US$ 21,48MWh. A estos precios, la electricidad es más barata que el pellet, la parafina, el gas licuado de petróleo y, en algunos casos, que la leña industrial.  

Con estos datos, hoy es perfectamente posible iniciar la conversión de la energía térmica residencial a electricidad.  

El país cuenta hoy con aproximadamente 150 proyectos energéticos, con una capacidad de 22.000 MW de energía limpia, renovable y autóctona, con estudios ambientales aprobados, listos para ser construidos, que no tienen contratos y por lo cual no se pueden construir. Estos proyectos, pueden perfectamente ser utilizados para convertir las necesidades de energía térmica residencial, que utilizan leña de mala calidad y combustibles fósiles, a electricidad. ¿Cómo se puede hacer esto? legislando para la gente y tomado medidas administrativas adecuadas como, por ejemplo, generando las condiciones para que cada municipio licite sus necesidades de energía térmica durante el invierno e incentivar con ello, la competencia de las energías renovables con los combustibles fósiles.

Al ritmo actual, los beneficios de la energía eléctrica barata y limpia llegará parcialmente a los hogares recién a mediados o finales de la próxima década.

El futuro energético de Chile no puede ser construido postergando el traspaso de los beneficios que las energías renovables pueden generar en la gente, en particular, si estos beneficios mejoran la calidad de vida de millones de familias chilenas. El consenso existe, ahora se pone a prueba la voluntad política.

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