Una densa silbatina despidió al Tri en cuanto concluyó su partido del sábado contra un modesto combinado de la liga escocesa, encuentro anunciado por los dueños del balón –léase televisoras y gavilla anexa– como una especie de ”homenaje” a la sufrida afición, que abarrotó el coliseo de Santa Úrsula para solazarse con bailables y fuegos artificiales, porque el futbol brilló por su ausencia. Podría decirse que su única expresión visible fue el tanto que Giovani dos Santos llevó al marcador mediante atinado zurdazo –bajo y al rincón–, luego que Carlos Vela le limpiara el campo con su clara técnica y su visión panorámica, mismas que a partir de ese momento se guardaría celosamente hasta prácticamente desaparecer. Iban entonces 12 minutos de juego y allí terminó todo. Cierto es que Layún, durante todo el primer tiempo, fue una especie de ciclón, comparado con la pasividad del resto. Ya en el segundo se precipitó la acostumbrada lluvia de cambios para acabar de desnaturalizar una contienda que, en rigor, nunca existió. Sirvió, eso sí, para confirmar la anemia goleadora de la Selección que dirige el enemigo público número uno de un país donde pululan toda clase de pillos, truhanes y sinvergüenzas mayores y menores, sin que por ahora ninguno de ellos haya sido capaz de robarle al colombiano título tan poco envidiable.

En cuanto a los escoceses, resultaron tan inofensivos como Gales en el 0–0 del lunes en Pasadena, ante un estadio igual de lleno que el Azteca en la opaca despedida de la Verde de su chicanada fiel. No en balde se trataba de par de combinados –ni por asomo selecciones– elegidos de prisa y corriendo para recoger dólares y hacer turismo allende el océano.

La lista de Osorio. Poco antes del malhadado encuentro sabatino, el DT oriundo de Medellín había divulgado el resultado del corte cuasidefinitivo a la lista de jugadores que nos representarán en Rusia. Lamentable la baja de Molina porque deja al equipo sin su único medio de contención natural (no el mejor, aunque éste –el Gallo Vázquez– nunca figuró en los planes del colombiano), ya que Reyes y Layún no dejan de ser improvisados y Rafael Márquez, que tendría todas las credenciales para el puesto, carece ya de las facultades que se precisan para ejercerlo con la debida solvencia. Está bien, lo hemos comentado antes, que se lleve a Rafa para jugar unos minutos que le permitan alcanzar la marca de cinco participaciones mundialistas, pero nada más. De los eliminados el sábado el otro caso notorio quizás sea Oswaldo Alanís, de poca actividad reciente por las torcidas razones conocidas, pero en absoluto inferior a los centrales que sí viajarán.

Capítulo aparte merecería Rodolfo Pizarro, cuya ausencia resulta incluso más censurable que la del Gallito Vázquez, con quien lo hermana la inexplicable aversión de Osorio, que en cambio se da el lujo de llevar a tipos tan inferiores al casi exchiva como Giovani, uno de los caprichos del colombiano, al que ni siquiera su gol del sábado alcanza a redimir. El resto no agrega ni quita nada al plantel conocido, si bien persisten dudas relacionadas con el estado de forma de un Guardado recién salido del quirófano, siendo como es desde hace tiempo pieza angular de la Selección. No creo, sin embargo, que estén ya para aportar mucho veteranos como Peralta o Aquino, ni que Diego Reyes –otro recién operado– sea un medio de contención medianamente aceptable, pese a lo cual el DT seguramente estará tentado a utilizarlo precisamente para esa función. No olvidemos, sin embargo, que la presencia de estos últimos ha sido defendida a ultranza por la misma publicrónica entretenida en destazar vivo a Juan Carlos Osorio hasta conseguir que el tipo se lo creyera y diera irreversible carta de naturaleza a sus famosas y cada día más preocupantes rotaciones. Que a buen seguro continuarán el sábado, en Copenhague.

Carvajal al habla. Antonio La Tota Carvajal, que este 7 de junio va a juntar 89 años de deambular por este mundo, fue el primer futbolista de la historia en jugar en cinco distintas Copas del Mundo (1950–1966). Con su acostumbrada bonhomía, el legendario arquero saludó con júbilo la próxima presencia en el mundial ruso de Rafa Márquez, “uno de los dos mejores jugadores que ha dado México”, recalcó, no sin añadir que el otro ha sido Hugo Sánchez. Pero sobre el porvenir del equipo de Osorio no se hace mayores ilusiones. Y no por causa del entrenador colombiano –blanco de todas las críticas–, a quien considera responsable y capaz –allí están sus números, aduce–, sino porque carecemos de jugadores con tamaños para saltar a la élite internacional, por más que hoy se presuma de los llamados europeos, que en realidad no pasan de segundones en el mercado mundial. Que el Cinco Copas haya recordado en dicha entrevista (La Jornada, 31 de mayo de 2018) que la mayoría de nuestros exportados ejercen de suplentes en equipos de medio pelo más parece una declaración extraída de las hemeroteca donde duermen los 28 años que lleva publicándose esta columna, la mitad de los cuales nos hemos pasando subrayando esa realidad tan sencilla de comprobar como sistemáticamente soslayada por la rampante publicrónica. Pero así somos, qué se le va a hacer. 

Otra de las verdades que Toño Carvajal expuso con total desparpajo es que los actuales “astros” del Tri devengan sumas impensables en su tiempo, y en lugar de exigírseles en consecuencia no los toca el pétalo de la más leve crítica –como si hacerlo fuera traición a la patria o algo parecido–, mientras que en los años de oro del Cinco Copas –que los tuvo también como entrenador– el jugador ganaba poco dinero y enfrentaba en cambio críticas y exigencias mordaces, de parte tanto de la afición como de la prensa. Y eso que la calidad técnica era bastante superior en ese entonces, tanto en futbolistas nacionales como importados, que siendo comparativamente pocos y con los mercados europeos sumamente restringidos, muy buenos tenían que ser para recalar en clubes mexicanos.

Igualito que en mundo fantástico del 10/8 y de los pactos de gavilleros.

Chivas en huida hacia adelante. A la inevitable venta de Pizarro al mejor postor y el conocido adeudo de los premios prometidos a los jugadores del Guadalajara por sus títulos del ya lejano 2016, el club rojiblanco acaba de añadirle la perla del obsceno despido de Matías Almeyda, perpetrado mientras el argentino vacacionaba en su país, con regateo adicional de 75 por ciento de la indemnización debida, pues le ofrecen apenas una cuarta parte de lo acordado en el contrato, que tenía aún tres años de vigencia.

Es decir, que la quiebra de Jorge Vergara no solamente es económica sino ética. Encabezada por un individuo de apellido Higuera que es al parecer quien hace y deshace dentro de la “organización” tapatía, a quien los cinco títulos obtenidos mientras Almeyda estuvo al frente del plantel y el más elemental respeto a la afición del Rebaño no le significaron absolutamente nada a la hora de desarmar al equipo (Pizarro, Cota), o decretar suspensiones (Alanís) y despidos tan improcedentes como el de Almeyda. A quien algunos ya ubican, por cierto, como sucesor de Osorio al frente del Tri.

Zidane, la otra nota de la semana. Distinto cariz aparenta tener la renuncia que Zinedine Zidane dio a conocer el mismo miércoles en que se concretaba el cese de Matías Almeyda. Inamovible ya su triple corona en la Champions al frente del Real Madrid, el astuto timonel francés juzgó, sensatamente, que puesto que superar lo logrado está más difícil que nunca. No ha echado en saco roto el francés sus experiencias últimas al frente de un plantel de egos incontrolablemente desatados, que con la nómina más alta del mundo mandaron al caño la última liga española –17 puntos por debajo del Barcelona campeón–, la Copa del Rey –eliminados por el Leganés en Chamartín– y hasta el último partido jugaron cómo y cuándo les venía en gana.

Para llegar a la conclusión de que ahí nada le quedaba por hacer ha debido hacer Zizuoun ejercicio de autocrítica feroz, dando de paso un ejemplo de astuta serenidad. No quisiera involucrar en su decisión  –que puso en la cara de Florentino Pérez el gesto más patético que jamás haya ofrecido en público– el runrún que circula por Inglaterra acusando a Loris Karius, el portero del Liverpool de haberse vendido para tirar la final europea perdida por su equipo ante el Madrid (analizando–analizando, quienes manejan esta sospecha han agregado a los dos goles regalados por Karius el de la chilena de Bale, que sostienen era parable si el arquero germano no hubiese encogido los brazos al “volar” en pos del remate bombeado y no muy violento del galés). Puede ser, en cambio, que el otro suceso de la misma final de la Champions que ha dado mucho que hablar –la llave de Ramos a Salah que eliminó tempranamente al egipcio del partido– sí haya sido desencadenante de la decisión del francés de apartarse del puesto, dado que el rudo capitán madridista siempre ha reclamado una crecida cuota de injerencia en el manejo del vestuario madridista.

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