Terminar el hexagonal concacafkiano sin derrota hubiera redimido de alguna manera a un equipo que nunca se encontró a sí mismo como tal, y que lejos de mejorar, fue decayendo conforme transcurría un torneo que, sin embargo, nunca dejó de liderar. Demasiado premio para un DT obsesionado con rotaciones sin sentido y tan refractario a la crítica como ajeno a la autocrítica. Pero justo en el último momento, se hizo justicia: ni México terminó invicto ni alcanzó la barrera de los 22 puntos del Tri de La Volpe en 2005.

Para que ocurriera el 3–2 que ubica a Honduras en la repesca tuvieron que ocurrir un montón de cosas, desde la alineación contra natura dispuesta por Osorio al extrañísimo autogol de Ochoa o la epidemia de ”lesiones” que aquejó al bando local durante el cuarto de hora final, en que las interrupciones así inducidas redujeron los minutos realmente jugados a menos de la mitad. Pero el mal ya estaba hecho y ni aunque se hubiera compensado en consecuencia mostró México argumentos con qué aspirar al empate.

Como se anticipaba, Honduras puso sobre el campo más corazón que futbol. Y con eso tuvo para confundir a una defensa de papel –Araujo–Ayala–Alanís–Gallardo… Osorio al borde de la locura–, y a un México condenado a navegar al garete. Los goles de Oribe (16’) y Vela (38’) –tras el momentáneo empate de Elis (33’)— sólo sirvieron para retrasar la debacle que entre la espalda de Ochoa (53’) y la media vuelta de Quioto (59’) precipitaron, nada más iniciado un segundo tiempo que fue un monumento al disparate.

Ausencia de líder. Apartado del equipo Rafa Márquez, la carencia de liderazgo fue patente. Imposible pedirle a Osorio que asuma ese papel porque se trata de un tipo inseguro, que busca quedar bien con todos: sus dirigidos, sin exceptuar uno sólo, y, por supuesto, el patrón que lo contrató. Por eso han jugado todos sus convocados –excepto Cota–, aún en las posiciones más inverosímiles y en las ocasiones menos indicadas. Y por eso mismo, luego de dos años, no existe un equipo digno de ese nombre.

Esta realidad no se contrapone a la flagrante mentira de que nuestro país disponga, en materia de jugadores, de una especie de generación dorada, que no pocos ilusos califican inclusive como la mejor de la historia. El promedio sigue siendo mediocre, ninguna de nuestras actuales “figuras” merecería integrar el Tri ideal de todos los tiempos, y el hecho de que haya más “europeos” que nunca no responde a un salto de calidad del futbol nacional: es, simplemente, reflejo de la globalización que viven los mercados mundiales.

Adiós a las armas. Los estadounidenses no faltaban al mundial desde 1986. Su inesperada derrota ante Trinidad y Tobago (2–1, también allí hubo autogol) y la de los ticos en Panamá (otro 2–1, si bien el primero de los goles canaleros fue pura ficción), los bajó al quinto puesto, que ni siquiera conlleva el consuelo del repechaje.

Sorprendido Stewart por un latigazo desde 35 metros y extraviada entre la yerba del irregular campito de Puerto España la legendaria fibra yanqui, el de Brice Arena fue un cuadro del montón, sin personalidad ni capacidad de reacción. Han tenido, eso sí, la decencia de asumir sus carencias sin protestar el inexistente gol concedido a Panamá que, combinado con el triunfo de Honduras sobre México, los ha dejado sin mundial por primera vez en 28 años. Sin duda tomarán nota para replantear su proyecto futbolero.

Posiciones Concacaf. Calificación directa de México (21), Costa Rica (16) y Panamá (13 y diferencia de goles de –1); Honduras (13 y –6) peleará por un puesto contra Australia; eliminados Estados Unidos (12) y Trinidad y Tobago (6).

Messianica. Hasta aquí se sintió el suspiro de alivio exhalado en Rusia al confirmarse la participación de Argentina en la Copa FIFA del año entrante. Y no fue la Virgen de Luján sino el mismísmo Lionel Messi quien sacó a la albiceleste del atolladero. Sus tres goles a Ecuador –zurdazos implacables sobre la marcha, de ejecución perfecta– lo ratifican como número uno del mundo y, sin discusión, uno de los tres más grandes de la historia. Porque, además, el empate de Colombia en Lima (1–1) y la derrota paraguaya jugando en casa contra el colero Venezuela (0–1) condujo en alfombra persa a los ches hasta el bombo de los punteros que decidirá en diciembre la conformación de los ocho grupos mundialistas, donde la papeleta de México ni de chiste estará en el bombo número dos, como aseguraban los paniaguados del sistema antes de la estrepitosa caída de San Pedro Sula.

Golpe de muerte a la Roja. Chile será muy bicampeón de América, pero es otro de los grandes marginados luego de su estrepitoso fracaso del martes, en Sao Paulo. El 3–0 ante Brasil lo descarta incluso de la repesca, donde Nueva Zelanda será –o casi– pan comido para Perú, que no pudo asegurar el pase directo a Rusia 2018 al empatar en casa con los colombianos (1–1), de nuevo traicionados por Ospina, su calamitoso guardavallas. Por cierto, mientras el argentino Ricardo Gareca se acreditó un gran trabajo de recuperación al mando de la escuadra incaica, su compatriota Pizzi renunció a la DT de Chile en cuanto se concretó la eliminación de la Roja, destrozada por el veloz y versátil contragolpe brasileño, donde Jesús Gabriel, con dos goles más, es la gran revelación del renovado canarinho.

Posiciones Conmebol. Con Brasil (41 puntos), aseguraron el boleto a Moscú Uruguay (31, tras el 4–2 sobre Bolivia, con doblete de Luis Suárez), Argentina (28) y Colombia (27); Perú (26), va al repechaje. Y se ahogaron en la orilla tanto Chile (26) como Paraguay (24), porque Ecuador (20), Bolivia (14) y Venezuela (12) estaban eliminados de antemano.

También Cristiano. Como Messi, el madridista fue factor en la victoria que agrupó a Portugal hasta la punta del G–B europeo, si bien él no anotó ninguno en la meta de Suiza, a la que desbancó del liderato jugando en Lisboa (2–0). En cambio, su compañero del Madrid Gareth Bale se queda sin mundial, pues Eire viajó a Cardiff para sacarles el partido y la calificación a los galeses (0–1), que, sin su máxima estrella en la cancha –Bale sigue lesionado– fueron incapaces de aprovechar la localía.

Por su parte, nuestro viejo conocido Aren Robben anotó los dos tantos del triunfo holandés sobre Suecia, en Rotterdam (2–0), al tiempo que anunciaba su retiro de la selección anaranjada, ya eliminada a pesar de su victoria. Ese grupo lo ganó Francia con 23 unidades, por 19 de suecos y neerlandeses. La diferencia de goles (+17 por +9 de Holanda) envió a los suecos al repechaje, y a los tulipanes al limbo. Y esa mismo criterio es el que pone a Portugal (+28) por encima de Suiza (+16), ambos con los mismos 27 puntos.

UEFA: calificados y repechaje. Los punteros de los nueve grupos van directo a Rusia. Son Francia, Portugal, Alemania, Serbia, Polonia, Inglaterra, España, Bélgica e Islandia.

Los cruces entre las ocho selecciones que disputarán los cuatro boletos restantes se conocerán tras el sorteo de mañana. Son Croacia, Dinamarca, Suiza, Italia, Suecia, Grecia y lasa dos Irlandas, tanto la república independiente (Eire) como la británica (Irlanda del Norte).

Más escándalos arbitrales. Por vez primera, la FIFA ha tomado la decisión de suspender de por vida a un árbitro, el ghanés Joseph Lamptey, una vez comprobado que Sudáfrica ganó su partido contra Senegal (2–1), gracias a la marcación de un penalti inexistente. Imagine usted la de licencias canceladas que habría si cada error garrafal de un silbante se sancionara con el mismo rigor ejemplarizante que ha dejado a Lamptey en el desempleo,. Claro, se trata de un africano desconocido, no de un europeo, sudamericano o, de a perdida, mexicano, que tampoco cantan mal las rancheras a la hora de regar el tepache.

A todo esto, el muy digno señor Gianni Infantino, que regentea la casa grande de Zúrich, notificó, escandalizado por el golno gol que calificó a los panameños, que verá de apurar los trámites para que el VAR sea muy pronto de aplicación universal. Una universalidad que, desde luego, no va a abarcar –por “razones de logística”– todas las divisiones ni todos los países. Preparémonos, pues, para asistir al alumbramiento de dos clases de futbol, uno con VAR y otro sin tal ayuda tecnológica. Que para colmo, parece se aplicaría bajo sus caóticas reglas actuales.

Para arrancar a correr.

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