Por fin, un fin de semana grato a la afición poblana. En CU, Lobos hizo caer al líder. En el Azteca, el América se vio alcanzado a última hora por el Puebla, que mereció el empate de sobra. Y el Monterrey confirmó que Puebla es su aduana maldita.

El Puebla crece. A las Águilas no les valió ni el tremendo error de Moi Muñoz para sumar los tres puntos que necesitaba para calificarse. Porque Miguel Herrera será todo lo carismático que se quiera, pero el sábado, el imperturbable “Ojitos” Meza le dio una lección. Si en la primera mitad contuvo el ímpetu americanista sin más daños que el gol de Uribe en complicidad con el guardameta poblano (36’), en la segunda movió sus fichas –cambios de hombres y de sistema– hasta encerrar al local en su reducto y forzar el empate (Micalco, 82’). Para nosotros, lo más alentador fue confirmar que la franja empieza a desarrollar un juego y un estilo bien definidos. Justo aquello de lo que por tanto tiempo careció.

Lobos se reencuentra. El saludo no pudo ser más adverso: gol de Avilés Hurtado en el minuto uno. Pero lo que parecía una reedición de tantos sábados amargos en CU lo revirtieron Rafa Puente y los suyos a fuerza de perseverancia, coraje y trabajo de equipo. Es probable que el Monterrey se haya echado en la hamaca, creyendo que ya tenía todo resuelto, mas eso sería menoscabar el mérito de la remontada lobuna, su modo de respaldar el valor psicológico del tanto de Jiménez casi al término de la primera mitad (43’) con un segundo tiempo al asalto, desnivelado por el inefable Julián Quiñones en el momento clave (75’). Y sin conceder ya a Rayados oportunidad de reacción.

Monterrey sigue como líder absoluto. Pero Lobos BUAP, al fin, parece estarle encontrado el gusto y el modo a su guarida.

Astros rompió el pronóstico. En la semana previa al inicio de los repechajes para el cada día más cercano mundial ruso, los torneos entre clubes europeos coparon la atención general. Solamente se sustrajo Estados Unidos, como siempre ocurre, y eso porque la autodenominada Serie Mundial vivía a la sazón uno de sus capítulos estelares, pues no solo se extendió a siete emotivos capítulos, sino que jamás se habían registrado tantos bambinazos en la larga historia de estas finales –25 jonrones, nada menos–, ni desfilado tal cantidad de lanzadores por la lomilla, cifra inusitada y para muchos indigna de las dos novenas estelares del año. Tampoco había sucedido que se coronara nunca Astros de Houston, que en sus 55 años de vida lo más memorable que hicieron fue estrenar en su momento el Astrodome, con fama de escenario ultramoderno allá por los años 60.

La proliferación de palos de vuelta entera se atribuye, sobre todo, a una “pelota voladora” de diseño reciente. La Liga no ha dicho esta boca es mía, pero ya sabemos cómo se las gastan los gringos cuando de “reforzar” el interés de sus espectáculos se trata. También, entre los suspicaces, se ha mencionado lo “oportuno” de proporcionarles a los tejanos una alegría, luego del sufrimiento a que los sometieron sucesivos desastres “naturales”. Hurgando en el asunto, los expertos siguen preguntándose por qué David Roberts –timonel de LA– envió como abridor para el juego decisivo a un lanzador tan flojito como Yo Davish, y sólo recurrió a Clayton Kershaw cuando ya la cosa no tenía remedio.

ChL: paridad en la medianía. Por vez primera en muchísimo tiempo, está faltando esa sensación de superioridad aplastante que emanaban los grandes de Europa, y que daba a la disputa de la orejona un aura tan especial desde sus primeras fases. Tal sensación se ha sobrepuesto incluso a la realidad de varios líderes de grupo aún invictos, algunos con marca perfecta (caso de los dos equipos de Manchester y el de París, los tres con 12 unidades). Pero la verdad es que ni los mencionados impresionan tanto ni los que siempre robaban desde el inicio –Barcelona, Madrid, Bayern, Juventus, Chelsea…– cuentan hoy con su tremendo potencial de hace poco, ni exhiben el paso señorial que los distinguía.

Madrid, apaleado en Wembley. Razones y pretextos aparte, lo cierto es que los dirigidos por Zidane pasan por un bache preocupante. El miércoles viajaron a Londres sin Keylor Navas, Carbajal, Varene ni Bale, bajas cubiertas más o menos precariamente. Pero los que de verdad perdieron con Tottenham fueron los titulares, desconocidos de lentos y erráticos tipos como Casemiro, Modric, Kross, Benzemá, y solo y su alma Cristiano, enredado en los vértigos de un individualismo inocuo. Total, que cuando quisieron enterarse ya perdían por 3 a 0, tras el gol del danés Eriksen (65’) y previo doblete de Dele Alli (27’ y 56’), mucho más vivo que Nacho y Ramos juntos, y hasta ayudado involuntariamente por el capitán blanco, que le desvió a Tony Casilla el segundo balón que el joven moreno mandó a la registradora. Nunca había jugado en Wembley el multicampeón de Europa, ni perdido nunca con los Spurs. Pero vino a caer ahora, y ni el milimétrico fuera de juego de Trippier previo a su servicio para el tanto abridor ni el autogol de Ramos sirven de paliativo para la noche negra del Madrid, preso en la cárcel de sus propias limitaciones. Cristiano hizo el de la honrilla (80’), sexto suyo en un torneo que empieza a ponérsele cuesta arriba al vigente bicampeón (7 puntos por 10 del Tottenham).

Atlético y Barça, inoperantes. Si el Barcelona fue una sombra de sí mismo en su visita a Grecia (0–0 con el Olympiakos), los colchoneros protagonizaron un ridículo en toda forma jugando en su propio y flamante Metropolitano, al empatar a uno con el Qarabag, colero absoluto del G–C, y cuyos dos únicos puntos se los arrebató precisamente al Atlético, que con apenas tres podría no clasificarse a octavos, pese a que ni el líder Roma (8) ni el sublíder Chelsea (7), impresionan mayormente. Por cierto, la visita de los londinenses al Olímpico se saldó con paliza de 3–0 ante el local, un marcador que los blues no encajaban desde hace lustros en Europa. Chelsea, otro grande que camina hoy por la cuerda floja.

El bajón ibero lo frenó en parte el Sevilla, único ganador de la semana (2–1 en casa sobre Spartak de Moscú). Es ese G–E de los más apretados, pues el líder Liverpool (3–0 al Maribor en Anfield) tiene 8 puntos por 7 de los andaluces y 6 de los moscovitas. Sirva de relativo consuelo para el Barça –cuyo casillero en cero del martes no se registraba en la ChL desde 2008–, que continúa líder del GB, tres puntos por arriba de Juventus (10/7), que empató de milagro en Lisboa (1–1) a un muy mediano Sporting, que lo había traído de cabeza.

Repunte inglés. La continuación de la añeja pugna Guardiola–Mourinho, ahora en la fría Manchester, les está dando réditos tanto al United como al City. Ni han perdido encuentro ni cedido un solo punto en sus respectivos grupos. Claro que hay diferencias de estilo y desempeños, reflejadas en sus partidos de la semana: mientras los devils resolvieron su compromiso en Old Trafford superando sin pena ni gloria (2–0) al inocuo Benfica –con 0 puntos en el G–A–, el City se montó un hermoso espectáculo en su visita a Nápoles, fiesta del tiki–taka con gol tras gol, resuelto por 4–2 en favor de la visita: abrió Insigne para el local (21’), empató de cabeza el central Otamendi (34’), Stones adelantó a los ingleses (48’) y Jorginho ejecutó magistralmente un penalti para el 2–2 (62’), pero el contragolpe británico terminó aniquilando a los napolitanos con tantos de Agüero (69’) y Sterling (92’).

Como el Napoli va líder en el calcio, la goleada ilustra el triste momento que atraviesa el futbol italiano, cuyo otro gallón, la Juve, las pasó canutas en Lisboa. Su único paliativo de la semana, la paliza del Roma al Chelsea, en el fondo retrata la actual miseria del soberbio club londinense, acongojado y gris desde que se deshizo de Mou.

¿Será el año del PSG? La otra marca perfecta de la Liga de Campeones pertenece al PSG de Neymar. No sólo reúne 12 puntos, sino que tras anotar 17 goles sigue sin recibir ninguno. Claro que el GB cuenta con dos pichones –Anderlecht y Celtic– a los que están devorando sin miramientos tanto el PSG (5–0 a los belgas el pasado martes, con tres del central Kurzawa, uno de Verratti y uno de Ney) como el Bayern más flojito de los últimos tiempos, a pesar de lo cual ganó 1–2 en Glasgow para alcanzar 9 unidades.

Oxígeno para el Porto. Dentro de un panorama general bastante opaco para los equipos portugueses, el de los mexicanos Herrera, Corona y Reyes –Layún no fue convocado– logró derrotar al germano Leipzig (3–1, con gol abridor del sinaloense HH). Seis puntos no son gran cosa, pero de momento le sirven al Porto para marchar segundo del G–G –ya fugado el Besiktas turco, invicto con 10–, y mantener abajo a su víctima más reciente (4). Irá a Estambul contra el líder y recibirá por último al Mónaco, colero inesperado (2).

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