Mentiría si dijera que fue la final regia fue una regia final. Apenas un par de trámites y, para colmo, burocráticos. El segundo tiempo de anoche, con Tigres atrincherado y sin salida y Monterrey extraviado y sin alma fue de dar pena. Y para colmo, el penal que voló Avilés Hurtado, tan fuera de distancia todo el partido que no se entiende cómo no fue cambiado mucho antes. Rayados fracasó en todas sus líneas: el portero se comió el primer gol (Vargas, 30’), la defensa, poco exigida, se concretó a mirar en el segundo (Meza, 35’), un medio campo confuso y sin ideas, y un ataque que limitó su expediente al balón que Funes Mori le bajó a Pabón en la media luna y éste remató sobre la marcha, a la base del poste derecho de Guzmán, para abrir el marcador (2’), completaron el triste panorama. Los de Mohamed carecieron hasta de ese envión final –a la desesperada–, esperable en estos casos. Y Tigres, muy cómodo en su encierro sin fisuras, sumó al navideño de 2016 otro título de poco peso, aunque esta vez sin favores arbitrales de por medio.

Por cierto, lo mejor del partido, el colombiano Meza y el arbitraje de Fernando Guerrero.

Antesala. El choque de ida, sobre un terreno endurecido por la helada, resultó áspero y poco lucido. A Tigres lo condicionó el extravío de Nahuel en el gol de Nico Sánchez (8’), y le costó encontrarle el hilo al partido. Aun así, Gignac y Valencia fallaron por muy poco, mientras el Monterrey jugaba a la segura, y Jorge Isaac Rojas expulsaba a Vignoni y Ayala por juego rudo. Lo mejor, el penal a lo Panenka ejecutado por Eder Valencia (25’). Lo peor, la participación de hasta 17 importados. Récord (negativo) para finales.

Pachuca, avante. El sábado, en Abu Dabhi, Pachuca sacó adelante la representación de la Concacaf en el mundialito de clubes, derrotando en la prórroga a Wydad Casablanca, el campeón africano. El único gol del encuentro llegó a los 112’, cuando Urretaviscaya centró desde la derecha y Víctor Guzmán saltó y colocó su frentazo contra el segundo poste, justo en la horquilla. Para entonces, el cuadro marroquí jugaba ya con diez hombres por expulsión de su capitán Nakach (69’). El resultado fue lo mejor de un encuentro ayuno de calidad, en el que el “Conejo” Pérez, que jugó los 120 minutos, se convirtió en el jugador más veterano que haya participado en dicho certamen.

Oscar Pérez Rojas nació en Zapotlán de Juárez, Hgo. el 1 de febrero de 1973. Y seguramente estará en la semifinal del martes 12 contra Gremio de Porto Alegre, dueño actual de la Copa Libertadores, tan añorada por nosotros y que ya estuvo a punto de levantar en 2001, cuando su Cruz Azul perdió la final en penales, frente al Boca y en la mismísima Bombonera.

La historia interminable. Que el Puebla cambió de “dueños”, según aireó la prensa a principios de semana. Pura finta, porque aquí el único propietario real es Televisión Azteca, violando las promesas de cese a la multipropiedad lanzadas por el propio Consejo de dueños –a instancias de la FIFA– hace ya dos años largos. Nada que festejar al respecto, pues ya se sabe que esa empresa, socio menor de Televisa para efectos futboleros, se especializa en mediocrizar, cuando no hundir, a los equipos que va tomando. Los últimos ejemplos se llaman Atlas y Morelia, resignados escalones del Monterrey y hermanos de la franja a partir del Apertura que terminó ayer. Un Puebla cuyo nombre y señas, por cierto, han estado sujetos a enojoso litigio, cuyo sesgo más reciente devuelve los derechos a Ricardo Henaine, el mismo que en tiempos de Mario Marín asumió sin más la propiedad de la franquicia, solo para perderla judicialmente al siguiente sexenio.

Gobiernos y televisoras. Prestanombres y favoritos. Una mesa tambaleante para seguir haciendo equilibrios en el vacío. Qué tristeza.

Europa. Concluyó la ronda de grupos, tanto de la lujosa Liga de Campeones como de la de Europa, su pariente clasemediero. Y lo hizo sin pena ni gloria. No están los tiempos para muchas celebraciones. Llama la atención, por novedoso, el liderazgo de los equipos ingleses –Tottenham, Liverpool y los dos de Manchester–, que se clasificaron primeros de sus respectivos grupos y ya son mencionados por algunos como candidatos a campeonar. Porque el PSG de Neymar, que venía arrasado –con vistosos récords goleadores de por medio–, fue a estacar la zalea a Múnich (3–1), el miércoles, prácticamente sin meter las manos. Y el campeón Real Madrid pasó apuros para liquidar en Chamartín al otrora poderoso Borussia Dortmund (3–2), con un churrito de gol a última hora: entró segundo detrás del Tottenham y al menos no le ocurrió lo que a su vecino Atlético, eliminado en beneficio del Chelsea –empataron a uno el martes en Stanford Bridge– y del Roma, primero de ese grupo. Lo que no significa que los italianos repunten, pues quedó fuera el Napoli, actual sensación del calcio; y con los romanos solo alcanzó a calificarse Juventus, segundo detrás del Barça. Un tercer hispano, el Sevilla, también logró su calificación, aunque fuera como sublíder del grupo encabezado por el Liverpool. Y, cosa rara tratándose de los cierres de primera ronda con su disputa de un sitio en octavos de final, partidos apasionantes no hubo, y en cambio se dieron despropósitos como el 7–0 que los reds paisanos de los Beatles le impusieron al Spartak moscovita, cuyas aspiraciones, todavía vivas, se volvieron humo lacrimógeno.

Nos cabe, eso sí, la pequeña satisfacción de que el equipo europeo más mexicanizado que existe –el Porto– entrara segundo de grupo tras liquidar sin miramientos a un lánguido Mónaco (5–2), que fracasó en todos los frentes defraudando a quienes le suponían ciertas posibilidades. Héctor Herrera jugó todo el partido –es el capitán de los Dragones lusitanos–, mientras que Jesús Corona y Diego Reyes entraron como relevos avanzado ya el segundo tiempo; y el Tecatito puso el centro que Tiquinho cabeceó sin oposición para convertir el tanto que cerraba la goliza.

Los cruces de octavos se conocerán tras el sorteo del hoy en Nyon, Suiza. En el bombo número uno figuran los líderes de grupo, es decir Manchester United, PSG, Roma, Barcelona, Liverpool, Manchester City, Besiktas (turco) y Tottenham; y en el dos los segundos: Basilea, Bayern Múnich, Chelsea, Juventus, Sevilla, Shakhtar Donestk (Ucrania), Porto y Real Madrid. No podrán enfrentarse equipos del mismo grupo ni del mismo país.

La Máquina azul. A propósito de la final–derby de ayer, un vertiginoso viaje al pasado. Al 9 de julio de 1972, para ser precisos. Ese mediodía de domingo, por excepción, la liguilla tuvo una final a partido único. Lo jugaron Cruz Azul y América, y es de las pocas veces que el superlíder general –de una liga de 36 fechas, nada de minitorneos– ha logrado coronarse. Lo hizo derrotando categóricamente al sublíder (51 puntos contra 48: era cuando sólo se sumaban dos por partido ganado). Y no hubo ida y vuelta porque ambos convinieron en que, puesto que jugaban en el mismo estadio, valía la pena celebrar una final–final. La pareja Reinoso–Borja hacía soñar a los americanistas, que defendían el título; pero los cementeros –recién mudados de Jasso al DF– contaban con un equipazo.

Y lo ratificaron, delante de los 105 mil espectadores que entonces le cabían al Azteca. Mala tarde de Prudencio Cortés en la portería azulcrema: se comió un remate franco de Pulido, asistido por Muciño (10’), y dejo luego que éste, habilitado por Fernando Bustos, prolongara por alto el balón que Victorino empujó a bocajarro, también de cabeza. Al minuto 35, Cruz Azul amplió su ventaja a 3–0 con golazo de Muciño genialmente asistido por Bustos, que estaba brindando un recital memorable. Justo antes del intermedio, Yamasaki, el árbitro favorito del América, se hizo protagonista al amonestar al paraguayo Vera, que le insistía en que consultara a su abanderado luego que un misil desde fuera del área de Victorino diera en el larguero para picar claramente dentro de la meta americanista. Con el segundo tiempo llegaría el desquite de Cesáreo, que aprovechó otra genialidad de Bustos: entró en diagonal al área, burló al arquero y la taconeó hacia Victorino, que remató al arco vacío entre el desconcierto de los zagueros cremas. ¿Carlos Reinoso? Se consoló pateando el córner que Borja envió con la cabeza a la red del Gato Marín, cuando ya Cruz Azul había aflojado el baile y estaban por cumplirse los 90’.

De esta manera, la Máquina Azul iniciaba su década dorada –cinco títulos entre 1972 y 1980. Raúl Cárdenas puso a estos hombres sobre la grama: Miguel Marín; Marco Ramírez, “Kalimán” Guzmán, Quintano, Sánchez Galindo; Alejándrez (Prado), Pulido, Victorino (Gómez); Bustos, Muciño, Vera. Todos jugaron de muy bien para arriba, pero sobresalieron Victorino, Muciño y particularmente Fernando Bustos, que estuvo sublime.

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