Todavía con las últimas campanadas del año nuevo resonando en nuestros oídos acaba de ponerse en marcha el Clausura 2018, con ese apresuramiento tan propio de esta era de movimiento convulso donde no tiene ya cabida la reflexión, vista hoy como manía, como rezago a superar. El formato del torneo será el conocido y, como cada verano, lo relevante no es tanto quién resulte minicampeón sino quién se va a Primera A; importa menos quién que gane quién rodará por el precipicio, así son las cosas en el futbol “mexicano”.

Tres pountos de oro. Puebla recibía a Tigres. Entrada paupérrima, como presagio de que no sería el campeón quien compareciera. Y eso que allí estaban la camiseta auriazul y los Guzmán, Dueñas, Carioca, Gignac, Valencia y demás superastros norteños. Y Ferretti, imperturbable en su butaca de DT. Pero no hubo caso. Al Puebla le valió la paciente labor de zapa a la que Enrique Meza los está habituando. Mereció ganar porque hizo lo único medianamente coherente que se vio sobre el campo, ante un Tigres que no se dignó jugar.

Ganó el Puebla y poco importa que los goles hayan casado admirablemente con el flojo espectáculo: una serie de rebotes, con descompuesto manotazo de Nahuel incluido que Bryan Angulo aprovechó para puntear a boca de jarro (26’); regalo de Reyes de Moi Muñoz, al dejar escurrirse entre sus piernas un centrito de nada que Enner remató sobre la raya (44’); y pared devuelta por Torres Nilo a Paco Acuña que éste resolvió con frialdad tocándola rasita y cruzada ante la lenta salida de Guzmán (78’). Y para que no se diga que el marcador sólo se movió al son de las pifias de los arqueros, el cuerpo arbitral contribuyó con su golecito, mismo que le negó al Puebla cuando otro balón rebotado en el área chica de los felinos coló a Nahuel Guzmán, pegó en la base del poste y rebasó por completo la línea de meta antes de ser expulsado por un manotazo del argentino sin que ni el silbante ni su asistente se dieran por enterados de nada (72’).

Total, una especie de infame desempance decembrino, enfocado como castigo por Tigres y como oportunidad para sumar tres puntos por el Puebla, que al final se salió con la suya. Menos mal.

Duro con Alanís. Mientras la legión extranjera en México se sigue llenado de nombres desconocidos y el América intenta sumar a su francés procedente del futbol turco un holandés baratón, don Jorge Vergara, señor de horca y cuchillo que ejerce de dueño en el Omnilife y franquicia futbolera adjunta, le pasó a su asalariado Matías Almeyda una instrucción irrevocable de banca perpetua para Oswaldo Alanís, defensa internacional del Rebaño que cometió la insolencia de solicitarle aumento de sueldo.

Merecido se lo tiene, por no saber distinguir entre quién manda y quién está obligado a obedecer y callar en el país del pacto de gavilleros. Una distinción que Almeyda, por lo visto, sí tiene bien clara. Aunque a lo mejor ha sido la suya una concesión meramente estratégica, para ganar tiempo mientras su agente lo acomoda en otro confín del mundo, lejos de México y de sus usos y costumbres feudales. En cuanto a Alanís, hay rumores que lo sitúan en el Getafe, otra “potencia” del viejo continente.

Europa en la mira. Mientras eso, lo habitual, ocurre en nuestro patio doméstico, las ligas europeas –máxima expresión disponible de seriedad competitiva– han reanudado su marcha con parecida celeridad, ignorando, en la mayoría de los casos, el antiguo paro de navidad–año nuevo, porque hay que seguir comercializando el producto para las televisoras asiáticas y los consumidores de ojos rasgados, según se vio ya cuando el último clásico del año (Real Madrid 0, Barcelona 3) la liga española lo programó para un sábado a las 13 horas, horario de ruptura total con las costumbres locales al que, sin embargo, los aficionados madrileños tuvieron que acoplarse.

Líderes en fuga. Los publicronistas dedicados a ensalzar las virtudes de la Primera División mexicana insisten en que la nuestra es una gran liga, porque “cualquiera puede ganarla… ¡tenemos la competencia más pareja del mundo!”. Afirmación excesiva, si consideramos que hay un largo puñado de pseudoequipos que ni por milagro de los reyes magos podrían soñar con la minicorona semestral, ocupados sólo en evadir el descenso, que es como decir, en endosárselo al último que tuvo la osadía de avanzar a Primera División, considerada por los dueños como su coto privado. Pero en la alborada de este 2018, buen argumento les viene prestando la marcha de los principales torneos europeos, pues salvo en Italia, los líderes llevan camino de consagrarse campeones con meses de anticipación.

Inglaterra. La esperada disputa local entre los viejos “amigos” Pep Guardiola (Manchester City) y José Mourinho (Manchester United) quedó en agua de borrajas, porque a estas alturas, la ventaja del City al frente de la liga se antoja estratosférica (lleva 62 puntos, invicto tras 22 jornadas, contra apenas 47 del sublíder ManU). El Chelsea, campeón defensor, tiene uno menos que los de Mourinho; Liverpool, cuarto de la tabla, anda en 44, y el Tottenham, que pintaba para caballo negro antes del pitazo inicial, apenas araña 41. Es decir, galopa 21 puntos por debajo del líder y dos arriba del Arsenal de Arsene Wenger, cada vez más desacreditado a pesar de que acaba de romper el récord de permanencia al frente de un equipo inglés, que estaba en manos de sir Alex Ferguson.

 

España. Justo antes de que la liga se ponga en marcha se disputa allí la Supercopa. En la de 2017, el monarca liguero zarandeó de tal manera al copero –Real Madrid 5, Barcelona 1 en el global– que nadie daba un pepino por la suerte futura de los blaugranas, en shock tras la huida de Neymar al PSV; por contraste, el merengue de Zidane parecía imbatible. Y ya lo ven, ha sido todo lo contrario: Ernesto Valverde atinó a recomponerle la maquinaria catalana, y con pocos rastros del tikitaka avanza invicto rumbo al título, permitiéndose incluso lujos como la goleada del 23 de diciembre en Chamartín –a lo largo de su carrera, Messi, que ese día clavó un penalti, le ha convertido 25 dianas al Madrid, 15 de ellas en el propio estadio Bernabéu–. Sin ser tan exagerada como la del City en Inglaterra, su ventaja de nueve puntos sobre el Atlético (48 contra 39) hace que el Barça huela a campeón por anticipado. ¿El Madrid? Allá lejos, con modestas 32 unidades, que de vencer en partido pendiente al Leganés no le permitirían siquiera igualar los 37 que tiene el Valencia. Si 2017 fue el año grande de Zizou Zidane al frente de los blancos, 2018 puede ser el de su fulminante caída si llegase a fracasar ante el PSG en octavos de final de la Champions.

Francia. Otra liga sin chiste a estas alturas, con robo a chequera armada por el PSG, cuyos 50 puntos ya lo distancian nueve del Mónaco y el Lyon, meras comparsas en materia de nómina, rendimiento y posibilidades. Torneo más tranquilo, más tocador, menos físico el francés, puede aplicársele literalmente la expresión “ése juega en otra liga” hablando del arrasador club parisino, que suma cinco títulos consecutivos. En cambio, el país de Balzac es, con mucho, el mejor exportador de jóvenes con pinta de cracks, casi todos de ascendencia africana, desde los Drogbá y Varene hasta los Umtití y Mbappé. Algo deben estar haciendo muy bien los clubes en su trabajo de fuerzas básicas. Aun así, la selección gala no está en la primera fila de los favoritos para Rusia 2018. Dicho esto por ver si le bajamos a los sueños guajiros del quinto partido y al cuento ése de la “generación dorada”, formada por suplentes de clubes europeos segundones y poco más.

Alemania. Acostumbrado el mundo a ver la bundesliga como patrimonio del Bayern Múnich, el paro del 16 de diciembre –porqué allá el invierno no perdona– encontró a los bávaros 11 puntos por arriba del Schalke 04 (41 vs 30); la clamorosa defección del Borussia Dortmund, en otros años un animoso aunque retador del Bayern, ha ahondado las diferencias. Con todo, se trata de un torneo en el que muy pocos partidos pierden el tono competitivo y agradablemente ofensivo que ha resituado a Alemania como potencia número uno del orbe. La lástima es que nuestros compatriotas Carlos Salcedo y Marco Fabián (Eintracht Fráncfort) apenas hayan visto acción en la temporada, el tapatío por la gravedad de su lesión costal y el chilango por decisión soberana del técnico.

Italia. Un caso semejante es el de Héctor Moreno, que pasó del PSV al Roma solamente para comer banca. El calcio actual no se parece al de otros años, en que Juventus arrollaba de cabo a rabo; ahora tuvo un arranque lento y, para cuando se entonó, tenía por delante a un Nápoli que  aún hoy sigue arriba, aunque precariamente: 51 puntos por 50 de la temible Cebra. El inter, invicto muchas semanas, cayó en picada (42) y a los romanistas no les va mejor (39 y ya los supera Lazio, con 40). Como quiera, el panorama es mejor que en otras ligas, si bien la Juve es favorito universal por encima de un Napoli de progresión y toque mucho más vistosos.

Read 11 times Last modified on Monday, 08 January 2018 12:58
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