La singular revelación partió de Televisa, como tantas otras “primicias” de dudoso rigor. Resulta, proclamó en reportaje especial la televisora, que el Pachuca ha sido favorecido de diversas maneras por sucesivos gobiernos del estado de Hidalgo: cesión gratuita de terrenos, exenciones de impuestos, contribución al mantenimiento de un moderno estadio cedido en comodato, apoyos diversos para erigir la llamada Universidad del Futbol, subvención de viajes de viejas glorias procedentes de Europa y Sudamérica, y un larguísimo etcétera. Jesús Martínez, líder y propietario tanto del Pachuca como del León, ha denunciado como móvil la inquina despertada en los televisos por su manifiesta oposición a un acuerdo más que sospechoso para transmitir en exclusiva mundiales venideros, a cambio de un pago muy inferior al que ofrecía el consorcio de medios capitaneado por Carlos Slim, a la sazón copropietario de ambos clubes “rebeldes”.

Práctica recurrente. Práctica recurrente. Más allá de que el ataque frontal de la televisora de Azcárraga Jean a la organización Tuza represente la primera cuarteadura conocida en el sólido edificio del pacto de gavilleros, las prácticas estatales de apoyo económico al futbol profesional son en México casi tan antiguas como la invención de la rueda. En este caso, la rueda de la fortuna para los clubes procede del erario de diversos gobiernos estatales, a salvo, quizás, los equipos capitalinos y los regiomontanos, dicho sea con todas las reservas que la prudencia aconseja. Fuera de ellos, la Primera División de México –y también las demás categorías “profesionales”–se ha nutrido de subsidios acordados por el señor gobernador en turno para mantener encendida la llama de la “afición” futbolera, con lo cual dicen contribuir a mantener entretenida a su población y al fomento del “turismo deportivo”, al tiempo que se promociona en los medios el nombre de su entidad. Lo curioso es que todo esto lo declaran cuando ya no les queda otra –Jesús Martínez, no gobernante pero sí beneficiario, acaba de reiterarlo en su forzada réplica–, porque usualmente este dispendio de los dineros del contribuyente se mantiene en sigilo, ya se trate de la infraestructura urbana necesaria para acceder al nuevo estadio de las Chivas –costosísima– o de la puesta del club local en las “manos idóneas”, que suelen ser las de familiares, televisoras, socios o prestanombres cercanos al mandatario de referencia.

Casos escandalosos. Pero dejando de lado las subvenciones, exenciones y demás prácticas habituales –que, cuando llega el cambio de gobierno no excluyen la amenaza del “dueño” de hacer emigrar a su equipo si la nueva administración no mantiene los generosos “estímulos” de la saliente–, ha habido casos que claman al cielo. Tal vez el más notorio fue el del Veracruz durante la gubernatura de Miguel Alemán Velasco, que terminó con un desfalco millonario en las arcas estatales y las cartas de propiedad de los futbolistas mejor cotizados en la bolsa de Rafael Herrerías, el operador favorito de la familia Alemán en ése y otros negocios parecidamente turbios.

Por su parte, Jaguares de Chipas fue –como varios más– un equipo “hechizo”, procedente de una franquicia adquirida por quien a la sazón gobernaba un estado sin antecedentes futboleros, que para armar su equipo remozó el estadio y compró jugadores extranjeros de cierto renombre, que arribaban a Tuxtla Gutiérrez a bordo del avión oficial del gobernador. Reciente está lo ocurrido al reducir drásticamente su “colaboración” el gobierno siguiente: los “dueños” de Jaguares –que lo eran asimismo del Puebla– llevaron al club a la quiebra primero y en seguida a su desaparición del mapa futbolístico. A la franja la salvó TV Azteca –un caso más de multipropiedad–, provisionalmente al menos.

Otros han corrido con mejor suerte –Santos, Necaxa, Xolos, Atlante, Morelia, Querétaro, Dorados, San Luis y tantos más, de Primera y de Primera A–, pero a costa de que se dilapide en ellos el erario de sus estados, desviando a particulares recursos tan inaplazables y urgentes como los que sin duda demanda la educación, la cultura, el combate a la pobreza, la protección del ambiente y los apoyos al campo, abandonos que mantienen a México como uno de los países más desiguales y corruptos del orbe.

Y sin que la calidad de su futbol refleje para nada tan discrecionales e injustificados dispendios.

¡Salve, maestro! Para dar una idea de la labor que está realizando Enrique Meza por rumbos del Cuauhtémoc basta con repasar lo que ha sido el equipo franjado a lo largo de este siglo: un desastre organizativo y futbolístico, en permanente coqueteo con el descenso, que en dos ocasiones no logró eludir. O, en ahorro de datos duros, comparar cualquier partido de los que fueron dejando desierto el estadio de la autopista con el que el viernes le costó al Guadalajara una de sus derrotas más contundentes y penosas. Porque vaya cátedra la que le dio el “Ojitos” al DT de enfrente, reducido su pretencioso equipo por el bien aceitado funcionamiento de la franja a un grupo desorientado, sin juego ni moral ni nada interesante que ofrecer a sus siempre numerosos seguidores, acallados al final por los estentóreos olés con que el público poblano coreó el baile obsequiado a los tapatíos por un Puebla más seguro que nunca de su juego y alcances.

Lástima que éstos no incluyan un ataque capaz de convertir en cifras tangibles sus numerosas y variadas llegadas a la puerta del rival, porque de haber contado con rematadores contundentes, el marcador en contra de los exrojiblancos habría sido escandaloso (exrojiblancos, sí, porque con el menudeo de uniformes de tercera y cuarta generación, el futbol actual ha renunciado definitivamente a la fidelidad a unos colores para ceder a la vorágine impuesta por las marcas y la venta de camisetas).

Superioridad absoluta. Los dos goles del Puebla cayeron justo al principio y al final del primer tiempo (Fernández a los 2’, Cavallini a los 45’), que la franja dominó en todos los terrenos, pese a algunos chispazos tapatíos en ataque, basados en el buen toque, ya que no en la eficacia. Y es que la defensiva poblana esta vez no flaqueó, perfectamente organizada y con criterio para elegir entre la finta y el pase corto o el despeje de urgencia. Por lo demás, quedó claro quién mandaba sobre el terreno, qué equipo respondía a una organización bien planificada y qué individualidades despuntaban. Y eso todo fue poblano.

Para el segundo tiempo se esperaba la reacción del Guadalajara. Lo que vimos fue un premioso traslado de pelota de los de Almeyda, ante un Puebla serenamente organizado para resistir la marea alta y preparar el contragolpe con mucho más tino que prisa. Lo que se llama dominar los tiempos del partido. Dos ocasiones claras tuvo el chiverío: el remate de Brizuela al travesaño y el “hombrazo” de Pulido –un náufrago total– que rozó el ángulo izquierdo de un Moi Muñoz que no pasó más sobresaltos. A cambio, los hombres de franja azul abrieron en flor la defensiva omnilifera al menos cuatro veces, incluidos el par de infames calcetinazos de Cavallini con el arco a su entera disposición.

Acuña, Angulo y Chumacero. El güero boliviano pone tanto ardor y afán en cada jugada que, cuando se marchó expulsado a los 88’, lo despidieron con una ovación de gala. No hay para él balón perdido, y es una preocupación permanente para el rival. En cuanto al lateral colombiano, su ir y venir por el carril izquierdo se caracteriza, al contrario del de Chuma, por aunar técnica y tino para concluir sus veloces incursiones. Pero la figura fue sin duda Paco Acuña, patrón del medio campo y administrador idóneo de los tiempos y movimientos del Puebla. Dentro de un rendimiento llamativamente parejo de todos. Un verdadero equipo, producto del sabio liderazgo del profe Meza.

El “Maza” propicia debacle lobuna. El sábado, en el Azteca, Lobos BUAP se había plantado bien en la cancha, y Marchesín ya había salvado dos situaciones de gol cuando un alevoso golpe por detrás sobre Peralta le costó al “Maza” Rodríguez la tarjeta roja (25’). Ahí empezó otro partido, con el América obligado a buscar el arco de Villalpando y los licántropos presa de atroz desconcierto. Y vino la goleada, el 5–1 contundente, que hunde a Lobos en la tabla del descenso y lo coloca ante un negro panorama, pues, para colmo, Veracruz sacó los tres puntos de Querétaro (0–1). El cociente jarocho es ya de 1.0337, a un suspiro del 1.0952 del cuadro universitario. A temblar tocan.

Descaro. Demasiada saliva y tinta se dedicó al partidito molero de media semana que una especie de México C le ganó por la mínima a la Sub 21 de Bosnia–Herzegovina. La publicrónica aprovechó para denostar una vez más a Osorio, en medio de veladas menciones a Almeyda y el Piojo como posibles e idóneos herederos del colombiano al mando del Tri. Hablando de DTs cuya “sabiduría” ha brillado tanto a últimas fechas.

Read 241 times Last modified on Tuesday, 06 February 2018 09:01
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