Había nervios antes del partido. Y mucha gente procedente de Veracruz. Pero a la hora buena, Lobos llenó el escenario de futbol y la red del Tiburón de goles. Fuera del mar, los escualos fueron asfixiándose sin hacer ruido. ¿A qué jugó el Veracruz? El último en saberlo sería Memo Vázquez. ¿Cómo jugó Lobos? Con hambre pero con orden, con mucha enjundia pero con las ideas muy claras. Los centrales, con Erpen tuvieron poquísimo trabajo porque todo el equipo contribuyó a la recuperación. Sin centro delantero fijo –Quiñones fue banca hasta los 70’– la movilidad d elos de adelante enloqueció a la zaga jarocha. Y se dio la paradoja de que el equipo, con su base de veteranos, pareciera volar sobre el césped, en contraste con la pesadez y el extravío veracruzanos. Carlos Morales parecía novato, El Maza empujaba como antaño, el mediocampo se anticipaba, tocaba, y lanzaba sus lebreles al ataque. Y Diego Jiménez falló muchos goles, casi tantos como salvaba Melitón, que evitó una masacre histórica. Hasta que otro “chamaquito”, Erpen, materializó el asedio lobuno en el marcador rematando con la frente un córner desde la izquierda (39’). Un 1–0 esperanzador pero demasiado muy corto para el cúmulo de oportunidades  del primer tiempo.

El segundo empezó con Jiménez cruzando de más, sólo y su alma, un bombón servido por Ávila luego de punzante penetración por la izquierda. Y casi enseguida, el 2–0, cuando Cortés, con la mayor calma, tomó un rebote en Melitón y la puso en el ángulo contrario, por encima de un mar de cabezas (55’). Si el Veracruz ya no existía, a partir de entonces se declaró cadáver. Lobos ganaba todos los balones, tocaba lateralmente para profundizar de repente, las ocasiones de gol de sucedían y los escualos solo miraban. Melitón era un coloso, pero no tanto que impidiera el gol de –¡por fin!– Dieguito Jiménez, fusilamiento inclemente a pase de Gabriel Cortés, que les madrugó a los defensas al cobrar una falta sobre la lateral zurda (69’). Casi enseguida entró Quiñonez, pero sería otro recién llegado, Amione, el autor del cuarto tanto, cabeceando con comodidad y tino un centro de Advíncula (83’). Y en pleno baile el 5–0, obra de Irving Ávila que se marchó solo por la izquierda y remató de zurda al primer poste, arriba del atribulado Melitón.

¿Conjuraría ya Lobos BUAP el fantasma del descenso? De ninguna manera. Esto ha sido una tregua solamente. Pero lo verdaderamente trascendente es que el equipo se demostró a sí mismo y le demostró a su técnico de lo que es capaz. Ofreció el sábado su mejor rendimiento en Primera División. Pero deberá prepararse para enfrentar cuadros bastante menos blandos y perdidos que este Veracruz con la soga al cuello y la cabeza en otro sitio. Fuera del agua, los escualos no sobreviven.

Como resultado del subidón lobuno y las derrotas de Atlas, Querétaro y Veracruz, la situación en la tabla de cocientes está ahora así: Puebla 1.2234, Lobos BUAP 1.1923, rojinegros y Gallos Blancos 1.1170 y Tiburones Rojos 1.0319. Con razón Kuri es de los entusiastas de suprimir el descenso–ascenso.

Necaxa frenó al Puebla. La franja del “Ojitos” Meza afrontó su encuentro más difícil del año en el Cuauhtémoc. Y el Necaxa le quebró la racha perfecta que llevaba en la llamada “canasta básica” –como el humor popular ha rebautizado al coliseo de la autopista atendiendo a su charro aspecto. También fue el partido más desabrido del torneo, tal vez porque ninguno de los dos daba su brazo a torcer. Neutralizados ambos, las ocasiones de gol y las emociones fueron en consecuencia escasas. Y cuando, casi al final, parecía que el Puebla se saldría con la suya –el gol de Guerrero, en remate distante que se desvió en un defensa engañando a Barovero (79’)–, una ráfaga de Martín Barragán, arribando en diagonal a la media luna y enganchando de medio giro con la zurda para batir a Muñoz por el ángulo superior derecho en un auténtico golazo (90’) puso justicia en el resultado. Porque el Necaxa no merecía perder, ni la dirección técnica de Ambriz desmereció en absoluto frente a la sabiduría de Enrique Meza.

Barragán entró al partido en el minuto 82 y está en el Necaxa luego de ser desechado por el Atlas. Es decir, por el colero absoluto de la Primera División mexicana.

Aflojó la Champions. Si la apertura de los octavos de final, una semana atrás, deparó buenos partidos y mejores emociones al televidente, la complementaria de dicha ronda salió bastante chata. Ni siquiera el Barcelona estuvo a tono en su visita a Londres, dándose por bien servido con un empate debido a la astucia y decisión de Iniesta para ganar un balón entre tres defensores que se hicieron mosca entre ellos y servirle el gol a Messi, que no perdonó (80’). Increíble el descuido de un Chelsea que si en algo se esmeró fue en mantenerse a resguardo, como si no fuera el local ni le importara la victoria. Y si estuvo cerca de conseguirla fue gracias al brasileño William, el mejor sobre la cancha, que antes de clarear a Ter Stegen desde fuera del área (62’) había estrellado dos misiles teledirigidos en ambos verticales, primero el izquierdo y luego el derecho, todo esto durante una primera mitad tan floja en general como la segunda. Equipo de escaso vuelo el del italiano Conte –que sigue en la cuerda floja– y decepcionante bajón del Barsa, que salió a juegar como quien está más allá del bien y del mal. Mala cosa.

El 5–0 del Bayern sobre el Besiktas turco en el Múnich Arena de hecho dejó ya definida la segunda llave. Aunque algo tiene de engañoso, pues los de Estambul, con un hombre menos desde el minuto 16 por expulsión más que rigorista de su central Vida, resistieron el 0–0 casi hasta el intermedio (gol de Müller a los 45’). Tras el descanso, ante un rival exhausto y desarticulado, espabilaron los bávaros: marcó Coman, volvió a anotar Müller y Lewandoswski se despachó con doblete. A falta de partido, la masacre.

De los encuentros del miércoles, el mejor –bueno a secas– fue el que el Shakhtar le ganó en Ucrania a la Roma, con goles del argentino Facundo Ferreyra (52’) y el brasileño Federico Rodrigues Santos (71’), que remontaron tanto abridor del turco Cengiz Ünder (41’). Interesante toma y daca que concluyó con salvación milagrosa del arquero romanista frente al propio Ferreyra. Espadas en alto y definición en el Olímpico romano.

Pésima imagen dejó el Manchester United de Mourinho a su paso por Sevilla, donde un extraordinario De Gea libró de algo peor que el 0–0 al once inglés, muy amarrado atrás y descolorido a morir en todos los departamentos. Los andaluces hicieron todo por ganar excepto meterla entre los tres postes, con su artillero Muriel como el peor damnificado por la decisiva actuación de De Gea. Mou, impertérrito ante los justos palos de la crítica.

Violencia rusa en Bilbao. El Spartak de Moscú no fue capaz de superar al Athletic vasco en su duelo de 1/16 de final por la Copa de la UEFA, pero sus seguidores armaron más de una zacapela callejera, con saldo lamentable de un policía muerto, un sinfín de contusos y algún apuñalado como resultado de la violencia desatada por tan rudos huéspedes, bien servidos de alcohol a esas alturas. El fenómeno hooligan revive justo cuando Rusia se prepara para su mundial, detalle que ha puesto a cavilar tanto a la UEFA como a la mismísima FIFA, que se supone ha recibido toda clase de garantías de seguridad por parte del país organizador.

A ver en qué para el deplorable tema.

Final de los Juegos. La mayoría de sus deportes invernales nos resultan extraños, pero hay cosas extraordinarias, de ésas que uno daría algo por no perderse. Para mi gusto, el patinaje artístico de damas y su fabulosa final del jueves, dominada por las rusas Alina Zagitova (oro) y Evgena Medvedeva (plata), bronce fue para la canadiense Osmond, y una permanente saturación de belleza inundándolo todo. Y de otra manera, muy emotiva la ruda final de jockey sobre hielo que ganaron los rusos a los alemanes (4–3 en tiempo extra). Y ni hablar de la famosa prueba de salto largo, en que los competidores surcan los aires de manera impresionante, sin más apoyo que su valor y su destreza, para aterrizar a más de 200 metros del punto de despegue. O el esquí a campotraviesa, abuela y madre de todas las competencias sobre la nieve.

Pero la reina de los Juegos fue la noruega Marit Bjoergen, que batió la marca de medallas de su compatriota Ole Einar Bjoerndalen al obtener 14, contando sus cuatro participaciones a los 37 años. Antes del cierre, Noruega encabezaba el medallero con 38 preseas –13 de oro–, por delante de Alemania (28/13) y Canadá (29/11). Y la ceremonia del cierre prometía ser otra delicia, basada más en la creatividad coreana que en el abuso de la tecnología.

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