Lobos BUAP o el drama sin fin. ¿Qué el Veracruz pierde? Pues allá va la manada a imitarlo. Espíritu de lucha no le faltará. Futbol sí. Y hasta las Chivas –un cuadro limitadísimo– puede sacar raja de la situación.

Ahora bien. Sin haber repetido su notable desempeño de 15 días atrás, Lobos no merecía perder. Lo mató un gol madrugador (Macías a los 6’, servido por Brizuela ante una permisiva zaga poblana) y la expulsión de Pedro Aquino (37’), en decisión poco clara del árbitro Diego Montaño, de mal trabajo en general. El Guadalajara fue una completa decepción. Lo ha sido incluso para sus propios jugadores (ahí está lo declarado por Alan Pulido) y es evidente la baja forma de sus presuntas estrellas (Pulido a la cabeza) y la pérdida de autoridad de Almeyda luego del affaire–Alanís. Lobos, remando contra la corriente del gol en contra, la cerrazón tapatía y el hombre de menos, llegó a comprometer a Cota, aunque sin la contundencia necesaria. La derrota, dolorosa, anuló lo ganado cuando perdió en Morelia el Veracruz (0–2), que sigue de colero absoluto.

Triste Puebla. El viernes en el Jalisco, el Puebla ofreció su versión más débil. Nada que ver con lo de Monterrey. Ante el Atlas, hasta Enrique Meza perdió los papeles y les puso a los rojinegros en charola la ocasión por la que ellos y Romano suspiraban. Empezó sin Acuña ni Chumacero, lo que condenaba al equipo a un ejercicio de tenencia de balón para el que pronto se declaró incapaz. Y si la defensa de cinco buscaba garantizar un puntito, un gol de vestidor castigaría su exceso de confianza  –aprovechado por Garnica para servir y Caraggio para cabecear a bocajarro a los 40 segundos del complementario–, y por la posterior expulsión del peruano Santamaría por faul de último hombre a las puertas del área. El Atlas, que es un laberinto conceptual y lingüístico a tono con los usos y costumbres tritura–planteles de nuestra Primera División –la sin descenso ni decencia–, simplemente se aferró al salvavidas que le ofrecía el Puebla y rescató tres puntos que hunden todavía más al Tiburón jarocho.

Cuidado con el Madrid. Sin opciones ya de defender su título de liga en España, los merengues exhibieron en el parque de los Príncipes la cruda realidad del PSG, que de equipo más caro del mundo pasó a fiasco más clamoroso de la Champions, de la cual ha quedado fuera en octavos de final. Bastó que los parisinos tuvieran que prescindir de Neymar, su lesionado fichaje estrella, para que no supieran cómo resolver el galimatías de dos goles en contra que les impuso el Real Madrid en el Bernabéu.

Sin el astro brasileño al lado ni dirección una técnica adecuada, fracasaron al parejo Cavani, Di María y Mbappé, las joyas de la delantera del pretencioso Nasser Al–kelaifi, el propietario qatarí del club parisino. Que ya estaba 0–1 abajo (Cristiano, 51’) cuando perdió por doble amarilla al italiano Verratti, otro del que se esperaban grandes cosas y no se vio. En la acera opuesta, Zidane atinó al enviar a liza como inicialistas a Lucas Vázquez (que sirvió el primer gol y batalló con acierto y temple toda la noche) y al joven Asensio, desequilibrante por habilidad, sorpresa y garra. En cambio, Benzamá, con su desacierto rematador –con todo para abrir el marcador dejó ir un mano a mano fácil ante Areolá–, volvió a hacerle quedar mal a Zozou su terca fijación con la titularidad del paisano.

Los dos goles que determinaron el 1–2  –global de 5–2 para el Madrid– cayeron de carambola en sendos rebotes propios de las aglomeraciones del futbol actual, aunque oficialmente se les atribuyeran a Cavani (71’) y Casemiro (80’). Más ocasiones de anotar tuvo el visitante, hasta el punto de consagrar a Areolá como la única figura destacable del marchito once parisino, que no vio la suya en toda la noche.

La Juve sabe sobevivir. Al día siguiente, en Londres, Juventus se mostró como el perfecto equipo italiano. Bailado y mareado por el Tottenham en el primer tiempo, con el sudcoreano Heug–Min Son como pesadilla permanente de Barzagli por la banda zurda y autor del tanto inicial en otro rebote de tantos (39’), pero asimismo responsable de fallar varios más por un desacierto rematador nada acorde con su rapidez y habilidad. Hasta el primer cuarto de hora del complementario, la Juve no se había acercado siquiera al portal del galo Lloris. Pero un cambio desesperado de Allegri –metió al suizo Leichsteiner con la misión de contener la hemorragia por el lateral derecho– y tres minutos de buena fortuna bastaron para voltear el resultado y la eliminatoria.

Culpables directos de la caída de los Spurfueron los dos argentinos de la Cebra: primero, Gonzalo Higuaín cazó a bocajarro un frentazo lateral de Khedira para batir a Lloris (64’), y tres minutos después, el mismo Higuaín giraba con la pelota como eje para filtrar un servicio de oro que su paisano Dybala hizo efectivo fusilando al arquero francés, algo lento en su salida (67’). Del doble golpe ya no se repondría el Tottenham, cuyo pasmo delató que aún le queda mucho rodaje antes de convertirse en un real opositor a la orejona.

Puro trámite. Las otras dos llaves estaban resueltas de antemano, y en nada le afectó al Liverpool ceder un 0–0 ante el Porto en Anfield (5–0 global). Tampoco al ManCity dejarse arrebatar en casa su invicto del torneo al perder ante un voluntarioso Basilea (1–2 para 5–2 global). Por cierto, con la eliminación del Porto –y consecuentemente de Herrera, Reyes y Corona– pierde México a sus últimos representantes en la Champions. Porque Layún, por reglamento, no podrá alinear con el Sevilla, que visita mañana Old Trafford para intentar romper el 0–0 que, con bastante suerte, sacó el ManU de Mourinho del Sánchez Pizjuán.

Rebelión en la Concachampions. Acostumbrados a ver la Copa regional como patrimonio inamovible, el futbol mexicano recibió esta semana severo correctivo por parte de los equipos de la MSL que se le han cruzado en octavos de final. Solamente el América –no por nada el club azteca actualmente más en forma– cumplió su parte liquidando al inocente Tauro de Panamá ante sus escasos seguidores presentes el martes en el Azteca (4–0). Porque de las otras tres escuadras mexicas no se hacía una, como suele decirse.

Xolos, Tigres y Chivas, out. Por principio, el martes, Xolos se encontró con par de embestidas del NY Red Bulls que le destrozaron los cristales de su propia casa, un 0–2 categórico aunque influyera el árbitro al anularles a los canes un gol legítimo. Tijuana tuvo el balón y la iniciativa, Red Bulls los goles, ambos de Wright–Phillips (9’ y 67’), y un colosal guardameta en Luis Robles, que le detuvo todo a la artillería fronteriza.

Y al día siguiente, más sofocones. En Seattle, las Chivas se encontraron con un apoyo mayoritario en el público que llenaba el estadio, pero también con un adversario correoso e incisivo, que tras prometedor inicio de los de Almeyda –por chambón, Pulido se perdió un mano a mano con el arquero que era gol en cualquier parte–, superó con claridad a los rojiblancos, aunque su renta se limitara al tanto cobrado por el veteranísimo Clint Dempsey (78’). Escaso premio para la neta superioridad del Sounders local.

Y poquito antes, en la gélida Toronto, la oncena canadiense le recetaba al campeón Tigres más de lo mismo. Sin importar que el chileno Vargas haya abierto el marcador para la visita (52’), el empuje del monarca actual de la MSL fue comprimiendo contra su área al equipo de Ferretti, y acabó por agriarle la noche con par de pepinos, obra de Altidore (60’) y Jonathan Osorio (89’), éste de talón y cuando ya Tigres no sentía lo duro sino lo tupido. Pues la fogocidad del once escarlata contrastó con el melindroso planteamiento felino, típico del Tuca.

Lo que vendrá. Salvo Xolos, que la tiene en sánscrito, se supone que los derrotados clubes aztecas habrán de reponerse y se calificarán a semifinales jugando en casa. Mas resulta que en Toronto, simultáneamente a la victoria del conjunto canadiense sobre el campeón de México, se libraba otra batalla deportiva no apta para cardíacos: fue un toma y daca dramático, por la NBA, el que ofrecieron los Raptors locales y los Pistones de Detroit, derrotados en tiempo extra por 121–119 gracias, fundamentalmente, a la colosal actuación del joven De Rozan, que se despachó personalmente con 42 puntos para la quinteta de Toronto. Lo más relevante es que los dos estadios se llenaron de gente y de emociones. Y que al de futbol le caben bastantes miles más que al de básquet.

Como para ir meditando sobre lo que a la larga, o no tanto, pudiera esperarnos. Y si quieren otro síntoma, ahí tienen al Piojo Herrera quejándose del poco público que va al Azteca cuando juegan sus invictas Águilas.

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