Vamos a pasar por alto los laberintos mentales y verbales de Osorio, las desgraciadas lesiones de Araujo y Salcedo, la torpeza de Layún que costó el penalti convertido por Rakitic y la derrota ante una Croacia llena de suplentes –ni a partidito molero llegó eso–, para concentrarnos en lo que perteneciendo al futuro empieza a tomar forma en el presente. Porque importa el mundial, sí, pero existen indicios bastante claros que pueden ayudarnos a guardar desde ya la serenidad, como antídoto para no recaer, como cada cuatro años, en las infames redes del comercio televisivo.

Osorio, de salida. Lo que el DT hace y dice tiene todas las trazas de un “ahí se ven, mexicanos: al fin que ni soy de aquí”. Él empezó la ruta, hace cuatro años, asumiendo que con la selección nuestra se podía hacer cualquier cosa que le “sugiriera” el patrón porque partía de una realidad esencial: la pareja mediocridad de los jugadores.

¿Qué a la Femexfut se le ocurría pedirle que armara dos o tres equipos “nacionales” para otros tantos torneos de su aberrante calendario? Pues allá va el hombre a convocar a sesenta o setenta tipos perfectamente intercambiables entre sí (que para mí ahí está el origen de las famosas rotaciones, con las que luego se iría de abuso el colombiano).

¿Qué los patrocinadores demandan la presencia de los “europeos” para inflar convenientemente el producto? Pues muy a la orden, señores que me pagan y protegen de las iras de la prensa “nacionalista”, volcada contra el intruso que vino del sur.

¿Qué el tiempo de trabajo en el campo y en la concentración lo perturban los propios anunciantes, al disponer de los “muchachos” de acuerdo con los imperativos de su agenda sin ningún respeto a la del DT? Pues dinero manda y hay que cuadrarse.

En resumidas cuentas, que, a estas alturas, Juan Carlos Osorio actúa como alguien que está más allá del bien y del mal. El hombre no es tonto y entiende que a su equipo, en Rusia, le espera un gulag programado científicamente –Alemania de aperitivo, y si de casualidad pasamos a octavos, Brasil. ¿Rotar o no rotar? Ésa no es la cuestión. Para el DT la cuestión es viajar de Rusia a Colombia sin pasar por México. Ya después Dios dirá.

Plantel blindado. Algo que no acaba de comprender mucha gente es la férrea, inalterable defensa que los jugadores hacen de su DT, lo mismo si son europeos o juegan en casa, si ya no se cuecen al primer hervor o se trata de jóvenes agradecidos por “haber sido tomados en cuenta”. Todos hablan maravillas del profe Osorio y su trabajo, de su invariable respeto por cada uno, de la claridad de sus conceptos y lo atinado de sus instrucciones, que todos entienden y aplican a la perfección. Y además, van para campeones del mundo. Asombroso, porque esto es algo que no se atreven a afirmar ni los alemanes ni los españoles ni los brasileños. Pero ahí está la publicrónica, para respaldar sin mayores objeciones el disparate: ¿qué sentido tendría afrontar un torneo –dicen los “sabios” de pacotilla– sin la ciega convicción de que “se compite para ganar”?

En todo lo anterior, el plantel siempre responde como un solo hombre. Y si alguien se atreve a criticar a su mentor o a sugerirles un mínimo sentido de la autocrítica, “les pedimos a los aficionados que no le hagan caso, que no se dejen engañar”.

Lo que en realidad ocurre es que los jugadores –que tampoco están en el limbo, por mucho lavado cerebral que les aplique el colombiano– conocen sus reales alcances y su exacta ubicación en el mercado internacional: tienen claro que no son ya no digamos estrellas, sino en la mayoría de los casos ni siquiera titulares en clubes muy medianos –aunque eso sí, europeos–; en cuanto a los que permanecen en México, saben que para figurar en la lista definitiva les conviene quedar bien con el DT, independientemente de que éste es una persona de trato muy correcto y hábil conductor de grupos.

Y algo más importante todavía: lo que une a ambas clases de seleccionables –foráneos y domésticos– es su convicción de que, mientras los dardos de la crítica y el enardecimiento patrio tengan por blanco exclusivo al colombiano, sus nombres y famas permanecen relativamente a salvo de análisis y censuras, pues otra de las cantinelas puestas a circular por la publicrónica es que, en materia de talento futbolístico, contamos con una “generación dorada” (?), miserablemente desperdiciada por la clamorosa ineptitud de Osorio. De manera que más que un asunto de sincera gratitud a un gran líder, estamos ante una actitud acomodaticia y de mera conveniencia por parte de los “muchachos”.

En síntesis: mientras Osorio flota el Tri viaja en caída libre, pero nuestros “astros” no se afligen gran cosa porque llevan puesto su paracaídas de manufactura colombiana.

Para drama, el de Argentina. Cerca de un millar de argentinos se ganan la vida jugando futbol por el ancho mundo, de Inglaterra a la India y de Tokio a París. El país del Plata cuenta, además, con el mejor futbolista de la época. Para confirmar su superioridad, sólo le falta ganar la Copa FIFA, que de paso haría justicia a Lionel Messi y su asombrosa trayectoria personal. Pero hace 27 años que Argentina no gana nada. “Hemos perdido por pura mufa, che”. Pero la Mufa –mala suerteen lunfardo–, no tuvo ninguna culpa de la debacle del pasado martes en el Wanda Metropolitano, que hasta les salió barata. Tampoco de los continuos fracasos de la albiceleste a lo largo de casi tres decenios. Argentina llegó hasta donde llegó con lo que tiene. En materia de jugadores, organización, orgullo y petulancia. Pues ni con la leyenda de Messi, el ungido, tiene con qué aspirar a la victoria, en Rusia, el equipo de Sampaoli. Dicho lo de “equipo” por usar el término común, no porque España se haya encontrado con un oponente medianamente estructurado la noche del 6–1, del triplete de Isco, del extravío total de esa ensalada de viejos y nuevos “valores” que Sampaoli puso sobre el engramado madrileño el martes fatal.

Argentina carece de futbolistas a la altura de su historial. También de esquema táctico y arrestos para escalar la cumbre ya no digamos de un mundial, de una Copa América siquiera. Y uno lo siente por el recuerdo de tantos grandes –equipos y figuras–, y sobre todo por Lionel Messi, maravilla de jugador, divo prodigioso, para gloria… del Barsa.

Curiosa jettatura. La fecha FIFA empezó favoreciendo al futbol de América y terminó exhibiendo su inferioridad con respecto al europeo. Con una excepción: Brasil. Que después de golear a los rusos se presentó en Berlín y terminó con el invicto de 22 partidos que ostentaba Alemania. Una Alemania sin Ter Stegen –Trapp, su suplente, colaboró en el gol de Gabriel Jesús (36’)–, y en la que Joachim Löw hizo diversos cambios y probaturas. Aun así, Brasil –que jugó sin Neymar– es un serio candidato al título mundial.

Sin embargo, hay un reparo que parece de brujería: todas las veces que, en tiempos cercanos a una Copa del Mundo, los amazónicos vencieron a Alemania en su terreno, una especie de mal de ojo teutón se interpuso entre ellos y el trofeo máximo. En cambio, cuando perdió antes con la mannschaft, la gloria fue suya. Y esto no es broma. Vean si no.

1963: Un canarinho novatón y experimental, de gira por Europa, rompe el pronóstico derrotando en Fráncfort a la poderosa Alemania 1–2; luego, en Inglaterra 66, no pasará de la primera ronda, con Pelé lesionado.

1968: Nuevo periplo europeo, prescindiendo de Pelé pero no de las demás estrellas que se coronarían en el México 70, con derrota 2–1 ante la Alemania de Seeler y Beckenbauer.

1973: En Berlín, Alemania 0, Brasil 1 (gol de Dirceu, el que estuvo luego en el América). En el mundial de 1974, el tricampeón Brasil cayó hasta el cuarto puesto.

1978: Vencer 0–1 en Hamburgo (gol de Nunes, que jugaría fugazmente para el Monterrey) no fue buen augurio para Argentina 78. Alemania, campeón defensor, tampoco llegó lejos.

1981: Grandioso partido en Stuttgart, con victoria brasileña por 1–2 (goles de Fischer, Toninho Cerezo y Junior). Pero, en España 82, el delicioso equipo de Telé Santana (Zico, Sócrates, Falcao, Eder…) caerá ante Italia en segunda ronda con triplete de Paulo Rossi.

1998: Antes del mundial Brasil visita Stuttgart y vence 1–2 a la mannschaft (Sampaio, Kirshten y Ronaldo, autores de los goles). A los pocos meses, en Francia 98, la verdeamarelha –favorito unánime– decepciona y pierde la final ante los galos (3–0).

2005: Copa Confederaciones previa a Alemania 2006: Brasil derrota en semifinales al anfitrión (2–3 en Nurenberg, con doblete de Adriano). Ya en el mundial, Francia lo eliminará en cuartos de final.

¿Al vencer el martes a Alemania habrá firmado Brasil su sentencia de muerte mundialista? ¿O será Rusia 2018 donde rompa con una jettatura vigente durante más de medio siglo?

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