Todos sabemos que la de San Isidro en Madrid es, si no la más grandiosa, sí la feria más grandota del año. Y también que triunfar en ella normalmente tendría que traducirse en una mejora sustancial en la cotización, categoría y contratos para quien tal cosa consiga. Pero de los procelosos tiempos que vivimos no hay que esperar demasiada fidelidad a premisas clásicas, tengamos presente que hoy lo que verdaderamente importa es la promoción de la imagen con la mira puesta en el negocio, y más productivo que arrimarse al toro y cortarle las orejas es cultivar amistades taurinas y extrataurinas influyentes, imponer divisas a modo y mantener bien aceitada a la publicrónica.

Pocas novedades. Grandes expectativas había despertado lo dicho y prometido por Simón Casas cuando pugnaba por hacerse del manejo de Las Ventas, expectativas que, a la hora buena, han quedado en bien poco. Lo que el francés ha hecho es continuar la inercia marcada en las últimas décadas por las varias empresas que comodinamente administraron la primera plaza del mundo, con un San Isidro basado en mayoría de carteles baratos, “oportunidades” que rara vez lo son para los modestos, montón de hierros de escasas garantías y unas cuantas divisas recurrentes para los mandones las contadas tardes en que éstos se dejan anunciar, no para competir a cara de perro sino para alternar cansinamente, sin apenas resquicios para novedades que permitirían abrir mínimamente los carteles (eso sí, a los ases les encanta dar o confirmar alternativas por aquello de eludir el primer toro). En realidad, la máxima novedad en la programación isidril de este 2018 es una “Corrida de las Naciones” con seis matadores de otros tantos países para despachar un encierro de El Pilar, ganadería que falló estrepitosamente en la pasada feria sevillana; se celebrará el 31 de mayo y van a torearla Juan Bautista (francés), Luis Bolívar (colombiano), Juan del Álamo (español), Joaquín Galdós (peruano), Luis David (mexicano) y Jesús Enrique Colombo (venezolano). Y si por azar triunfa alguno, no significará que consiga romper la cerrada primera fila. Ni mucho menos. 

El chasco descrito, más que ir en desmedro de Simón Casas, lo que hace es evidenciar el inmutable manejo corporativo de la fiesta que los poderes constituidos de ninguna manera quieren soltar, pese a eventuales declaraciones de alguna primera  figura sobre la necesidad de fomentar el tipo de relevos que ellos mismos se esfuerzan por bloquear.

Lista de sugerencias. Aun así, el poder de sugestión de la isidrada no admite parangón, y no hay aficionado cabal al que no se le haga agua la boca ante la cercanía de la larga serie de corridas dedicadas al santo labrador. La feria rompe el cascarón mañana martes con una novillada y se prolongará hasta el 10 de junio, a festejo diario. El reto consiste en mantener alerta y fresco nuestro gusto por la fiesta, cuidando del indispensable equilibrio entre objetividad y subjetividad, que es lo que permite disfrutar las tardes buenas y soportar con buen ánimo y ojo avizor las tediosas, que según la experiencia serán mayoría.

 

Me atrevo a proponer a los aficionados  –a los de nuevo cuño sobre todo– un sencillo instructivo que el columnista ha desarrollado al cabo de los años, con resultados bastante satisfactorios:

1) Despreocúpate, caro lector, de ver todas las corridas, ya sea de cuerpo presente o como telespectador. Ante semejante maratón hasta el aficionado más ávido es susceptible de sufrir empacho, atorarse y acabar maldiciendo su suerte. No lo imites.

2) Para elegir los festejos que no hay que perderse, guíate sobre todo por la procedencia del ganado y sus antecedentes más o menos próximos en la propia plaza de Las Ventas.

3) Procura mantenerte fiel a tu criterio y convicciones de siempre, sin dejarte arrastrar por la euforia autocomplaciente de la gente del clavel que puebla las barreras de sombra ni por el puritanismo oposicionista y no siempre desinteresado del siete y seguidores.

4) Tu juicio debe ser referido a la faena concreta del espada en turno, no a su condición de figura–marca o voluntarioso secundario, ni a deudas o afanes recientes o remotos.

5) Lo mismo vale si, como sospecho, te aprestas a ver la feria por televisión: hay comentaristas que se expresan desde su leal saber y entender, y otros que tienen explicaciones–disculpas para todo. Aprende a distinguirlos, desechando al charlatán y permitiendo que el que sabe y opina de buena fe enriquezca tu propio punto de vista.

6) Cuando leas las crónicas de las corridas solamente prestarás atención a los tres o cuatro críticos y revisteros capaces de poner al toro por delante, y que al juzgar el desempeño de los diestros se rijan por lo realmente acontecido y no por sus prejuicios, simpatías o compromisos personales, sean éstos de índole económica, amigable o corporativa.

 

7) Como mexicano querrás saber cuándo partirán plaza en Las Ventas paisanos nuestros. Allá va: Joselito Adame va a torear este jueves 10 y el sábado 19; su hermano Luis David el jueves 17 y el jueves 31; y Sergio Flores únicamente el domingo próximo, 13 de mayo.

8) Como el horario vespertino de España coincide con horas de trabajo para casi todos nosotros (las corridas comienzan a las 12 del día, tiempo de México), es bueno saber que el canal Toros repite sus transmisiones por la tarde. Y que siempre existe el recurso de  YouTube, donde cada corrida televisada suele estar disponible a partir del día siguiente.

épico 2 de mayo. Por lo pronto, la golosa afición madrileña ya vivió el primer acto del drama anual en la tradicional corrida goyesca del 2 de mayo. Joselito Arroyo no se anduvo con medias tintas y envió seis torazos astifinos de El Tajo–La Reina, y tres valientes sin tacha pusieron la tila por las nubes con su desmedida entrega, que le costó una cornada pero también una oreja merecidísima a Javier Cortés, del quinto. Fueron sus alternantes Iván Vicente, artista de sobrio clasicismo, que aguantaba de largo las codiciosas acometidas del bravísimo abreplaza y terminó por dar una vuelta al ruedo que supo a poco. Y Gonzalo Caballero, torero pequeño de talla –como Javier Cortés– pero grande en decisión y valentía –como todo el que esa tarde vistió el terno–, que si con la capa no pasaba del parón, acabó muleteando con gusto y parsimonia al cierraplaza: el encastado animal lo hirió levemente, pero él por poco le corta la oreja.

Orejas caras y toros enormes para tres espadas sin nombre pero con redaños y torería para dar y prestar. Preclaro ejemplo para cuantos se aprestan a participar en San Isidro. 

El arte de criar toros bravos. Y hablando de toros de verdad, el jueves se clausuró el ciclo “Los Toros hablados” con una sustanciosa charla del ganadero de El Grullo Juan Carlos González, heredero del siempre bien recordado Pepe González Dorantes. Versó sobre la importación de ganado español que llevó a cabo su padre conjuntamente con Joselito y Enrique Martín Arranz en 1997, toros de procedencia Saltillo–Santa Coloma –cuya sangre ha potenciado lo de El Grullo– y también de Parladé, con la que don José fundó La Joya, que ya es de lo mejor con que cuenta actualmente la cabaña brava nacional.

Razones de la sinrazón. Además de explicarnos las diferencias de carácter y comportamiento de ambos encastes –más compactos y boyantes, toros para el torero, los santacolomeños; más grandes y fieros, toros para el caballo, los parladés–, Juan Carlos manifestó su sorpresa al constatar que en nuestro país hay ganaderos que con cualquier pretexto prescinden de caballo y picador en sus tentaderos, limitando sus criterios de selección a la docilidad con que tomen los engaños sus vacas y sementales.

También, entre otros datos de ilustrativa amenidad, dio fe de otro hecho que hasta hace no tanto se antojaría insólito, antitaurino a más no poder: existen criadores –suelen ser los mismos que tientan sin picar– que lidian absolutamente todos los machos que paren sus vacas y se dedican a vender solamente corridas de toros, jamás una novillada ni animales de desecho para festivales. Para colmo, esta conducta se premia, pues son estos ganaduros quienes habitualmente envían sus fofos encierros en la Plaza México y los principales cosos del país, con los lamentables resultados de todos conocidos.

Más claro que el cristal de Bohemia. He aquí una explicación de primera mano sobre la perversa génesis del post toro de lidia mexicano, el bucólico sucedáneo de la antigua bravura, el descastado y anémico burrel fatalmente responsable de vaciar nuestras corridas de contenido, de emociones… y de público.

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