Domingo, 20 August 2017 19:00

Los Adame, gesta con sordina

Escrito por  Alcalino
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Poca repercusión mediática alcanzó la histórica cita de Joselito y Luis David Adame en un mismo cartel de la Semana Grande de San Sebastián, que además resultó en la corrida más redonda del ciclo donostiarra. Discriminación informativa, se llama esa figura. Piense usted en lo que daría para comentar la presencia simultánea de dos divos mexicanos del bel canto alternando como estelares en la Scala de Milán. Y ni hablar de la desmesurada publicidad que reciben nuestros futbolistas de exportación, aunque no sean titulares o anden rodando por Europa de club en club, del malo al peor, sin dejar por ello de acaparar primeras planas en los diarios y horarios estelares en los medios, atentos a sus mínimas banalidades. Hasta las boxeadoras tienen hoy mayor presencia mediática que los toreros.

 

La verdad de lo ocurrido el día 13. En términos estadísticos, Joselito Adame cortó una oreja a su primero de El Parralejo, y a la muerte del otro lo llamaron a dar la vuelta al ruedo. Alberto López Simón tuvo silencio y oreja, respectivamente. Y Luis David Adame salió a oreja por toro, con fuerte petición del segundo apéndice del cierraplaza.

Pero eso, que podrá funcionar como reporte telegráfico, no alcanza, por supuesto, a informarnos lo que fue una tarde ansiosamente esperada por la afición mexicana (si tal entelequia aún existiera, claro). Para lo cual, conviene entregarle la pluma a alguien que haya estado en la plaza –público no había mucho, por cierto–. Alguien con el prestigio y la fiable y sabia imparcialidad de Ignacio Álvarez Vara “Barquerito”, por ejemplo.

 

Gran encierro de El Parralejo. Relata “Barquerito: “Si quería la mayoría orejas, orejas hubo. Cuatro. Para la primera faena de Joselito se reclamó una segunda. Y para la última de la tarde, del Adame pequeño, se pidió también la segunda. Y hasta para el segundo de los dos trabajos de López Simón con el toro de la vuelta al ruedo (“Rabanito”, quinto). Tanta pasión fue índice de cómo la corrida le llegó a la gente.

Era la primera vez que El Parralejo lidiaba una corrida de toros. Ni siquiera en plazas de segunda o de tercera lo había hecho. Ganadería de procedencia Jandilla. De primera mano. Una garantía. La variedad fue parte de su gracia y su misterio. Lo mismo la noble entrega del primero de la tarde, traído y llevado por Joselito con mucho primor, que el temperamento belicoso del bravo sexto, que se enceló en el caballo mejor que ninguno, y apretó en banderillas y después de banderillas más que cualquiera de los otros cinco. El son tan apacible del quinto fueron embestidas de vals, y eso siempre gusta. Si el segundo no se hubiera casi desangrado en un primer puyazo durísimo, y si ni hubiera escarbado tanto, habría subido al podio con los otros toros de nota (…) Hubo, entre otros protagonistas, un cuarto toro descarado y casi cornalón. Soberbia arboladura que, a toro levantado y algo distraído –la cara arriba al soltarse, la mirada desparramada por las gradas de Illumbe, parecía todavía más de lo que era. Escupido del caballo en la primera vara, geniudo cuando quiso pero no pudo blandearse en la segunda –excelente puyazo del joven Óscar Bernal–, bramó en banderillas y tomó la muleta con sorprendente son. Detrás de la muleta, pero no escondido tras ella, estuvo Joselito Adame. Y la firma de una faena de méritos y calidades más que notables.”

 

Cátedra de Joselito. “Por descarado, parecía que ese cuarto toro no iba ni a caber en el engaño. O que no iba a haber manera de enroscarse con tales agujas. Pues las dos cosas: empapado el toro en la muleta en una prolija faena de no menos de medio centenar de muletazos, ninguno de trámite, y el ajuste severo y preciso, no solo el imprescindible. Tanta precisión se tradujo en una faena de lúcidos aciertos al escoger terrenos y mano, y al medir tandas de templados muletazos bien cosidos siempre y sin perder tiempos ni pasos (…) Siendo larga, fue faena de rico ritmo. La apertura de toreo al paso fue una delicia. El toreo en redondo, más abundante que al natural con la zurda, fue cadencioso. Ni un enganchón. Ni una embestida que no viniera aquilatada. La manera de cogerle Joselito el aire al toro y de tenerlo en la mano tuvo acento magistral. El mayor de los dos hermanos Adame, los dos en este cartel de estrenos, acabó toreando con los vuelos y a cámara lenta. Algo impropia una tanda de espaldinas antes de la igualada, pero, a cambio, una exquisita salida de la cara del toro en prueba de torería.

Y un final sorprendente: sin espada, solo el engaño en la mano y a pies juntos, una tanda fantástica rescatada del repertorio mexicano clásico. Todo pasó con fluidez llamativa. Pero al toro, pendiente de las gradas, le costaba igualar y fijarse a última hora. Y entonces Joselito decidió recibirlo con la espada y no cruzar. Una estocada de recurso, sorpresa para todos, pero estocada sin muerte. Si llega a doblar el toro, se cae la plaza. Herido de muerte, se encogió el toro. Sonó un aviso. Al segundo intento con el descabello y casi a pulso lo despenó Joselito. En tarde de todo vale, no hubo apenas petición de oreja para esta singular faena. Y se olvidaron de aplaudir al toro en el arrastre. Fue de esos toros que los toreros se apuntan en la memoria. Para la vuelta al ruedo de Joselito sí hubo clamores y reconocimiento.” (Colpisaweb. 13 de agosto de 2017)

 

La respuesta de Luis David. Prosigamos con el prolijo relato de “Barquerito”: “A orejas, dos y casi tres, y a la manera de llegar a la gente nadie ganó al Adame menor, que supo bajarle la mano al tercero y no dejarse ganar la partida, que no fue sencilla. Ni entonces ni en el toro del cierre, con el que costó encajarse. Momentos de repertorio popular –el quite del Zapopán, circulares cambiado en cadena, tandas rehiladas, gestos al tendido– pero la base del querer, el poder y el saberse estar. Y pasar con la espada con valor, ciencia y fe. Dos faenas, además, bien medidas, pensadas y resueltas.

Demasiado encima y antes de tiempo López Simón con el segundo toro, tan aplomado. Y descalzo, despacioso con la izquierda, inagotable, algo machacón, la muleta arrastrada por norma, y a veces en exceso, con el quinto. Faena interminable, como suele suceder cuando un torero siente que algo se queda dentro, pero sin saber del todo qué.” (íbid).

 

Atinada comparación. Al día siguiente, lunes 14, Hermoso, Ponce y Cayetano sí llenaron Illumbe. Para el de Chiva, vuelta y oreja; el hijo de Paquirri, lo mismo; y flojo por esta vez el rejoneador, con una salida al tercio. Pero “Barquerito” no cae en el garlito. Y certificaría: “En tarde de mucho vender humo (…) Dos trasteos sin mayor razón maratonianos de Ponce, castigados con sendos avisos. La terca y hasta candorosa voluntad de Cayetano en dos porfías de sentido, rumbo y logros desiguales. Y Hermoso de Mendoza en son menor. Casi dos horas y media en la plaza. La corrida del domingo, la del brillante debut de El Parralejo con una corrida cuatreña, y la de las prestaciones tan emotivas de los hermanos Adame, había dejado un grato sabor de boca. Ganas de seguirle la pista a El Parralejo y a los dos Adames, al ya hecho y al que antes o después terminará de hacerse. De esta otra, en cambio, quedará vago recuerdo. (ídem, 14 de agosto de 2017).

 

Año difícil. La actual campaña europea, ensombrecida por la muerte de Iván Fandiño, no acabó de remontar el vuelo. El golpe seco de Ginés Marín y poco más. Entre los que han mantenido nivel, Ponce y El Juli, más auténtico éste, más farolón aquél. Castella y Perera, menos administrados que los anteriores, siguen en la línea de fuego. Y Roca Rey, con el lastre de sus frecuentes percances. Talavante, casi de sabático, medio desganado. Como Manzanares, con éxitos puntuales. Ilusionante repunte de Antonio Ferrera. Luego vienen los Garrido, Ureña, Cayetano, Del Álamo, Fortes, López Simón. Mejor que otros años Juan Bautista. Y casi en el paro artistas tan excelentes como Diego Urdiales, Daniel Luque, Curro Díaz… No, no ha sido un año bueno. Que lo diga Morante, que, aburrido, recogió su manta y se largó. Por tiempo indefinido, dice. Sin él ni Manzanares –operado–, hay problemas para reajustar la cartelería de las Corridas Generales de Bilbao, la gran feria de cada agosto. Y lo que venga después huele a pura ganga.

Lo dicho, una temporada que no acabó de cuajar.

 

¿Y los mexicanos? Que es casi como preguntar por los hermanos Adame, a falta de otros paisanos en el horizonte europeo. Y hay que incluir, por supuesto, al menor –Alejandro, novillero sin caballos–, que está triunfando al parejo de sus hermanos, con reiteradas salidas en hombros y la promesa de un toreo de clase, para ponerle pimienta y variedad a la aportación familiar. El problema es que Joselito y Luis David están toreando muy poco. Si en el segundo es inexplicable, en el primero es inadmisible. Aquí, ya se sabe, reaccionamos ante la flagrante injusticia incrementando exponencialmente nuestro malinchismo. Como en el caso del TLC, ni una leve voz de protesta somos capaces de alzar. No vaya a enojarse quién sabe quién, pensarán nuestros entreguistas empresarios.

Joselito Adame, orejeado en Sevilla y en San Isidro, entonado nada más en Santander y arrollador en Badajoz y Burgo de Osma, irá a Bilbao y a algunos cosos españoles y galos de tercera. Indignante. Luis David lleva toreadas 3 corridas 3, que han sido tres éxitos grandes. ¿Y todo para qué? Le ha servido tanto como su campaña novilleril del año pasado, que hizo decir a José Carlos Arévalo –otra pluma ilustre– que “si estuviera en plan de seguir de plaza en plaza a un torero nuevo, me gustaría seguir a Luis David Adame, que tiene todo para ser figura del toreo”. Campaña la de Luis David en 2016 equiparable a la de Roca Rey el año precedente. Sólo que mientras al peruano le han dado toros y categoría, al hidrocálido le ha tocado el ninguneo habitual del medio taurino hispano para con los nuestros. Una historia vieja.

 

Colofón. Al final, todo se conjuga y complementa. Si aquí no les hacemos el menor caso a nuestros mejores valores, mal podemos pretender que encuentren elemental justicia en el extranjero. Tal para cual.

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