La muerte de Victorino Martín, a pesar de su avanzada edad, cayó como un mazazo. ¿Será que hay individuos que, aunque sea ilusoriamente, asumimos imperecederos, como si la parca no tuviera derecho a tocarlos por puro respeto a la extraordinaria magnitud de su obra? Porque Victorino Martín Andrés fue, durante décadas, el mejor ganadero de España. Y del mundo. El de más acusada personalidad, rigurosamente transmitida a sus toros. El más comprometido con la bravura seca y la nobleza codiciosa que sustenta el toreo auténtico, no sus sucedáneos de salón. La trayectoria de su ganadería –adquirida de Escudero Calvo, la rama del Marqués de Saltillo de procedencia Albaserrada– ha sido en todo punto ejemplar. Ningún otro criador tiene en su palmarés la gloria de dos indultos en las plazas clave del toreo: Madrid (el “Belador” –¿”Velador”?– de Ortega Cano, 19.07.82) y Sevilla (el “Cobradiezmos” de Manuel Escribano, 13.04.2016). Cimas que no impiden reconocer que es el conjunto de su obra –y la de sus hermosos y fieros animales– lo más admirable de su ejemplar acervo ganadero.

Cuando en noviembre de 2000 estuvo de visita en Tlaxcala acompañado de su hijo, tuve ocasión de conversar con ambos. Transcribo lo que en La Jornada de Oriente publicamos al respecto.

Victorino Martín Andrés:

“Cuando adquirí la ganadería de Escudero Calvo, a mediados de los años 60, eran toros que nadie quería; pero yo supe siempre que no hay casta más noble que Saltillo, y el tiempo y el trabajo acabaron dándome la razón. Eso sí, son toros tan bravos que exigen un toreo perfecto, por eso las figuras no los quieren, pese al ejemplo exitoso de El Viti, El Capea o, recientemente, aunque de manera muy esporádica, Ponce. Un grande que gustaba mucho de este encaste fue el mexicano “Armillita”, figura mundial en una época en que los mejores no buscaban andar tan cómodos como ahora.”

“En México he visto toros extraordinarios, saltillos típicos como éste de Pepe Huerta que le tocó aquí a Manuel Caballero, uno de los pocos toreros actuales que nunca dudan en anunciarse con mis toros. Otro que los ha toreado muy bien en la última temporada es El Zotoluco, que estuvo extraordinario en Valencia y muy bien en Madrid. Por cierto que la mayor ovación del año en Las Ventas se la llevó ese día un paisano de ustedes, el picador Efrén Acosta, que les ha dado una lección magistral a los picadores españoles.”

Victorino Martín García. Previamente habíamos asistido a un coloquio en el que Rodolfo Rodríguez “El Pana” calentó el ambiente solicitando a los ganaderos visitantes nos aclararan si compartían su impresión de que, mientras el actual toro español infunde terror, el mexicano mueve a risa. Victorino hijo eludió con elegancia el compromiso limitándose a decir que “con gusto respondo preguntas, no afirmaciones.”

Este cronista lamentó en voz alta la desaparición del campo bravo mexicano de encastes tan clásicos como Parladé (lo hubo en las jaliscienses La Punta y Matancillas), Murube (en Pastejé, Rancho Seco y hasta Peñuelas) e incluso Veragua (San Nicolás Peralta y, en consecuencia, el primitivo Xajay), resultado de lo cual es la monotonía imperante en nuestros ruedos y la evidente incapacidad de nuestros toreros, empezando por las autonombradas “figuras”, para poderle al toro. Al respecto, VMG comentó: “Dejar que se pierda un encaste es atentar contra la biodiversidad de la fauna terrestre, una riqueza ecológica que los gobiernos deberían ser los primeros en proteger de los desatinos de los particulares y los intereses ciegos el mercado”. Por su parte, Victorino padre había señalado que “es una pena que en México no exista ya más que un encaste; aunque se trate de Saltillo, que para mí es el mejor de todos. Las consecuencias de esa uniformidad las pagan todos: los toreros de aquí, que como usted afirma han perdido aptitudes para lidiar como se debe, y la fiesta en general, que se vuelve monótona y pierde interés para el público.”

Como los grandes toreros, los ganaderos de raza saben dejar en nosotros un eco donde vibran largamente los acordes de lo recio, lo sencillo y lo verdadero.

De mexicano a mexicano, en Europa

Mañana martes va a ocurrir en la centenaria plaza de toros de Zaragoza una efeméride harto significativa para nosotros, cuando Joselito Adame haga matador de toros al novillero aquicalitense Leo Valadez; testigo de la ceremonia será José Garrido, ese magnífico torero extremeño, y de Fuente Ymbro el toro con el que Leo dará el trascendental paso. Parece que hablásemos de un simple protocolo, pero si algo ha sido inusual en la historia de la tauromaquia es que un mexicano doctore a otro en un coso de la península ibérica. Tan raro de ver que el último caso se remonta a 88 años atrás, cuando Juan Espinosa “Armillita” le entregó muleta y espada al queretano Paco Gorráez en presencia de Francisco Royo “Lagartito”, en Tetuán de las Victorias, la misma placita madrileña donde Rodolfo Gaona fue investido matador 21 años antes. Por cierto, Gorráez ya había recibido la alternativa en México, pero recordemos que, en ese entonces, el reglamento español sólo validaba las otorgadas en su propio territorio.

Antes de eso, ya Juan Espinosa había sido padrino de su hermano Fermín en la corrida de su presentación en España, que tuvo por escenario la Monumental de Barcelona (25.03.28, con el toro “Bailador” de Antonio Pérez de San Fernando y Vicente Barrera de segundo espada). Otras dos alternativas mexicanas había apadrinado Luis Freg, el torero de Nonoalco: la del guanajuatense Juan Silveti primero (Barcelona, plaza de Las Arenas, 18.06.1916, con “Naranjero”, de Pérez de la Concha) y la de su sobrino Salvador Freg, allí mismo (12.06.21, con “Orejón” de Andrés Sánchez y José García “Alcalareño” por testigo). La lista de alternativas españolas entre mexicanos se cierra con Rodolfo Gaona cediéndole al jalisciense Joselito Flores la muerte de un astado de la Viuda de Soler en la antigua plaza catalana de la Barceloneta en presencia de Juan Cecilio “Punteret” (06.03.23). Todo esto, repito, en Barcelona, que daba más toros que ninguna ciudad en el mundo, para que ahora nos salgan con que la “invasión” de la Fiesta en Cataluña fue cosa del franquismo. En realidad, de las 19 alternativas a mexicanos registradas en cosos de la ciudad condal, 10 sucedieron antes de la guerra civil española. Y la última tras la muerte de Franco.

 En Francia

Joselito Adame ya había apadrinado en Europa una alternativa mexicana –la del queretano Brandon Campos–, aunque no en España sino en la plaza francesa de Mimizan (23.08.14, toro “Moro” de Gallon, testigo Thomas Dufau). Previamente, se registraron dos casos similares en territorio galo, y ambos con ternas enteramente mexicanas, cuando en Bayona Fermín Rivera hizo matador a Ricardo Balderas ante El Calesero (08.09.46, ganado francés de Joseph y Rose Sol) y el año siguiente, en Arlés, al cederle Antonio Velázquez a Mario Sevilla padre la muerte del primer toro de Hubert Yonnet –“Lagartero”–, con Antonio Toscano por testigo (21.09.47).

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