En el cierre de la temporada grande, dos toros de Reyes Huerta para el recuerdo: el juez Braun ordenó arrastre lento para los restos de “Gorrión”, el abreplaza; y a “Copo de Nieve”, segundo de los destinados a Andy Cartagena, lo indultó por aclamación popular. Ideales ambos para el rejoneo, lo habrían sido también par el toreo de a pie, según demostró el hermoso cárdeno al que se le perdonó la vida acudiendo, con incomparable clase y alegría, al capote del sobresaliente Jorge López en aquel quite por gaoneras que Cartagena le permitió realizar. Ya el ganadero poblano había entregado excelentes cuentas en la anterior presentación del propio rejoneador alicantino, que desorejó ese día al magnífico “Cinco Jotas”, hierro José María Arturo Huerta (17.12.17).

El indultado “Copo de Nieve” fue el típico toro de bandera en una época en que las banderas más visibles ondean en los recintos futboleros y el post toro de lidia mexicano atestigua desde su desesperante nulidad las pautas marcadas por los mandones actuales, españoles todos ellos, con la complacencia de taurinos y diestros nacionales. Es decir, que cuando más urge vigorizar la Fiesta para defenderla de las agresiones a mansalva de los taurófobos es cuando más resignadamente la hemos entregado a fuerzas –internas y externas–cuyas actividades sólo han conseguido debilitarla en lo ganadero, lo artístico y lo económico. La única ganancia visible es para los ídolos de pacotilla de la miope afición capitalina, que ha visto discurrir una temporada más al gusto y antojo de dichos paladines del neocolonialismo sin apenas meter las manos, como no sea para aplaudirles. Nuestra taurina globalización tiene un tinte marcadamente antimexicano.

Y sin embargo…

Y sin embargo, el toro sigue ahí, en espera de ser rescatado para los cosos más emblemáticos del país por las organizaciones y espadas conscientes de la situación. El toro, sí, con su legendaria reserva de casta y bravura, todo eso que a lo largo de casi un siglo llenó nuestras plazas de emociones inefables y públicos deseosos de saborearlas. La historia habla de ganaderos mexicanos que fueron auténticos magos en la alquimia de los empadres y la genotipia del toro de lidia, hasta convertir sus campos en vivero de las más nobles variantes de la clase y la casta, traducidas en embestidas idóneas para el florecimiento de nuestra tauromaquia. Que gracias a tal ganado supo de una época de oro y del desarrollo de un toreo de textura y sabor muy mexicanos, sentido y seguido con pasión por una de las aficiones más competentes del orbe.

La suprema calidad del cuarteto de toros que Pepe Huerta envió a la México en la recién concluida temporada grande acredita que la sangre brava permanece vigente. Un criador, no lo olvidemos, que para garantizar en lo posible el buen juego de sus astados, desecha alrededor de 60 por ciento de lo que tienta, mientras los ganaduros favoritos de las fuerzas neocolonialistas surten sus carteles de utreros desrazados y anémicos. No hace falta mucha imaginación para entender cuál es el camino a seguir para empezar a solucionar los males de nuestra Fiesta. Y cuál el que conduce al abismo.

Pero hay más

Sería una quimera pretender que todo lo que pasta en las vacadas que aún se esfuerzan por respetar al toro de verdad pueda reunir las excelsas cualidades de los mencionados toros para rejones, con el hermoso “Copo de Nieve” a la cabeza. Pero que salieran como salieron representa un sonoro toque de atención acerca de que aún queda ADN del mejor en la cabaña brava nacional. Y, por lo tanto, que bastaría con que nuestros toreros se sacudieran el conformismo y empezaran a pedir toros de las escasas ganaderías que conservan esa bendita sangre para que eso los ayuda a habituarse a la bravura en todas sus contrastantes manifestaciones. Y, una vez puestos en ese torerísimo camino, poder demostrar y demostrarse de lo que son capaces. Un proceso de mediano plazo que habría que acompañar con un inteligente plan para recuperar presencia en los medios, a fin de enseñarles a los públicos de ahora que hay algo más que futbol y NFL como opciones de entretenimiento. Con la ventaja de que el toreo no es una rutina de ganadores y perdedores, avivada por el apego emocional a un club o por numeralia y apuestas a la gringa, sino un rito sacrificial al filo de que la muerte. Y un arte singular, capaz de tocar las fibras más sensibles del espíritu humano. 

Somera revisión

Cualquier balance acerca del ganado que se lidió en la temporada grande llevaría directamente a la conclusión de que abundó la mansedumbre y escaseó la bravura. Que la suerte de varas tiende a desaparecer. Que una abrumadora mayoría de faenas se caracterizó por el empeño del espada en turno por superar embestidas sosas y desganadas, con el encimismo como forzado sucedáneo del parar, templar, mandar y ligar conforme el canon del Siglo de Oro del toreo. Que, en síntesis, el post toro de lidia mexicano sólo puede depararle tedio y frustraciones a la gente, lo que al alejarla de las taquillas dio lugar a las pobres entradas que predominaron a lo largo del ciclo, incluso cuando los antedichos mandones encabezaban carteles a modo.

Pero si rastreásemos los pocos episodios que escaparon al opaco patrón dominante, nos encontraríamos con que invariablemente los posibilitó otro tipo de toro, más acorde con la normalidad del auténtico ganado de lidia, del cual ofrecieron la muestras suprema las divisas de la casa Huerta. Toros como “Bienvenido”, de Jaral de Peñas, que aunó las necesarias cualidades de bravura, fijeza y estilo para ser considerado el mejor de los enfrentados por toreros de a pie –Saldívar le cortó la oreja, en lucha contra el viento–; o como el muy noble y repetidor “Con México” de Xajay (Manzanares, 12.12.17), a mi juicio superior a otro buen toro, “Clavel” de Villar del Águila (Sergio Flores) y a “Brigadista” de Jaral de Peñas (José Tomás), corridos en la propia corrida Guadalupana, y que llegaron a la muerte algo aplomados. Misma tesitura de “Suerte”, de Santa María de Xalpa, regalado y desorejado por el propio diestro de Apizaco, que se erigiría en triunfador neto de la serie de otoño–invierno en la capital (04.02.18).

En materia de nobleza, más que de casta brava, ninguno como “Campero”, el cárdeno de Bernaldo de Quirós obsequiado por El Juli en desagravio por la desastrada novillada de Teófilo Gómez que se había hecho servir en bandeja (04.02.18). Hubo, claro está, numerosos torillos de borreguna docilidad –entre los indebidamente premiados con el arrastre lento sobresale “Vivaracho”, el obsequiado sardo con el que Enrique Ponce hizo las delicias de sus admiradores (03.12.17)–, buenos para ensayar inocuo toreo de salón o tentar en terno de luces. Y procedían, como ya habrá adivinado el lector, de las dehesas de Teófilo Gómez, cuyos herederos se dieron el lujo de enviar nada menos que dos encierros completos y cuatro reses más, tentando al ridículo sin inmutarse.

Como corolario, no pregunten ustedes por el mejor encierro de la temporada porque éste nunca existió. Toros sueltos –los arriba mencionados– y gracias.

Ítem más

Si uno repasa apuntes en busca de puyazos consumados a cabalidad, se encontrará exactamente con dos: el de Héctor Delgado resistiendo el empuje de “Luna Nueva” de Xajay, sustituto del quinto chivo de Fernando de la Mora, y que fue un animal con presencia y temperamento de toro auténtico (28.01.18), y el de David Vázquez a “Joyero” de La Joya, que en mi concepto fue el puyazo de la temporada por lo mucho y bien que toreó a caballo, resistiendo a brazo firme el empuje de una res con el peso justo (480 kilos) pero la casta y el poderío enteros, que devenidos genio, le clausuraron a Roca Rey cualquier posibilidad de lucimiento (21.01.18). Peor le fue a Ginés Marín con el correoso “Fiel Amigo” de Montecristo, morlaco bronco y poderoso, que llegó poco castigado al tercio de muerte y le hizo pasar la pena negra al jerezano (28.01.18). Por cierto, los únicos tumbos habidos en toda la temporada los propinaron “Brigadista” de Jaral de Peñas –elegido por José Tomás para su actuación en la corrida Guadalupana– y el imponente negro mulato de la misma procedencia, último de los lidiados por Joselito Adame entre los pitos y flautas de sus reventadores (05.02.18).

Por lo demás, los pocos astados que, eludiendo la mentira del piquetito simulado, pusieron a trabajar a los varilargueros aunque fuese en un único encuentro, procedían de Barralva, Xajay, Jaral de Peñas, Las Huertas y, especialmente, de Caparica, La Joya  y Torreón de Cañas. Ninguno anunciado en los carteles estelares.

Corolario

En conclusión, bravura hay, pero mientras más nos la sigan escamoteando, más decaerá nuestra fiesta. Y la única solución está en manos nacionales, no del neocolonialismo de quienes vienen a hacer la América. Ni del malinchismo de los que acostumbran entregarles el oro y la honra a cambio de vistosos fuegos de artificio.

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