Opinión

Opinión (1862)

La corrupción en México no es un fenómeno nuevo, los escándalos debidos a la corrupción –y sus modalidades– no son distintos a los del pasado y, sin embargo, en los últimos años nuestra preocupación por este tema nos ha llevado a asumir una posición más activa al respecto. Ahora negamos que robar de nuestros propios bolsillos sea un legado cultural, y hemos decidido intentar, al menos en el discurso, una transformación completa de nuestro entendimiento de la política y su funcionamiento. En la actualidad usamos conceptos como rendición de cuentas y conflicto de interés, asociamos el voto de castigo con la corrupción e incluso nos preocupa, de unos años a la fecha, el nombramiento del secretario de la Función Pública. Los ciudadanos nos hemos convertido en actores legislativos clave. ¿Por fin estaremos aprendiendo a vivir en democracia más allá de las elecciones?

Esta transformación, que empieza a dictar la agenda política, ha puesto no solo a la defensiva a nuestros partidos, sino que ha devuelto la mirada a los estados. Esos feudos quedaron rezagados cuando el principal dilema de nuestra vida política era terminar con un presidencialismo omnipotente. En estos momentos, los estados vuelven a ser una arena prioritaria en la política y sobre todo en el combate a la corrupción. Y, al tiempo que nos indignamos por la“casa blanca”, nos preocupan por igual las deudas en Coahuila, los ranchos y bancos en Sonora, la simulación de obras en Veracruz, las líneas de metro en el extinto Distrito Federal, la infiltración del crimen organizado en Tamaulipas y el desfalco en Chihuahua.

Este regreso a lo local no es ninguna coincidencia. Una vez concluido el control informal del presidente sobre los gobernadores, los avances en transparencia y acceso a la información que se dieron a nivel federal carecieron de un eco a nivel estatal y, después de años de olvido, los estados terminaron siendo hoyos negros donde año con año inyectamos recursos públicos sin saber a dónde van a parar. No cuesta trabajo imaginarse que la corrupción es la principal responsable de esto, pero sí llama la atención que, a pesar de los múltiples escándalos y laevidencia, la mayoría de los gobernadores ha quedado impune. Vale la pena preguntarse entonces, ¿de dónde nace este poder? ¿Por qué las élites partidistas no se atreven a tocarlos? Y, sobre todo, ¿cómo atacamos la corrupción en los gobiernos locales?

Discreción igual a corrupción

La corrupción no es un concepto fácil de delimitar: no existe un solo acto o tipo de corrupción y dado que se compone de distintas acciones no existe una solución única, sino que es necesario elaborar distintas medidas que ataquen acciones específicas. Por ejemplo, las condiciones que llevan a un policía de tránsito a pedir una mordida son distintas de las que ocasionan que un gobernador desvíe recursos. Por ese motivo los mecanismos para evitar uno y otro caso deben ser totalmente diferentes. No obstante hay un elemento que estos dos (y otros más) tipos de corrupción comparten: la discrecionalidad.

El policía puede extorsionar porque tiene el poder de decidir si impone la multa de tránsito o no. El conductor, por falta de información o por los mecanismos rudimentarios de apelación, está a merced del comportamiento del oficial. El policía puede actuar conforme al reglamento si así lo decide y también puede, si quiere, pedir una mordida para olvidar la infracción. El mundo de las sanciones viales que le confiere el reglamento de tránsito es suyo y puede hacer con él lo que desee. Por supuesto que cualquier comportamiento corrupto está penado, pero los mecanismos de sanción son largos y complicados, y la probabilidad deser descubierto y castigado es mínima, y él lo sabe.

En el caso del gobernador sucede lo mismo. Dado que las instituciones que debieran servir como contrapeso (congresos locales y órganos de fiscalización) son débiles y están, en su mayoría, bajo su control, los recursos públicos estatales y toda la maquinaria gubernamental se encuentran a su disposición. Ello le permite elaborar políticas públicas cuyo único objetivo sea el desvío de recursos: grandes hospitales que nunca van a funcionar, escuelas lejanas a las comunidades que las necesitan, compraventa de terrenos para pagar favores, etcétera. El gobernador puede ejercer todos los recursos de manera limpia y transparente si así lo decide.Pero si decide desviarlos a su favor o el de terceros, también puede. Una vez más el comportamiento corrupto está penado por ley, pero la probabilidad de ser castigado es mínima, y él también lo sabe.

Para comprender y combatir los actos de corrupción de los gobernadores primero debemos entender que las causas que permiten el manejo discrecional de los recursos públicos se explican por la opacidad misma con la que se ejercen estos recursos. Según los distintos Índices de Información Presupuestal elaborados por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO),a pesar de que han existido mejoras, gran parte de los presupuestos estatales está todavía lejos de cumplir con las obligaciones básicas de contabilidad gubernamental. Hoy por hoy es muy difícil encontrar datos básicos sobre los presupuestos estatales y casi imposible sobre proyectos u obras en específico. Si nadie conoce cómo ni cuánto dinero debería ser gastado en ciertos ramos, es difícil detectar el mal uso o desvío de los recursos públicos.

Por otro lado, un problema mucho más complejo que la transparencia –y una de las principales fuentes de poder e impunidad entre los mandatarios estatales– es el uso de la corrupción como herramienta de control político. Es decir, cuando un gobernador comete un acto de corrupción, no lo hace únicamente con el propósito de enriquecerse, sino que también utiliza los recursos para ejercer control y poder sobre otros actores políticos. Un estudio elaborado por Joy Langston

 
1

revela cómo los gobernadores llegan a influir en las decisiones de diputados federales al utilizar como arma principal los recursos financieros, programas sociales, contratos y cargos en el gobierno. Estos funcionan como una suerte de moneda de cambio para que un gobernador posicione su agenda incluso fuera de su entidad.

Para comprender el control que los gobernadores ejercen sobre otros actores políticos, es necesario enfatizar que, incluso en condiciones de ilegalidad, los partidos y actores políticos locales están siempre buscando capital humano y financiero que les permita ascender en sus carreras. Al contar con una gran cantidad de recursos públicos en sus manos, los gobernadores pueden permitirse la compra de lealtad e impunidad. Cuando el financiamiento público electoral es fallido como en el caso mexicano

 
2

–es decir: cuando la autoridad electoral reparte dinero entre los partidos pero no puede garantizar que este llegue a todos los candidatos y establece topes de campaña sin tener la capacidad de detectar irregularidades– los gobernadores pueden movilizar sus recursos para favorecer las carreras políticas de quien quieran. Dado que el éxito profesional de la mayoría de los actores políticos locales depende del apoyo del gobernador, nuestro sistema institucional comete el absurdo de encargar a políticos con necesidad de recursos (actores locales) la responsabilidad de vigilar a políticos con una infinidad de recursos a su discreción (gobernadores). Así es como se crea el círculo vicioso.

Del dicho al dato, ¿qué nos dicen los escándalos de gobernadores?

¿Es posible probar que la impunidad de la que goza la mayoría de los gobernadores es producto del desvío de recursos hacia sus partidos u otros políticos? Si bien la clandestinidad de los actos de corrupción dificulta la documentación de todos los casos –y más cuando existe una protección sistemática de los responsables–, sí es posible conocer qué tanto se les permite hacer.

La plataforma Infolatina 

 
3

da cuenta de trescientos tres escándalos políticos 

 
4

(entendidos como cualquier acusación hacia un gobernador de un acto ilegal o “inmoral” que haya tenido aparición en, por lo menos, dos periódicos nacionales y tres locales) de 62 gobernadores que fungieron en su cargo entre 2000 y 2013.

 
5

Con esa información es posible analizar bajo qué condiciones un partido político estuvo dispuesto a castigar (deslinde de las acciones, exhorto a investigaciones, condenas públicas o expulsión del partido) el “mal comportamiento” de sus gobernadores. Conocer esta reacción es de gran utilidad ya que refleja la “voluntad política” de investigar y sancionar un posible caso de corrupción. Los partidos políticos se encuentran así entre la espada y la pared: por un lado, defender al gobernador envuelto en un escándalo afecta la imagen del partido ante la opinión pública, pero, por el otro, castigarlo significa renunciar a los beneficios que el mandatario aporta para las contiendas electorales. Al final de cuentas, ¿qué pesa más: el costo de promover la impunidad o el beneficio de tener a un gobernador como aliado electoral?

De los trescientos tres escándalos analizados solo en treinta (menos del 10%) hubo algún tipo de sanción o reprimenda por parte del partido. Eso significa que, en la mayoría de escándalos de gobernadores, garantizar la impunidad es más la regla que la excepción. El amplio número de escándalos (trescientos tres en trece años de estudio) muestra que para los partidos políticos los escándalos de gobernadores son cosa de todos los días y, dado que esos mandatarios les brindan un apoyo importante en materia electoral, no están dispuestos a sancionarlos salvo en condiciones extraordinarias. Esta forma de actuar es consistente para todos los partidos según lo muestra la siguiente gráfica. Aunque parece que el PRI destaca por número de escándalos políticos, esto es simple apreciación por el mayor número de gobernadores priistas (33) en comparación con el PAN (diecisiete) y el PRD (doce).

Ahora bien, ¿qué sucede cuando los partidos sí responden a los escándalos? ¿Qué condiciones los llevan a dar la espalda a sus gobernadores? Para contestar esas preguntas puse a prueba seis variables:

1. A mayor difusión en medios, mayor el costo para el partido y mayor la probabilidad de castigo al gobernador.

2. Los escándalos electorales son especialmente sensibles para los partidos, por lo que será menos probable que acepten el involucramiento de un gobernador.

3. A menor proximidad de unas elecciones, menor será la probabilidad de castigo.

4. Mientras más competitivas sean las elecciones en un estado, mayor la probabilidad de castigo político.

5. A mayor popularidad del gobernador implicado (votos en la última elección), menor probabilidad de castigo.

6. Si el político implicado ya no es gobernador al momento del escándalo, la probabilidad de castigo será mayor.

 
6

Los resultados estadísticos encontrados muestran efectos significativos de algunas variables en la probabilidad de castigo político. Dos hallazgos son interesantes: 1) a mayor difusión mediática del escándalo, mayor probabilidad de castigo y 2) un escándalo electoral muy difícilmente será sancionado por el partido político. 

 
7

 

Esto pone en evidencia que, ante una acusación, los partidos realizan cálculos electorales para decidir su reacción, y dejan en un segundo plano la veracidad de la acusación. Votos matan justicia.

El resultado más relevante es que la probabilidad de castigo político es mucho mayor en los casos que surgen cuando el “acusado” ya terminó su periodo como gobernador. Es decir, los partidos políticos casi nunca reprueban las acciones de sus gobernadores, pero en los casos en que sí lo hacen el político acusado ya no tiene el control discrecional de los recursos estatales que podrían beneficiarle electoralmente y por tanto su defensa deja de ser rentable. Esto refuerza el argumento expuesto sobre el uso discrecional de los recursos como principal fuente de poder e impunidad para los gobernadores.

La historia se repite si estudiamos el comportamiento de las autoridades hacia escándalos que únicamente tratan de corrupción. Con la misma base de datos sobre escándalos políticos de gobernadores mexicanos se realizó un análisis sobre la cantidad de investigaciones judiciales que produjeron los trescientos tres escándalos. De 72 escándalos de corrupción, 

 
8

en donde se vieron involucrados 41 gobernadores mexicanos, solo dieciséis fueron investigados. 

 
9

Para el resto de los casos ni siquiera hubo una averiguación.

Las cifras son aún más alarmantes si consideramos que solo cuatro gobernadores han sido consignados 

 
10

por delitos de corrupción en ese periodo de tiempo. De esos cuatro, dos ya han sido exonerados. En el caso del exgobernador de Chiapas, Pablo Salazar Mendiguchía, los cargos presentados por el gobierno de Juan Sabines fueron retirados súbitamente, mientras que el exgobernador de Baja California Sur, Narciso Agúndez Montaño, acusado de peculado, obtuvo su libertad después de siete meses encarcelado y tras pagar una fianza de 2,400 dólares. Resulta interesante que, en el caso de las consignaciones, la inmunidad de los gobernadores en funciones se mantiene. Ninguno de los consignados seguía en funciones al momento de su detención.

La complicidad de los partidos políticos en los casos de corrupción de los gobernadores es clara. De hecho, no solo se muestran tolerantes, sino que sacan todo el provecho posible de la impunidad de los gobernadores acusados. Así lo demuestra la evidencia estadística, pero el comportamiento de los partidos durante 2016 lo hace mucho más notorio. En la actualidad no queda duda de las irregularidades cometidas durante las administraciones de los exgobernadores Javier Duarte, Guillermo Padrés, César Duarte y Roberto Borge, entre muchos otros. Las acusaciones de corrupción hacia dichos gobernadores datan de muchos años atrás, pero sus partidos políticos hicieron caso omiso de ellas. Incluso, cuando necesitaron del apoyo de los entonces gobernadores, salieron a desmentir los supuestos hechos de corrupción y a defender a sus militantes incómodos. Sin embargo, inmediatamente después de las elecciones (una vez que el apoyo del gobernador dejó de ser rentable) las cúpulas partidistas dieron la espalda a sus mandatarios estatales.

Llama la atención el cinismo y la irresponsabilidad de nuestros partidos. Durante años forman y apoyan la carrera de quienes irán a gobernar los estados de la república. Durante el mandato de sus militantes se hacen de la vista gorda y desmienten las acusaciones en su contra al mismo tiempo que extraen todas las rentas posibles del gobierno que les permitan tener una buena contienda electoral. Una vez que pasan las elecciones se deslindan de las acciones de los gobiernos que ellos impulsaron y dan una muestra de su compromiso con la rendición de cuentas al expulsara los mandatarios de sus filas. Después de años de saqueo y endeudamiento patrocinado por sus marcas, su responsabilidad se limita a quitar una membresía.

De irresponsabilidad electoral a política de Estado

Para los partidos políticos, hasta el momento, combatir la corrupción de los gobernadores ha sido una estrategia electoral, la cual defenderán o desecharán en la medida en que les permita aprovechar el control discrecional de recursos del que gozan sus simpatizantes en cargos de elección popular. Por eso no sorprende que, en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, México se haya mantenido estancado en calificaciones que no superan los cuarenta puntos, de cien, en los últimos veinte años. Pero más allá de las calificaciones en los índices de percepción, los pequeños y grandes actos de corrupción se traducen en servicios públicos deplorables, aparatos de seguridad infiltrados por el crimen organizado e inservibles políticas públicas.

Ante el creciente número de escándalos y noticias de corrupción y la reducida cantidad de casos de delitos castigados, la imagen que la ciudadanía recibe de la clase política es de despilfarro e impunidad. Esto se traduce en descontento e insatisfacción con la democracia, así como en desconfianza hacia los partidos, representantes e instituciones políticas. Según datos de Transparencia Internacional, 87% de los mexicanos cree que los funcionarios públicos u oficiales electos son corruptos, mientras que 91% opina lo mismo de los partidos políticos. A su vez, el Informe Latinobarómetro 2015 reporta que solo 19% de los mexicanos está satisfecho con la democracia.

Es necesario establecer una política de Estado que, ajena a intereses políticos o electorales, combata la corrupción. Un primer paso en esa dirección fue la creación del Sistema Nacional Anticorrupción y la promulgación de las leyes secundarias que le darán vida. Estas reformas pretenden evitar que las instituciones dedicadas a combatir la corrupción continúen trabajando por su cuenta y se erijan ahora en un sistema con objetivos compartidos. Esto permitirá elaborar políticas públicas con un enfoque mucho más amplio y también brindará la oportunidad de evaluarlas con indicadores concretos. Todos estos avances fueron posibles gracias a la constante presión que cientos de miles de ciudadanos ejercieron mediante la iniciativa ciudadana Ley 3de3.

No obstante, este sistema debe ser replicado en los 32 estados y estamos ante el riesgo de que una vez más los avances alcanzados a nivel federal no se vean reflejados en las entidades federativas. Para su propia adopción e implementación es necesario mantener el seguimiento y la vigilancia que la sociedad civil ha comenzado. De cierta manera el Sistema Nacional Anticorrupción no solucionará el problema: es simplemente el inicio de una serie de cambios institucionales que habrán de llevarse a cabo en los próximos años y que deberán ir acompañados de más reformas en materias como obra pública, permisos de servicios y arreglo institucional subnacional, entre otros. Dichas políticas públicas deben estar orientadas a minimizar la discrecionalidad en el ejercicio del gasto, sobre todo de los gobernadores, y a dotar de verdadera autonomía y herramientas útiles a las instituciones dedicadas a transparentar, fiscalizar y verificar el uso de los recursos públicos.

La frustración y el enojo (también referido como “mal humor”) sirvieron como catalizador para la conformación de una ciudadanía activa, que además de crítica era capaz de proponer soluciones institucionales. Este primer paso sirvió para un primer bloque de reformas que proveen al país del andamiaje institucional necesario para emprender una lucha verdadera contra la corrupción. No obstante, es fundamental que este despertar ciudadano no quede como una llamarada que se extinga ante la primera señal de éxito. Necesitamos ahora combatir una por una las distintas vertientes del problema, comenzando por las más dañinas para el país. Creer que lo alcanzado en materia de anticorrupción es suficiente para mitigar un problema tan extendido sería engañarnos. Pensar que es suficiente el encarcelamiento de un puñado de gobernadores sería minimizar el problema. No nos conformemos con los avances alcanzados e impulsemos el fin de una estrategia basada en la conveniencia electoral. Comencemos por terminar con la discrecionalidad de los gobernadores. ~

 

Sunday, 11 June 2017 00:00

Nuestra sangre, nuestro color

Escrito por
Pleno de significados es el título de la exposición que se inauguró recientemente en el Museo del Templo Mayor Nuestra sangre, nuestro color: la escultura polícroma de Tenochtitlan.

Está compuesta por 28 piezas, obras maestras de la colección del museo, todas encontradas dentro del ámbito del recinto ceremonial.

Se sabe que estuvieron pintadas de fuertes colores, mismos que gracias a la tecnología actual es posible conocer a detalle. Con réplicas tridimensionales de algunas de las piezas más relevantes se lograron recrear los pigmentos originales.

La muestra permite apreciar el trabajo notable de un gran equipo interdisciplinario de arqueólogos, restauradores, químicos, investigadores, artistas y arquitectos.

El brillante arqueólogo Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor, fue el curador de la exposición. Nos explicó un fascinante hecho cultural que se dio en Tenochtitlan y que se refleja en el arte de la ciudad.

Nos remonta a 1430, fecha de la creación de la última Triple Alianza con Texcoco y Tlacopan y, una década más tarde, el ascenso al trono de Motecuhzoma I. En el origen de tales transformaciones se encuentran la independencia conquistada por Tenochtitlan. Esto tuvo como resultado un primer momento relevante de preponderancia política y bonanza económica, lo que permitió encargar una serie de originales monumentos imperiales a reconocidos artistas extranjeros. Estos inmigrantes, sin duda, compartieron con los creadores locales su conocimiento, gustos y tradiciones, generando uno de esos ambientes seminales que se registran pocas veces en la historia, afirma López Luján.

Tras un acelerado periodo de experimentación, se dio la creación de un estilo tan original como cosmopolita. Paralelo al ascenso del imperio mexica se dio una evolución prodigiosa en el campo artístico, tanto en la arquitectura como en la pintura y la escultura.

Esto se advierte con claridad en la exposición, al comparar las esculturas más antiguas con las que se realizaron en ese periodo luminoso.

Una buena muestra es el monolito que representa a Coyolxauhqui, la deidad lunar cuyo hallazgo, en 1978, dio lugar a que se sacara a la luz el Templo Mayor.

La representación de la mujer desmembrada es una pieza de arte deslumbrante. Aquí se muestra una réplica con los colores que tuvo originalmente y nos permiten apreciar de cerca la exquisitez de la talla que destaca con las tonalidades, la profusión de detalles y el sutil movimiento del torso.

Al nacer el siglo XVI la ciudad de Tenochtitlan se había convertido en el nuevo centro gravitacional del arte mesoamericano. En la pequeña isla, en medio de los lagos, no sólo se daba la mayor concentración de monolitos, relieves y esculturas menores del imperio, sino que ahí se levantaban los monumentos más egregios.

La muestra incluye videos explicativos sobre el trabajo de los investigadores para la recuperación de la cromática; hay muestras de los materiales que se utilizaron en la elaboración de los colores. Incluso una muestra viva de la orquídea originaria del centro de México, que se empleaba como aglutinante para fijar los colores.

Hay una sección de objetos de pequeño formato, como vasijas, cetros, cuchillos, relieves y almenas que por ser parte de ofrendas, estuvieron en mejores condiciones de conservar su pigmentación.

Al salir, caminamos por la calle de Argentina que después de años de estar cerrada en el tramo del Templo Mayor, finalmente se abrió al público hace unos meses. Llegamos a la esquina con Luis González Obregón, donde se encuentra el Salón España. Es una cantina de añeja tradición que ofrece muy buena botana que cambia cotidianamente. Como ejemplo, los jueves hay caldo de camarón, chile relleno, tostada de ceviche y paella. De pilón, seguro se encuentra con el cronista gráfico del Centro Histórico, el excelente acuarelista Rafael Guízar y con León Bailón, dueño de la librería Tauro, situada en la calle de Justo Sierra 30.

Sunday, 11 June 2017 00:00

La derrota de Theresa May

Escrito por

El aventurerismo cortoplacista de la primera ministra británica, Theresa May, ha terminado su recorrido en las urnas en la primera ocasión en que la mandataria sometía su candidatura al escrutinio público. Si May adelantó, como aseguró repetidamente, las elecciones celebradas ayer para obtener un respaldo electoral claro de cara a la crucial negociación para Reino Unido sobre su salida de la UE, el resultado obtenido ha sido diametralmente opuesto. Si lo hizo, como todo parece indicar, para solucionar sus problemas de autoridad y legitimidad en el Partido Conservador, puede hablarse sin rodeos de un fracaso absoluto.

La insuficiente victoria de los conservadores no resuelve ninguna de ambas cuestiones y deja inquietantes interrogantes abiertos tanto para la estabilidad política de Reino Unido como para el tránsito adecuado de la negociación del Brexit. El desplome de la libra en los mercados internacionales en el momento en que, bien entrada la madrugada, la tendencia del escrutinio confirmó que la victoria conservadora era insuficiente y no podrá gobernar en solitario, es solo un primer aviso de la gran desconfianza existente en torno a la capacidad de May de pilotar la nave durante los próximos cinco años. Y el que algunas voces dentro de su partido ni siquiera esperaran a la adjudicación final de escaños en la Cámara de los Comunes para pedir su dimisión augura un período de inestabilidad.

En pocos meses, May ha conseguido en el exterior enrarecer extraordinariamente el ambiente con Europa y en el interior lograr la recuperación del hasta hace unos meses cuestionado líder laborista Jeremy Corbyn. El laborismo, con un mensaje sin bandazos, experimenta una importante subida y vuelve a ser una fuerza con la que es necesario contar.

Hay que destacar el hundimiento absoluto del populista UKIP, artífice de la salida de la UE. El electorado parece haberse sacudido finalmente el demagógico discurso ultranacionalista. Lástima que no lo hiciera antes de referéndum del Brexit.

Sunday, 11 June 2017 00:00

La izquierda y sus (des)empeños

Escrito por
Cuando aquí me he preguntado si la izquierda es capaz de jugar un papel de primer orden en la dignificación de la política, algunos lectores me han cuestionado qué quiero decir con izquierda. Buena y artera pregunta, porque para responderla se puede correr el riesgo de omitir episodios de una historia rica y dolorosa como ha sido la de la izquierda mexicana, también momentos intensos y fulgurantes que han hecho y modulado la historia nacional y, probablemente, llegaron a imprimirle rumbos y ritmos imprevistos.

No imagino a un Reagan soñando con Putin como desembocadura de su gloriosa victoria sobre el eje del mal. Tampoco a un Putin imbuido del más feroz y agreste sentimiento eslavófilo, no como lamento del pasado imperial sino del resurgimiento de los profundos sentimientos que enraízan en la saga del zarismo pero van más a la Rusia profunda que podría decir Guillermo Bonfil desde su México. Ayer sueños de opio y hoy pesadillas que ponen contra la pared al cosmopolitismo soberbio y petulante que se soñó triunfante para siempre la veintena pasada.

Hay naciones y personalidades dispuestas a reditar nativismos obtusos y, si evaluamos el trabajo actual de naciones y Estados en clave y código democráticos, sumarían no pocos los dispuestos, a contrapelo de la historia, a darles validez política.

En México, la izquierda en medio del huracán finisecular prefirió poner en reserva estos y otros asuntillos de la historia que se veían venir y, para su infortunio, sigue sin querer ver otras coyunturas de la misma historia presente, como ocurre con Maduro y Venezuela, como si fuesen episodios casuales con los que se puede lidiar sin caer en demasiadas contradicciones. Mucho menos en cavilaciones de filosofía de la historia.

Hacer cuentas con la implosión soviética y la explosión de su entorno, debía haber sido tarea prioritaria de la izquierda que emergió de los primeros grandes momentos de la ruptura hegemónica priísta, protagonizados desde la izquierda por Cuauhtémoc Cárdenas y sus compañeros del cisma priísta, el PMS y personalidades políticas de grueso calibre y alta presencia histórica en la política de la oposición como Heberto Castillo. La combinación de experiencias y sensibilidades que hizo aflorar la crisis política del 88 no fue debidamente calibrada por la izquierda realmente existente. Tarea crucial de un análisis político que debería haber sido obligado para los grupos dirigentes de aquella izquierda, pero no lo fue. Se impuso el litigio y la dictadura de lo táctico y también, sin duda, la necesidad de capear el temporal desatado por la propia crisis priísta en localidades y estados y quizá también animada por el nuevo grupo dirigente del Estado que había llegado a la presidencia. Afuera, lejos de los cuartos de mando quedaron como convidados de piedra temas centrales: el papel del Estado; la alianza de los grupos dirigentes con sindicatos y organizaciones agrarias; la relación con Estados Unidos. Nunca se trató del libre comercio como tal aunque, poco después el TLCAN devino la gran síntesis del diferendo histórico planteado por Cárdenas, Muñoz Ledo y sus camaradas.

Meses después en 89 el polvo del muro de Berlín y la agonía de la Unión Soviética conmueve al mundo pero no a la izquierda mexicana, ni siquiera a su vertiente de vocación comunista, que no les mereció mayor atención teórica ni política. Su ocaso se vio pasar sin que mediara reflexión alguna. Después de la caída como llamara Robin Blackburn a un notable y penetrante ensayo de la época, había que hurgar tanto en las consecuencias como en las lecciones que la gran ambición comunista dejara al mundo y en particular a las izquierdas, fuesen o no comunistas. Había que preguntarse de nuevo por aquello de las leyes del movimiento del capitalismo, pero también cómo poder crear rendijas de oportunidad para pugnar por su mejora mediante su reforma, así como por la defensa y corrección de lo mejor que habían forjado generaciones anteriores al calor de otra crisis de dimensión histórica como fue la que acaeció en los años treinta y cuarenta del siglo veinte.

Ahí estuvieron los revolucionarios mexicanos, así como los marxistas y comunistas que veían en aquel Estado y su coalición gobernante una oportunidad para sortear con bien la encrucijada de la historia mexicana de aquel tiempo.

Había que haber arriesgado hipótesis, sin duda de escala menor pero también histórica, como por ejemplo las posibilidades de caminos alternos y vías subalternas pero con capacidades inéditas de organización popular que parecían posibles dadas las brechas y fallas que la crisis hegemónica ponía al descubierto. En la política económica podría encontrarse una veta enorme de reflexión política e imaginativa, para tan sólo darle a la fuerza que irrumpiera en el 88 una impronta de voluntad de poder y de gobierno. Una auténtica alacena de alternativas que pudiese recoger y potenciar las ganas masivas de democracia y buen gobierno pero también acoger y atender a las nuevas fuerzas sociales que las crisis de aquellos terribles años ochenta trajeron: una juventud inmensa y una formidable disposición popular a la movilización y la organización de base.

Nada de lo dicho era ni es propiedad de la izquierda mexicana o internacional. Fueron el declive de la política autoritaria y las convulsiones de la economía con sus devastadoras implicaciones sobre los niveles de vida los que precipitaron estas y otras contradicciones. Pero fue el cambio del mundo, con su globalización y el anuncio de deslizamientos profundos en el orden del poder planetario, el que impuso la necesidad de pensar de nuevo el presente como historia porque era precisamente eso lo que empezaba a dirimirse en la economía y la política de las naciones y del globo.

La globalización no fue sólo una jugarreta de la historia sino una reconstrucción de los poderes políticos, pero también de los que lo reclaman; una reorganización de la división del trabajo dentro y entre las naciones; un rediseño de las maneras de distribuir y redistribuir el producto social. De esto es precisamente de lo que nos hablan los Indignados y el Occuppy Wall Street; los griegos que le plantaron cara a los burócratas y corruptos. Pero también, por mal que nos pese, el agresivo desplante de Trump a la Unión Europea, la reacción de la señora Merkel y el presidente Macron, el nuevo Jeremy Corbin, el formidable Obama. También toca alguna de las fibras, no tan finas, de la izquierda mexicana que requiere una urgente renovación, para emprender la vital tarea de dignificar la política, porque como escribiera José Woldenberg este jueves, la política sigue ahí, como el dinosaurio del cuento del gran Tito Monterroso, a pesar de tanta majadería, de tanto cinismo ordinario empeñado en implantarse como moneda de curso corriente.

Sunday, 11 June 2017 00:00

TLCAN y migrantes, adeudos en disputa  

Escrito por
Las omisiones se pagan caro. En la negociación del Tratado de Libre Comercio, firmado hace 23 años, Estados Unidos (EU) vetó el tema de la movilidad de mano de obra y México el del petróleo. Los costos están a la vista: cinco millones de mexicanos en situación irregular en EU y una empresa estatal reformada y a punto de la quiebra.

En el contexto actual ya no existe esa moneda de cambio. Pero el tema migratorio sigue presente como un fantasma en la mesa de negociación. Paradójicamente aquellas viejas promesas de que México quiere exportar mercancías y no capitales podrían ser corroboradas por la realidad empírica, de que México exporta mercancías y ya no exporta mano de obra. El flujo migratorio indocumentado ha bajado de manera constante a lo largo de los últimos nueve años.

¿Sería posible negociar la movilidad de mano de obra legal, ordenada y negociada? Muy difícil en el contexto de la administración Trump que no entiende de cifras, ni de estadística, sino de prejuicios.

Otra moneda de cambio a la que se ha hecho alusión es el control de la migración centroamericana en su tránsito por México hacia EU, que es un flujo que no ha parado y que sigue creciendo. Sin embargo, eso ya se da por hecho. México deporta mensualmente miles de migrantes y, que se sepa, no recibe nada a cambio, salvo el desprestigio de hacer el trabajo sucio.

Pero ahí no acaba el asunto. Hay mucho que negociar en este tema y ha quedado pendiente el acuerdo o tratado de totalización que se refiere a las cotizaciones de seguridad social entre ambos países. Todos los miembros de la OCDE tienen este acuerdo, menos México. Y necesariamente tiene que negociarse porque, cada vez más hay estadunidenses que trabajan y cotizan en México y luego vuelven a EU. O mexicanos-americanos que trabajan entre los dos países y cotizan en ambos lados. En el futuro cercano podrían ser millones de personas en esta situación.

Y en la negociación necesariamente se tiene que incluir a los ocho millones de mexicanos que laboran en EU y que pagan rigurosa y religiosamente sus impuestos, pero, curiosamente, la mayoría no devengará sus beneficios.

Pero algo tan claro para todos, como el derecho a la jubilación, de todos aquellos que cotizaron, no se aplica para la mayoría de migrantes. Sólo para los ciudadanos y residentes. Incluso si un migrante residente en EU regresa a vivir a México, podría perder su derecho a la jubilación, porque no residen de manera permanente en EU.

Peor aún, tres cuartas partes de los migrantes indocumentados (unos tre millones aproximadamente), que según el PEW Hispanic, tienen más de 10 años trabajando en EU no podrían tener acceso a recuperar su dinero depositado en las arcas de la Social Security Administration (SSA).

En realidad se trata de un fondo llamado Earnings Suspense File que tienen la friolera de 1.2 trillones (americanos) de dólares, compuesto por cotizaciones de los trabajadores y los empleadores a la SSA, que no han sido reclamados y están en suspenso. Según el estudio realizado por Manuel Carvallo, en Hispanic Wealth, LLC, se estima que los migrantes mexicanos puedan recuperar unos cien mil millones de dólares, y eso es posible, sí México sabe negociar. Para ello requiere de un bufete de primer nivel de abogados estadunidenses especializados en impuestos, y actuarios que conozcan a fondo el tema de la seguridad social en EU. Un gasto que bien vale la pena no regatear, dada la magnitud del adeudo.

Lo que la SSA tiene como reserva en este fondo es de tal magnitud qué fácilmente se puede financiar el gasto de 10 años de pensiones en EU. Y la tentación de quedarse con el fondo está a las puertas, por el déficit que ya acarrean.

Todo esto está complicado con una serie de leyes y disposiciones de segundo rango que pretenden que los migrantes, que regularicen su situación legal, no puedan recuperar su antigüedad y lo que cotizaron históricamente. Eso fue posible en 1986 con la ley de amnistía y muchos recuperaron su antigüedad y sus jubilaciones se hacen de acuerdo a los años trabajados en EU, pero no lo que cotizaron en México.

El panorama, además de confuso e intrincado, es preocupante. Baste recordar que ya tenemos experiencia en este tipo de asuntos. Durante el Programa Bracero (1942-1964) México recibía del gobierno estadunidense, por medio del Wells Fargo Bank, 10 por ciento de los salarios de los migrantes por concepto de ahorro y que debería ser devuelto a los migrantes a su regreso. Es bastante conocida la historia. Algo se pagó en los primeros años pero luego el gobierno se quedó con el ahorro, con el pretexto de capitalizar al Banco Agrícola, que supuestamente iba a beneficiar a todos los campesinos. Cincuenta años después vinieron las reclamaciones, sólo en parte y de mala manera solucionadas y se tuvo que reconocer el adeudo.

Los reclamos en México fueron a punta de movilizaciones, incluso hasta en el rancho de Fox en San Francisco del Rincón, Guanajuato. En EU se recurrió a la vía legal a una demanda colectiva class action, el gobierno mexicano perdió el juicio y tuvieron que pagar.

Con los ahorros de los migrantes en la seguridad social de EU puede pasar otro tanto y utilizarse como moneda de cambio en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. No hay información al respecto, pero la tentación está a la vista, tanto para la SSA como para el gobierno mexicano. Es una montaña de dinero acumulada.

Como quiera, el asunto tiene que negociarse, el acuerdo de totalización forma parte de las negociaciones del TLCAN. Se requiere de un equipo profesional que asesore al gobierno y que las negociaciones se distingan por la transparencia. No se puede repetir la nefasta experiencia de años anteriores, ni se puede negociar, con el dinero de las jubilaciones de los migrantes, para lograr otros propósitos.

Sunday, 11 June 2017 00:00

Indispensable Brasil

Escrito por

Era abril de 1996 en Asunción. Un golpe estaba en marcha contra Juan Carlos Wasmosy. El presidente constitucional se adelantó a los hechos ordenando el pase a retiro de Lino Oviedo, el General sublevado, quien respondió con la amenaza de bombardear la residencia presidencial.

Luego de tres días propios de un verdadero thriller cinematográfico, Wasmosy recibió la llamada de Fernando Henrique Cardoso, el presidente de Brasil. Era para expresarle su apoyo. Y no fue mera charla telefónica. La cancillería brasileña también envió un avión a recoger a los otros ministros de Exteriores de los países de Mercosur para llevarlos a Asunción.

La sublevación fue neutralizada. Alguien seguramente habrá caracterizado los hechos como injerencia en los asuntos internos de Paraguay. Dicho golpe fue el motivo por el cual Mercosur cuenta con la cláusula democrática en el Protocolo de Ushuaia que se firmó en 1998. Ante las crisis, más instituciones.

El recuerdo es oportuno. El pasado 31 de mayo se llevó a cabo una reunión de cancilleres para hablar de Venezuela. En medio de tanta discusión sobre soberanía e injerencia, justamente, el canciller de Brasil Aloysio Nunes puso el tema en su contexto histórico y muy en línea con su presidente de entonces. Yendo más atrás de 1996 llegó a los setenta, cuando el éxito de la intervención de la comunidad internacional se medía en vidas.

En esa época difícil—parafraseo aquí al canciller—eran tiempos de cárcel y exilio. Antes que la democracia triunfara, “solíamos golpear las puertas de las organizaciones internacionales, las puertas de la OEA para la defensa de los derechos humanos y la denuncia de los crímenes cometidos”. La crisis venezolana demanda una reflexión colectiva, concluyó, “a todo un continente que aprendió a duras penas que la democracia no es un lujo sino un bien esencial”.

La perspectiva de Aloysio, alguna vez él mismo un exiliado, le dio marco regional a la desventura venezolana. Describió una triste realidad común: las violaciones a los derechos humanos y la crónica fragilidad de la democracia, ese bien esencial. Sus palabras sonaban a una clase sobre diplomacia de normas y principios, en contraste con una de puros intereses.

Fue un soplo de aire fresco en medio de tanta mediocridad oportunista. Pero también fue un recordatorio del lugar que ocupa Brasil, su indispensabilidad para cualquier arreglo político regional. Es que Brasil es casi una superpotencia, solo que más cerca, limítrofe con todos los países sudamericanos excepto Chile y Ecuador, y con una historia compartida.

En casi una historia de familia marcada por la pobreza, la desigualdad, el populismo, los militares y la difícil construcción de la democracia. Es el hermano mayor, con partes iguales de bíceps y de empatía. Poder duro y blando al mismo tiempo, siempre fue así.

Dicha indispensabilidad también cuenta para los fracasos. Sin el apoyo de Lula y Dilma Rousseff es improbable que el chavismo hubiera llegado tan lejos. Lula incluso hizo campaña por Maduro en la elección de 2013. El spot está en Youtube: “Maduro presidente é a Venezuela que Chávez sonhou”. En Miraflores nadie lo llamó intervención extranjera, conste.

Desde entonces Brasil atraviesa por una seria inestabilidad política, derivada de un sistema de corrupción de profunda capilaridad combinado con la recesión más grave que haya tenido jamás. Ello le costó el cargo a Rousseff y luego envió a la cárcel a Eduardo Cunha, el diputado que condujo el juicio político contra la presidenta. Las denuncias y acusaciones se reproducen en el tiempo, afectando ahora al presidente Temer.

Paradójicamente, el sistema político ha anclado la resolución de su propia crisis en sus dos insignes instituciones no-políticas: el Poder Judicial, profesional e independiente como ningún otro en América Latina, e Itamaraty, su cohesionada y competente cancillería. Y mientras los procesos judiciales navegan en aguas turbulentas, su diplomacia regresa a los derechos humanos. La opción entre una política exterior basada en principios y una basada en intereses es falsa, para Brasil y para cualquiera.

O por ponerlo de otro modo: los principios son una inversión de largo plazo, pues en ellos reside el interés estratégico de una nación. Esa fue la lección de Paraguay en 1996 y así es abordada la crisis de Venezuela de hoy. Brasil sigue siendo indispensable.

Sunday, 11 June 2017 00:00

La casa embrujada

Escrito por

En mi infancia no había cursos de verano ni talleres infantiles adónde ir durante las vacaciones. En esas temporadas los niños descansábamos de la escuela jugando en la calle desbordante de risas y advertencias: No se atraviesen. No se bajen de la banqueta. No anden tocando los timbres. No se peleen.

Nuestra área de acción se limitaba a los alrededores de la vecindad. Lo más lejos que se nos permitía ir era a la tienda del viudo a comprar dulces, la tahona donde nos regalaban pan frío y la casa de doña Julia quien, por diez centavos, nos permitía ver su tele en blanco y negro.

II

Algunas mañanas, aprovechando un descuido de nuestras familias, nos escapábamos hasta la casa embrujada. Sigue en pie. Si me permitieran entrar a la escuela –que está en la misma cuadra, a unos metros de distancia–, desde el segundo piso podría ver los fresnos del jardín y la reja que aísla el patio trasero del resto de la construcción. Celerino, el cuidador, nunca nos permitió la entrada a esa zona. Debíamos conformarnos con mirar, a través del enrejado, algo de la piscina que había allí.

Inmensa, o al menos así nos lo parecía, estaba recubierta con diminutos mosaicos de colores. Era difícil aceptar que en aquella alberca tan agradable se hubieran ahogado las hijas gemelas del doctor Rosas, el dueño de la casa.

Cuando Celerino estaba de buenas, y sobrio, nos describía al personaje como un hombre muy rico que, a la muerte de sus hijas, se había ido de México dejándolo todo en manos de su sobrino, quien era también su apoderado.

A fin de mantener la casa limpia y protegida, el apoderado contrató sirvientes y cuidadores. Pese a que sus obligaciones eran mínimas y recibían la paga puntualmente, pronto renunciaban al trabajo argumentando que en la casa se oían ruidos extraños y risas infantiles.

Esos rumores circulaban por el barrio, pero nadie tenía tiempo de creer en fantasmas o aparecidos cuando lo más importante era sobrevivir a las dificultades económicas y defenderse de los vivillos: así nombrábamos a los muchachos que se volvían rateros o alcohólicos.

III

Celerino era el velador que había durado más tiempo en la casa embrujada –quizá porque era medio sordo y algo borracho–, tanto que acabó viviendo en ella. Siempre vestía overol. Cuando le lloraban los ojos –según él por el triste recuerdo de su difunta Margarita– sacaba de la bolsa trasera una botellita de aguardiente, bebía para olvidar y, moqueando, regresaba a sus deberes. Mientras, mis amigos y yo jugábamos en el jardín agreste, hacíamos competencias de carreras en los pasillos de la casa o saltábamos de cojito en la escalera sin preocuparnos de rumores ni sombras.

Ya cansados, nos dedicábamos a recorrer la casa donde todas las puertas estaban cerradas con llave. Algunas tenían cristales biselados y por allí veíamos los muebles cubiertos con sábanas blancas y los elegantes candiles bañados por los rayos de sol que se filtraban por las cortinas drapeadas.

IV

Una mañana, a Horacio, el hijo de un obrero quemado y deforme, se le ocurrió que probáramos a ver si todos los cuartos estaban cerrados. Por turno, giramos las hermosas perillas metálicas hasta que al fin una cedió. Sin dudarlo, empujamos la puerta y entramos al que debía ser el cuarto de las gemelas.

Las ventanas eran muy altas y redondas; había dos roperos empotrados, dos camitas con dosel, dos sillones con asiento de terciopelo y dos tocadores con lunas ovaladas donde aún estaban cepillos y frascos. En una pared había grandes cuadros con las letras del alfabeto bordadas y figuras de los objetos cuyos nombres empezaban con cada una: A: árbol, abanico. B: banco, brazo. C: casa, corazón. D...

Las otras paredes estaban recubiertas por un papel tapiz bello como un encaje y de colores tenues. El diseño consistía en un jardín intrincado y dos niñas de espaldas, con los brazos en alto, como si esperaran que cayera un fruto del árbol que les daba sombra. Algo especial debía tener la escena porque nos quedamos un buen rato mirándola.

De pronto oímos pasos en el corredor. Supusimos que era Celerino. De encontrarnos allí, nos prohibiría volver a la casa, así que abandonamos rápidamente la habitación. Al cerrar la puerta escuchamos risas y voces. No entendí lo que decían, ni creo que mis amigos lo hayan hecho. Estábamos asustados, y más cuando vimos a Celerino dormitando en el mismo sitio donde, minutos antes, lo habíamos dejado. Si no eran suyos los pasos que acabábamos de escuchar, entonces, ¿de quién? Imposible saberlo. En el camino de regreso a la vecindad decidimos mantener en secreto lo ocurrido.

Durante el resto de aquellas vacaciones pudimos escaparnos otras veces a la casa embrujada, pero ya nunca logramos entrar al cuarto de las niñas: estaba cerrado. Ese obstáculo sólo avivó nuestra curiosidad: así como quien oye los rumores del mar en una caracola, acercando el oído al pestillo podíamos percibir, aunque lejanas, voces y risas infantiles.

La lucha de entre dos y tres años que han librado miles de trabajadores despedidos –en su mayoría injustificadamente– del Gobierno del Estado de Puebla parece ser un martirio sin fin, ya que no solamente enfrentan la imposibilidad de resolver su situación por la vía jurídica, sino que, ahora resulta, han descubierto que algunos de sus líderes están actuando como testaferros de la parte patronal. Tal es el caso de Marco Antonio Manzano, quien ha buscado que varios de los rescindidos acepten una parte mínima del resarcimiento económico al que tienen derecho.

Mediante una serie de trampas, funcionarios del Poder Ejecutivo han iniciado un ofrecimiento masivo de liquidaciones de los trabajadores rescindidos, como una manera de que desistan de seguir reclamando su reinstalación y pago de salarios caídos, que equivale globalmente a cifras de más de ocho ceros y que provocaría una grave sangría económica para el Poder Ejecutivo, como parte de un conflicto heredado de manera autoritaria por el ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

Los miles de trabajadores que decidieron emprender juicios laborales se acabaron agrupando en dos bloques de demandantes, los cuales son encabezados por Marco Antonio Manzano Ramírez y Martha Rodríguez Salinas, pese a que comparten –en muchos casos– los mismos abogados defensores, aunque con estrategias de lucha y de negociación diferentes.

Un importante grupo de trabajadores encabezado por Marco Antonio Manzano, quien es líder de la facción más grande de rescindidos, realizó este miércoles una movilización más para exigir al Poder Ejecutivo se atienda sus demandas.

Sorpresivamente la protesta frente al Centro Integral de Servicios (CIS), ubicado en la Vía Atlixcayótl, ahora sí generó la atención de funcionarios del Gobierno y en unos minutos se aceptó una mesa de dialogo.

La sorpresa creció más cuando apareció el representante de un alto funcionario del Gobierno del Estado de Puebla y con mucha seguridad, buscando imprimir exceso de optimismo a sus palabras, les dijo algo así: “Ya no tienen que seguir protestando, ni seguir esperando, ya está lista la solución a sus demandas. Ahora mismo ya podemos firmar”.

En un principio ese ofrecimiento sedujo a los presentes, ya que para muchos era un anuncio que podía poner fin a una prolongada lucha, a los largos meses sin tener ingresos económicos fijos, a dar fin a esa constante sensación de que no había una salida a sus problemas.

Esa expectativa se desvaneció cuando el mismo funcionario dijo: “Ya están imprimiendo los cheques de sus liquidaciones para que los firmen”, palabras más, palabras menos.

La palabra “cheque” hizo que la alegría asomara en los rostros de muchos de los rescindidos. Sin embargo, los que entendieron la trampa empezaron a advertir que eso no era un beneficio, sino un retroceso. La lucha es por la reinstalación laboral y el pago de salarios caídos, no por una liquidación que es un monto muy inferior económicamente hablando y un beneficio social menor a los derechos que están reclamando.

El desconcierto, el enojo, la decepción, la ira, se fueron apoderando de la mayoría de los asistentes al encuentro al percibir que ni remotamente eso arreglaba la crisis económica a la que entraron como consecuencia de los despidos ordenados por Rafael Moreno Valle Rosas contra miles de trabajadores, cuya única falta era que habían sido parte de anteriores administraciones estatales.

Para muchos de los asistentes no resultaba sorpresivo que, por enésima vez, los intentaran acallar con un plato de lentejas. Sino su desconcierto vino cuando la mayoría decidió levantarse de la mesa, menos una persona: Marco Antonio Manzano, quien hizo esfuerzo por persuadirlos de que era una buena opción lo que les ofrecían en ese momento al movimiento de trabajadores rescindidos.

Marco Antonio Manzano intentó calmar los ánimos de inconformidad cuando dijo: “Yo me quedo; yo si firmo”, según narraron algunos testigos.

Cuando se percataron de esa actitud, de inmediato surgieron una lista de acusaciones, dijeron que el líder del movimiento sabía lo que iba a pasar, intentó hacerlos aceptar la propuesta oficial, parece estar en contubernio con el Gobierno y no con sus representados.

Manzano es un trabajador jubilado del Gobierno del Estado, al que obligaron a retirarse del servicio activo cuando quiso contender por la Secretaría General del Sindicato de Burócratas y suceder en el puesto a Héctor Posadas, como parte de la estrategia que emprendió el Gobierno del Estado para debilitar a dicha organización gremial y no fuera un obstáculo en el proceso de despedir a más de 10 mil trabajadores.

Dicho personaje se volvió dirigente de cientos de rescindidos porque sufrió el despido de dos de sus hijos que laboraban en el Gobierno del Estado.

Se dice que el próximo domingo, en el Parque Juárez, habrá una asamblea de los trabajadores rescindidos para desconocer la representación de Marco Antonio Manzano.

Y con ello mandar el mensaje al Gobierno del Estado de que la lucha por sus derechos laborales no ha terminado.

 

Saturday, 10 June 2017 00:00

ABC, el infierno

Escrito por

La codicia de la más enana mentalidad empresarial, solapada por funcionarios infames y corruptos, permitió que el cielo se convirtiera en infierno y cayera sobre los cuerpecitos y las almas inocentes de más de 150 nenes, de entre cinco meses y cuatro años de edad, confiados al Estado en su responsabilidad de dar cuidados y atención a los hijos de trabajadoras mientras cumplen su jornada laboral.

Fue el 5 de junio de 2009 que el incendio en la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, acabó con la vida de 49 infantes y dejó más de 100 dañados gravemente y de forma irreversible. “Nosotros tuvimos la suerte –me confiaron unos jóvenes padres– de que nuestro niño muriera asfixiado, ya que pudimos recuperar su cuerpecito. Muchos padres no pudieron ni reconocer el cadáver de sus hijos, destruidos casi totalmente por el fuego”.

Se quiso ver como único culpable de la tragedia al empleado –asesinado unos días después–, quien cumplía órdenes de incendiar la parte de la bodega contigua a la guardería, a fin de desaparecer documentos que eran pruebas de corrupción y negocios ilegales del gobernador Eduardo Bours.

Pero en realidad, si la guardería hubiera funcionado no en una media bodega sino en instalaciones adecuadas y seguras, ningún fuego hubiera matado trágicamente a los niños. La guardería ABC no contaba con detectores de humo ni extintores para el fuego ni con salidas de emergencia ni puertas adecuadas; tampoco con suficiente personal. El establecimiento no cumplía con las normas mínimas de seguridad y protección civil: el techo estaba recubierto con un plafón de material inflamable (poliestireno) que se empezó a derretir y a caer en forma de plástico líquido ardiente sobre los niños, hasta desplomarse por completo como una enorme plancha ardiente.

Pero ¡¿cómo pudo ocurrir esto?!

Porque los socios dueños de la guardería –principalmente Marcia Matilde Gómez del Campo, Sandra Luca Téllez Nieves y Gildardo Urquides, emparentados con Margarita Zavala (esposa de Felipe Calderón) y Eduardo Bours– estaban amparados además por un contrato de subrogación firmado por Juan Molinar Horcasitas.

La subrogación de guarderías del IMSS se hizo desde 1983 para no abrir más guarderías y se pagaba por cada niño 2 mil 500 pesos mensuales a concesionarios que, como se evidenció, pueden invertir lo menos para ganar lo más: más de medio millón de pesos mensuales, sin que se les supervise ni se exija cumplir las normas para dar digna atención y toda la seguridad humanamente posible. El 5 de junio no se olvidará jamás. Hasta que haya justicia real, recordaremos la infamia y pensaremos en la tragedia ABC como si ocurriera hoy.

 
Saturday, 10 June 2017 00:00

Elecciones y proyecto educativo

Escrito por
Después de cientos de millones de pesos, toneladas de propaganda, mítines, tinacos, promesas y acarreos, el espacio electoral del estado de México ofreció a los mexicanos atentos un resultado gris, sin esperanza, sin resultados claros y contundentes, sin discursos y tampoco hechos (como un esfuerzo de unidad de la izquierda) capaces de sacudir el impasse político-electoral de años que invade cada rincón del país. Si en 1988, en 1994, en 2006, el país se detuvo y por un breve momento se miró a sí mismo como capaz y a punto de transformarse, lo que el Edomex anunció para 2018 fue sólo la perspectiva del ascenso de la insignificancia (Castoriadis). Victorias o derrotas de tres puntos porcentuales no cambian al país, lo entrampan. El mundo electoral, falto de significancia, ya no es parte de la realidad de quienes habitamos este país, lo real ahora es la inseguridad, la violencia desatada, las mujeres asesinadas y los periodistas acallados a balazos, los jóvenes sin escuela, el desempleo, pero, también, un enorme espacio de luchas fragmentadas, dispersas y sin un horizonte de nación. Coronado todo por una clase política –bien representada por algunos preclaros gobernadores– cada vez más frívola y corrupta, un estamento que, evidentemente, tampoco tiene ya algo significativo que decir a los mexicanos; salvo invitarlos a vender el voto y ampliar así la corrupción. Se trata de una crisis ya no política, económica o social sino de fondo, desde el basamento mismo de la ética, de las cavernas que con sus techos en arco sostienen los mundos sociales. Es una inestabilidad creciente que tarde o temprano tenderá a aglutinarse y hacer sentir su enorme peso en algún espacio y momento inesperado. Y del derrumbe aflorarán ahí todos los reclamos, los adeudos históricos, las víctimas, pero también esperamos, los proyectos de una nueva nación.

Porque en todos estos años, lustros, en cada una de esas pequeñas y grandes luchas, se han venido acumulando lecciones, talentos y experiencias. Y éste es el material con el que inevitablemente se tiene que construir un nuevo proyecto. Ahí está lo que lograron los estudiantes del 86-87; lo que hicieron los campesinos de La Laguna y muchos otros mexicanos en 1988; la transformadora saga de los zapatistas en 1994; la lucha de estudiantes en 1999-2000; las autodefensas auténticas en 2000, y la lucha magisterial, todavía en desarrollo, de 2013 hasta la fecha. Éste último ha logrado lo que lastimosamente falta a los partidos: la capacidad para detenerse a pensar, desde cientos de discusiones en todo el país, en un proyecto de educación (y por lo tanto, en un proyecto de nación). Frente al desastre de la desunión de las izquierdas electorales, han mostrado también la capacidad de mantener la unidad, a pesar de estar integrada por muy disímbolos rumbos geográficos y culturales, rurales y urbanos, mestizos e indígenas, todos maestros. Un proyecto que, finalmente, retoma las necesidades y dinámicas locales, que bebe de fuentes diversas y que encarna los deseos más profundos de muchos educadores. Y lo materializa en un documento. Se trata de las Bases para una Propuesta de Educación Alternativa en México (https://es.scribd.com/document/342545317/Bases-Para-Una-Propuesta-de-Educacion-Alternativa-en-Mexico-3-0) (2017, 64 páginas), que abre una reflexión colectiva sobre la educación, una propuesta de proyecto nacional de la educación que en muchos lugares los maestros pueden recuperar para alimentar sus propios esfuerzos.

Ante el fracaso de un proyecto desde arriba, desde el poder centralizado y burocrático, este otro, de hombres y mujeres capaces de resistir y trabajar durante años promete una vitalidad que urgentemente necesita el país y la educación. A diferencia del oficial, no es un documento acabado, especificado al detalle y, por tanto, de aires monolíticos, sino una desarmable propuesta de guía para la reflexión y transformación de la acción educativa, incluyendo grandes principios para la práctica pedagógica, los temas centrales, la evaluación, la relación con la comunidad. Es un documento que, precisamente para ser útil a la nación requiere del complemento y mejora a partir de la reflexión de grupos locales, incluyendo a estudiantes de toda edad, familias y la comunidad a la que sirven. De ahí que es también un documento base para encuentros regionales, estatales e incluso nacionales donde a partir de su experiencia y de sus críticas y reflexiones puede enriquecerse notablemente.

Desde la arena electoral es difícil generar este tipo de iniciativas, la agenda prioritaria es ganar elecciones, algo poco compatible con el enorme y paciente esfuerzo de construcción y participación de cientos de miles para generar un proyecto de educación. Y no es raro que, una vez logrado el triunfo electoral, el intento quede subordinado a la lógica del poder y sus exigencias cotidianas. Por eso, estos procesos de amplia participación y construcción deben hacerse respetar por partidos y gobiernos; requieren de apoyo y de apertura de espacios, pero no de avasallamiento. Es decir, es indispensable la autonomía. Porque ésta hace posible que los que siempre han estado abajo hablen desde arriba. Y marquen así las grandes líneas de la política, sobre todo las de educación. Y, con eso, transformen el país.

*Rector de la UACM

Page 9 of 133
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…