Opinión

Opinión (1462)

De pie, delante de un librero, vestido con suéter azul marino, un joven de 87 años sostiene una pancarta con ambas manos, en la que envía un mensaje directo: Mi solidaridad con las familias de los normalistas de Ayotzinapa y de los sacerdotes asesinados y desaparecidos en Guerrero. Nos faltan 43 y más.

El hombre solitario que aparece en la foto del cubículo académico se llama Noam Chomsky. Es, a un tiempo, uno de los más prominentes lingüistas y uno de los más destacados intelectuales públicos del mundo.

Una distinguida dama de 84 años, pelo color platino y chaqueta roja, muestra un cartel con las fotos de los 43 normalistas desparecidos, y la consigna: ¡Vivos se los llevaron! ¡Con vida los queremos ya! Está acompañada de familiares de los muchachos y por estudiantes de la Raúl Isidro Burgos. He recordado mi misma historia, la historia de mis compañeras las abuelas, que con lágrimas de no saber qué hacer empezamos la búsqueda, dice a los asistentes a un acto de solidaridad.

La mujer que defiende a los desaparecidos mexicanos es Estela Carlotto, la presidenta de la asociación argentina Abuelas de Plaza de Mayo. Sabe de qué habla. Durante 36 años buscó a su nieto, después de que su hija fue desaparecida y asesinada por la dictadura militar. Finalmente lo encontró.

El 8 de octubre de 2014, un pensador de 82 años, con pantalón y camisa de mezclilla se retrató en la Piazza Cardusio de Milán, Italia, rodeado de un grupo de unos 40 hombres y mujeres que enarbolan una bandera mexicana y varios carteles escritos a mano con exigencias en español e italiano. Uno reza: Basta de violencia en nuestro México. Protegido del frío otoñal por una larga chamarra café, carga una bolsa llena de libros y papeles.

El personaje de la fotografía es el semiólogo Umberto Eco. Año y medio más tarde falleció. La protesta en la que aparece fue convocada para exigir la presentación con vida de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala. Allí, el autor de El nombre de la rosa leyó cada uno de los nombres de los normalistas.

En otra instantánea, un escritor argentino de 89 años, rodeado de plantas, con sus lentes y un vaso con un poco de vino sobre una mesa a su costado, muestra una cartulina escrita a mano con colores diferentes que dice: Nos faltan... 43.

La figura de la fotografía es Osvaldo Bayer, autor de un libro de culto: La Patagonia rebelde. Perseguido por los militares golpistas de su país, perdió todos sus bienes y tuvo que exiliarse en Alemania durante ocho años. Otros amigos suyos, como Haroldo Conti y Rodolfo Walsh, no pudieron hacerlo.

Estos cuatro retratos de Chomsky, Carlotto, Eco o Bayer, con sus rústicas cartulinas manuscritas no dicen que faltan 43 estudiantes. Afirman que NOS faltan 43. Nos faltan a todos.

Ese NOS (así, con mayúscula) es parte de una historia excepcional, que va más allá del compromiso individual de estos cuatro grandes pensadores contemporáneos: la de cientos de miles de personas en todo el planeta a las que la tragedia de Iguala sacudió y conmovió. Hombres y mujeres que, a pesar de hablar en los más diversos idiomas y vivir en los lugares más remotos, han vencido la maldición de la Torre de Babel para decir a los familiares de los muchachos desaparecidos que no están solos en su búsqueda, que ellos los acompañan en su dolor y en su lucha.

Se trata de una historia de indignación y rabia, de solidaridad y fraternidad, a un tiempo perdurable y entrañable. De una historia que hoy, gracias al libro El tiempo de Ayotzinapa, de Carlos Martín Beristain, puede comprenderse mucho mejor.

A contracorriente de la narrativa oficiosa que busca difundir y legitimar la verdad histórica, El tiempo de Ayotzinapa esclarece lo que verdaderamente sucedió con los normalistas la noche del 26 de septiembre y los días siguientes. Ante el camuflaje y la falsificación de los hechos promovidos desde el poder, el libro ordena y da sentido a la información disponible.

La tarea es doblemente compleja. Primero, porque de por sí esos son los modos de los encargados de la procuración de la justicia en el país. Y segundo, porque estamos ante un caso de desapariciones forzadas. Y, como advierte el autor, la misma desaparición forzada es una estrategia de confusión, en la que se oculta no sólo el destino del detenido, sino el propio hecho. Una estrategia en que la verdad se convierte en territorio en disputa como en ningún otro lado, en una especie de arena movediza.

El tiempo de Ayotzinapa habla desde la aflicción de las víctimas. “Sin entender el dolor de la desaparición forzada –escribe Carlos Beristain–, no hay investigación posible, ni relación con los familiares que la acompañe”. Lo hace escuchando a las víctimas y confiando en su palabra. “Para mí –dice al describir tiempos de confusión– está claro que los estudiantes dicen la verdad”.

El tiempo de Ayotzinapa es un libro de libros, en el que discurren y se engarzan diferentes relatos organizados alrededor de un eje común: el de la noche de Iguala. Es una crónica sobre lo sucedido el 26 y 27 de septiembre de 2014, sobre la que se monta una nueva Divina comedia, que nos conduce a través de los círculos del infierno de la desaparición forzada en México.

El tiempo de Ayotzinapa hace el milagro de traducir los términos supertécnicos de informes forenses y expedientes judiciales a un lenguaje comprensible. Lo hace dejando en claro la responsabilidad en los hechos y en el ocultamiento de la información de muy poderosos funcionarios públicos, sin estridencias ni denuncias flamígeras.

A pesar de ser un relato sobre el dolor y de que el libro duele, no hay en El tiempo de Ayotzinapa signo alguno de literatura plañidera. Beristain es capaz de encontrar esperanza en la tragedia, optimismo en el infortunio. Nombrando lo intolerable, cuida poner siempre por delante la extraordinaria capacidad de resistencia creativa de padres y estudiantes. El resultado final es conmovedor y entrañable.

La lectura de El tiempo de Ayotzinapa puede ser una forma altamente provechosa de celebrar los 91 años de la Normal Raúl Isidro Burgos, de recordar nuestro tiempo.

Twitter: @lhan55

Tuesday, 25 April 2017 00:00

Con la mira puesta en la visita de la CIDH

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Con la mirada, pero también la “esperanza”, como dice Lita Boitano, puestas en la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), un enorme espacio de organismos de derechos humanos, organizaciones territoriales, gremiales y políticas se dieron el desafío de escalar los reclamos sectorizados y converger en dos jornadas de debate para elaborar un informe sobre los retrocesos en las políticas públicas del Estado. Las jornadas serán el 28 y 29 de abril. Se llaman Foro por la Libertad y la Democracia. Nacieron al calor de las discusiones semanales del Comité por la Libertad de Milagro Sala pero se abrieron a múltiples espacios. Migrantes, derecho a la protesta, género, memoria y sindicalismo son algunos de los ejes. El lunes 22 de mayo las organizaciones presentarán el informe a los representantes del organismo de la Organización de Estados Americanos cuando sesione en Buenos Aires. 

El viernes a la noche, cuando los organizadores hacían circular los primeros programas con los puntos de encuentro del Foro, luego de mucho debate, en Jujuy, el gobernador Gerardo Morales retorcía un nuevo clavo en el cuerpo de la Tupac Amaru extendido en el barrio Alto Comedero. ¿Qué hacía ahí a las diez de la noche? Inauguró postes de luz. ¡Postes de luz! En una ciudad devastada. Y con escenografía de guerra. Distribuyó 200 policías para frenar a los integrantes de la organización a 50 metros de la entrada. Infantería con escarabajos, Caballería, unos diez patrulleros y motos. “¡Viva Jujuy!”, dijo. Y en diálogo con la escena de ese gran movimiento que busca desencadenar una respuesta a los aprietes, a las detenciones ilegales, a la desinstitucionalización el mecanismo de las paritarias, gritó: “Y los de afuera ¡son de palo!”

El foro por la Libertad y la Democracia llega después de mucho esfuerzo, búsqueda de consenso y debate. Dos voces pueden mostrar ese punto de encuentro. Lita Boitano, madre de dos hijos desaparecidos, parte de las fundadoras de Familiares de Desaparecidos y Detenidos Políticas. Y Coco, Alejandro Garfagnini, coordinador nacional de la Túpac Amaru, una de las criaturas políticas engendradas por el milagro de Milagro Sala.

“Creemos que hay que dar una respuesta unificada a todo lo que está pasando”, dice Garfagnini a PáginaI12. “Si no lo hacemos, entramos en el esquema funcional del macrismo, que es el que planteó en algún momento Esteban Bullrich: te pegan por cincuenta lugares y las respuestas que damos son todas sectoriales. Está bueno que demos las respuestas sectoriales pero en algún momento hay que dar una respuesta unificada, creo que esta va a ser una respuesta unificada y una muestra política importante ante la presencia de la CIDH.”

Lita Boitano se convirtió con el paso del tiempo en una pieza más del Comité. Mientras vuelve de un trámite de horas porque no puede pagar una placa para radiografiar el estado de sus huesos, habla estremecida por las últimas noticias de la entrada de la policía al Colegio Mariano Acosta. “Tenemos toda la esperanza de que de este foro surjan la mayor cantidad de estrategias para mostrar la violación de derechos humanos en todos los ámbitos”, dice a PáginaI12. “Queremos discutir nuestros reclamos, para que después también la CIDH escuche, como hace muchísimos años, cuando nosotros desde los organismos de derechos humanos reclamamos que, por favor, nos ayuden a encontrar a nuestros hijos, a saber qué habían hecho con cada uno, cuando en esos años la mayoría todavía los buscábamos vivos. Ahora no estamos hablando de dictadura ni mínimamente, pero hay atisbos represivos que son preocupantes y es una manera de hacer saber al mundo y primero a la CIDH de la OEA lo que está sucediendo.”

El Foro comenzará el próximo viernes 28 a las 17 en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en Santiago del Estero 1029. En la apertura van a estar Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, y Taty Almeida y Nair Amuedo, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. El sábado 29 entre las 10 y las 14 sesionarán foros en 11 puntos de la Ciudad de Buenos Aires. Estarán encabezados por referentes de los más diversos espacios políticos, sociales, sindicales, académicos y de la cultura. Entre ellos, la dirigente política y nieta recuperada Victoria Montenegro, la socióloga e integrante del colectivo Ni Una Menos María Pia López, la socióloga e historiadora Dora Barrancos y los directores de cine Lucía Puenzo y Javier Diment. También participarán referentes de otros espacios políticos en espejo con lo que sucedió con las visitas a Milagro Sala. Estarán Fernanda Gil Lozano, del Frente Renovador, y Leonardo Grosso, del Movimiento Evita. 

Desde la organización explican que lo que se busca es una articulación popular para dar cuenta del estado de situación de Argentina. Que por eso es una convocatoria abierta y amplia, no sólo entre los que convocan sino también entre los convocados. “Pusimos la palabra foro porque creemos que la democracia se asienta en la participación y el compromiso político de la defensa de nuestros derechos”, dice Laura Sotelo, de ATE, y del comité de organización. “Lo participativo también habla de emancipación. Pero es participativo porque también habrá sesiones en universidades del resto del país. Va a funcionar en distinto tipo de sedes, sindicatos y organismos. Y el cierre de las dos jornadas se hará en la Escuela itinerante como gesto frente a la educación pero también de pelea por la institución de la paritaria como modo de sostener la democracia”. 

Hay muchos y muchas involucrados. Eduardo Tavani, Estela Díaz, Elizabeth Gómez Alcorta y Charly Pisoni. “Si bien cada uno de nosotros, desde nuestros espacios, fue generando diferentes prácticas de resistencia, este es un momento en el que es necesaria la unidad”, dice Victoria Montenegro. “Y el Foro tiene mucha amplitud porque puede participar no sólo el que sabe qué sucede en los juicios de lesa humanidad, sino el que no sabe. Y aquellos que están siguiendo y sufriendo la persecución a los trabajadores, a las cooperativas de trabajo, la persecución sindical, la violencia institucional. Es un ocasión para enriquecer el debate y pensar líneas de trabajo, tomar otras experiencias, registrarlos y poder presentar un informe el 22 de mayo ante la CIDH”, agrega. 

Daniel “El Tano” Catalano también cree que el Foro es sólo un punto de llegada, sino un nuevo punto de partida para otra etapa del trabajo. “No podemos convalidar ni naturalizar hechos de violencia institucional brutales como los que suceden desde Ushuaia hasta La Quiaca, no podemos retroceder años en lo que hace a la criminalización de la protesta. La represión, un modelo económico que busca dejarnos de lado para facilitar el saqueo de los poderes concentrados. Este espacio es necesario para tomar conciencia y para organizarnos en consecuencia. Por la libertad de Milagro Sala y de los presos políticos, y contra la persecución política y sindical, es que invitamos a todos a participar del Foro por la Libertad y la Democracia”. Según Hugo Yasky, para “la CTA es un paso fundamental la constitución del Foro, para exigir con más firmeza la libertad de Milagro Sala. No podemos permitir en nuestro país tener presos políticos. Este espacio también defenderá los derechos conquistados y la democracia en nuestro país”.

Tuesday, 25 April 2017 00:00

Un mundo sin docentes

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Lo que hay en juego en la lucha docente es mucho más que una defensa del salario, las condiciones de trabajo y los derechos laborales. El régimen de acumulación del actual capitalismo financiero al que solemos dar el nombre de neoliberalismo embiste contra la docencia como práctica social, sobre todo, porque hay en ella algo irreductible a ese régimen. 

La destrucción de la educación pública requiere en primer lugar una operación de agravio sistemático hacia el trabajo docente: el recurso a las neurociencias como sustitución de la sabiduría pedagógica atesorada en las aulas, la incentivación de autodidaxias individualistas que solo requieren de recursos tecnológicos al alcance de cualquiera, la represión policial de maestros, buscan imponer la idea de que los docentes son superfluos y, a largo plazo, el proyecto de un mundo sin docentes. 

La docencia (está en su etimología misma) encierra la pregunta por el lugar del don en la vida humana; por la existencia de lo sin precio o, si quisiéramos emplear un término más familiar a las ciencias sociales, de lo que no es mercancía ni es pasible de ser convertido a un equivalente general como lo es el dinero y por ello mismo conserva algo, una dimensión, que se resiste a ser capturada en la ecuación costo/beneficio.

Una vieja enseñanza de Marx advierte que el modo de producción capitalista establece un mundo en el que nada –ni los seres humanos ni el trabajo, ni las cosas– puede ser sustraído a la condición de mercancía (palabra que comparte la raíz etimológica con mercenario, con meretriz, con mérito). Esa enseñanza del realismo marxiano permite precaverse de ilusiones y mantenerse a distancia de cualquier concesión idealista sobre la condición de los seres y las cosas en el capitalismo, donde –leemos en el libro I de El Capital– “todo se convierte en dinero. Todo se puede comprar y vender… Y de esta alquimia no escapan ni los huesos de los santos ni otras cosas sacrosantas exentas del comercio humano mucho menos toscas. Como en el dinero desaparecen todas las diferencias cualitativas de las mercancías, este radical nivelador borra, a su vez, todas las diferencias”.

En cierto sentido, las luchas contra la “mercantilización del conocimiento” que llevamos adelante revisten cierta ingenuidad. El trabajo mediante el cual los docentes producimos y reproducimos nuestras condiciones de existencia, el conocimiento, las ideas y otras cosas “sacrosantas” son de hecho mercancías, resulta imposible que no lo sean en cuanto el sistema bajo el que vivimos y morimos es el capitalismo. Pero solo es así en un cierto sentido.

En efecto, la pregunta por lo sin precio y “lo inconvertible” (lo que siendo mercancía en un aspecto resiste su apropiación por el mercado bajo otro aspecto) orienta a interrogar la educación como lugar de invención y resistencia. Invención de conocimiento “inconvertible” o –según una expresión del propio Marx– “improductivo”, es decir inútil a los requerimientos de la producción capitalista; y resistencia no solo a la apropiación de la educación pública por empresas y agencias de negocios, también a la conversión del sistema educativo en una organización empresarial cuyo núcleo ideológico designa la palabra “emprendedorismo”.

Las instituciones públicas (la escuela, la universidad, el Conicet) no son exteriores al capitalismo. Los docentes e investigadores mantienen su existencia material gracias a la remuneración que obtienen en ellas. Por eso se agremian, hacen huelgas, disputan la ley, defienden el salario, expresan intereses. Sin embargo, en el ejercicio público de la docencia y la producción de conocimiento hay una excedencia por relación a la estricta mercancía; algo irreductible al solo propósito de producir renta y recabar beneficio como sea, que es la ley de hierro en la producción capitalista.

En suma: hay algo en la educación pública que resiste su conversión al puro negocio y a la explotación económica que recorre el universo de las mercancías y de los vínculos. Eso sin precio sustraído al imperio de la mercancía es del orden de la gratuidad. La gratuidad provoca una interrupción económica, pero también cultural y social en los circuitos voraces del capitalismo. La educación pública no es solo un “gasto” intolerable para el emprendizaje capitalista que no deja nada sin convertir a sí mismo, es también promesa de un conjunto de relaciones sociales reticentes a la explotación, a la apropiación del trabajo y del producto del trabajo de otros, al reino de la mercancía y a la dominación ideológica.

La mayor amenaza a la que se halla hoy expuesta la educación pública es un progresismo reaccionario y tecnocrático que acusa de conservador a todo lo que busca sustraerse a su nudo imperio. Entendemos aquí por progresismo reaccionario una lógica de colonización del tiempo, los objetos y los cuerpos conforme la cual nada nuevo podría surgir, solo la indefinida reproducción del capital. Es la ideología que sustentan el “discurso competente” y el léxico de la “excelencia”; la retórica meritocrática que liquida memorias, clausura el anhelo de igualdad y bloquea la imaginación crítica. Reaccionario es el progreso concebido como perpetuación acumulativa de lo mismo, desarrollo de lo existente inmune al riesgo y a las implicancias emancipatorias de un saber instituyente que pudiera hacer un hueco en lo que hay o producir un desvío hacia otra parte.

Pensada como bien común –como bienes comunes son el agua, la tierra o la lengua–, la educación es un ámbito de hospitalidad que inquiere por la gratuidad y lo sin precio. Lo común no es identidad sino diferencia. No es algo que está dado, ni un elemento anterior y preestablecido. Lo común es una conquista social; nunca una transparencia autoevidente sino el resultado de un trabajo del pensamiento. Una dimensión de comunidad, en efecto, existe en el centro mismo de la educación pública: una comunidad de diferentes, una comunidad de los comunes o –para remitir a un concepto que en la filosofía reciente tuvo un trayecto muy fecundo–, una “comunidad de los sin comunidad”. No una comunidad a la que inexorablemente se pertenece (por proveniencia de clase, religión, suelo, raza o tradición), sino una comunidad que se construye, que se produce, en la que se entra. 

Obstáculo para la distopía de un mundo sin docentes por el que brega la angurria neoliberal, la educación pública encierra la promesa laica de una comunidad de iguales. Y la lucha docente por el salario, una paradójica y acaso involuntaria protección de la gratuidad que aún alojan ciertos vínculos, a la vez que una gratitud de parte de todos quienes alguna vez, siendo niños o después, nos hemos beneficiado de ellos. 

* Docente de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba.

Es evidente que la religión, o las Iglesias y agrupaciones religiosas en particular, tienden a meterse en la esfera pública, aunque esté penalizado por las leyes, ante la vigilancia, pero en ocasiones desafortunadamente también ante la indiferencia de las autoridades competentes que, en el caso mexicano, por ley, son las federales y para efectos electorales, también las estatales. Caso positivo: hace unos cuantos días el Instituto Estatal Electoral de Nayarit rechazó la nominación por parte del Partido Encuentro Social, de un ex pastor de una iglesia cristiana (evangélica), por no cumplir con los requisitos de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, la cual establece la obligación para cualquier ministro de culto de haber renunciado a su cargo cinco años antes del inicio de la campaña electoral. Hay que decir que esta ley federal en realidad favorece a los ministros de culto de algunas iglesias protestantes o evangélicas, ya que estos ministerios no son necesariamente permanentes (es decir, un pastor puede serlo, dejar de serlo y volver a serlo en varias etapas de su vida), mientras que en el caso de la católica el ministerio sacerdotal es permanente y además el Código de Derecho Canónico establece (canon 285) que a los clérigos les está prohibido “aceptar aquellos cargos públicos que llevan consigo una participación en el ejercicio de la potestad civil” y señala (canon 287) que “no han de participar activamente en los partidos políticos ni en la dirección de asociaciones sindicales, a no ser que, según el juicio de la autoridad eclesiástica competente, lo exijan la defensa de los derechos de la Iglesia o la promoción del bien común”.

Caso negativo: más allá de las cuestiones estrictamente partidistas, lo cierto es que algunos líderes religiosos tienden a inmiscuirse en cuestiones de política general, bajo la lógica de que ellos están buscando esa promoción del bien común. Y al hacerlo, en muchos casos se convierten en actores políticos que, en el supuesto de esta búsqueda, comienzan a intervenir directamente en las luchas por el poder. Es el caso del obispo de Cuernavaca, quien aparece como un claro aliado de los sectores contrarios al gobernador de Morelos. Lo malo es que a éste, para poner al obispo en su lugar, ante la incapacidad de la Segob para hacerlo, no se le ocurrió más que involucrar al Nuncio Apostólico. No me parece la mejor solución.

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Tuesday, 25 April 2017 00:00

El mundo ante la amnesia ambiental

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El futuro sobre el cual nos han advertido está comenzando a sentirse en el presente. Tendemos a imaginar el cambio climático como la destrucción. Sin embargo, también se disfraza de alteración y caos: tormentas y sequías cada vez más frecuentes y poderosas; inundaciones más intensas; extensas variedades de pestes que convierten bosques en yesca de incendios sin control, o temporadas en las que el calor es insoportable. Tantas facetas de nuestra existencia —la agricultura, el transporte, las ciudades y la arquitectura que estas engendraron, por ejemplo— fueron diseñadas para entornos específicos y ahora, poco a poco, están siendo remplazadas por otras distintas, más volátiles, sin mudarse o cambiar.

Estamos acostumbrados a escuchar sobre casos trágicos de naciones insulares que sencillamente desaparecerán; países como Tuvalú y Kiribati que enfrentan la posibilidad de tener que negociar la reubicación de todos sus ciudadanos a otros países. Sin embargo, también debe haber, en algún rincón del planeta, y para cada uno de sus habitantes, un umbral en el que un lugar familiar se convierte en uno desconocido: una atmósfera alterada, inundada de extrañeza y rareza, en la que, de un modo u otro, viviremos, aunque en el exilio. El filósofo australiano Glenn Albrecht describe este sentimiento como “solastalgia”, un desconsuelo en respuesta a cambios negativos en el medioambiente o “la añoranza que nos aqueja sin que nos hayamos ido del lugar que llamamos ‘hogar’”.

Algunas comunidades enfrentarán nuevos problemas y variantes climáticas; en otras, los ya existentes se intensificarán. Las sociedades que ya son vulnerables —los pobres, los mal gobernados— podrían llegar a puntos críticos muy sombríos. Pensemos en el hambre generalizada que azota a Sudán del Sur, Nigeria, Yemen y Somalia, donde se prevé que un total de casi medio millón y medio de niños muera este año y se espera que el cambio climático empeore el tipo de sequías que ha ocasionado. También pensemos en un informe de 2015 del Departamento de Defensa de Estados Unidos que enmarca el cambio climático como un “multiplicador de amenazas” geopolíticas que “amenazarán la estabilidad interna en diversos países”, y cita un estudio que demuestra cómo una sequía de cinco años en Siria contribuyó con el estallido del conflicto actual en esa zona. No obstante, la negación está otra vez de moda entre los más poderosos. En Estados Unidos hay un presidente que ha dicho que el cambio climático es un invento, por ejemplo.

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CreditIlustración de Christoph Niemann

También nos alejamos de la desorientación y de la alarma de otras formas más nocivas. Parecemos capaces de normalizar las catástrofes a medida que las vivimos, un fenómeno que hace referencia a lo que Peter Kahn, profesor de Psicología de la Universidad de Washington, llama “amnesia ambiental generacional”. Cada generación, argumenta Kahn, puede reconocer solo los cambios ecológicos de los que sus miembros son testigos durante su vida. En una charla reciente, Kahn puso como ejemplo las condiciones de vida en una megalópolis como Calcuta, o en las áreas tan empobrecidas y contaminadas de Houston que se han visto afectadas por las refinerías de petróleo. En Houston, donde llevó a cabo su primera investigación a principios de los 90, Kahn descubrió que dos terceras partes de los niños a los que entrevistó entendían que la contaminación del aire y del agua eran problemas ambientales, pero solo una tercera parte creía que su propio barrio estaba contaminado. “La gente nace en estas condiciones de vida”, me explicó Kahn, “y piensa que es lo normal”.

Se puede ignorar algo no solo mirando hacia otro lado, sino si se le mira tan de cerca que se pierde perspectiva.

Daniel Pauly, científico que estudia al sector pesquero en la Universidad de Columbia Británica, llegó casi a la misma conclusión, pues reconoció que, a medida que colapsaban las poblaciones de peces de gran tamaño, la humanidad –ignorante– había cambiado a la pesca de especies relativamente más pequeñas. En consecuencia, escribió Pauly, se da de manera generalizada la “desaparición progresiva” de esa parte de la fauna a partir de “puntos de referencia inadecuados”. Denominó a esta visión defectuosa “síndrome de cambio en el punto de referencia”.

Sin embargo, existen muchos cambios más sutiles en nuestra conciencia que no se pueden delimitar de forma tan precisa. Escenarios que sonarían distópicos o satíricos como proyecciones futuras que se materializan modestamente en la realidad.

El año pasado por el derretimiento del permafrost en Siberia se liberó una cepa de ántrax que había quedado encapsulada en el cadáver de un reno congelado, misma que enfermó a cien personas y mató a un niño. En julio de 2015, durante el mes más caluroso que se haya registrado en la Tierra (hasta que el siguiente año superó el récord) y el día más caluroso que se haya registrado en Inglaterra (hasta el siguiente verano), el diario The Guardian tuvo que cerrar su blog con actualizaciones en vivo sobre la ola de calor cuando los servidores se sobrecalentaron. Las ciudades que se encuentran a altitudes bajas en todo el mundo están experimentando más casos de “inundaciones sin lluvia”, en las que calles o barrios enteros quedan inundados temporalmente por la marea alta y las marejadas ciclónicas. Sin embargo, los científicos y los planificadores urbanos han conjurado un tecnicismo que suaviza esa sorprendente realidad: nuisance flooding, las inundaciones molestia.

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CreditIlustración de Christoph Niemann

Kahn afirma que nuestra amnesia ambiental generacional es “uno de los problemas psicológicos centrales de nuestra época”, debido a que oculta la magnitud de muchos problemas muy concretos. Se puede ignorar algo no solo mirando hacia otro lado, sino si se le mira tan de cerca que se pierde perspectiva. No obstante, la marea siempre está en aumento en el horizonte, engullendo algo. Cuanto más vivimos, más angustiosamente atrapados nos sentimos entre las pérdidas que ya nos tocó vivir y las que vemos venir.

Nos las arreglaremos de algún modo, en el exilio.

Estos puntos de referencia cambiantes también confunden la idea de una adaptación al cambio climático. Adaptación, señala Kahn, puede significar cualquier cosa, desde el ojo humano que se ajusta a un entorno con menos luz en unos cuantos milisegundos hasta los lobos que se transformaron en perros en el transcurso de miles de años. No siempre significa progreso, me explicó: “Es posible adaptarse y reducir la calidad de la vida humana”. Adaptarse para evitar a o para lidiar con el sufrimiento ocasionado por el cambio climático podría ocasionar paulatinamente más sufrimiento y, a causa de la amnesia ambiental generacional, incluso podríamos no reconocer hasta dónde llega. Trae a mi mente El árbol generoso de Shel Silverstein: por intentar cumplir los deseos del niño, queda reducido a un tocón. 

En el nivel más básico, argumenta Kahn, ya nos estamos adaptando al cambio climático a través de una especie de consentimiento tácito, como la forma en la que la gente en una ciudad como Pekín acepta que pueden enfermarse por tan solo respirar el aire de la calle. “La gente lo sabe, tose y respira con dificultad”, me dijo, “pero no están organizando revoluciones políticas”. Nosotros tampoco. Kahn continuó diciendo que corremos el riesgo de quedarnos atrapados, a través de la adaptación gradual, en una condición de “prosperidad frustrada”.

Claro, le dije, pero en algún momento todo será demasiado. Posiblemente, me contestó Kahn. No obstante, los supuestos sobre el futuro, sin importar lo obvios que nos puedan parecer, no se hacen realidad de manera automática.

“Lo sorprendente es que nada de esto parece funcionar de la forma en que pensamos que debería hacerlo. Cuando crecí alrededor de San Francisco en la década de 1970, el tráfico ya era muy malo. Y pensé, si empeora un poco más, esto estremecerá nuestra conciencia de una manera importante. Pero cada cinco años, empeoraba”. Guardó silencio unos segundos, y dijo: “Me he quedado pensando en cuántos periodos de cinco años he vivido”.

 
Tuesday, 25 April 2017 00:00

Cómo robarse 3,500 millones de dólares

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El presidente de México, Enrique Peña Nieto, estaba muy frustrado. Aparentemente nada de lo que hace es aplaudido o reconocido. Se acababa de dar el crédito por el arresto de dos gobernadores que estaban prófugos y, aún así, las redes sociales estaban llenas de sospechas, memes y críticas. Pero el problema es que Peña Nieto no entiende que no entiende. 

Ante la frustración, Peña Nieto se refugió en el albur y el machismo. “No hay chile que les embone. Si no los agarramos, porque no los agarramos; si los agarramos, porque los agarramos”, dijo a un grupo de reporteros tras un acto público.

No hay duda que los arrestos del ex gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, y del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, son buenas noticias. Están acusados de robarse millones de dólares y de múltiples actos de corrupción. Pero el crédito de su detención hay que dárselo a los gobiernos de Italia y Guatemala, respectivamente. 

En el caso concreto de Duarte, Peña Nieto lo pudo arrestar antes que se escapara de México y ni siquiera trató. Por eso las sospechas y las burlas al mandatario.

Las acusaciones de corrupción contra Duarte eran parte de un largo expediente creado desde el 2010. ¿Qué estaba esperando Peña Nieto?

El primer problema es de imagen. Hay una fotografía que muestra a Peña Nieto y a Javier Duarte, ambos priístas, abrazados y muertos de la risa. Parece que son de esos amigos que se pican el ombligo. Además, Duarte apoyó abiertamente la candidatura presidencial de Peña Nieto en el 2012 y el presidente, recíproco, alabó a Duarte en una entrevista de televisión, diciendo que era parte de una nueva generación de políticos. O sea, eran cuatachos o aparentaban serlo.

El segundo problema es más grave. Sugiere complicidad, tolerancia o total ineptitud y negligencia por parte del gobierno de Peña Nieto.

El actual gobernador de Veracruz, Miguel Angel Yunes, me hizo las cuentas de lo supuestamente robado por Duarte. “Lo que ha acreditado la auditoría superior de la federación es que fueron desviados en todo el período aproximadamente 2,500 millones de dólares”, me dijo Yunes en una entrevista. “Y de recursos estatales, la auditoría superior del estado ha considerado que fueron mil millones de dólares más”. 

Pregunta: ¿cómo te robas 3,500 millones de dólares sin que se entere el presidente? El gobierno de Peña Nieto le envió un dineral al de Duarte para salud, educación y seguridad pública. Y Peña Nieto nunca le preguntó a Duarte, oye, ¿cómo te gastaste el billete que te envié?

Lo menos que podemos esperar de un presidente es que vigile que los gobernadores no se roben el dinero de los mexicanos. ¿Acaso no es ese parte del trabajo del presidente? Si no lo es, que por favor nos avise.

El tercer problema es de credibilidad. Ya pocos le creen a Peña Nieto y mucho menos si se trata de asuntos de corrupción.

 

¿El mismo presidente que permitió que su esposa adquiriera una casa de siete millones de dólares de un contratista de su propio gobierno es el que ahora se quiere presentar como el zar anticorrupción?

El mismo presidente que, en un discurso, dijo que los arrestos de Yarrington y Duarte son una muestra de su compromiso contra la impunidad puso a uno de sus subordinados, Virgilio Andrade, a que investigara el asunto de la Casa Blanca. El salario y el puesto del investigador dependía de la voluntad del investigado. Claro, el presidente y su esposa fueron exonerados.

Por eso nadie le aplaude. 

Antes de dejar Los Pinos, el presidente José López Portillo se construía una horrenda mansión conocida por los mexicanos como “la colina del perro”. Su costo excedía por mucho la suma de salarios de toda una vida como funcionario público. Entonces creí que nunca más se repetiría en México un abuso tan burdo y de esas dimensiones.

Bueno, con lo que supuestamente se han robado Duarte y otros gobernadores se podrían construir cientos de “colinas del perro”. Es una jauría y el impacto se verá pronto. El voto antisistema en Gran Bretaña, Estados Unidos, Filipinas y Colombia podría tener su versión mexicana en las elecciones presidenciales del 2018.

¿Cómo se roban 3,500 millones de dólares en México? Muy fácil: frente a los ojos entreabiertos del gobierno de Peña Nieto.

Monday, 24 April 2017 00:00

Mariano Otero nos previene

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Este año conmemoramos el bicentenario del natalicio de Mariano Otero, acaso el jurista más notable de la historia mexicana. De su legado quisiera rescatar un texto y una actitud que parecen dedicados a nuestro tiempo. Nos muestran la mejor vía para enfrentar a Donald Trump.

Me refiero a su negativa a avalar la firma de un tratado de paz con Estados Unidos tras la derrota de 1847. Sus razones están expuestas en una carta dirigida desde Toluca al gobernador de Jalisco, fechada el 16 de septiembre de 1847. Meses atrás, en los primeros tiempos de la guerra, Otero había participado en la malhadada rebelión de los Polkos, que en plena invasión de las tropas yanquis se levantaron contra el gobierno de Valentín Gómez Farías en protesta por un decreto que imponía al clero un préstamo forzoso para sufragar la guerra. No movía a Otero, como parece, una sumisión a la Iglesia sino el convencimiento de que el dinero sería mal administrado y que había otras maneras de financiar la guerra.

No obstante, el desarrollo brutal de la guerra alentó el patriotismo activo (no sólo político y jurídico) de Otero. Por eso, dos días después de que el pabellón de las barras y las estrellas comenzara a ondear en el Palacio Nacional, al percatarse de que el gobierno de Manuel de la Peña y Peña se disponía a conceder (además de Texas) una porción de la Alta California, Otero escribió aquella carta de oposición absoluta. Partía de una premisa incontrovertible: la causa de la guerra había sido la disputa por Texas, ninguna otra. Zanjándose el litigio a favor de Estados Unidos, no había nada más que negociar.

Pero Otero había tenido información fidedigna de que el gobierno, reacio aún a vender Nuevo México, se disponía a negociar la venta de la Alta California. Su negativa fue tajante. Ceder Texas era ya un sacrificio histórico, ceder California era una traición al pasado y una irresponsabilidad frente a las generaciones futuras. Tras hacer el recuento puntual de la riqueza de California, Otero proponía resueltamente: 

... que la nación por los órganos legítimos que expresan su voluntad, repruebe cuanto antes los términos del tratado ofrecido y manifieste la más decidida y eficaz voluntad de llevar adelante la guerra (...) es absolutamente necesario y urgente que una ley haga imposible la enajenación ya ofrecida del territorio indisputado, y cuya pérdida acarrearía gravísimos males a la República.


¿Qué habría pasado si la opinión de Otero hubiese prevalecido? Creo, a la distancia, que el gobierno americano se habría encontrado en un callejón sin salida, que el propio Otero delineaba. Tenía una parte de la opinión pública en contra. Voces influyentes en el Congreso reprobaban la guerra, como una empresa personal, injusta, sangrienta, innecesaria, costosa del presidente Polk. Pronto habría nuevas elecciones. La oposición de los estados norteños a la expansión esclavista era creciente. Por lo demás –como indicaba Otero-– ¿qué más podía hacer el ejército de ocupación? ¿Masacrar a la población civil? ¿Permanecer indefinidamente? ¿Arriesgarse a que aparecieran más brotes guerrilleros? México, es la verdad, podía y debía haber resistido, al menos en lo que respecta a la venta de territorios que no estaban en el litigio original, el de Texas.

Había que ganar tiempo. Ceder era una forma del suicidio. Resistir (como pedía Otero, como exigía con mayor vehemencia Melchor Ocampo) era una opción durísima, que habría costado aún más sangre, pero que nos habría puesto en una mejor posición para negociar el futuro.

Hay en la experiencia trágica de 1847 una lección para el México de hoy. Ante todo, ganar tiempo. Leer la fuerza pero también la debilidad del enemigo. Ponderar con claridad la ecuación política internacional. Buscar aliados internos en Estados Unidos. Permanecer unidos ante el adversario. No ceder, o ceder a cuentagotas. No temblar ante las amenazas. Y, sobre todo, actuar con responsabilidad histórica:

Lo que México disputa en esta guerra no es su honor ofendido por el agravio que una satisfacción repara; ni las injusticias hechas a sus ciudadanos que una indemnización compensa; sino intereses de mayor jerarquía, la seguridad de su existencia política, la conservación de su rango entre las demás naciones, y ningún tratado que deje de salvar estos grandes objetos puede ser bueno ni honroso.

Esos mismos "intereses de mayor jerarquía" están en juego ahora. Y el respeto a nosotros mismos.

Publicado previamente en el periódico Reforma

 
Monday, 24 April 2017 00:00

Para volver mejores

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El Presidente y su equipo de subgerentes se superan en sus dislates: tras un marzo de masivos repudios populares, una marcha de las clases medias porteñas con falsas consignas como “Defensa de la democracia” los envalentonó como si la tragedia nacional para ellos no existiera. Así reprimieron a los maestros y repartieron amenazas, mientras él se iba de vacaciones otra vez, que parece que es lo que más le gusta.

Así van, tapando escándalos: la vicepresidenta Michetti asistida por la Justicia afín; el Correogate que no es asunto terminado ni mucho menos; el oscurísimo soterramiento ferroviario; la entrega de Arsat, y el vaciamiento de Aerolíneas en favor de Avianca y otras compañías en las que están involucrados el apellido Macri y varios funcionarios. Y mucho más, que el país real –profundo y tan distante del obelisco como de la Casa Rosada– sigue padeciendo porque para estos tipos gobernar no es gestionar una nación sino una mera y simple oportunidad de negocios. Porque son, como dice el gran novelista catalán Andreu Martín, “inteligentísimos economistas formados en Harvard que saben cómo hacer ganar mucho dinero a los ricos pero no saben cómo sacar de la miseria a los pobres; y saben inventar crisis catastróficas que enriquecen a los ricos y empobrecen a los pobres”.

En este contexto se impone, cada día más, la urgencia de organizar la batalla electoral de octubre próximo, que es la inmediata instancia fundamental de la República. No 2019, sino 2017, o sea ahora mismo. Porque estos tipos ya entendieron que esa batalla es decisiva, y por eso se preparan para fraudes y votos electrónicos siguiendo ideas inteligentes del Sr. Durán Barba y las en cambio ominosas de los mentimedios y su telebasura. 

Todavía duele la derrota electoral de 2015 y no está mal recordar que perdimos porque ellos acertaron, pero sobre todo por nuestros errores. Y por el hábil manejo que hicieron de la corrupción en el gobierno anterior, que nunca dejó de ser verdad y que muchos, muchísimos, repudiamos, advertimos y denunciamos. El macrismo-radicalismo se blindó con eso y por eso ahora lo más indignante es que exploten esa verdad tipos recontracorruptos como son los que hoy gobiernan y casi todos sus empresarios y periodistas militantes. Y cuyo comportamiento es tan escandaloso que en todo el planeta se dice que la familia y el amiguerío presidencial mantienen el record mundial de dinero fugado y escondido en dizque “paraísos” financieros. Así, con caras duras como piedras, rechazan cualquier acusación con la muletilla –que inocularon a medio país– de que “se robaron todo”.

Y tan así es que, si se recorre el país y se interactúa con sinceridad, se observa que en muchos militantes perdura una especie de pensamiento mágico que funciona entre lo resignado, lo ilusorio y lo peligroso. Y que es necesario señalar para corregir errores que estamos a tiempo de reparar. En primer lugar estando alertas no sólo frente a las bestialidades del gobierno, sino también ante los retorcidos manejos de dirigencias “dialoguistas” y/o “gobernabilidadistas”, el silencio de algunos expectantes, la conducta gelatinosa del massismo y buena parte del PJ, y ni se diga de ciertas dirigencias sindicales. 

En consecuencia, parece obvio que ya es tiempo de ponerles nombre a algunas urgencias. Por ejemplo a las candidaturas, que por momentos pareciera que vuelven a ser asuntos secretos, o casi, de los que no se habla con franqueza. Como si los candidatos nacionales y populares para el turno electoral de Octubre fueran asuntos internos dirigenciales, de camarillas o lapiceras.

Hay que trabajar duro dentro del campo popular que está todavía disperso y cuesta reordenar. Es una tarea tan compleja como urgente, que El Manifiesto Argentino viene acompañando para la recomposición de una alternativa clara, decente y profunda. 

Plenamente conscientes de que más allá de la torpeza y atropellos de este gobierno de estafadores (que estafaron la voluntad popular prometiendo todo lo que sabían perfectamente que no iban a hacer, y por supuesto no hicieron), el problema de la recomposición de una gran fuerza electoral en todo el país pasa ahora mismo por organizar una Confluencia Nacional y Popular que en todos los distritos lleve como candidatos a los mejores hombres y mujeres de la Argentina, gente de probada decencia y capacidad, que los hay y muchos.

Personalmente –y sin que estas palabras representen al colectivo que integro– pienso que en Buenos Aires, tanto en CABA como en Provincia, deberían ser candidatos, en los primeros puestos, políticos intachables como Daniel Filmus o Adriana Puiggrós, junto a figuras de enorme respetabilidad como Adrián Paenza, Horacio González, Emilce Moler, Alejandro Mosquera, Jorge Luis Bernetti, Graciela Falbo, Tito Cossa y muchos/as más. De igual modo que en Córdoba la escritora Graciela Bialet o la científica Mirta Iriondo; en Mendoza un comunicador de probada decencia como Julio Rudman; en Misiones un socialista incuestionado como Carlos Resio; en Santa Fe un chacarero prestigioso como Pedro Peretti y docentes como Daniel Dusseux o María Luisa Miretti, entre tantos y tantas más, que los hay en cada provincia.

Nosotros en El Manifiesto Argentino tenemos apenas dos o tres certezas: que una nueva Constitución es imperativa; que todo lo arruinado por decreto será restaurado por decreto. Que el patrimonio colectivo en superficie y subsuelo es de la nación e irrenunciable. Que la salud, la educación y la previsión social son funciones indelegables del Estado. Que la deuda que contraen estos irresponsables no será reconocida ni pagada con el sudor del pueblo argentino. Y que para limpiar la Justicia y la Política lo primero que hay que hacer es empezar a hacerlo. Buen principio este último para proponer y popularizar, ya, las mejores listas de candidatos/as para octubre.

Monday, 24 April 2017 00:00

Reforma educativa, ¿con qué cara?

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Lo que expresa el discurso de la reforma educativa, en cuanto a la formación en valores cívicos, lo contradice, de manera contumaz y cotidiana, la acción, palabra y silencio de quienes la proponen e impulsan: el gobierno actual carece de la legitimidad ética e intelectual para sostenerlo.

Se solía afirmar, hace tiempo, que lo que la escuela hace en la mañana, en la tarde la televisión lo desmorona: se procura una formación basada en el conocimiento racional y riguroso, ajeno a dogmas y supersticiones, y en la tele (casi) no falta, digamos, el horóscopo.

De forma más aguda, lo que en las aulas se trata de aprender, y en el espacio escolar vivir en materia de honradez, cumplimiento de la ley, respeto por, y cuidado de, las instituciones democráticas y el lenguaje, la administración que padecemos lo destroza con ahínco y sin pudor.

Lo que se advierte en el caso del ex gobernador Duarte, abrumador en cuanto a cinismo y la magnitud del atropello, es solo un botón de muestra que contradice el propósito fundamental de todo proceso educativo: adherirnos a los valores de la responsabilidad con los otros y la honradez. Ofende, aún más, el uso mediático de su detención. Los cómplices que voltearon para otro lado, los beneficiarios del desvío de los dineros públicos para fines personales o de coalición delictiva (en buena medida arrebatados a los fondos para la educación); esas autoridades que durante 6 años solaparon y permitieron la corrupción gigantesca de ese supuesto servidor público, con alarde inaudito, afirman que la detención es una muestra de su compromiso con la legalidad y la transparencia. Los rateros, por su cuenta, y socios de los hurtos del ahora procesado al que, a todas luces —¿o sombras?— dejaron escapar, ahora piden que se le aplique todo el peso de la ley. Solo hay una palabra que los describe: hipócritas; si sabían lo que sucedía y lo consintieron, mal; y si no lo sabían, peor.

Duarte es, nada más, uno de tantos casos. Impune y buen amigo de los ahora indignados, dizque representante de un nuevo tipo de funcionario eficiente y honrado, es parte de una élite política a la que zurce la complicidad.

En otra forma de la misma erosión ética, no hay reparo ni explicación cuando, con pruebas irrefutables, se da a conocer (EL UNIVERSAL, 4/04/ 2017) que la SEP entregó al SNTE, cuando menos, 550 millones de pesos para “promover la reforma educativa”. Dinero de todos que debería destinarse a la educación en serio, se entrega al sindicato —proveniente de la partida de Prestaciones— para hacer propaganda al gobierno en turno.

Roban sin límite dinero, pero hurtan también algo más caro: el esfuerzo educativo cotidiano, ético, que descansa en el patrimonio común. Lo desmienten a pesar de mentarlo como raíz de su aparente proyecto reformista.

Y en la premura de justificar lo educativo de una reforma que no es tal, plagian y hasta la correcta forma de escribir nos escatiman: “El número de horas cuyos contenidos serán determinados con autonomía curricular varían del nivel y modalidad educativos. Por ejemplo, una primaria de ‘joornada’ (sic) regular puede tener desde 2.5 horas lectivas de 50 a 60 ‘minútos’ (sic) de autonomía curricular a la semana, pero si es de jornada de tiempo completo ‘éstas’ (sic) pueden ascender hasta a 20”, (p. 76 del Nuevo Modelo Educativo). Sin palabras. Escribir con tal sintaxis y descuido los desnuda.

Y el colmo: frente a la crítica, el Presidente, molesto, dice: “No hay chile que les enchufe”. ¿Eso es propio de un jefe de Estado al que interesa lo educativo? De ninguna manera. Es preciso repetirlo: en materia educativa, nadie da lo que no tiene. Y estos señores, gerentes mediocres y usufructuarios inmorales de los bienes públicos, carecen de lo elemental a pesar de sus poses, trajes y corbatas: dignidad. Descarados y enmascarados.

 

Profesor del Centro de Estudios
Sociológicos de El Colegio de México
This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. @ManuelGilAnton

La tesis enunciada por Luis Videgaray, en Madrid, sobre lo que él denominó “pleno derecho soberano de Estados Unidos para proteger sus fronteras” mediante la conclusión del muro fronterizo, es otro error del gobierno de Peña Nieto. La soberanía de los países tiene límites. Existen normas y principios de convivencia internacional, en especial cuando hay vecindad territorial. El muro es en sí mismo una agresión contra México.

Si el gobierno de Peña está pensando que es conveniente separar el tema del muro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pierde el tiempo y comete de nuevo un error. Una cosa y la otra forman parte del mismo problema: la imposición por parte de Donald Trump de nuevas bases de relación con México.

Si el gobierno de Peña está suponiendo que puede lograr bajar el nivel de xenofobia de la Casa Blanca contra los mexicanos y los centroamericanos sólo con poner buena cara, se está engañando a sí mismo. El rechazo a esos “hispanos” del sur tiene su base en la forma en que se analiza la economía por parte de ese hostil segmento de la derecha estadunidense. 

Si el gobierno de Peña considera que puede unir a las fuerzas políticas de México bajo la tesis de presentar el muro como un acto soberano de Estados Unidos, en el marco de una dizque no intervención en asuntos internos de otros países, está en un error porque no se trata tan sólo de un problema político de los estadunidenses sino del intento de escindir una vecindad geográfica compartida que se ha convertido en algo social y nacional a través de poco más de siglo y medio, desde que los territorios del extremo norte le fueron amputados al Estado mexicano.

Si Peña está suponiendo que todos sus subordinados van a estar de acuerdo con el mutismo político que anuncia el secretario de Relaciones Exteriores sobre el tema del muro, se equivoca de nuevo porque éste tomará más fuerza y generará mayor rechazo en tanto que, al paso del tiempo, Trump, u otro, insista en sus planes.

Peña se equivoca al suponer con ingenuidad o falta de información que en Estados Unidos solo Trump quiere el muro. Hay millones que lo quieren, esa es la verdad que no se reconoce a las claras. El principal inconveniente es su financiamiento frente a su posible utilidad, por eso Trump inventó aquello de que México tendría que pagar y de esa forma logró una gran adhesión. El tema del muro ha estado presente por décadas en la política estadunidense y seguirá con Trump y sin éste. Pero, al mismo tiempo, permanecerá vigente como problema dentro de México: es un asunto de la relación entre ambos países, por tanto, obviamente, es un tema mexicano, aunque lo intente negar Videgaray.

El Congreso, en especial el Senado, que tiene facultades directas y expresas, debe deshacer la tesis de Enrique Peña Nieto sobre el muro “soberano” de Estados Unidos. He aquí una tarea nacional.

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