Opinión

Opinión (1862)

Wednesday, 21 June 2017 00:00

Punto de encuentro a orillas del mar

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Brasil, país tropical, sinónimo de alegría, carnaval y fútbol. Tierra de garotos y garotinhas, patria de artistas enormes, de Amado a Clarice en la literatura, o Niemeyer en la arquitectura, pero sobre todo en la música: de Caetano a Gilberto, de Elis a Gal, de Ney, Rita y Hermeto a Chico, Bethania o Vinicius, y la lista sigue al infinito. Y también de Glauber Rocha, Mario Peixoto o Alberto Cavalcanti, grandes nombres del cine que hoy tiene sus herederos en los de Kleber Mendonça Filho, Walter Salles, Gabriel Mascaró, Fernando Meirelles o Adirley Queirós, quienes representan una vasta paleta estética dentro del arte que se construye recortando las luces y las sombras. Una tierra tan rica que, sin embargo, hoy no puede ocultar el daño causado por tanto impeachment y Lava Jato. En medio de ese cataclismo político el festival Florianópolis Audiovisual Mercosur, el FAM, representa un oasis no sólo en el área específica del cine, sino también en tanto espacio de expresión para una sociedad políticamente muy activa, como la de esa ciudad tan cercana a los argentinos, capital del sureño estado de Santa Catarina.

Celebrando sus 21 años de actividad ininterrumpida desde 1997, el FAM es un espacio que ha decidido entender al cine como arte y entretenimiento, pero también como una herramienta política y social, capaz de funcionar como un canal eficiente que pone en evidencia las necesidades expresivas de la comunidad que la contiene. Un punto de encuentro entre público y artistas del que necesariamente surge un nuevo discurso común que dialoga constantemente con la realidad. En la edición del año pasado ese carácter quedó en evidencia de forma muy clara: el FAM se convirtió en un espacio efervescente en donde espectadores y cineastas coincidieron en el repudio unánime tanto de la destitución de la ex presidente Dilma Rousseff, como de la asunción irregular de Michel Temer, quien hasta ese momento se había desempeñado como su vicepresidente pero que también fue un engranaje fundamental en aquella conjura de los necios. De ese modo, el acto de apertura del festival ofició de escenario en donde el descontento fue puesto en escena, con representantes de distintas organizaciones sociales apropiándose del espacio mientras el auditorio los respaldaba con la consigna “¡Fora Temer!” pronunciada a voz en cuello, lema que los cobijaba a todos como un paraguas en medio del temporal.

Con el Lava Jato como nuevo frente de la misma tormenta, este año las perspectivas se presentan casi idénticas y permiten pronosticar que las turbulencias políticas volverán a ocupar una parte importante dentro de las actividades del FAM 21. El festival, dirigido desde su fundación por Antonio Celso dos Santos, gestor cultural de ineludible presencia en su ciudad, cuenta con el apoyo del Incaa y del Consulado Argentino en Florianópolis. Con su sede instalada en el amplio auditorio de la Universidad Nacional de Santa Catarina, la programación del FAM se desarrolla del 20 al 25 de junio y cuenta con cinco secciones, siendo las tres más importantes las muestras de largometrajes y cortos Mercosur y la muestra documental, todas ellas de carácter competitivo. 

La muestra de largos se encuentra integrada por seis títulos, incluyendo a la argentina Corralón, de Eduardo Pinto; la uruguaya Las toninas van al este, de Verónica Perrotta y Gonzalo Delgado; la brasileña Anauê, de Zeca Pirés y tres coproducciones múltiples: Magallanes, del peruano Salvador del Solar; Oscuro animal, del colombiano Felipe Guerrero, y Mulher do Pai, de la local Cristiane Oliveira. Tanto Magallanes como Oscuro animal ya han tenido su estreno en la Argentina y en ambos casos se trata de ficciones que poseen un fuerte componente histórico y político vinculado con el pasado reciente de sus países. En la primera ese telón de fondo le corresponde a los años de Sendero Luminoso y su protagonista es un hombre ligado a un hombre fuerte de la represión militar, que es acosado por la culpa. En la segunda también se trata de constatar los efectos que produjeron los largos años de enfrentamiento armado entre las guerrillas y el estado en la sociedad colombiana, pero visto a través de los padecimientos de tres mujeres que de diferentes modos se encuentran en contacto directo con esa realidad. 

Anauê, por su parte, es una investigación centrada en las comunidades alemanas radicadas en la ciudad de Blumenau, que como Florianópolis también pertenece al estado de Santa Catarina, y los acontecimientos ocurridos ahí durante la Segunda Guerra. El film intenta desentrañar los posibles vínculos que aquellas colonias pudieron tener (o no) con el nazismo.

Las tres películas restantes se encuentran netamente en el terreno de la ficción. La argentina Corralón es un thriller protagonizado por Luciano Cáceres, Pablo Pinto, Joaquin Berthold, Brenda Gandini, Carlos Portaluppi y Nai Awada, que formó parte de la sección Noches Especiales durante la última edición del Bafici. En ella el retrato social se funde con el relato de género, para contar una historia de violencia cuyos personajes principales son dos amigos que trabajan en el corralón del título. Un drama que deviene tragedia por la vía del suspenso y una aguda mirada que permite que lo social se cuele entre los resquicios de la narración. En el otro extremo del arco emotivo se encuentra Las toninas van al este, una comedia en la que la conciencia de clase (alta) no exenta de ironía es el instrumento elegido para contar la historia de un viejo actor rioplatense, gay y algo decadente, que se niega a recibir la visita de su hija en su casa de Punta. Hasta que se entera que será abuelo y la noticia, como una explosión en la cara, lo pone violentamente frente a sus propias miserias. Mulher do pai en cambio es un drama cargado de notas sórdidas que registra el entramado de vínculos entre un campesino que vive con su hija en la frontera que comparten Brasil y Uruguay, y una mujer seductora que irrumpe en la vida de ambos.

En la sección documental se destaca Manos Unidas, del boliviano Roly Santos, que aborda los misterios en torno de las mutilaciones sufridas por los cuerpos de Juan Domingo Perón, el Che Guevara y Víctor Jara, todos ellos despojados de sus manos una vez muertos o, como en el caso del poeta y músico chileno, mientras aún estaba vivo. Por su parte Abriendo el armario, dirigido por Darío Menezes y Luis Abramo, y de título más que gráfico, trata sobre la lucha por los derechos de los movimientos LGBTI en Brasil. De título no menos obvio, Necesitamos hablar de acoso, de Paula Sacchetta, aborda el tema de las mujeres víctimas de violencia de género en las ciudades de Río y San Pablo.

Rafael Correa se niega a retirarse. Ha pasado casi un mes desde que le entregó el poder a Lenín Moreno, pero quiere seguir en el juego. En Twitter, donde el expresidente tiene un bastión de más de tres millones de seguidores, sigue confrontando. También escribe columnas de opinión, o más bien pontifica en El Telégrafo, el periódico público que hasta ayer respondía a un partido único —Alianza País—, pero que hoy está dejando ver una veta correísta.

En su primera columna, que ya suma más de 110.000 visitas, critica que la nueva presidencia haya nombrado una comisión para investigar la corrupción y que pida “ayuda” a la Organización de las Naciones Unidas, sacrificando “la soberanía y la institucionalidad del Estado”. Al final pide confiar en “el nuevo país”, aquel que él cree haber forjado durante su década de gobierno.

Es indiscutible que Correa tuvo un liderazgo fuerte, pero el país lo despidió el pasado 24 de mayo. ¿Es pertinente entonces que le haga demandas a su sucesor? Por ahora, que se sepa, Correa no tiene ningún cargo. Es el presidente vitalicio del Alianza País, sí, pero este es un cargo nominal, que surgió en la última asamblea del movimiento. ¿Por cuánto tiempo seguirá su sombra en el Palacio de Carondelet?

 

La retahíla de tuits que publica a diario muestran que todavía le quedan ganas de seguir mandando en el país, pero también desnudan la división dentro del partido de gobierno. “¡Qué lástima que desde ciertos funcionarios del Ejecutivo, autoridades de control y hasta jueces, se esté siguiendo el discurso de la oposición (…) El frente externo no me preocupa, sí el interno, donde, por torpeza o deslealtad, se habla de marcar ‘distancia’ con mi gobierno. Mientras tanto, Alianza País calla. Sólo se han escuchado voces valientes desde la Asamblea”, escribió el exmandatario la semana pasada.

¿Quiénes son los torpes y desleales? Está claro que los dardos son para al grupo de morenistas que empieza a consolidarse en el Ejecutivo, al tiempo que los correístas se atrincheran en el Legislativo. Además pide que Alianza País ponga la casa en orden. A ese llamado acudió la secretaria ejecutiva del movimiento, Gabriela Rivadeneira, quien puso a circular en redes sociales la fotografía de una feliz reunión de la vieja guardia del movimiento con Lenín Moreno, el 12 de junio y sin más testigos que los que aparecen en la selfie. Rivadeneira agregó un mensaje a la foto de los varones sonrientes: “Juntos fortaleceremos la unidad, lealtad y coherencia del proyecto político”. Un detalle a tener en cuenta: Moreno y Correa fueron etiquetados en la imagen, pero ninguno la retuiteó.

El cambio de gobierno en Ecuador hace recordar el aparatoso quiebre de la relación entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe en Colombia quienes, a pesar de trabajar en el mismo gobierno, terminaron en aceras opuestas. Santos fue clave en la reelección de Uribe para un segundo periodo. Formó un partido político alrededor de la figura de Uribe y como pago fue nombrado ministro de Defensa. Luego ante la imposibilidad de una segunda reelección de Uribe, Santos buscó y ganó la presidencia en 2010, pero al poco tiempo de alcanzar el poder empezó la relación de diferencias y odios que arrastran hasta hoy.

Santos desarrolló una agenda propia. No solo se acercó a gobiernos que no eran del agrado del expresidente Uribe, como el de Venezuela, sino que también nombró a los opositores del uribismo como ministros y persiguió a los funcionarios uribistas. Luego pactó negociar la paz con las Farc y vino el divorcio político definitivo. Uribe se convirtió en el más feroz opositor de la gestión de Santos y minó todo el proceso de paz con la guerrilla. “Santos traicionó su promesa de seguir nuestra política”, dijo Uribe en una entrevista concedida a un diario español en 2014, titulada “Santos miente y traiciona”.

Moreno, en sus primeras horas como presidente, también mostró una agenda propia. Se quitó de encima los pesos pesados del correísmo y  nombró en su gabinete a profesionales con experiencia en el mundo privado y sin militancia política. También eliminó la rendición de cuentas semanal televisada, la Sabatina, que había sido utilizada por Correa como paredón para ejecutar mediáticamente a opositores y periodistas.

Uno de los hechos más simbólicos es que los nuevos ministros de Estado han vuelto a recibir a los periodistas, algo que en un momento del correísmo estuvo prohibido.

La popularidad de Moreno fue al alza a inicios de junio, cuando la fiscalía reveló parte de la lista de los funcionarios sobornados por Odebrecht entre 2007 y 2016, periodo que coincide con el gobierno de Rafael Correa. La famosa lista de Odebrecht dejó al descubierto los nombres de personas próximas al correísmo, como Ricardo Rivera, tío y colaborador cercano del vicepresidente Jorge Glas —que estuvo con Correa y ahora repite en el cargo con Moreno—.

El anterior régimen protegió a Rivera. Cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos destapó el escándalo de Odebrecht, en diciembre pasado, y los rumores se dispararon, el entonces secretario jurídico de la Presidencia de Ecuador, Alexis Mera, aseguró que el familiar del vicepresidente estaba limpio: “No podemos destruir la honra de las personas si no tenemos pruebas”, dijo Mera.

Moreno fue muy cauto en sus declaraciones tras las primeras detenciones. En uno de los pocos comentarios que hizo por Twitter, señaló: “No nos detendremos en nuestro propósito de lograr un país cada vez más honesto”. Correa, en cambio, reclamó el crédito en la operación anticorrupción que según él ya había empezado en su periodo. “Es ingenuidad extrema pensar que el trabajo se hizo en una semana”, escribió en la red social. Pero lo cierto es que las detenciones se concretaron durante la primera semana de Moreno en el poder.

La lista de Odebrecht amenaza con ser larga y hay indicios de que no solo la constructora brasileña pagaba sobornos para obtener contratos en Ecuador. Parece que Moreno quiere dejar que los poderes públicos operen independientemente para que puedan castigar a los corruptos. Esto es una novedad después de 10 años en los que Correa controló esos poderes con mano de hierro.

Pero hay que darle tiempo a Moreno y dejar a Correa en el pasado, con la etiqueta bien visible de expresidente. Debemos dejarle claro que es un expresidente ignorando sus tuits y columnas, apagando la bocina propagandística correísta. Debemos hacerle saber que, como en un juego de mesa, ya pasó su turno. Si quiere volver a jugar, debe esperar y dejar sus fichas sobre la mesa.

 

En el Índice que elabora la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para medir el desempeño de estados y municipios respecto a la operación del Presupuesto Basado en Resultados (PbR) hay noticias buenas y otras no tan buenas.

La buena es que la entidad poblana logró mantenerse por segundo año consecutivo en quinto lugar entre los 32 estados evaluados por la SHCP, en cumplimiento al artículo 80 de la Ley General de Contabilidad Gubernamental.

En el Índice 2017 Puebla se ubicó entre las cinco mejor entidades con un rango Alto (mayor a 70%) por debajo del Estado de México (96.8), Baja California (95.8), Guanajuato (94.7) y Yucatán (88.5).

Puebla alcanzó una puntuación de 84.7%.

La noticia no tan buena es que el municipio de Puebla, en la gestión de Luis Banck Serrato, cayó del primero al segundo lugar en el Índice General de Avance en PbR.

En la evaluación municipal de 2017, en la que participan los gobiernos de 64 ciudades, la Angelópolis perdió 20.6 puntos, al obtener 70.4 contra 91 que alcanzó en 2016.

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Los reactivos entre una y otra evaluación se mantuvieron aunque los criterios cambiaron. Mientras en 2016 se aplicaron tres criterios: 1 punto para respuestas afirmativas y con evidencia, 0.5 de punto para respuestas afirmativas sin evidencia y 0 puntos para las respuestas negativas, en 2017 sólo se consideraron 2 criterios: 1 punto para respuestas afirmativas y con evidencia y 0 para respuestas negativas o sin evidencia que la sustentara de manera positiva.

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Como se lo había anticipado, el dirigente de la Sección 51 del SNTE, Jaime García Roque, ya consiguió quitar a la directora del Centro Escolar Presidente Venustiano Carranza de Tehuacán, Leticia Valderrama Arruel, para poner en su lugar a Simón Cuateta Ramos.

El relevo no deja de llamar la atención, pues la removida directora está identificada con la secretaria general del Comité Directivo Estatal del PAN, Martha Erika Alonso Hidalgo, mientras que el nuevo director general no guarda ninguna relación con aquella, sino con el actual y el anterior líder de la Sección 51 del SNTE, Jorge Luis Barrera de la Rosa.

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Uno de los mayores retos de los gobiernos estatal y municipales implicados en el rescate y limpieza del río Atoyac, y de las organizaciones ambientalistas que participan en esta cruzada son los huachicoleros del agua.

aquellas empresas, particulares y comités ciudadanos que administran pozos agrícolas o de servicios, principalmente en juntas auxiliares y en municipios conurbados a la capital, y que venden el agua no potable a piperos o a factorías textiles y metalmecánicas que no tratan el agua que utilizan en sus procesos industriales, y que va a parar al Atoyac .

El tema requiere toda una entrega, que se la presentaré en el transcurso de los próximos días.

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Entre los enterados de los temas de inteligencia y grupos de presión, se dice que serían tres los sospechosos de haber sido los autores intelectuales del voluminoso robo de documentos oficiales a la UAP –ocurrido a mediados de la semana pasada, bajo una operación bien planeada– y ellos son: el principal estratega del grupo morenovallista Eukid Castañón Herrera; el ex secretario de Seguridad Pública de la capital, Alejandro Santizo Méndez; y el ex subsecretario de Gobernación de la ciudad de Puebla, Mauro Nava Rossano.

Los tres son importantes operadores del morenovallismo, que tenían o tienen control sobre grupos que diseñan y ejecutan estrategias de espionaje, amedrentamiento político o sustracción de información.

Las fuentes consultadas indican que no se sabe si los tres habían actuado en bloque o por separado, pero la manera en que ocurrieron las cosas aparecen elementos que aparentemente los vincularían.

Quienes fueron consultados por este columnista ponen en primer lugar de la lista de probables autores del hurto al diputado federal Eukid Castañón Herrera, quien ya se deslindó de los hechos ocurridos en contra de los archivos de la UAP, mediante una carta que le presento al final de esta columna.

En segundo lugar a Alejandro Santizo Méndez, quien recientemente fue defenestrado como secretario de Seguridad Pública y Tránsito Municipal de la ciudad de Puebla. Este ex servidor público es parte del grupo de operadores de Facundo Rosas Rosas, quien fuera secretario de Seguridad Pública en el sexenio de Rafael Moreno Valle Rosas y a quien se le atribuye haber permitido el desbordamiento del robo de combustible.

A Santizo en el ayuntamiento lo conocían como “el 5 por 1”, ya que ocurrían 5 hechos delictivos que eran atendidos por la Policía Municipal y siempre había un solo detenido, lo cual provocó que le perdieran la confianza por su falta de efectividad o por la sospecha de que no se perseguía a los presuntos delincuentes.

Un tercer personaje es Mauro Nava Rossano, con quien existe confusión de que si lo corrieron o renunció a la subsecretaría de Desarrollo Político del ayuntamiento de Puebla –en febrero pasado–, luego de que en el gobierno municipal hubo enojo en la manera en que hacía acuerdos secretos con grupos de vendedores ambulantes, quienes también son utilizados como camarillas de presión política.

Los informantes consultados sostienen que se habrían utilizado grupo de choque político para perpetrar el robo en contra de la Universidad Autónoma de Puebla y que son facciones que estarían controladas por los actores antes mencionados, o eso es lo que se sospecha.

Estas “gargantas profundas” dicen que los mismos integrantes de esos grupos y hasta los vehículos utilizados en el robo de la semana pasada, no es la primera vez que se emplean en acciones agresivas contra la UAP, ya que en otras ocasiones se emplearon para desestabilizar la seguridad pública alrededor de las instalaciones de esta casa de estudios y como una manera de generar cuestionamientos contra las autoridades universitarias.

Y van más allá en su relato de lo ocurrido: dicen que luego del robo del miércoles de la semana pasada, los documentos hurtados habrían sido enviados –el jueves– a una bodega que se alquiló cerca de donde se ejecutó el hurto.

Ese mismo jueves, de dicha bodega que se arrendó para guardar los documentos sustraídos, una parte de la papelería fue llevada a dos edificios: uno ubicado en las inmediaciones de la avenida Juárez y el otro en la colonia La Noria.

Quiere decir que luego del robo de información de inmediato se habría procedido a clasificarla y hacer una selección. Todo con el propósito de que los documentos en un futuro puedan ser utilizados en campañas de desprestigio, chantaje o amedrentamiento contra miembros del gobierno central de la UAP. Dicha papelería –sustraída de una bodega ubicada en San Felipe Hueyotlipan– corresponde a una parte de la contabilidad de la universidad y a expedientes de obras, así como de licitaciones.

Ese modus operandi, que es sofisticado, se dice que se observó de manera similar en el robo que alguna vez sufrió en sus oficinas la diputada federal del PRI, Xitlalic Ceja García, así como otros críticos y opositores al morenovallismo.

Estos datos vuelve a replantear las preguntas: ¿Qué se persigue con este robo?, ¿de parte de quién viene la agresión?, ¿hasta dónde se quiere llegar?

Todo hace suponer que esta operación no tiene como único alcance influir en el proceso de secesión rectoral de la UAP, en el cual no hay condiciones para que se generen conflictos, sino se busca un propósito mayor: que la UAP no se mantenga neutral o lejana del desarrollo del proceso electoral de 2018.

Dada su influencia social y política, pareciera que se quiere obligar a la UAP a convertirse en una aliada electoral del morenovallismo.

Eukid Castañón se deslinda

“Aurelio Fernández Fuentes

“Director general de

“La Jornada de Oriente

“Con relación a la columna Cuitlatlán titulada ‘¿Robo en la UAP fue para influir en la sucesión rectoral?’, escrita por Fermín Alejandro García y difundida por el medio a su cargo, me permito realizar las siguientes aclaraciones:

“El diputado federal Eukid Castañón Herrera niega categóricamente los hechos que se le imputan; la información difundida es completamente falsa y carece de sustento.

“Como servidor público y empresario siempre se ha conducido con integridad y transparencia en todas las actividades propias de su cargo.

“Lamenta que se mencione su nombre en publicaciones que sólo atentan públicamente contra su integridad, tratando de dañar su nombre e imagen.

“Agradezco su atención a la presente y solicito la publicación de la misma en los espacios en los que se difundió la información.

“Atentamente

“Norma Patricia Corro Vázquez

“Directora de Comunicación”.

 

Tuesday, 20 June 2017 00:00

Nochixtlán: un año sin justicia

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Hace un año, Aurelio Nuño se volvió mudo e invisible durante 50 horas. En la más dramática crisis de su gestión al frente del sector educativo, desapareció y calló. El funcionario adicto a las pantallas televisivas, los micrófonos y las líneas ágatas, se esfumó.

El secretario de Educación, quien durante meses se hizo fotografiar rodeado de policías y militares, como advertencia de lo que le esperaba a los miles de maestros que se oponían a la reforma educativa, desapareció de los medios cuando la fuerza pública asesinó a ocho pobladores de Nochixtlán que rechazaban esa reforma.

Tuvieron que pasar más de dos días y sus noches para que Aurelio Nuño diera la cara al país y a los maestros. Pero en lugar de reconocer la gravedad de la situación que su empecinamiento y torpeza política provocaron, se limitó a lamentar los hechos y a amenazar con que la reforma educativa seguiría su curso.

La responsabilidad del titular de Educación en la masacre no se puede ocultar. El 19 de junio de 2016, la fuerza pública desalojó violentamente un bloqueo carretero que maestros y habitantes del municipio mixteco de Nochixtlán habían instalado para exigir la derogación de la reforma educativa. Las protestas magisteriales en la entidad se habían radicalizado a raíz de la arbitraria e injusta detención, seis días antes, de Rubén Núñez, secretario general de la sección 22, y de Francisco Villalobos, secretario de organización, y de una salvaje campaña de hostigamiento contra los profesores de la CNTE por parte de Nuño.

Ha transcurrido un año y un día de ese trágico 19 de junio, en el que distintas policías ultimaron a ocho habitantes de Nochixtlán, hirieron de bala a más de 100 y dañaron física y emocionalmente a más de 400, entre ellos, muchos niños. Y, a pesar de cargar sobre sus hombros con esa agresión, el responsable de la enseñanza pública del país sigue tan campante en su carrera por la Presidencia.

Ha pasado un año y un día de la masacre, sin justicia, sin verdad, sin reparación de daños. Un año y un día de acoso sistemático y sostenido a las víctimas mediante un grupo paramilitar. Los pistoleros pintan letreros en las casas de las mujeres donde las acusan de ser putas. Visitan las casas de las víctimas y las llaman por teléfono para amedrentarlas. Intentaron matar al presidente de los afectados, el profesor Santiago Ambrosio (que fue herido de bala en una pierna). Balean y destruyen las estatuas que la comunidad levantó en memoria de los ocho muertos. Nadie está a salvo. Incluso han llegado a encañonar al ombudsman de Oaxaca, Arturo Peimbert.

La exigencia de esclarecimiento de los hechos del 19 de junio, justicia y reparación del daño son demandas del Comité de Víctimas por la Justicia y la Verdad 19 de Junio de Nochixtlán, de la sección 22 y de la CNTE. Los afectados se han transformado en defensores de derechos humanos. Han echado a funcionar una radio comunitaria (permanentemente hostilizada por los paramilitares) y establecido alianzas con grupos de víctimas en todo el país. Esperan que su experiencia pueda servir para reorientar otros casos.

Rubén Alcídes, presidente municipal de Nochixtlán agrede permanentemente a las víctimas. Ninguna ha recibido atención sicológica. El alcalde (con apoyo de la PGR) busca confrontar a la población con los damnificados, responsabilizándolos del crecimiento de la inseguridad pública y de la falta de servicios sanitarios y educativos.

La PGR busca diluir las responsabilidades institucionales de la masacre y trasladarlas a algunos policías en particular. Aunque anunció que había detenido a varios de los culpables, no ha notificado a las víctimas. Uno de los detenidos ya salió libre por no haberse seguido el debido proceso.

El Comité de Víctimas ha definido 12 puntos para atender el conflicto. Sobresalen dos: a) que las víctimas puedan contar con asesores jurídicos y peritos que dominen el entorno antropológico y comunitario que permita entender cómo una comunidad indígena responde a una agresión como la que sufrió Nochixtlán; b) que la toma de las declaraciones de los daminificados pueda efectuarse en un recinto institucional de organismos de derechos humanos.

A corto plazo trabajan para que puedan hacerse las diligencias periciales, en las que el defensor de derechos humanos pueda ser llamado para fungir como introductor a los testimonios de las víctimas. Asimismo, en la elaboración de una teoría del caso, en la que se establezcan responsabilidades administrativas y penales por acción y por omisión impropia, en todos los niveles de gobierno. Esto, en la medida en que los distintos mandos del gobierno no frenaron la agresión y pudieron haber retirado a policías en cualquier momento. Buscan que los responsables de perpetrar las heridas de bala a los 100 pobladores sean juzgados no sólo por lesión, sino también por intento de homicidio.

El conflicto de Nochixtlán está en camino de internacionalizarse. Las víctimas decidieron ya acudir a mecanismos internacionales de derechos humanos ante las continuas agresiones contra denunciantes y sus defensores; el fracaso de las medidas emitidas a escala estatal para víctimas, y el estancamiento de la investigación oficial de los hechos por falta de condiciones de seguridad para que los damnificados puedan rendir testimonios. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) aceptó ya la solicitud de medidas cautelares para cientos de daminificados y para los defensores que llevan el caso. En un descuido, el asunto puede llegar a la Corte Penal Internacional.

La sospechosa invisibilización de lo ocurrido en Nochixtlán no puede seguir. El ejemplo de las 50 horas de silencio del secretario de Educación ha sido repetido en otras esferas de gobierno. Nochixtlán fue un crimen de lesa humanidad. Quienes lo perpetraron deben ser sancionados.

Twitter: @lhan55

Tuesday, 20 June 2017 00:00

Los miedos al populismo

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Precisa e insuperablemente breve fue la descripción de lo que constituyó la justa electoral del pasado 4 de junio en el estado de México; la dijo Héctor Aguilar Camín: estercolero. Me parece que nunca en el pasado había oído y leído un acuerdo de tal magnitud sobre la definición de esa justa: una elección de Estado. Tampoco nunca en el pasado recuerdo haber visto el uso de tal cantidad de tipos de recursos, y la magnitud de cada uno, que fueron operados con recursos robados a todos los mexicanos, para ganar electoralmente y perder políticamente, una elección. Los políticos no pobres, atlacomulquenses, y del PRI en su conjunto, han dado un paso más (o varios), hacia su desbarrancadero. La ilegitimidad del PRI corroe sus cimientos con velocidad creciente.

No deja de sorprenderme, frente a esos hechos, el aseado caminito jurídico que está siguiendo AMLO, lo que está muy bien, pero ello ocurre en la más extrema inmovilidad política. Creo que la política se hace en las instituciones, pero también se hace, y es indispensable, al aire libre. AMLO lo sabe, pero su estrategia política actual me resulta aún un enigma.

Debía ocuparme de la atrocidad mexiquense y, por tal razón, comento ahora a mis eventuales lectores, interrumpí mi personal glosa al tema que da título a este artículo.

El tema es asunto de intenso debate en vastas regiones del planeta, pero sobresalen Europa y Estados Unidos; hasta donde percibo, mucho menos en América Latina.

Estaba ya en debate, cuando creo que lo avivó sensiblemente aquella muy comentada intervención coloquial de Obama, en la conferencia de prensa que, en julio del año pasado, en Canadá, dieron conjuntamente el mencionado presidente Obama, el primer ministro Trudeau y el presidente Peña.

Una periodista estadunidense hizo una pregunta a EPN, en tono punzante: que si equiparaba a Trump (entonces aún candidato dentro de las primarias del Partido Republicano), a Benito Mussolini o a Adolfo Hitler. EPN resbaló la pregunta, pero dijo, una vez más, “en este mundo hoy se presentan en distintas partes, actores políticos, liderazgos políticos, que asumen posiciones populistas y demagógicas, pretendiendo eliminar o destruir lo que se ha construido, lo que ha tomado décadas construir, para revertir problemas del pasado…; esos liderazgos o esos políticos recurriendo a la demagogia y al populismo venden soluciones o respuestas a problemas, lo cual no es así de fácil ni así de sencillo”. Obama intervino y comenzó diciendo: He oído en otros sitios diversas tesis acerca del populismo. Yo no estoy preparado para conceder que parte de la retórica que hemos escuchado es ser populista. En 2008 cuando yo era candidato, y el motivo por el cual fui candidato y el motivo por el cual después de dejar el gobierno voy a trabajar en el servicio público, es porque a mí me interesan las personas, los individuos, y quiero que todos los niños y las niñas tengan las mismas oportunidades que yo disfruté, y continuó con una larga lista de los valores que profesa, acerca de los trabajadores, su voz y sus derechos; de las mujeres, y, en fin, de muchas más de sus preocupaciones de orden social. “Supongo, terminaba Obama, que con eso podría decirse que yo soy un populista, frente a otras personas que nunca se han preocupado por los trabajadores, que nunca han luchado en cuestiones de justicia social, o asegurarse que los niños pobres tengan una oportunidad o que reciban atención médica, y que de hecho han trabajado en contra de la oportunidad económica para los trabajadores y las personas ordinarias…”; y remató afirmando: “… hay personas como Bernie Sanders, que se merecen ese título porque él realmente se ha preocupado y ha luchado para alcanzar condiciones como las que he referido…, podemos decir que Bernie y yo compartimos esos valores y objetivos y cómo lograrlos”.

Peña se refirió a Trump, en aquel momento, típicamente, desde la óptica neoliberal. Obama, en lenguaje coloquial, hizo una conexión oblicua con las palabras de Peña, mediante la exposición de sus valores y, en síntesis, dijo que, si eso era ser populista, Bernie Sanders y yo somos populistas. Obama, reapropiándose del término y reivindicándolo.

La importancia que la élite económica y política mexicana atribuye al tema es tal, que la 80 Convención Bancaria de marzo pasado fue titulada El dilema global: liberalismo vs. populismo. Peña presentó ahí una amplia ponencia. Registro aquí apenas una definición: ¿A que me refiero cuando hablo de populismo?, a posiciones dogmáticas que postulan soluciones aparentemente fáciles, pero que en realidad cierran espacios de libertad y participación a la ciudadanía. Esto en contraposición a la sociedad de ciudadanos libres que hemos logrado como país en la que el papel del Estado es ser garante de esta libertad abriendo oportunidades para el desarrollo. No me ocuparé del Estado decimonónico inmerso en ese discurrir. Importa subrayar que en la ponencia de EPN, el populista de referencia era AMLO.

De modo que, según EPN, tanto Trump como AMLO, son populistas: ¿son la misma cosa? Pues no, están muy lejos de serlo, pero como veremos, existen motivos para que desde la óptica neoliberal ambos personajes sean caracterizados como populistas. No sólo Peña, muchísimos neoliberales tienen esa misma posición. Para algunos el término populista es un insulto arrojadizo; para otros, un peligro que es necesario conjurar; para otros más es una soberana idiotez. Seguiremos.

Tuesday, 20 June 2017 00:00

La suciedad, como política

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Espiar, amedrentar, controlar

Los Pinos se exculpan

Réplicas, en algunos estados

En el conjunto de prácticas irregulares y delictivas de los gobiernos mexicanos han tenido un lugar permanente, y destacado, el espionaje y la infiltración, conforme a las circunstancias y modalidades técnicas de cada momento. Institucional, aunque nunca oficialmente aceptado, ha sido el espiar a los adversarios políticos y electorales y a una amplia cartera de opositores y críticos, que va desde líderes sociales, activistas destacados, intelectuales de izquierda, defensores de la legalidad y los derechos humanos y periodistas constante o circunstancialmente molestos. Institucional, aunque nunca oficialmente aceptado, ha sido el insertar en movimientos sociales, dirigencias políticas y partidistas, y movilizaciones masivas, a individuos que provocan y descarrilan, a la par que informan y denuncian.

The New York Times (NYT)potenció ayer en sus planas lo que se ha estado denunciando en instancias mexicanas, como R3D, @r3dmx , Red en Defensa de los Derechos Digitales: el uso en México de tecnología de punta para intervenir de manera integral los aparatos de comunicación por Internet que utilizan determinados periodistas, activistas y defensores de derechos humanos. En coyunturas críticas para el gobierno peñista (que han sobrado), se buscó insertar el software nocivo denominado Pegasus, que solamente puede ser adquirido por gobiernos, en este caso, por el mexicano.

Un ejemplo deplorable de los niveles de perversidad de esos espías gubernamentales puede encontrarse en el hecho de que uno de los vigilados sea el hijo, adolescente, de Carmen Aristegui, la periodista que ayer, junto con otros compañeros de oficio y activistas, denunció ante la Procuraduría General de la República los casos de espionaje hasta ahora conocidos (otros periodistas también recibieron los mensajes señuelo a los que debería darse clic para activar involuntariamente los programas de espionaje; un tecleador astillado, entre ellos).

La utilización del sistema Pegasus contra ciudadanos en público ejercicio de su profesión u oficio, que informan, analizan, critican y hacen propuestas, es un torvo reconocimiento de la incapacidad política del régimen y de su proclividad a los mecanismos sucios. El abanico de las preocupaciones gubernamentales invasoras va de la mencionada Aristegui y los defensores jurídicos de los 43, a Carlos Loret de Mola, conductor de noticiarios de Televisa que ha proporcionado información delicada sobre masacres cometidas por fuerzas gubernamentales, como sucedió en Tanhuato, Michoacán, y del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, al Instituto Mexicano para la Competitividad, impulsor del formato anticorrupción conocido como 3 de 3, y a la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, que preside Claudio X. González.

El mensaje que envían Peña Nieto y sus operadores políticos y cibernéticos (entre los cuales, de manera natural, ha de registrarse al secretario de Gobernación, Osorio Chong, al director del Cisen, Imaz, a los secretarios de fuerzas armadas con áreas de inteligencia y a la estratega de redes digitales, Lagunes) es complementario del que en las calles ha dejado en años recientes una escandalosa lista de secuestrados, exiliados y asesinados (en el sexenio calderonista ha de recordarse el embate de espionaje permanente organizado por el vicepresidente policiaco de aquella etapa, Genaro García Luna).

No sólo se agrede físicamente a los periodistas abiertamente adversos al poder o a aquellos que publiquen datos e información molesta para ese poder: también se invaden sus espacios privados y se controlan sus movimientos personales, en una grosera acumulación informativa que en determinados momentos puede devenir en difamaciones y en el uso escabroso de episodios íntimos (en la serie Black Mirror, de Netflix, está el capítulo Shut up and dance, que puede traducirse como Calla y baila, o Calla y haz lo que te ordeno, referido a un joven extorsionado, para que realizara determinados actos, luego que mediante un malware había sido captado al masturbarse frente a su propia computadora).

La administración peñista, conforme a sus rutinas, apenas hizo como que se enteraba del asunto. En un comunicado con aire ligero, pretendió aprovechar el señalamiento en la nota del NYT de que no hay pruebas específicas de que Los Pinos haya usado el Pegasus (contra ciudadanos que no son criminales ni terroristas; las dos categorías contra las cuales los autores del programa autorizan su uso), aseguró que defiende el derecho de los mexicanos a la privacidad e invitó a los presuntos afectados a presentar sus denuncias ante las instancias adecuadas del gobierno (el mismo gobierno acusado de espiar a los denunciantes).

La difusión de los métodos gubernamentales de espionaje a periodistas, activistas e incluso cuando menos un familiar de aquellos, tiene como antecedentes, mundialmente conocidos, el de las continuas e impunes agresiones al gremio de los informadores (Javier Valdez y Miroslava Breach, como dos botones de muestra) y, por otra parte, el de actos desarrollados con la evidente pretensión de dejar avisos de amedrentamiento al equipo de la periodista Carmen Aristegui, cuyas oficinas fueron allanadas en noviembre de 2016 por personas que actuaron con la cara descubierta, en un caso al que las autoridades no han dado esclarecimiento y, en circunstancias parecidas, en mayo del presente año, el allanamiento a las oficinas de Proceso, el semanario dirigido por Rafael Rodríguez Castañeda.

El episodio detonado por The New York Times, referido a la administración federal mexicana, tiene réplicas, aún insuficientemente denunciadas, en varios gobiernos estatales que, al igual que Los Pinos, han usado grandes cantidades de dinero público para espiar mediante Pegasus, tratando de amedrentar y controlar.

Y, mientras Griselda Triana, al recibir en Madrid un premio póstumo a quien fue su esposo, Javier Valdez, ha dicho que en México los gobiernos son cómplices de las organizaciones criminales, lejos de combatirlas, ¡hasta mañana!

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Este acto, titulado “¿Qué futuro para Europa?”, fue organizado el 16 de marzo de 2017 por la Hertie School of Governance en Berlín y moderado por Henrik Enderlein, el vicepresidente de la Hertie School.

Jürgen Habermas: Se me ha concedido el honor de invitarme a pronunciar unas palabras introductorias sobre el tema de la conversación entre nuestros distinguidos invitados Emmanuel Macron y Sigmar Gabriel, nuestro ministro de exteriores que recientemente ascendió desde las cenizas como el fénix proverbial. Los dos nombres están asociados con reacciones valientes a situaciones difíciles. Emmanuel Macron se ha atrevido a cruzar una línea hasta entonces intacta desde 1789. Ha roto la consolidada configuración de los dos campos políticos de la derecha y la izquierda. Dado que es imposible en una democracia que un individuo esté por encima de los partidos, hay curiosidad por ver cómo se va a reconfigurar el espectro político.

En Alemania podemos observar un impulso similar, si bien bajo auspicios diferentes. Aquí también, Sigmar Gabriel ha elegido a su amigo Martin Schulz para una tarea heterodoxa. El público ha dado la bienvenida a Schulz como un candidato a canciller en buena medida independiente y se espera que lleve su partido en una nueva dirección. Aunque las situaciones políticas, económicas y sociales de los dos países son diferentes, la mentalidad fundamental de los ciudadanos parece responder a un sentimiento similar de enfado, un enfado ante la inercia de los gobiernos que, a pesar de la palpable y creciente presión de los problemas a los que nos enfrentamos, continúan hechos un lío y sin ninguna perspectiva de reestructurarse. Sentimos que la falta de voluntad política para actuar es paralizante, especialmente teniendo en cuenta aquellos problemas que solo pueden resolverse colectivamente, a un nivel europeo.

Emmanuel Macron representa la antítesis de la pasividad de los actores políticos de hoy. Sigmar Gabriel y él, cuando eran los dos ministros de economía, propusieron una iniciativa para aumentar la cooperación fiscal, económica, social y política en Europa, que desafortunadamente no tuvo éxito. Si no recuerdo mal, defendieron la creación de un ministro de finanzas para la eurozona y un presupuesto conjunto independiente, controlado por el Parlamento Europeo. De ese modo esperaban crear oportunidades a nivel europeo para una acción política y económica flexible, con la intención de superar los obstáculos que han impedido una mayor cooperación entre los Estados miembros también en otras áreas. Con esto quiero decir que las significativas diferencias en los ritmos de crecimiento, los niveles de desempleo y la deuda pública entre las economías del norte y el sur de un sistema monetario se predican desde la convergencia aunque las economías se separen. Mientras, la cohesión política de esta unión monetaria está agotándose por las persistentes y todavía crecientes divergencias en la actividad económica. Durante la implementación de un régimen de austeridad que estaba destinado a tener efectos dramáticos y asimétricos en las economías del norte y sur de Europa, las experiencias y relatos contrarios de los países han hecho que surjan reacciones agresivas en ambos lados, y han dividido profundamente Europa.

Iniciativas como estas puede fallar por numerosas razones, incluidas las institucionales. Por ejemplo, los gobiernos de los Estados miembros, que tienen que justificarse ante sus respectivos electorados, son los peor equipados para reivindicar los intereses de la comunidad al completo; y sin embargo, mientras no haya un sistema de partidos paneuropeo, son los únicos órganos que pueden marcar la diferencia. Lo que me interesa es si la negativa a aceptar las consecuencias de una potencial política de redistribución significa que cualquier ampliación de las competencias europeas está condenada al fracaso una vez que la recolocación de las cargas financieras se extienda más allá de las fronteras nacionales. Por decirlo de manera sencilla: ¿la reacción de, por ejemplo, la población alemana al sintagma “unión de transferencias” significa que apelar a la solidaridad es algo destinado al fracaso? ¿O solo estamos dándole una patada hacia delante al problema de la crisis financiera todavía latente, porque nuestras élites políticas carecen de la valentía necesaria para afrontar el espinoso tema del futuro de Europa?

Sobre el concepto de solidaridad, simplemente diría que desde la Revolución francesa y los primeros movimientos socialistas esta palabra se ha usado no como un concepto moral sino político. Solidaridad no es caridad. Solidaridad –una acción combinada de apoyo a tus aliados– significa aceptar determinadas desventajas en lo que respecta a los intereses propios, con la confianza de que tus compañeros actuarán igual en situaciones parecidas. La confianza recíproca, en nuestro caso una confianza que trasciende las fronteras nacionales, es una variable relevante, pero también lo es el interés propio a largo plazo. A pesar de lo que asumen muchos de mis colegas, no hay una razón natural inevitable por la que los temas de justicia redistributiva deban detenerse en las fronteras nacionales y no deban discutirse dentro de la comunidad de naciones europeas, aunque estos países formen desde hace tiempo una jurisdicción, y diecinueve de ellos hayan estado durante mucho tiempo sometidos a las mismas restricciones sistémicas que conlleva una unión monetaria, si bien con consecuencias asimétricas.

Hasta el día de hoy, la unificación europea se ha mantenido como un proyecto de élites porque las élites políticas han evitado involucrarse en un debate informado con el público sobre los escenarios alternativos para el futuro. Las poblaciones nacionales solo serán capaces de reconocer y decidir lo que les beneficia en el largo plazo cuando empecemos a discutir –mucho más allá de las revistas académicas– las trascendentales alternativas que hay entre abandonar el euro, o volver a un sistema monetario que permita un pequeño margen de fluctuación, u optar por una cooperación más estrecha.

Crisis globales y un Occidente dividido

Mientras tanto, otros problemas que ahora atraen mayor atención pública demuestran que los europeos deberían cooperar más. Existe la percepción de una escalada en temas globales e internacionales que ha alcanzado lentamente el límite de tolerancia incluso en los miembros del Consejo Europeo, y que les está haciendo salir de su mentalidad nacional. Las crisis, que deben como mínimo hacernos pensar en una mayor cooperación, son obvias: la situación geopolítica de Europa ya había sufrido cambios dramáticos con la guerra civil siria, la crisis en Ucrania y la retirada gradual de los Estados Unidos del papel de potencia reguladora global. Pero ahora que la potencia global que representa Estados Unidos parece alejarse de su antaño dominante escuela de pensamiento internacionalista, la postura de Europa es aún más impredecible. Con la presión de Trump a los miembros de la otan para que aumenten su contribución militar, los interrogantes sobre la seguridad externa son aún más relevantes.

Además, la amenaza terrorista no va a desaparecer en el medio plazo, y la presión migratoria en Europa se ha convertido en un problema que puede definir el siglo. Estos dos acontecimientos claramente exigen una mayor cooperación entre europeos.

Finalmente, el nuevo gobierno de Estados Unidos amenaza no solo con dividir Occidente en lo que respecta al comercio global y la política económica. Los prejuicios nacionalistas, racistas, antiislámicos y antisemitas que gracias al estilo comunicativo y la ideología del nuevo presidente estadounidense han ganado peso político suponen, junto con el avance del autoritarismo en Rusia, Turquía, Egipto y otros países, un reto para la manera en que Occidente se ve a sí mismo política y culturalmente. Europa de pronto se ve obligada a arreglárselas por sí misma, en el papel de guardiana de los principios liberales y apoyando a una mayoría del electorado estadounidense apartada del poder.

Hasta ahora, la única reacción clara a esta tremenda presión han sido los intentos de promover una Europa de varias velocidades en el área de cooperación militar. Tal y como lo veo, este intento también está destinado a fracasar, a menos que Alemania esté dispuesta al mismo tiempo a desactivar la bomba de relojería que son las disparidades económicas estructurales en la eurozona. Mientras finjamos que este conflicto no existe, no seremos capaces de conseguir una cooperación más estrecha en cualquier otra área política. Además, la noción vaga de una Europa “de varias velocidades” está dirigida a objetivos erróneos, dado que podemos esperar una disposición a cooperar por parte de la mayoría de los Estados miembros que tienen el euro, es decir los Estados que desde que comenzó la crisis bancaria han sido dependientes unos de los otros.

En absoluto deseo sugerir que Alemania es la única que tiene buenas razones para reevaluar sus políticas. Otra manera en la que Emmanuel Macron destaca entre los políticos europeos es en que llama por su nombre a los problemas que solo pueden afrontarse en la propia Francia. Pero ahora le toca al gobierno alemán –aunque no eligió ese papel– tomar la iniciativa junto a Francia, para que juntos puedan darle la vuelta a la situación. La bendición de ser el mayor beneficiario de la Unión Europea es también una maldición porque, desde una perspectiva histórica, el fracaso del proyecto de unificación europeo se atribuiría a la indecisión de las políticas alemanas, y con razón.

Henrik Enderlein: Emmanuel Macron, ha escuchado lo que Jürgen Habermas ha dicho: usted es el único político lo suficientemente valiente para decir alto y claro lo que Francia tiene que hacer en casa para impulsar el debate. Así que, ¿qué es lo que hay que hacer?

Emmanuel Macron: Hola a todos. Antes de nada me gustaría agradecerles que me permitan hablar en francés, ya que mi alemán no es lo suficientemente bueno. Cuando tuve la suerte de ser invitado a la Universidad Humboldt recientemente, hablé en inglés, confiando ingenuamente en que al menos se me entendería. Pero eso molestó a mucha gente en Francia, especialmente a mis oponentes en el Frente nacional, que lo consideraron un gran insulto a nuestra lengua. Me encanta la lengua francesa, la defiendo, pero también pienso que Europa fue creada para que podamos entendernos unos a otros. Ahora me están dando una doble oportunidad: hablar en mi propio idioma y además que se me entienda. Se lo agradezco.

Jürgen Habermas ha tocado varios temas importantes. Creo que nos enfrentamos a un doble desafío hoy, un reto al que debemos enfrentarnos a nivel nacional. El primer desafío es que Europa ha dejado de funcionar como debería. Desde el “no” francés y de los Países Bajos al tratado constitucional hace diez años no ha habido nuevas propuestas. Y el hecho de que no haya una agenda con nuevas propuestas europeas debilita Europa enormemente, porque ahora toda la conversación es sobre la división.

Y sin embargo la aventura europea está dirigida por una lógica de la voluntad. Siempre habrá algunos miembros que sugerirán algo que antes parecía inconcebible, pero luego tienen éxito y traen a los demás con ellos. Y esta lógica incluye gradualmente a todos, de acuerdo con el principio de los círculos concéntricos. Pero como no se ha propuesto nada nuevo en diez años, se establece la apatía, todo el mundo se echa atrás y tenemos que hablar de Grexit y Brexit. Si no hacemos nada, tendremos más debates similares.

Tenemos que ofrecer una agenda europa, y tenemos que ceñirnos a ella. Creo que los europeos se equivocan si piensan que pueden apelar al público en general diciendo “Europa es muy impopular, no hablemos sobre ella”. O “tratemos de no ser muy europeos”. O “seamos europeos, pero antes de nada un poco nacionalistas”. Si eres un europeo tímido, ya eres un europeo derrotado, así que no recomiendo esta opción. Porque hoy Europa es lo que nos protege de nuevos peligros.

Reivindiquemos una agenda europea en los debates nacionales

En respuesta a las apreciaciones de Jürgen Habermas quizá puedo subrayar dos puntos. Primero: Europa está atascada, porque no se propone nada nuevo, pero por encima de todo porque no somos ya capaces de reconciliar la ética de la responsabilidad con la justicia social, como ha dicho muy bien. En nuestro país estamos inmersos en muchos debates en los que la justicia social se entiende en su sentido clásico, como una redistribución entre las clases sociales de un país. Este no es un debate que estemos teniendo a un nivel europeo o en la eurozona. Y sin embargo tenemos un problema de desigualdad a nivel europeo y especialmente en la eurozona: porque este es un momento en el que nuestros ingresos se acumulan en diferentes áreas, porque algunos países están realizando reformas pero no las están usando de la mejor manera, porque la eurozona es disfuncional. Así que si no tenemos un verdadero debate sobre distribución y justicia –y al mismo tiempo sobre responsabilidad– no avanzaremos.

El principal riesgo es debilitar fatalmente los propios gobiernos que están persiguiendo las reformas. Porque mientras estos países están al borde de la desigualdad, las reformas son demasiado lentas como para obtener resultados que son política y socialmente visibles, y entonces son los reformistas los que se equivocan. Y eso sirve a los populistas y extremistas.

Enderlein: ¿Entonces Francia tiene que hacer reformas para recuperar la confianza de otros países?

Macron: Sí, y esto me lleva a mi segundo punto. Europa al mismo tiempo nos permite protegernos de los mayores riesgos que menciona Jürgen Habermas, especialmente riesgos internacionales. Creo que el ímpetu que tenemos que redescubrir –y en cualquier caso el renacimiento del proyecto europeo– se conseguirá a través de una alianza francoalemana.

Hoy, la responsabilidad descansa en los hombros franceses. ¿Por qué? Porque hemos perdido la confianza de la gente. Esto pasó hace unos quince años, cuando Francia no realizó reformas. En ese momento Francia se había comprometido a llevar a cabo esas reformas junto a Alemania, y negoció excepciones al tratado de Maastricht para poder hacerlo. De alguna manera hemos intentado alcanzar esta historia durante quince años. Francia tiene que recuperar su credibilidad en temas económicos y presupuestarios, como una precondición para esta discusión. Pero al mismo tiempo Francia debe desencadenar un movimiento hacia más inversiones, hacia una recuperación económica y hacia una solidaridad mayor. Para mí la solidaridad no se limita al plano económico, sino que en el lado alemán también se refiere a la inmigración, a la seguridad y a la defensa.

Lo que nos preocupa hoy es la falta de confianza, causada por la lógica de la responsabilidad directa en la que Europa está atascada. Sigmar Gabriel y yo nos posicionamos en contra de esto hace casi dos años en un artículo conjunto, cuando ambos éramos ministros de economía en nuestros países. Así que tenemos que resolver los problemas de la realidad y de la confianza.

Enderlein: Hablemos entonces sobre si esta indecisión va a continuar o no. Emmanuel Macron acaba de decir que Francia está preparada para actuar. Ministro de exteriores Gabriel, ¿qué es lo que Alemania está dispuesta a hacer?

Sigmar Gabriel: Creo que antes de lograr lo que el profesor Habermas ha pedido, específicamente ganar mayorías para un aumento de competencias europeas, primero tenemos que cambiar algunos relatos. Porque la política comienza diciendo qué es lo correcto. Ahora nos gusta señalar a la gente que produce fake news, pero hay fake news que se han establecido aquí en los últimos treinta años, quizá más. La primera parte de estas fake news dice que Alemania es el burro de carga de la Unión Europea: “¡Somos los contribuyentes netos! ¡Somos los que apoyan a todos los demás!” Por desgracia esta es una historia que se ha contado durante décadas, en la política, en los medios, en la economía, en general sin importar quién estaba en el poder en cada momento.

Cada vez que se hablaba de la estructura financiera de la Unión Europea, nos quedábamos atrapados en una visión estándar y transversal de que tenemos que reducir nuestra contribución neta: un saldo que asciende a casi 12.000 millones de euros. Así que cada vez que me dicen, con razón, lo importante que es el proyecto europeo, 12.000 millones de euros no es una cifra que me deje perplejo. En el presupuesto federal alemán pagamos más por cosas mucho menos importantes. Por eso tenemos que detener este relato de Alemania como el burro de carga de la Unión Europea. Al final sirve solo para complacer los supuestos intereses nacionales. El aumento del sentimiento nacionalista que vemos en la actualidad no es el principio, sino el resultado de treinta años de falsos relatos. La raíz del problema son relatos estrictamente nacionales de los Estados miembros de la Unión Europea, especialmente en nuestro país. Mientras que la verdad es que Alemania es la gran beneficiada, incluso la beneficiaria neta, de la Unión Europea.

En términos políticos, no existiría una Alemania unida sin Europa –eso es muy obvio–, pero también culturalmente, en términos de paz, y por supuesto mucho más que eso, comercial, financiera y económicamente. Sí, enviamos más dinero de nuestros impuestos a Bruselas del que vuelve. Pero es obvio que no te conviertes en un campeón exportador europeo, incluso mundial, si antes no produces suficiente acero, su- ficiente tecnología eléctrica, suficientes productos químicos y suficientes máquinas y si esos productos no se venden en otros países además de Alemania.

Y solo cuando a otros les va bien y tienen suficiente dinero pueden comprar coches alemanes; son caros, en parte porque nuestros salarios y seguridad social son altos. Y esperemos que se mantengan así. No queremos salarios o prestaciones sociales más bajos. Como alemanes, debemos tener un interés real –y además puramente económico– en que al resto de Europa le vaya bien. Porque solo así a nosotros nos puede ir bien.

Alemania como beneficiaria neta de la UE, no contribuyente neta

Así que, lejos de ser contribuyentes netos, somos beneficiarios netos de la Unión Europea. Pero ¿cuál es la mejor forma de romper con este falso relato? Mi sugerencia a mi propio partido es esta: en las próximas elecciones generales tenemos, por primera vez, que defender agresivamente que estamos dispuestos a invertir más en Europa más del 1% del pib europeo acordado. Deberíamos incluso estar preparados para soportar las presiones nosotros si es necesario, o nosotros junto a otros, sin aplicar el mismo criterio a toda Europa. Solo con el mensaje provocador “¡Estamos dispuestos a pagar más!” conseguiremos un debate sobre por qué, en Europa, deberíamos tener un interés común en esto.

El segundo relato falso es decir que las políticas de defensa y seguridad es lo que de verdad te hace ganar los votos, porque esto presupone una visión del mundo común. Con esto quiero decir que realmente necesitamos, en primer lugar, un concepto común de política exterior. No solo porque mejorar nuestras políticas de seguridad y defensa no conseguirá nada sin un progreso social y económico en la ue, como dice Jürgen Habermas, sino también porque no deberíamos comenzar a forjar abruptamente proyectos de defensa en un plano meramente nacional sin tener una visión europea común de cómo deberían ser nuestras políticas de exteriores. Si no, esto podría llevarnos en la dirección equivocada. Eso también es un relato falso, creo. En Europa, la política exterior siempre fue la cumbre, especialmente la política de defensa, y digo esto no solo porque soy ministro de exteriores, sino porque debería ser una regla general. La política comienza con no contarle a la gente fake news, que es algo que en general solo se hace porque se cree que funciona mejor en una campaña electoral. Los alemanes tenemos que entender que una ue fuerte y unida nos interesa. Nuestros hijos y nietos no van a volver a tener voz en el mundo a no ser que esa voz sea europea, y por eso estamos preparados para invertir más, en nuestro propio interés y en el de Europa.

Para concluir, un punto más sobre el tema de la solidaridad –un concepto que, como socialdemócrata, conozco bien–. Solidaridad significa actuar responsablemente, tanto con uno mismo como con la comunidad a la que uno pertenece. Todo tiene que ver con actuar de manera responsable. Y estoy seguro de que si perseguimos este relato conseguiremos también las mayorías que necesitamos para ponerlo en práctica.

Enderlein: Jürgen Habermas ha dejado muy claro en su intervención que es importante no solo hacer más por Europa desde Alemania, sino que hay que gastar más dinero en otros países, esto es, que hay que abandonar las políticas de austeridad que predominan. Pero si gastas más dinero, tienes más deudas, y tarde o temprano alguien tiene que pagar esas deudas. Quizá sean los Estados nación, que están en crisis, y en ese caso el pacto de estabilidad ha de abandonarse. Quizá sea Alemania, pero eso no ayuda a los países a un nivel fundamental. Quizá sea la ue, pero tenemos que valorar qué pasará al final con esas crecientes deudas europeas. Entonces, ¿cómo deberían abandonarse las políticas de austeridad?

Gabriel: Aquí también creo que es importante empezar con el relato adecuado. En Alemania la gente siempre dice que al principio de los 2000 realizamos todas esas grandes reformas y que nuestro único error fue romper los criterios de deuda del Tratado de Maastricht. La verdadera historia es que las reformas sociales solo fueron posibles porque estábamos invirtiendo a la vez, y no reduciendo nuestras deudas. El éxito de Alemania es el resultado del hecho de que cuando estábamos reformando el país, no condujimos el desarrollo económico hacia un muro, sino que invertimos: en educación –la coalición del SPD y Los Verdes entonces desarrolló el primer programa de escuela todo el día–, en energías renovables, en investigación y desarrollo.

Roza lo irresponsable justificar las políticas de austeridad mirando a Alemania como un ejemplo, con el argumento de que solo puedes salir de una crisis si ahorras suficiente. Nosotros hicimos lo contrario. Combinamos reformas políticas y sociales, por muy polémicas que fueran, con más deudas de las que la ue nos permitía en ese momento. Esta es la única razón por la que evitamos que nuestro crecimiento colapsara y el empleo aumentara aún más. Por cierto, diría que de otra manera no habríamos podido hacer las reformas.

Y lo mismo puede decirse de Europa. Aquí también tenemos que promover el relato adecuado: si haces reformas, necesitas tiempo –o un tiempo muerto– para reducir los déficits. Si acaso, necesitas más inversiones para estabilizar el crecimiento y el empleo. Porque al final, por mucho que hagamos por Europa, no marca la diferencia: si la presión espuria de la austeridad provoca que el desempleo juvenil aumente hasta un 40% en países como Italia, ¿cómo va a interesarse alguien de esa generación en la Unión Europea?

Para mí Europa siempre ha representado algo esperanzador. Pero para muchos jóvenes, Europa ahora representa un peligro, porque tienen la impresión de que nadie les está ayudando a encontrar trabajo y ganarse la vida. Por eso pienso que necesitamos contar la historia adecuada aquí. El ahorro consigue inhibir las reformas en vez de fomentarlas. Por eso necesitamos más flexibilidad e inversiones a la vez, y no menos. Esto me lleva finalmente a la cuestión de cómo vamos a financiar todo esto: y es, por supuesto, cambiando el debate sobre política fiscal que estamos teniendo ahora. Es asombroso que la Unión Europea pierde 1,5 billones de euros al año por evasión fiscal y que damos bonos a los bancos irlandeses, pero el Estado ahí puede negarse a recaudar 14.000 millones de euros de Apple que este “actor global” debería haber pagado. No es que no haya dinero: la cuestión es si estamos preparados para permitir que todo el mundo participe de manera justa en nuestra comunidad. ¿O debería cada panadero de Berlín pagar más impuestos que las grandes empresas? Esa es la pregunta importante.

Si no luchas por Europa, la das por perdida

Enderlein: ¿Este discurso proeuropeo puede ser convincente en Francia, Emmanuel Macron? En este momento hay un intenso debate sobre la identidad nacional y sobre la cuestión impositiva, sobre la solidaridad y sus límites. Y sin embargo en Francia el partido más popular entre la gente de entre 18 y 24 años es el Frente nacional.

Macron: Creo que esta línea de argumento a favor de Europa puede ser absolutamente convincente. Porque si no luchas ya has perdido. Y hasta ahora no ha habido ninguna austeridad en Francia. Sin duda, mucha gente cree que ha habido una política de austeridad en Francia, pero no es cierto. Fue Europa del sur la que sufrió la austeridad. Por continuar con lo que decía Sigmar, las críticas en Francia derivan del hecho de que tras la crisis de 2008-2010, nosotros, el gobierno de Hollande, corregimos los errores del pasado, y la desconfianza que produjeron, con reformas.

No puedes abordar el problema de la justicia social en Europa si no encaras el problema del “riesgo moral”, de la tentación moral e irresponsabilidad económica. Se ha perdido mucha confianza por ello. Si queremos ver una revitalización europea, la verdadera cuestión es: ¿Cómo pueden realizar reformas los países cuando no hay presión para ello? ¿Estamos invirtiendo en el lugar correcto al apoyar a países que realizan las reformas correctas o deberíamos aceptar la pérdida y apostar por países que no? Ese es el verdadero debate que tendremos. Y será muy intenso. En Alemania todavía más que en Francia.

Por eso solo lograremos progresar, más allá de la flexibilidad que ha reclamado Sigmar Gabriel, que pueden tener algunos países, a través de la capacidad conjunta de inversión, es decir, por medio de un presupuesto para la eurozona. Es la única manera de reconciliar la justicia social con el problema del riesgo moral, porque entonces habría una institución europea capaz de restaurar el dinamismo y la confianza en Europa. Si las reglas ya no permiten el progreso, necesitamos instituciones compartidas para llegar a la siguiente fase. Por tanto necesitamos esta institución a nivel de la eurozona, para crear crecimiento y alimentar la solidaridad.

Enderlein: ¿Ha hablado de esto con la canciller Merkel?

Macron: Sí, he hablado con la canciller de esto. Le he dicho que la primera etapa es obviamente la reforma en Francia, pero que esta reforma no puede funcionar si no hay un nuevo punto de partida europeo en todos los asuntos que he comentado. Y ahí está la respuesta que los alemanes deben dar, más o menos simultáneamente.

Podemos ganar este debate y convencer a nuestros conciudadanos de que Europa sigue siendo la solución. Me impresiona que en tantos otros países –esto se aplica a Francia, a Italia y muchos otros–, el compromiso con Europa continúa y hay un amor por Europa y la idea europea, incluso después de tantos años de crisis y enormes dificultades. En Italia, España y Portugal toda una generación –la más joven– no ha conocido otra cosa que desempleo masivo directamente vinculado con Europa. Y sin embargo, esta generación sigue unida a la idea de Europa y por tanto simplemente necesita un proyecto europeo que opere a un nivel digno de su compromiso.

Pero esto solo puede ocurrir si explicamos cómo podemos crear un futuro de crecimiento y seguridad. Por tanto, el relato europeo que debemos crear –y este es exactamente el mismo desafío que yo afronto en esta elección presidencial francesa– es esta explicación: Europa no es una visión ultraliberal de un mero mercado común, hacia la que, si repasamos con honestidad nuestra historia, nos han llevado a menudo los británicos y algunos más. Se trata de un mercado común libre de barreras, para que pueda funcionar como un bloque de veintiocho países hoy y veintisiete mañana, y una empresa cooperativa basada en unas mínimas reglas compartidas y estándares comunes y por tanto extremadamente ambiciosa.

Pero, lo que es todavía más importante, esta Unión Europea es una Europa que protege –en seguridad e inmigración– y con ese objetivo debe desarrollar una política de asilo común y salvaguardar de forma adecuada las fronteras europeas. Esta es una Europa que protege el comercio. Cuando éramos ministros de economía e industria, luchamos para que Europa salvaguardara su industria del acero frente al dumping chino. Solo Europa puede hacer eso. Ni Francia ni Alemania pueden resistir ante China. Pero Europa puede. Así que si volvemos a nuestro relato de riqueza y protección, Europa tiene un futuro en nuestras esferas públicas. Pero tenemos que aceptar este relato, abrazarlo y defenderlo. Y esto es algo en lo que insisto frente al derrotismo que está demasiado extendido en la actualidad. Inicialmente, después de lanzar mi movimiento En Marche!, la gente decía: “Está loco. Nunca llegará a ningún sitio.” Ahora la gente se pregunta cómo gobernaremos, y eso ya es una indicio de cuántos obstáculos hemos superado.

Pero todavía hay mucha gente que dice en Francia, Alemania e Inglaterra: “Eres un ingenuo total. Crees que puedes ganar unas elecciones defendiendo Europa”. Pero no soy nada ingenuo, más bien al contrario. Creo que puedes ganar unas elecciones defendiendo Europa, siempre y cuando lo hagas honestamente. No una Europa que no funciona, en otras palabras, sino un proyecto europeo.

Necesitamos debates feroces

Antes Sigmar me ha enseñado un archivo del spd en la casa de Willy Brandt. Ha sido emocionante ver el Tratado del Elíseo. ¿Dónde estaba la opinión pública en Alemania y Francia cuando se lanzaron las primeras iniciativas europeas? Diría que si en esa época la gente hubiera hablado como demasiados hacen ahora, nunca habríamos visto la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, o los Tratados de Roma, o el Tratado del Elíseo.

No debemos engañarnos: que nuestras democracias dependan tanto de la opinión pública y que los medios sean tan importantes no significa que nuestros representantes políticos deban simplemente seguir la opinión pública. En vez de eso, deberíamos explicar qué maneras podemos encontrar para tener éxito, aunque molesten a la opinión pública. ¡Debemos resistir esta traición de los intelectuales contemporánea! Esta se manifiesta hoy en la creencia de que Europa está acabada, de que ya no es un concepto relevante para los desafíos de nuestro tiempo y de que el nacionalismo o la brutalidad son las respuestas correctas a nuestras experiencias actuales.

Enderlein: También podemos perder este debate sobre la idea de Europa. Eso es lo que hemos visto en Gran Bretaña.

Macron: Es el peligro que afrontamos si no dirigimos este debate. Si no salimos a dar la batalla y admitimos la derrota, perderemos. Eso es seguro. Así que debemos dirigir la conversación. Necesitamos debates feroces. Tenemos que decir cosas que a algunas personas les pueden parecer desagradables.

Por cierto, lo mejor es asumir ese papel en tu propio país en este complejo debate. Para ser sincero, no voy a dar lecciones a los alemanes ni a explicarles que tienen que invertir. Muchos franceses lo han hecho antes. Se nos da muy bien dar lecciones a los alemanes. Pero es mucho más útil si explico a los franceses lo siguiente: si queremos redescubrir nuestra dignidad, nuestra capacidad de actuar y defender la idea de Europa, necesitamos realizar reformas en casa, para iniciar algo mucho más poderoso en Europa. Por eso pienso que lo que los dos habéis hecho es muy valioso, que los intelectuales y los políticos digan al unísono: “Necesitamos más inversión y más solidaridad.” Tampoco deberíamos hacer un fetiche de la consolidación presupuestaria, o incluso de los potenciales riesgos de inflación, que, para ser sincero, no me parecen el mayor riesgo al que en este momento se enfrente Alemania.

Enderlein: Quiero hacerle la misma pregunta a Sigmar Gabriel. ¿Podemos perder el debate político sobre Europa? ¿Se puede siquiera asumir el riesgo de salir a la ofensiva?

Gabriel: Emmanuel Macron tiene razón, por supuesto: si no lo intentas, ya has perdido. Y, además, creo firmemente que este es un debate que solo podemos ganar. Eso es lo que hemos aprendido de la Ilustración francesa. En último término, quien tenga la visión ilustrada triunfa. A veces sufrían retrocesos, y a veces derrotas. Pero la historia de la Ilustración muestra que al final prevalecen. ¿Por qué no iba a suceder lo mismo aquí?

Enderlein: Jürgen Habermas dijo en su introducción que no hay una ley natural que dicte que las cuestiones de la justicia distributiva deban detenerse en las fronteras nacionales. Bueno, podemos hacer la pregunta: ¿por qué es Europa, específicamente, la categoría correcta? También podría ser el Estado-nación, o una región, o todo el mundo. ¿Por qué es esta Europa tan importante?

Habermas: La historia está llena de accidentes: más razón para confiar en los caminos por los que ya estamos caminando. Hemos dedicado medio siglo –sesenta años, para ser exactos, desde que se firmaron los Tratados de Roma– a un proyecto extraordinariamente exigente. Y ahora la pregunta no es: “¿Por qué Europa?” sino más bien: “¿Hay alguna razón para abandonar este proyecto que ha avanzado hasta aquí?” –incluso aunque sus éxitos ya no se vean de la manera que merecen porque, en el curso de una política equivocada frente a la crisis, hemos llegado a un estado de profunda división en Europa.

Estamos hablando sobre la cuestión del futuro de Europa porque hemos alcanzado un momento históricamente crítico. Tras haber hecho tantos esfuerzos por crear una jurisdicción legal en Europa que funcione y a la que todos pertenezcamos no solo por virtud de nuestro pasaporte, y después de hacer tantos esfuerzos por crear un área económica común y una moneda común, cuyo abandono resultaría infinitamente más costoso que cualquier otra alternativa, tras haber hecho todo eso tenemos que ver cómo queremos conservar las cosas que hemos conseguido, pero sobre todo corregir los errores que nos han llevado a una situación bastante difícil. Estos errores son en buena parte el resultado de las asimetrías económicas entre las economías nacionales de los Estados miembros, que se volvieron todavía peores por el programa bastante elaborado y tecnocrático que el Consejo Europeo diseñó para resolver el programa. Sigmar Gabriel tiene razón: para implicar por fin al público general en las políticas que tienen un impacto tan grande en sus vidas, necesitamos los relatos que corrijan las preconcepciones que ahora están muy arraigadas. Por desgracia, ante la creciente oposición que afrontamos, no tenemos mucho tiempo.

Emmanuel Macron argumentaba, comprensiblemente, a partir del statu quo: su posición es que los franceses no pueden decirle al gobierno alemán qué hacer –ni deberían querer hacerlo– y que en primer lugar deberían resolver sus problemas racionales. Pero, señor Macron, tal como yo lo veo esto no es suficiente en la situación actual. ¿No debería pensar sobre lo que conseguirá en y por Europa la próxima vez que visite a Martin Schulz o Angela Merkel como presidente francés? En otras palabras, lo que solo se puede conseguir trabajando juntos.

Renovar una relación francoalemana basada en la confianza

Enderlein: Antes de que Macron responda, me gustaría combinarlo con una pregunta final y tomar algo que Jügen Habermas acaba de decir: ¿Cuál sería la primera iniciativa que introduciría un presidente Macron? ¿Cuál es la iniciativa más importante, en lo que respecta a Europa, el día posterior a la elección?

Macron: En primer lugar, no quiero que haya ningún malentendido: no me he abandonado al derrotismo en este asunto, y tampoco tengo dudas de que necesitamos crear un relato diferente. Sigmar y yo hemos hablado de esta idea una y otra vez. He escrito sobre lo que quiero para Europa y la eurozona. Pero digo esto en un estricto orden de prioridades: si queremos ser creíbles, necesitamos realizar primero la reconstrucción que se necesita en casa. Pero no considero que eso sea un estado inalterable.

Lo que intento explicar es que, sí, estoy comprometido con las reformas en Francia y las considero necesarias para mi país. Pero no es suficiente detenerse ahí. En primer lugar, es insatisfactorio para Francia. No resolveré todos los problemas de Francia: el futuro de Francia está en una política centrada en Europa y la inversión. En segundo lugar, no resolveré yo solo todos los problemas. Y el mapa que marca el camino que necesitamos recorrer juntos –y con el que, por cierto, ya nos hemos comprometido en la UE– es mucho más ambicioso. Así que en este asunto no hay ninguna ambivalencia. Y hablé con la misma claridad cuando hablé con la canciller Merkel.

Pero ahora, la precondición esencial es la restauración de la credibilidad francesa y una relación francoalemana basada en la confianza. Porque la situación en la que me encuentro no es la de un intelectual independiente, sino la de un político que debe rendir cuentas y que se presenta a las elecciones y busca una cooperación exitosa con nuestros aliados alemanes. La clave, para mí, está en reconstruir un nivel de confianza que ya no existe. Esto puede tener que ver con el hábito que ha tenido Francia en el pasado: ofrecía lecciones, relatos u opiniones sin aportar las condiciones necesarias para que se pusieran en práctica.

Soy sincero conmigo mismo, y por eso quiero tratar ambos proyectos en el orden correcto. Quiero convencer a mis conciudadanos de que necesitamos reformas para volvernos más fuertes, y quiero convencer a nuestros socios europeos de que eso debe ir de la mano con objetivos mucho más asertivos a nivel europeo y en la eurozona –es decir, con un nuevo relato, una nueva historia común– a fin de que podamos ir hacia delante.

Es este relato común lo que quiero encarar en primer lugar. Quiero ver una cooperación francoalemana mucho más estructurada en al menos tres aspectos: inversión, seguridad común en las fronteras y defensa, sobre todo en Oriente Medio y África. Y creo que esto debe ser reforzado con actos de simbolismo.

Si creamos este “New Deal francoalemán”, habremos dado un paso muy importante. También nos permitirá poner en marcha un progreso adicional entre los veintisiete Estados y a nivel de la eurozona. Pero incluso en nuestros dos países, la iniciativa llevará a que invirtamos en algo que se acerca a una nueva respuesta a los grandes riesgos que afrontamos.

Porque, ¿de qué tienen miedo nuestros conciudadanos, en este momento? De los problemas de la seguridad y el terrorismo, de las olas migratorias y de la seguridad en nuestras fronteras, así como de los problemas con la inversión y el bajo crecimiento. Las tres respuestas a estos problemas que he descrito están a nuestro alcance si decidimos operar de otro modo, y si decidimos actuar juntos y confiamos de verdad unos en otros.

La opinión pública en nuestros dos países es consciente de los riesgos globales, pero no está automáticamente dispuesta a avanzar por la carretera europea. Estoy seguro de que si pidieras al público alemán que apoyara una política de inversión a gran escala para Europa, eso no funcionaría. Y si le pidiera a la gente en mi país que realizara una política a gran escala de defensa común, los franceses no estarían entusiasmados. Pero ¿había un gran apetito entre los franceses y los alemanes de unir sus recursos de acero y carbón hace tantos años? No. Sin embargo, había que hacerlo.

Las tres acciones de solidaridad que he descrito están en áreas donde en parte Alemania y en parte Francia son marginalmente predominantes. Lo que quiero hacer es actuar de forma rápida y decidida tras las elecciones para impulsar estos proyectos juntos. ~

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Este artículo apareció en Blätter für deutsche und internationale Politik en abril de 2017.

Versión en inglés de Eurozine.

Traducción del inglés de Ricardo Dudda y Daniel Gascón.


 
Tuesday, 20 June 2017 00:00

Cuando África despierte

Escrito por

La amenaza social es como la crecida de un río que se acerca, imparable, a un dique cada vez más frágil. En África viven mil millones de personas, que serán 2.400 millones en 2020, en su mayoría jóvenes y adolescentes. La ONU prevé que, en las próximas décadas, al menos medio millón intentará llegar a Europa cada año. En la otra orilla, hay 700 millones de europeos, que serán aproximadamente 600 millones en 2050, con una edad media de 50 años y un gran componente de centenarios.

La oportunidad económica inmediata es la que ofrece un mercado de mil millones de personas al lado de nuestras fronteras, de las que 600 millones no tienen electricidad. Si conseguimos llevársela, quizá con paneles solares, ¿cuántos frigoríficos podremos venderles, antes de que lo hagan los chinos? Para ahuyentar la amenaza y aprovechar la oportunidad, debemos encauzar el río. Conocer el gran reto de este siglo para Europa. Lo primero es aceptar que los europeos necesitamos a los inmigrantes. Hoy, en Europa, la pensión mensual de un jubilado la pagan cuatro personas en edad laboral. Con las tendencias demográficas actuales, en 2050, esa proporción será de 2 a 1: 38 millones de trabajadores y 20 millones de jubilados en Italia, 41 millones y 24 millones en Alemania, 24,4 millones y 15 millones en España. O aumentan los trabajadores o se duplican las aportaciones o se recortan las pensiones.

En Alemania el número de empresas que da trabajo a refugiados se ha triplicado en un año

Con estos datos debería ser fácil hacer un ejercicio de realismo. La ola migratoria es un fenómeno histórico que no va a detenerse en las playas griegas o italianas, y mucho menos en las libias. Ni siquiera por motivos de seguridad. Las experiencias en Francia, Bélgica e Inglaterra demuestran que la principal amenaza contra la seguridad está en la segunda generación. Es decir, tiene que ver con la integración más que con la acogida. Está claro que, si es un fenómeno histórico, hace falta una solución a largo plazo, que imagine Europa y África más allá de 2025.

En Alemania, que en 2015 recibió un número de inmigrantes sin precedentes, el número de empresas que da trabajo a refugiados se ha triplicado en un año. En el primer trimestre de 2016, eran solo el 7%; a principios de 2017, el 22%. Son contratos de prácticas, fundamentalmente, pero es un principio. ¿Es mérito de Angela Merkel? No, más bien de los refugiados. Los que llegaron a Alemania procedían sobre todo de Oriente Próximo y especialmente de la clase media siria: ingenieros, arquitectos, profesionales cualificados, que huían de la guerra y de El Assad. En África, en cambio, las clases medias y privilegiadas se quedan allí, y los que llegan a las playas sicilianas vienen de las zonas rurales.

Es decir, es un problema cuantitativo, pero también cualitativo. Las perspectivas son favorables: en el continente africano, hoy, existe más paz que guerra, y hay firmes indicios de un despegue económico espontáneo. Es la situación idónea para poner en marcha una especie de Plan Marshall con el que Europa se garantice también su futuro. La idea ha sido planteada hace unos días en la reunión del G20 en Berlín, pero solo se ha concretado en apenas una promesa de esbozo.

La situación africana es idónea para que Europa ponga en marcha una especie de Plan Marshall

África es el principal destinatario de la ayuda al desarrollo aportada por los países de la UE: más de 140.000 millones de euros entre 2013 y 2017, casi el 40% de la ayuda total. Antes de decidir si es mucho o poco dinero, hay que comprender para qué sirve. Si el objetivo es filtrar no solo cuántos sino quiénes emigran al otro lado del Mediterráneo, parece lógico pensar en programas de formación financiados por Europa. Si nuestros países siguen perdiendo población y necesitan fontaneros y enfermeros, formarlos sobre el terreno puede suponer una vía alternativa para la emigración, más atractiva que la travesía desesperada en una lancha desinflada.

Pero lo más importante son las inversiones privadas. En 2012, las empresas europeas invirtieron en África 11.600 millones de dólares; en 2015, 30.900 millones. Aunque son cifras engañosas, porque incluyen las dedicadas a prospecciones petrolíferas y porque, de esos 30.000 millones, 25 se invirtieron en Sudáfrica, la Suiza africana. Una lástima, porque las inversiones privadas pueden contribuir más que las públicas, y son el principal detonante de un desarrollo económico cada vez más visible. El FMI prevé para los próximos años un crecimiento del 3,5-4% e inversiones del 20% del PIB. La economía africana no va a ser siempre el gigante dormido, y Europa debe atreverse a estar presente cuando despierte.

Maurizio Ricci es analista económico y del medio ambiente en La Repubblica.

© Lena (Leading European Newspaper Alliance)

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia .

La política del presidente Donald Trump respecto a Cuba, anunciada el pasado 16 de junio, abarca varias partes. Resulta poco probable que sus consecuencias directas sean favorables para los intereses nacionales de Estados Unidos, pero muestra la estrategia del presidente en el diseño de su política exterior.

La primera parte fue el espectáculo del discurso, que pronunció en la Pequeña Habana de Miami ante veteranos de la Brigada 2506, que invadió Cuba por la Bahía de Cochinos en 1961. Su principal objetivo era permitirle al presidente que pronunciara las palabras: “Yo cumplo lo que prometo”. Los veteranos de la Brigada habían apoyado a Trump durante su campaña. El discurso hiperbólico del presidente, con fuertes reminiscencias de la Guerra Fría, fue pensado para este público local. Ningún mal comportamiento actual del gobierno cubano lo motivó; fue una buena manera de complacer a sus seguidores clave: “Por tanto, a partir de este momento, canceló en su totalidad la mala negociación del gobierno anterior que solamente beneficiaba a Cuba”.

 

Pero no todo se cancela. Mediante sus acciones desde el 20 de enero y los anuncios de sus políticas del 16 de junio, el gobierno de Trump ha ratificado políticas bipartidistas de acuerdos con Cuba. Entre otras, la colaboración militar entre Cuba y Estados Unidos en el perímetro de la base estadounidense de Guantánamo; la colaboración militar aérea y marítima contra el narcotráfico –cuya eficacia quedó asentada en el Informe de la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos de marzo de 2017–, y la colaboración en materia de seguridad para impedir la inmigración indocumentada. Esta se expandió en enero de 2017 de conformidad con las preferencias del presidente Trump y en línea con la política de Obama que puso fin al trato privilegiado a los migrantes cubanos indocumentados. Los cubanos ahora recibirán un trato semejante al de otros inmigrantes en circunstancias similares.

También se mantienen las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, los vuelos comerciales entre ambos países, las doce categorías de viajes grupales a Cuba autorizadas por Obama –incluso a bordo de cruceros–; las remesas de dinero enviadas sin restricciones desde Estados Unidos, y las exportaciones agrícolas a Cuba, que superan los 5000 millones de dólares desde que el presidente George W. Bush las autorizó en 2001.

Dicho de otro modo, nada cambia en este momento.

Y entonces, ¿qué sí cambió el 16 de junio? El ánimo. No esperemos nuevos acuerdos con Cuba para beneficio de Estados Unidos. La frase que mejor explica el nuevo estado de las cosas se lee en el texto del Departamento del Tesoro que contesta las “Preguntas Frecuentes” a partir del 16 de junio: “Los cambios anunciados no tendrán efecto hasta que se emitan las nuevas regulaciones”.

Por ende, la última parte del anuncio es la más astuta. En ella, aparece Trump “el negociador”. La “Hoja informativa” de la Casa Blanca reporta que la emisión de los cambios reglamentarios que regirán la relación entre Cuba y Estados Unidos es un “proceso que tomará varios meses”. Esta es una oportunidad para revivir cada batalla burocrática y política sobre la relación entre ambos países. Su resultado podría hacer casi imposibles los viajes a Cuba, salvo que sean para fines oficiales, o tal vez solo sea un manotazo de advertencia.

También es la oportunidad para negociar. “Ahora nosotros tenemos la sartén por el mango”, dijo el presidente Trump en Miami. “Retamos a Cuba a venir a la mesa con un nuevo acuerdo”. En efecto, el meollo del discurso del presidente pide a los líderes cubanos una rendición incondicional, pero esta parte más precisa menciona los pasos que el gobierno del presidente Raúl Castro podría tomar sin poner en riesgo al régimen político cubano. Por ejemplo: “Devuelvan… a la asesina de policías Joanne Chesimard”. Esta medida solo requeriría una decisión relacionada con una sola persona. O: “Liberen a los prisioneros políticos”, una cantidad que en la definición de Amnistía Internacional es de un solo dígito y en la definición de la oposición cubana organizada tiene tres dígitos.

¿Es posible una negociación de ese tipo? La retórica de la Guerra Fría y el lugar donde pronunció su discurso les dice a los líderes cubanos que Trump quiere que se rindan. Si Fidel Castro resucitara, alabaría su discurso como una prueba del renacimiento del imperialismo agresivo. Las palabras del presidente pueden haber socavado sus propósitos.

Además, Estados Unidos es más eficaz cuando negocia con Cuba de otra manera. A lo largo de los años, Cuba ha devuelto a varios secuestradores de aviones y otros fugitivos de la justicia estadounidense, pero bajo acuerdos de cooperación en materia de procuración de justicia. El 17 de diciembre de 2014, cuando los dos gobiernos anunciaron un cambio en su relación, el presidente Raúl Castro también anunció la decisión “unilateral” de su gobierno y en cumplimiento de las “leyes cubanas” de liberar a decenas de prisioneros “en los que Estados Unidos había mostrado interés”. ¿Concesiones? No. ¿Gestos paralelos en el contexto de la cooperación? Sí.

La primera respuesta del gobierno cubano al discurso del presidente Trump mostró la indignación esperada. Es probable que se esté gestando una efervescencia de la retórica “antiimperialista” en anticipación del aniversario oficial de la revolución el 26 de julio. Y, lo más preocupante, las palabras y la inclinación de Estados Unidos podrían cerrar la módica apertura política que se vio bajo la presidencia de Raúl Castro. Este resultado sería también el opuesto a los objetivos del presidente Trump.

No obstante, el mensaje del gobierno de Raúl Castro, en este contexto, fue moderado: “El gobierno de Cuba reitera su voluntad de continuar el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés mutuo, así como la negociación de los asuntos bilaterales pendientes con el gobierno de los Estados Unidos”. Recordando los dos últimos años, la respuesta oficial de Cuba afirma que se demostró que los dos países “pueden cooperar y convivir civilizadamente, respetando las diferencias y promoviendo todo aquello que beneficie a ambas naciones y pueblos”. Y advierte: “No debe esperarse que para ello Cuba realice concesiones a su soberanía e independencia”.

¿Podrá entender el presidente Trump no solo cómo presionar sino cómo negociar con éxito con un liderazgo cubano que ya ha sobrevivido a once presidentes de Estados Unidos y ha opuesto una tenaz resistencia al tipo de sanciones que su gobierno ahora promete?

 
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