Opinión

Opinión (1462)

Sunday, 16 April 2017 00:00

Violencia y modernidad

Escrito por

El hombre no sobrepasará sus límites, si no las Erinias que guardan la justicia sabrán castigarlo.

Heráclito

Los constantes hallazgos de las redes de trata y de fosas clandestinas –unas creadas por el crimen organizado, como las encontradas en Veracruz, otras por el Estado, como las descubiertas en Tetelcingo y Jojutla, Morelos– nos vuelven a colocar de cara al fenómeno de la violencia en el mundo moderno.

Siempre se ha considerado que violencias como éstas son un fallo, una anomalía y no un producto de la modernidad y de la civilización. Sin embargo, como lo han mostrado desde diferentes enfoques Zygmunt Bauman, Günther Anders, Iván Illich y Jacques Ellul, esas violencias, cuyo paradigma es Auschwitz, son en realidad un producto natural de la civilización moderna o de lo que llamamos sistema. No una posibilidad de la modernidad y del sistema industrial, sino una verdad que va de la mano de las supuestas bondades del progreso. Son, en pocas palabras, la muestra de que el sistema industrial y tecnológico, en el que se basa el progreso, en lugar de potenciar la vida, como era el sueño del racionalismo, en realidad la consume y la destruye.

Los secuestros, los asesinatos, las desapariciones, el descubrimiento de fosas clandestinas y de redes de trata que vivimos en México, son así una extensión del sistema de producción industrial y tecnológico en el que en lugar de producir mercancías, la materia prima son seres humanos y el producto final la esclavitud o la muerte; las redes carreteras, aeronáuticas o marítimas, cada vez más organizadas y sofisticadas, llevan, como cualquier otro cargamento, ese nuevo tipo de materia prima. Las técnicas de tortura cada vez más brutales en su refinamiento y la tecnología armamentista terminan por destazarla, como en un rastro, y desaparecerla como los hicieron los nazis, los soviéticos o las juntas militares, y las leyes y su estructura burocrática se ponen al servicio de la impunidad de esa industria criminal.

Lo que en México estamos presenciando en el orden de la violencia es en realidad un programa de ingeniería social, aunque sin el rigor técnico y burocrático de sociedades más disciplinadas, como la de los alemanes en el periodo del nazismo.

Existe, en este sentido, algo más que una relación fortuita entre la tecnología que se aplica en una cadena productiva y sus sueños de abundancia material, y la tecnología que se aplica en las redes criminales –ya sean del crimen organizado o del Estado– con su abundancia de esclavitud y muerte. Podríamos decir con el teólogo Richard L. Rubenstein que el mundo de la violencia que se desencadenó en el siglo XX en Occidente y la sociedad que ha engendrado son “la cara oculta y cada vez más oscura de la civilización judeocristiana” o, como lo dice Iván Illich, el rostro de la corrupción institucional del servicio que trajo el Evangelio al mundo.

Civilización significa higiene médica, elevadas ideas, arte, progreso técnico, servicios, pero al mismo tiempo, y paradójicamente, significa decadencia moral, esclavitud, guerra, explotación y muerte. “Es un error –vuelvo a Rubenstein– suponer que civilización y salvaje crueldad son antitéticas […] en nuestra época, las crueldades, lo mismo que muchos otros aspectos de nuestro mundo, se administran de formas mucho más efectivas que antes […] tanto la creación como la destrucción son inseparables de lo que denominamos civilización”.

Desde esta perspectiva se puede explicar el vínculo que existe entre la espantosa violencia que desde 2006 sufre México y la indiferencia que en gran parte de la sociedad y del cuerpo político provoca: las zonas de confort que la sociedad tecnológica le da a la sociedad existen porque las violencias que esa misma sociedad produce parecen suceder fuera de ellas. Sin embargo, esa “dulce seguridad” tiene un precio muy alto: la violencia que engendra y que creemos ajena a nuestra cotidianidad vendrá un día por nosotros para devorarnos y obligarnos a pagar por nuestro aparente bienestar.

El poema del pastor Martin Niemöller –que equivocadamente se le atribuye a Bertolt Brecht, aunque él mismo lo habría firmado con gusto– lo dice en relación con la Alemania nazi: “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio,/ porque yo no era comunista,/ cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio,/ porque yo no era socialdemócrata,/ cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté,/ porque yo no era sindicalista,/ cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra,/ porque yo no era judío, cuando finalmente vinieron a buscarme a mí,/ no había nadie más que pudiera protestar”.

No se trata, sin embargo, únicamente de protestar. El sistema no sólo es, como lo definió Bauman, líquido, es también, como lo constatamos día con día, licuante y tarde o temprano nos licuará a todos de una o de otra manera. Se trata también de resistirlo, y resistir significa, en este caso, salir del sistema, es decir, refundar la vida social y política sobre una renuncia a la lógica de la civilización moderna y tecnológica o sobre su limitación. La ética y, en consecuencia, la verdadera vida humana, sólo pueden existir, como lo enseñaron los griegos, en el justo medio. Fuera de él sólo habita la corrupción y desmesura, que son la naturaleza de la civilización moderna, cuyo resultado, lo sabemos hoy en México, es la tragedia.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas y a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia, juzgar a gobernadores y funcionarios criminales y abrir las fosas de Jojutla.

Este análisis se publicó en la edición 2110 de la revista Proceso del 9 de abril de 2017.

Sunday, 16 April 2017 00:00

Transición y cuenta atrás

Escrito por
Con China aconsejando a Washington prudencia en el caso de Corea del Norte, podemos confirmar que en uno de esos vuelcos vertiginosos que a veces da la historia vivimos un mundo al revés. Ya en enero, los dirigentes chinos se habían autodesignado campeones del libre comercio y de la globalización, desde Davos y frente a atribulados hombres de las nieves empavorecidos ante el resurgimiento del mercantilismo más feroz y agresivo, enarbolado nada menos que por el nuevo presidente de Estados Unidos. Es ahora, en medio de las convulsas aguas del Pacífico Asiático, que el Reino del Medio busca afirmarse como el gran facilitador y mediador en los ingentes conflictos que marcarán una transición sin fecha ni perfil de llegada.

El mundo, encabezado por sus dirigencias capitalistas, ha entrado en efecto en una fase cuyas señas de identidad no sólo no son claras, sino agresivamente contradictorias e incongruentes. Sin despejar las endiabladas ecuaciones petroleras, de las que aún forma parte México, en muchas latitudes se habla ya de la transición energética desde los combustibles fósiles hasta las energías alternativas y renovables, de los autos eléctricos y de los efectos aún ignotos que sobre el trabajo habrán de tener los enormes saltos en la automatización y los usos de la inteligencia artificial ya en curso.

No se trata de una novedad maravillosa más, a las que el mundo de la innovación nos ha acostumbrado hasta convertir al globo en un extraordinario parque temático. En este caso, sin eliminar el espectáculo de los carros sin conductor y las máquinas inteligentes que pretenden reproducirse a sí mismas, lo que se pone en juego es el futuro de una forma de producción, distribución y consumo basada en la participación decisiva del trabajo humano que, al volverse masiva y propiciar cambios dentro de las propias relaciones sociales a través de la política, a su vez transformó al capitalismo para volverlo democrático y hasta social. Salvo lo democrático y social, nuestro capitalismo a pesar de sus contrahechuras y rezagos forma parte del epicentro de esta magna mutación, debido a la integración de parte de la industria establecida en México con la de Estados Unidos y, sin duda, a las oleadas de imitación, adaptación y adopción que tal cambio epocal traerá consigo.

Los esfuerzos iniciados en Europa, China y hasta en el país vecino del norte, por abrir la puerta ya a la renovación-revolución energética, están hoy amenazados por la furia trumpiana, pero resulta difícil imaginar que sus regresiones puedan en efecto imponer una marcha atrás generalizada en esta y otras cuestiones similares. Lo que habrá que esperar y ver serán las formas en que cómo dichas innovaciones se generalizan y vuelven fuente de negocios y ganancias y, en nuestro caso, el ritmo del cambio técnico que en buena medida vendrá de fuera. De que el tránsito se ve hoy dominado por tales estrujantes tendencias, no debería haber muchas dudas. De los impactos que tendrá sobre nuestro mundo del trabajo, laboral y asalariado o no, es de lo que hay que hablar y reflexionar pronto, porque en ello puede irnos el futuro más o menos cercano de lo que todavía hoy es nuestra principal fuerza productiva, que es el trabajo humano.

Sin recuperarse plenamente, sino en realidad haber dejado atrás el espectro del estancamiento de largo plazo, el capitalismo muestra sus potencialidades y capacidades, desigualmente distribuidas en el mapa productivo mundial a la vez que presentes en cada vez más territorios otrora mantenidos en reserva o en el olvido para la expansión capitalista. El mundo nos era ancho y ajeno pero no lo es más y es esta otra dimensión del cambio global frente a las que nos habíamos quedado ajenos, debido a las magnitudes y espejismos del TLCAN. Hoy y sobre todo mañana, mantener tal omisión sería suicida y políticamente irresponsable.

Conocer lo que se gesta en esos laboratorios humanos portentosos es obligatorio, pero es más prepararse como sociedad nacional a la vez que globalizada para dar la pelea por el empleo y la protección del trabajo humano, mientras llega la hora, que no tarda, de preguntarse por la renta básica universal o el ingreso ciudadano que tantas bilis provoca en el mundito financiero oficial y privado. De qué tamaño tendrá que ser, por ejemplo, la plataforma de capacitación y rentrenamiento laboral para por lo menos capear los primeros temporales antes de que lleguen los tifones debía ser una cuestión de visita cotidiana para la academia, la empresa y los organismos estatales vinculados a la regulación laboral. Como tendría que serlo ya el desafío presente del cambio climático, cuyos efectos devastadores visitan nuestras tierras bajas, playas y zonas de cultivo.

En estas y otras parcelas similares, la emergencia debía ser la que articulara urgencias y presunciones estratégicas. Una emergencia que no parece tener hoy el lugar que reclama en la agenda democrática que partidos y protopartidos tendrán que presentar y volver políticas de gobierno en un corto lapso. Se trata de un soslayo inexplicable que puede ser imperdonable. Salvo que sin admitirlo, el efecto Trump de la negación tozuda y majadera del mundo se haya apoderado del espíritu público mexicano. De ser así, habríamos empezado no una transición sino una cuenta atrás.

 
Sunday, 16 April 2017 00:00

¿Y si Cristo no hubiese resucitado?

Escrito por

La Pascua cristiana replantea para la nueva teología el problema de la resurrección física de Jesús. Este año aún más, ya que después de varios siglos, 50 expertos acaban de restaurar el Santo Sepulcro de Jerusalén, en el que, según la tradición, había sido sepultado Jesús.

Ha habido cristianos que temblaron ante la posibilidad de que los arqueólogos pudieran encontrar los restos mortales del crucificado, lo que echaria por tierra la fe en la resurrección "en cuerpo y alma".

El papa Francisco está luchando para recuperar los orígenes del cristianismo. No es fácil, ya que han quedado sepultados por siglos de teología que convirtieron a Cristo en un héroe, en vez de un perdedor, que es lo que fue según los evangelios.

El tema de la resurrección "en cuerpo y alma" del profeta Jesús, que los cristianos celebran el dia de Pascua, fue defendida por Pablo de Tarso, el judio convertido al cristianismo, cuando afirmó que si Cristo no hubiese resucitado, "sería vana la fe de los cristianos". (1 Corintios, 15,14)

Veinte siglos despues, la teología moderna se resiste a admitir la resurrección corporal de Cristo. La verdadera resurrección sería sólo el símbolo de que la vida es más fuerte que la muerte, que nada muere para siempre y que fue eso lo que Jesús enseñó a los suyos antes de morir.

Seguiría vivo en la memoria de los que lo habian amado. Así se lo dijo, al despedirse durante la última cena: "Haced esto en mi recuerdo". Cada vez que ellos celebraran la pascua judia o cristiana, él estaría a su lado.

Cuando las mujeres anunciaron a los apóstoles que habian visto a Jesús resucitado y la tumba vacia, el primero en no creer fue Pedro, que quiso ir en persona a ver el sepulcro vacio.

El poder mundano y el religioso han necesitado siempre de héroes para tejer sus epopeyas. A nadie le gustan los perdedores. Se olvidan que, tantas veces en la Historia, los considerados perpedores son quienes sostienen la fe en la Humanidad.

Todas las conquistas del ser humano a traves de la ciencia o de la fe, que ambas pueden hacer milagros, no han necesitado de héroes ni caudillos. Se han conseguido con el esfuerzo de los millones de personas anónimas que construyen dia a dia, con su pequeño ladrillo de fe en la existencia y en el amor, el gran monumento a la vida.

Los verdaderos creyentes saben que la historia real de Jesús y del primer grupo de sus apóstoles fue una historia de fracasos. Al Maestro lo crucificaron sin pruebas, por revoltoso y antipoder, con apenas 30 años. En la cruz, antes de expirar, Jesús pronunció aquel verso amargo de incredulidad: "!Dios mio, Dios mio! ¿por que me has abandonado?" (Mt. 27,46), tomado del Libro de los Salmos (22,2)

Un héroe hubiese gritado al morir: "Me entrego para salvar a la Humanidad". No. Jesús se sintió anbadonado y traicionado hasta por Dios.

El final de sus apóstoles tampoco fue más glorioso. Desde Pedro a Juan, todos sufrieron una muerte violenta. Y los primeros cristianos, perseguidos y martirizados por el poder romano, vivíeron refugiados en las catacumbas.

Y sin embargo, aquellos perdedores, acabaron convirtiéndose en una de las mayores palancas de fe de la Historia.

La Pascua es la celebración simbólica de que en la cadena de la creación, a cada muerte sigue una nueva vida, que nadie muere en vano y que a cada nuevo nacimiento, el mundo resucita.

La Pascua, como escribió el teólogo y poeta nicaraguense, Ernesto Cardenal, en un poema en el que se describía como perdedor, es la esperanza renovada de que "una nueva sociedad está para amanecer".

Las autoridades hacen continuamente esfuerzos por convencer de que este país está en pleno crecimiento. Pero si vemos las cosas más objetivamente, comprenderemos que hay un estancamiento en lo general, pero crecimiento para unos cuantos.

También vemos un retroceso en el poder de compra de muchos, con las alzas de precios mayores que en los años anteriores. Y se quiere dar una imagen, sin tomar éstas en cuenta, de una gloria de 3 o 4 por ciento de aumento de salarios, por un año. El salario real de la mayoría, entonces, está bajando.

Un caso que muestra esto es el que se construyen muchos edificios, con permiso de estas u otras autoridades. Como se requieren uno u otro permisos, se recurre a la jerarquía correspondiente (a veces, ni siquiera se tiene éste), y los dueños del dinero se lanzan a romper el suelo, o todo o parte de lo construido ahí, y se lanzan a las diferentes etapas de la construcción. Ya cuando están en marcha, pobre del que, aunque sea involuntariamente, estorba el movimiento, no sólo de sus máquinas, sino de los billetes que van llenando sus bolsillos.

Se nota que eso es un gran negocio, sino, no veríamos tantas construcciones en proceso en tantos lugares. Ni les importa cuánta gente fue desalojada, ni cuánto afectan a las otras viviendas cercanas, ni a sus trabajadores accidentados, ni a las personas que ya no podrán pasar, ni nada por el estilo. En general, que yo sepa, no se trabaja sólo de noche, como se hacía en casos importantes para no afectar tanto a terceros.

Todavía que fueran multifamiliares y con las cualidades obvias pasarían, pero en la gran mayoría de los casos no es así. Deberían estimularse la agricultura, la pesca y en general la producción nacional de los bienes de consumo más importante de la mayoría de la población.

También, ya lo hemos dicho, una mayor relación con países de mayor producción y mayor población, a menor precio promedio, puede contribuir a una mayor productividad y un mejor salario.

Otro aspecto, obvio, es un sindicalismo no sólo más democrático sino más defensivo no sólo del personal trabajador sino de la mayor producción, principalmente en el sector público.

Durante las décadas de aumento del orden de 6 por ciento de la producción, el petróleo nacionalizado, y luego también otras empresas públicas, contribuyeron a ese crecimiento. No es casual que ese periodo se haya iniciado en 1940, a poco tiempo de la nacionalización del petróleo y otras medidas progresistas.

También el salario mínimo y el salario medio fueron aumentando. Ese aumento de año a año se revirtió en caída, a medida en que la burocracia más reaccionaria se fue adueñando del poder, desde la presidencia nacional.

En estas décadas recientes, también aumentó el uso del automóvil, y fue más ineficiente el transporte público. Se debe revivir el Metro, que sigue siendo muy útil pero que se requetellena cada vez más, y hay horas y lugares en que la gente tiene que hacer cola hasta el siguiente tren, lo cual golpea a su principal ventaja, la rapidez. Y también ampliar el Metrobús, y también sus rutas.

Otro enemigo del progreso en este y otros campos, es la corrupción. La impunidad de las empresas cuya imprudencia y ambición están causando hasta muertes, sigue incluso con sus obras y negocios. Empresas que han sido prohibidas en otros países (Odebrecht, Uber), aquí siguen en el voy derecho y no me quito.

En este periódico ayer sábado, aparecieron más noticias. En el título principal está que Odebrecht creó oficina especial para documentar los sobornos. Y en páginas interiores: La liberación de Amado Yáñez (el dueño de Oceanografía), para ocultar complicidades en saqueo de Pemex: senadores. La iniciativa, encaminada a erradicar la corrupción. El PRI, responsable de frenar la ley de concertación de obra pública: Barbosa. Ligan con sobornos de Odebrecht a decenas de políticos brasileños. ¿Qué resultaría con una investigación similar de esa empresa en México, donde sigue operando impunemente?

En ese periodo, volvió a aumentar el poder de los multimillonarios, y en especial de las trasnacionales. Hubo fluctuaciones, pero la tendencia general fue yéndose hacia atrás, hasta llegar al actual tiempo en que la pelea más evidente por el poder es de la derecha panista contra la derecha priísta. Después de dos sexenios de gobierno panista, llegaría a la Presidencia el PRI que rebasa por la derecha al PAN en varios de los principales aspectos, incluidos el petróleo y la electricidad, y aprovechándose de la división de la izquierda.

 
Sunday, 16 April 2017 00:00

De migrantes a criminales

Escrito por
Después de un siglo de complicidad y tolerancia con respeto a la migración irregular, el gobierno de Donald Trump se propone poner fin a dicho proceso y resolver por la fuerza y de manera perentoria una situación que involucra a más de 10 millones de personas, la mitad de las cuales son mexicanos de nacimiento.

Los términos de la amenaza ya están señalados en las dos primeras órdenes ejecutivas que firmara el presidente Trump hace un par de meses, una sobre la frontera y otra sobre el control al interior de Estados Unidos.

La primera orden ejecutiva tiene que ver fundamentalmente con la construcción del muro y la dinámica fronteriza. Como se sabe, la mentada construcción tendrá que posponerse hasta que haya dinero y lo apruebe el Congreso. Por lo menos ya se pospuso la discusión para el próximo año. Sobre el pago del muro y la amenaza de que México debía pagarlo se ha entrado en un compás de espera, han disminuido los exabruptos verbales, pero el daño ya está hecho. Según esto el único culpable de la crítica situación que se vive en el país vecino, en cuanto al manejo del tema migratorio, es México.

Para buen número de estadunidenses el asunto del muro se ha convertido en un tema que les afecta y les interesa directamente. El que México deba pagarlo, se ha convertido en un eslogan, en un tópico que difícilmente se dejará de lado por muchos años. No importa que la migración mexicana haya disminuido sensiblemente, no importan los estudios, las cifras, los reportes, las investigaciones serias de uno u otro lado de la frontera. Lo que importa es sembrar cizaña, regar con insidia la discordia.

Con todo, 52 por ciento de la población irregular en Estados Unidos es mexicana de nacimiento y no lo podemos negar. Por añadidura 15 por ciento de los migrantes irregulares en Estados Unidos proviene de Centroamérica y en su inmensa mayoría pasaron como migrantes en tránsito por México. Pero un número semejante proviene de Asia (12.5 por ciento) especialmente chinos, filipinos y coreanos, pero nadie se preocupa mucho por ellos. Los llamados bad hombres hablan español, son mexicanos, centroamericanos, latinos en general. Es ahí donde la insidia de mister Trump ha calado hondo en el público estadunidense que lo sigue.

Pero también hay que reconocer que estas posiciones, explícitamente antimexicanas y por muchas décadas reprimidas, salieron a la luz pública hace unos 10 años en el medio académico universitario, con la voz y firma autorizada de Samuel Huntington, autor del famoso libro Choque de civilizaciones y de uno menos conocido pero más insidioso titulado Who are we (Quiénes somos en español), en Internet se pueden encontrar varias versiones y comentarios de una traducción resumida titulada El reto hispano, cuya versión oficial fue publicada en Foreign Policy.

Con la aureola de infalible profesor de Harvard, Huntington analiza a fondo lo que considera como el sustrato esencial de la sociedad americana. Su posición no es realmente novedosa, dado que revive algo dicho décadas atrás por otros autores, acerca de los tres elementos constitutivos de la sociedad y cultura estadunidenses: raza, origen y religión, la llamada sociedad WASP (White-Anglo Saxon-Protestant).

La verdadera amenaza son los mexicanos y los latinos, que son cultural, racial y religiosamente diferentes. No sólo eso, tienen el descaro de hablar en español en frente de sus narices. Algo que todos los inmigrantes de diferentes nacionalidades han hecho durante siglos, pero que para Huntington constituyen una afrenta. Una amenaza a su cultura e identidad. Y lo dice sin ambigüedades. En El reto hispano, empieza el artículo con la siguiente frase: La llegada constante de inmigrantes hispanos amenaza con dividir Estados Unidos en dos pueblos, dos culturas, dos lenguas. De ahí su ultimátum profético de que para vivir el sueño americano habrá que soñarlo en inglés.

La amenaza cultural que, según Huntington, suponen los hispanos en Estados Unidos, muy pronto se convierte en una amenaza a la seguridad nacional justificada por los acontecimientos de septiembre 11. El choque de civilizaciones justificó y alentó la guerra y el sentimiento antislámico y el reto hispano justificó la guerra antinmigrante.

Un paso más lo da Trump al proponer de manera explícita la criminalización de los mexicanos (sic) como violadores, asesinos y narcotraficantes. Con esa postura inicia su campaña a la presidencia. Los migrantes son los enemigos dentro de Estados Unidos, pero a México, como país, también lo define como enemigo, como una amenaza económica y comercial que no favorece los intereses de Estados Unidos.

Como se dijo, las primeras dos órdenes ejecutivas tuvieron a México y los mexicanos como destinatarios y ahora se ha pasado a nivel práctico y de terreno y se trata de aplicar el principio de tolerancia cero y legalidad forzada. Al comienzo se trataba de atrapar migrantes indocumentados criminales, pero ahora, prácticamente todos pueden ser considerados criminales. Ahora la portación de documentos falsos es un delito mayor y todos los trabajadores indocumentados lo tienen en complicidad con el sistema y con los empleadores, pero eso es harina de otro costal. Los empleadores nunca serán castigados y la ley, en ese caso, no se aplica.

No hay la menor sospecha de que Trump haya leído estos dos libros de Huntington, pero ciertamente fueron textos de cabecera de Steve Bannon, el siniestro asesor de la Casa Blanca que tiene la facultad y el privilegio de hablarle quedito a la oreja del presidente de Estados Unidos. Los migrantes y los mexicanos constituyen una triple amenaza: a la cultura e identidad estadunidense por ser diferentes y hablar español; a la seguridad nacional simbolizada en una frontera porosa y a la seguridad y bienestar de los ciudadanos, por la amenaza que representan los bad hombres.

A principios de esta semana le comentaba de una encuesta publicada por el portal SDPnoticias.com que ponía al ex gobernador Rafael Moreno Valle en empate técnico con Margarita Zavala en cuanto a intención de voto entre la población en general.

 

Y le decía que el referido estudio demoscópico —efectuado por la firma México Elige— inflaba la preferencia electoral de Moreno Valle dándole un posicionamiento muy por encima del real.

Para reafirmar lo dicho le presento ahora una encuesta nacional realizada por GEA-ISA en el mes de marzo que ubica en su justa dimensión al ex mandatario poblano frente a otros aspirantes panistas de cara a las elecciones presidenciales de 2018.

A la pregunta ¿Quién le gustaría que fuera el próximo candidato del PAN a la Presidencia de la República?, el 11% de los encuestados se pronunció por Margarita Zavala; el 7% por Ricardo Anaya; y sólo el 2% por Moreno Valle.

 

El estudio de GEA-ISA destaca que este 2% del ex gobernador de Puebla se ha mantenido sin cambios de junio del año pasado a marzo de 2017.

Si esta misma interrogante se aplica sólo a votantes identificados con el PAN, la esposa del ex presidente Felipe Calderón obtiene el 36% de las preferencias, el presidente del CEN del PAN el 22% y Rafael Moreno Valle sólo el 7%.

Cuando los encuestadores de GEA-ISA le hacen la misma pregunta a los mil entrevistados de la muestra nacional, pero enseñándoles una lista de posibles aspirantes a la Presidencia de la República, entre la población en general el ex gobernador de Puebla sube de 2 a 4%, pero entre los votantes identificados con el PAN baja un punto, de 7 a 6%.

***

Correos: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. y This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

Twitter: @periodistasoy

Facebook: https://m.facebook.com/RodolfoRuizOficial/

Hace casi un año, los legisladores brasileños votaron para suspender a la presidenta Dilma Rousseff del cargo, lo que desencadenó una caída dramática para la primera mujer en liderar Brasil. Rousseff, exguerrillera que fue torturada durante la dictadura militar de los setenta, fue expulsada formalmente en septiembre.

Su remoción marcó también el fin de trece años de mandato de la izquierda con el Partido de los Trabajadores (PT) y un cambio de nivel sísmico en la trayectoria política del país. Entrevisté a Rousseff el fin de semana pasado durante la conferencia sobre Brasil organizada por Harvard y MIT, en la cual dio un discurso desafiante en el que advirtió que la democracia brasileña está en peligro. A continuación, un fragmento de la conversación, con ediciones ligeras.

¿Cómo ha sido su rutina diaria desde que fue enjuiciada?

He leído mucho. También me ejercito diario, practico ciclismo y levantamiento pesas. Es bueno para el cuerpo y para la mente. Hago, en promedio, 50 minutos de ciclismo al día.

¿Cuál ha sido el mejor libro que ha leído desde su destitución?

¿Puedo decir varios? Makers and Takers: The Rise of Finance and the Fall of American Business de Hana Foroohar. También me gustó Homo Deus: A Brief History of Tomorrow, por Yuval Noah Harari. Leo muchos géneros literarios, de otro modo me canso. Estoy en una edad en la que también releo algunos libros. He releído El evangelio según Jesucristo de José Saramago y Gran sertón: veredas (Grande sertão: veredas) por João Guimarães Rosa. Es verdaderamente hermoso.

Y ¿qué ha aprendido de sí misma durante este periodo?

Lo que la vida nos exige es tener coraje. Con coraje uno puede enfrentar la adversidad. Obviamente, estoy lidiando con dificultades. Durante mi vida, tuve que enfrentar dos golpes: uno militar y el otro por parte del congreso. Ambos fueron extremadamente difíciles. En uno estaba la amenaza física de ser arrestada y torturada; en el otro, una amenaza todavía mayor para toda la población brasileña, para los derechos de sus ciudadanos y la democracia.

Si pudiera regresar en el tiempo, ¿qué haría distinto?

Esa no es una pregunta que me haga a mí misma normalmente. Desafortunadamente, no podemos regresar las manecillas del reloj. Pero puedo responder de manera hipotética. Una cosa que no habría hecho es avalar recortes extensos a los impuestos. Lo hice creyendo que las empresas invertirían más y generarían más empleos. Pero eso no es lo que sucedió: las compañías aumentaron sus ganancias sin invertir más. Tampoco me di cuenta lo suficiente de que el “centro”, esa parte crucial del cuerpo democrático que fue esencial para la lucha contra la dictadura militar, se estaba moviendo hacia la derecha. Se convirtió en una oposición a mi gobierno. Es como la historia del caballo de Troya, que así entra el enemigo a la ciudad. No darme cuenta de ello fue un error.

Eduardo Cunha, el legislador que impulsó el proceso en su contra, fue condenado recientemente a 15 años de cárcel por corrupción y lavado de dinero. ¿Eso le provoca un cierto sentimiento de vindicación?

No creo que la condena de Eduardo Cunha deba considerarse una venganza personal. Antes de ser sentenciado había un movimiento en varios sectores del gobierno para salvarlo. La condena de Cunha no repara el hecho de que esta persona corrupta lideró el juicio político en mi contra. Es la persona detrás de la escena dantesca que sucedió el 17 de abril del año pasado.

Después de ser destituida, su sucesor, el presidente Michel Temer, nombró a un gabinete compuesto exclusivamente de hombres blancos. ¿Qué le pareció esto?

Hombres blancos, viejos y ricos. Es un gobierno sumamente antimujeres. Me entristece, me desanima. Primero que nada, hubo un elemento muy misógino en el golpe en mi contra. Había dobles estándares para los hombres y para las mujeres. Me acusaron de ser dura y severa; a un hombre lo habrían considerado firme y fuerte. O decían que era muy emocional y frágil, pero a un hombre lo habrían considerado sensible. Fui vista como alguien obsesionada con el trabajo y un hombre habría sido visto como muy trabajador. También se usaron palabras muy groseras. Me llamaron vaca como seiscientas mil veces.

En algunos meses, cuando la presidenta chilena Michelle Bachelet deje su cargo, todos los jefes de Estado del hemisferio occidental serán hombres. ¿Qué dice eso sobre el empoderamiento político de las mujeres?

No es coincidencia. En la política, las mujeres no son tratadas del mismo modo que los hombres. Las mujeres enfrentan una discriminación desproporcionada. Eso no significa que las mujeres sean débiles. Al contrario, son muy resilientes y capaces.

¿Cree que el PT pueda regresar al poder en las elecciones presidenciales del año siguiente?

Tenemos una reunión con la democracia en 2018. No importa quién gane con tal de que el juego sea limpio y de que esta persona traiga estabilidad política y económica, así como el regreso del crecimiento. Pero tiene que haber una elección. No es vergonzoso perder una elección; lo que sí lo es es una persona que no sabe cómo perder una elección y aceptarlo. No puedes cambiar las reglas del juego mientras estás jugando.

Cuando escriban su obituario, ¿qué aspecto de su legado espera que sea destacado?

Seremos recordados por las políticas sociales que creamos. Fue durante mi gobierno que vencimos la pobreza. Fue durante mi mandato que consolidamos la red de protección social. Todas estas políticas sociales fueron establecidas para reducir la desigualdad. Ahora, la población sabe que “ellos pueden”. Comprobamos que una de las mayores fuentes de riqueza brasileña es su pueblo.

Friday, 14 April 2017 00:00

El capitalismo es poder, no economía

Escrito por
La frase pertenece al dirigente kurdo Abdullah Öcalan, extraída del segundo tomo del Manifiesto por la Civilización Democrática, que tiene como subtítulo La Civilización Capitalista. La era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos. La obra, cuya traducción al español verá la luz estos días, forma parte de la defensa del líder kurdo, preso en la isla Imrali, en el mar Negro, en Turquía. El pensamiento de Öcalan es insumiso, no se somete a jerarquías prestablecidas ni acepta dogmas universales. Es el tipo de pensamiento que necesitamos en este periodo de caos sistémico, ya que las ideas heredadas están mostrando escasa utilidad para orientarnos en la tempestad.

De su reciente libro quisiera destacar tres aspectos, aunque no son suficientes para agotar el conjunto de los aportes de la obra. El primero es su crítica frontal al economicismo, una de las peores plagas intelectuales que están parasitando a los movimientos anticapitalistas. Inicia ese capítulo con un potente análisis sobre la propuesta evolucionista que defiende el nacimiento del capitalismo como resultado natural del desarrollo económico. Como se sabe, quienes postulan esa tesis piensan también que el fin del capitalismo será producto de la misma evolución de la economía que lo trajo al mundo. Por el contrario, Öcalan afirma que el capitalismo es hijo de una tradición muy antigua, que se afirma en el poder militar y político para usurpar los valores sociales, hasta convertirse en la formación social dominante en Europa en el siglo XVI. Entre los valores sociales usurpados, destaca la mujer-madre por el hombre-fuerte y el grupo de bandidos y ladrones que le acompañan.

Criticar al economicismo supone, en la misma línea, la crítica del evolucionismo, sea lineal o por saltos. Una sencilla afirmación hecha luz sobre este tema: En las guerras coloniales, donde se realizó la acumulación originaria, no hubo reglas económicas. Se enfoca contra la economía política, a la que considera la teoría más falsificadora que fue creada para encubrir el carácter especulativo del capitalismo.

A lo largo de toda su obra, pero en especial en los apartados sobre el capitalismo, se apoya en Fernand Braudel, con quien coincide en señalar que es la negación del mercado por la regulación de precios que imponen los monopolios.

En este punto aparece el segundo aspecto a destacar, cuando sostiene que el capitalismo no se identifica con la producción ni con el crecimiento económico, porque no es economía. El capitalismo es poder, no economía, asegura Öcalan. Es evidente que existe una economía capitalista, pero el sistema capitalista es un monopolio de poder que se impone desde fuera a la economía, según sostiene en este capítulo esclarecedor. El capitalismo utiliza la economía, pero es el poder, la fuerza concentrada, lo que le permite confiscar el plusvalor y los excedentes.

En consecuencia, considera que la obra principal de Marx, El Capital, funciona como un nuevo tótem que ya no es útil para los trabajadores, porque delimita el capitalismo al terreno de las leyes de la economía, un punto que comparten todos los reformismos desde hace mucho tiempo.

El tercer aspecto que me parece importante es considerar al Estado-nación como la forma de poder propia de la civilización capitalista. Un breve paréntesis: dice civilización capitalista porque la considera en su integralidad, incluyendo todas las variables articuladas, desde la economía y la cultura hasta la geopolítica y la sociedad. En consecuencia, dice que la lucha anti-estatal es más importante que la lucha de clases; y esto es una suerte de golpe al mentón para quienes nos formamos en Marx. Por eso mismo, afirma que es más revolucionario el trabajador que se resiste a ser proletario, que lucha contra el estatus de trabajador, porque esa lucha sería socialmente más significativa y ética.

En las páginas finales de este tomo afirma que los conflictos en realidad surgen entre conjuntos sociales; entre la sociedad estatal y las sociedades democráticas. En suma, el Estado es uno de los nudos a desatar, no el espacio de llegada de la lucha social.

Va más lejos. Sostiene Öcalan que Estado y poder son cosas diferentes, que el poder contiene al Estado, pero es mucho más que el Estado. En este punto advierte que el pensamiento antisistémico está necesitando investigar a fondo las formas de Estado y en particular el Estado-nación, temas que Marx no pudo o no quiso abordar.

Rechaza la toma del Estado porque pervierte a los revolucionarios y piensa que la crisis del movimiento antisistémico no puede desligarse de la opción estatal. También rechaza el concepto de hegemonía. “La esencia de la civilización estatal –escribe Öcalan– es la hegemonía sobre la sociedad”. Pero la hegemonía implica poder y éste supone dominio, que no puede existir sin el uso de la fuerza.

Es muy interesante que llegue a esta conclusión en franca oposición a pensadores como Gramsci, recuperado por toda una camada de intelectuales progresistas que hacen malabarismos teóricos para separar poder de dominación. Los monopolios de poder (Estados) así como los monopolios económicos (privados o estatales) se imponen sobre la sociedad y la asfixian. Por eso hay que alejarse de esas formas de relación social.

Al final, se comprendió que detentar el poder era lo más reaccionario del capitalismo, contra la igualdad, la libertad y la democracia, pero ya se había producido un importante retroceso, era la misma enfermedad histórica por el poder que había sufrido el cristianismo, escribe en las Conclusiones. Un pensamiento crítico, anticapitalista, anti-estatal y anti-patriarcal centrado en Medio Oriente, formulado desde la resistencia a sus poderosos enemigos.

Es imposible vencer con las armas del enemigo, nos dice Öcalan. Sin embargo, esta sencilla convicción no puede ser aceptada, sin más, como verdad revelada: cada generación deberá descubrir sus verdades con base en la propia experiencia. Por doloroso que sea.

Friday, 14 April 2017 00:00

Entre miedo y esperanza

Escrito por
Según Spinoza, miedo y esperanza son dos emociones básicas de las personas y de los pueblos, que viven en la incertidumbre de las relaciones que pueden existir entre ellas. Advierte expresamente contra la esperanza sin miedo y el miedo sin esperanza, dos condiciones del ánimo que han estado cundiendo.

El miedo puede ser un mecanismo de defensa que indica sensatez y responsabilidad. Ante un peligro real, se toman precauciones adecuadas o se hacen los preparativos necesarios para enfrentarlo. La amenaza sobre indocumentados en Estados Unidos, que siempre ha sido real, hoy se ha intensificado; exige prevenirse ante el riesgo de deportación. Como es sensato tomar precauciones al salir a la calle, en muchas partes de México, porque no sabemos si en la esquina espera quien planea secuestrarnos o asaltarnos.

Pero hay muchos miedos que debemos combatir. Se está empleando contra nosotros una estrategia de intimidación para paralizarnos. Se busca formar en cada persona un miedo sin esperanza, una forma de resignación: hacerle sentir que no hay opciones, que el destino cada vez más miserable que tiene ante sí es ineluctable, que nada puede hacer para cambiarlo. En nombre de viejas o nuevas ilusiones o como despliegue cínico de fuerza, se busca imponer la voluntad de arriba mediante la sumisión resignada de los de abajo.

Lo que hoy parece dominar en las clases dirigentes es la esperanza sin miedo, la convicción ciega de que será posible conseguir lo que se quiere haciendo caso omiso de los riesgos. Se multiplican los actos de corrupción, que alcanzan niveles sin precedente, porque se confía ciegamente en la impunidad. Se hacen despliegues ilegales de fuerza, como el reciente ataque a Siria, bajo la convicción de que nadie los resistirá y no tendrán consecuencias negativas para quien los decide. Se organiza y se practica el despojo masivo que define la fase actual de acumulación de capital, por confianza en la debilidad y pasividad de los despojados y en la complicidad de quienes deberían impedir el despojo.

Esa esperanza sin miedo crea situaciones en extremo peligrosas y desafíos enormes. Es sensato tomar precauciones y organizarse para enfrentar unas y otros. Pero es igualmente necesario prevenirse del miedo sin esperanza que se quiere formar con la campaña de intimidación. Se busca presentar un estado de cosas injusto e insoportable como perspectiva cierta, cuya modificación está por entero fuera del alcance de quien sufre esa condición. Caer en ese miedo sin esperanza es tan peligroso y devastador como entregarse a meras ilusiones, a esperanzas sin fundamento e incluso aquellas que contradicen toda experiencia, como las que siguen confiando en los procedimientos electorales, con la convicción de que bastará elegir a cierto candidato para que todo cambie…

Hay miedos que necesitamos combatir mediante un empeño comprometido con el cambio de las condiciones que los provocan. El miedo de las mujeres a padecer discriminaciones y agresiones, por ejemplo, es infortunadamente sensato. Corresponde claramente a la situación dominante y a la experiencia. Se organizan prudentemente para enfrentar ese peligro y toman toda suerte de precauciones; necesitan hacerlo. Pero además, y esto es lo más importante, luchan valientemente para modificar esas condiciones inaceptables. Como dicen los zapatistas, debemos crear un mundo en que una niña pueda crecer sin miedo.

Sería enormemente irresponsable cerrar los ojos a los peligros que nos acechan y a la incertidumbre radical que se ha instalado en el mundo. Tenemos que estar conscientes de los riesgos enormes y crecientes que caracterizan la circunstancia internacional y la situación ambiental, la incertidumbre climática. Necesitamos estar al tanto de las amenazas muy concretas de despojo que estamos padeciendo, como las que pesan sobre los territorios indígenas que se han concesionado o la de cerrar cien mil escuelas, la mitad de las que existen en el país, como parte de la llamada reforma educativa.

Nos toca vivir un momento de peligro y esto exige alimentar cuidadosamente miedos sensatos y responsables y cultivar remedios a la incertidumbre. Se han vuelto obsoletos conocimientos y creencias de la era que termina; resultan ya inútiles para entender lo que está pasando y aún más para construir lo nuevo. Estamos en la búsqueda afanosa de nuevos paradigmas que nos permitan salir de la confusión y desorientación que predominan.

Al mismo tiempo, necesitamos reconocer el valor de la esperanza. Nada peor que perderla. Es el ancla de cada hombre, de cada pueblo. Es la esencia de los movimientos populares, pues la gente sólo se pone en movimiento cuando espera que su acción podrá producir el cambio que busca. Nuestra supervivencia depende ya de la posibilidad de recuperar la esperanza como fuerza social.

La esperanza que hoy hemos de abrigar y nutrir no es la expectativa arrogante del uno por ciento, que se cree capaz de apoderarse arbitrariamente del mundo, aún al precio de destruirlo, sino la esperanza humilde de quien confía en los dones de la naturaleza y en la capacidad de hombres y mujeres ordinarios de organizarse, actuar conjuntamente y hacer las cosas que tienen sentido.

Señor, presidente, ¿por qué comenzó usted tan temprano? ¿Cuál es la urgencia? Sí, ya sabemos, la edad y todo eso, pero ¿no era que iba a hacer las cosas diferente? No, no me refiero solo a Siria. El mes pasado su ejército bombardeó Mosul y murieron casi doscientas personas. El mundo apenas se conmovió, pero muchos niños murieron en ese ataque. Sí, ya sé que ustedes no tenían intención de matar ningún niño inocente. Tal vez su colega, ese otro enamorado del poder que preside Siria tampoco quería matar niños. Será malo pero no tan estúpido. Su objetivo era el mismo que el de ustedes: los terroristas del Estado Islámico. Pero a ellos (si fueron ellos, claro) no les importó que entre las cincuenta o sesenta víctimas hubiesen niños, como no les importó a ustedes en Mosul. ¿Sabía que los pobres también tienen niños? Hasta en la base militar que acaba usted de bombardear en Siria murieron niños. Cierto, no tantos, y probablemente eran hijos de militares. Pero niños al fin, ¿no?  

Su portavoz ha dicho que ni Hitler usó armas químicas como el dictador de Siria. Eran las preferidas de Churchill, ¿recuerda? No, no lo sabe. Supongo que al menos sabrá que ustedes las usaron sistemáticamente en Vietnam, por mencionar un solo caso. ¿No? El famoso Agente Naranja no se llamó así por el color de su pelo. No murieron cincuenta ni cien personas. Probablemente murieron un millón de personas y otro millón nació y sigue naciendo con malformaciones. Bueno, supongamos que los malditos profesores exageran las cifras. Digamos que solo murieron mil o dos mil, para no ofender a nadie.

¿Pero usted? ¿No era que iba a hacer las cosas diferentes? No, yo no. No soy tan ingenuo. Yo no le creo a ningún político, ni al más malo. Es un defecto que me quedó de la dictadura militar en la que crecí. Lo sé, lo sé. Todos dicen lo mismo antes de ganar las elecciones. Pero uno tampoco puede dejar de anotarlo. Faltaba más, que además de acusarnos de radicales peligrosos por usar palabras y no armas ni dinero, además nos dedicáramos al silencio cómplice.

No hace mucho, usted dijo que la guerra en Irak había sido producto de mentiras. Cuando nosotros lo dijimos antes de que se lanzara esa aventurita, resulta que éramos infantiles, poetas desvinculados de la realidad. Claro, porque un billonario como usted sí sabe lo qué es la realidad… Luego, como siempre, la verdad se supo cuando ya no importaba. Ahora que es prácticamente imposible ocultar la verdad, la solución es que no importe en ningún momento.

Vayamos a lo que importa. ¿Es usted realmente honesto sobre sus intenciones de salvar vidas alrededor del mundo, vidas de inocentes como conmovedoramente dijo antes de bombardear Siria? ¿De verdad? Por favor, dígamelo con la mano en el pecho. ¿Sí? Bueno, ¿entonces, por qué no bombardea el mundo con alimentos, con medicinas, con libros, en lugar de arrojar doscientos millones de dólares diarios solo en bombas, como se ha venido haciendo desde hace ya muchos años? De esa forma ahorrará usted millones. Millones de vidas y millones de dólares.

Claro, la seguridad nacional y todo eso. Siempre habrá gente que insista en lo mismo. No le conviene a la seguridad nacional alimentar a los enemigos. Los que gritan este tipo de obviedades son los mismos que han creado gran parte del problema, sino todo el problema. Pero considere por un segundo que los enemigos se crean por millones cada vez que una bomba que cuesta un millón de dólares cae sobre un grupo de casas que no llegan siquiera a la  cuarta parte de ese valor, cargada de buenas intenciones pero matando inocentes como resultado tradicional e inevitable. ¿Qué libertades perdieron ustedes cuando fueron derrotados en Vietnam, aparte de millones de dólares y millones de vidas humanas? ¿O el mundo está mejor hoy que antes de la invasión a Irak? ¿Estamos mejor luego de trillones de dólares invertidos en guerras que han dejado millones de muertos? ¿Está usted mejor? ¿Se siente usted hoy más seguro que antes? Qué pregunta tonta, ¿no? Tal vez usted sí, pero no el resto. Entonces ¿es por eso que usted también insiste con un método tan absurdo?

Claro, hay que vender, la economía debe ser reactivada, debe crecer sin pausa o todo se va al diablo. ¿Pero qué es lo que se iría al diablo? ¿Los buenos negocios? Sí, obvio, la muerte es un gran negocio desde hace siglos. Pero es probable que la vida sea un mejor negocio, no a corto plazo, sino a largo plazo. Imagine todos esos miserables sobreviviendo en esos países tan horribles que ustedes suelen bombardear de vez en cuando, en lugar de hambrientos y moribundos tendrían algo de dinero para comprar sus cachivaches. Es más, muchos de ellos ni vendrían a joder a estos países tan pulcros y bien organizados y muchos menos tendrían el concepto que tienen de ustedes, los salvaguardas de la libertad y la civilización.  

¿No sabe usted que en toda sociedad, en toda la historia, la tercera ley de Newton se aplica mejor que a los cuerpos inertes? ¿Cómo? ¿Que le gustaron las dos últimas palabras? ¿Pero, en serio, se acuerda de la tercera ley de Newton? Toda acción produce una reacción. Usted no puede jugar al ta-te-ti sin siquiera considerar que el otro también juega. Usted no puede orinar sobre México y pensar que los mexicanos lo van a recibir como agua bendita. Lo mismo cuando cree que ganar significa aplastar o marginar a otros seres humanos. Eso que usted confunde con la competencia, como buen zar de los negocios.

¿Cuál es la próxima aventura, Sr. Presidente? ¿Asia? ¿África? ¿América latina? ¿Los hielos antes eternos del Ártico y del Antártico? Porque de eso estamos seguros, Sr. Presidente. Habrá muchas otras nuevas aventuras y muchos más muertos. No, no, sus hijos no. Bueno, no creo. Los hijos de los otros, de esa gente que ni siquiera parece gente. Porque no se vaya a creer, como todos los políticos se creen, que usted va a hacer algo diferente. La sangre no lo va a sacar de su puesto sino todo lo contrario. Sólo la próxima crisis económica pondrá en duda sus capacidades éticas y morales.

Mientras tanto, diviértase, porque, salve, Cesar, los que van a morir te saludan.

 

* Escritor uruguayo. Profesor de la Universidad de Jacksonville, Estados Unidos.

Page 8 of 105
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…