Opinión

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En las mismas elecciones que nos dieron el triunfo de Trump, Kamala Harris, la fiscal general de California, consiguió hacerse del escaño para representar a su estado en la Cámara de Senadores. Sus padres fueron parte del movimiento por los derechos civiles en la década de los setenta y ella misma se convirtió en la segunda afroamericana y primera amerindia electa como senadora. Poco antes de que se reconociera la derrota de Hillary Clinton, Harris habló de la nueva vida política bajo Donald Trump:

“Al celebrar este triunfo en California, estamos tomando el compromiso de hacer todo lo que debe hacerse para pelear por nuestros valores cuando son amenazados. 

Desde antes del triunfo de Harris, pero ciertamente desde que Trump subió al poder, el estado de California ha sido uno de los punteros de la nueva resistencia estadounidense. Días después de Trump, el congreso estatal inició un proceso legislativo para proteger a sus tres millones de migrantes indocumentados contra las deportaciones. Los estudiantes de la universidad de Berkely se manifestaron contra la presencia de Milo Yiannopolus, uno de los portavoces de la derecha extrema, que pretendía dar un discurso en el campus. Y, en el mundo del arte, la exposición Pacific Standard Time: LA/LA (PST LA/LA), financiada por la Fundación Getty, ha cobrado un significado contundente.

PST LA-LA es el nombre abreviado de un rosario de 75 exhibiciones que se celebrarán este año en 76 museos y 12 ciudades de California para mostrar aquellas expresiones artísticas que no podrían ser si lo latinoamericano no se combinara con lo estadounidense (aunque también incluye muestras de arte nacional brasileño y mexicano, que sin participar tan explícitamente en la cultura de la Unión Americana, ya se reconocen valiosas en el mundo del arte).

Las exposiciones van desde el cine y los murales hasta el lenguaje, los tejidos y las caricaturas; es una gama que quiere dar cuenta de la participación de los latinoamericanos en cada parte de la cultura.

Visualizing Language, por ejemplo, se enfocará en cómo ha brotado en Los Ángeles el idioma zapoteco, y es que de acuerdo con la Library Foundation, esa ciudad “alberga a la población más grande de indígenas oaxaqueños fuera de México”. Además, y en lugar de revisitar a los clásicos de la Escuela Oaxaqueña de Pintura (Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Sergio Hernández), Visualizing Language comisionó un mural al grupo Tlacolulokos porque hasta ahora solo existe uno que cuenta la historia de California desde las misiones evangélicas, la “americanización” de la zona y la fundación la capital sin considerar la migración latina y, en específico, la zapoteca. Así, la Biblioteca Central de Los Ángeles tendrá una historia más precisa y completa de sus habitantes. 

Una a una, las exposiciones de PST LA/LA desmoronan la perspectiva occidental –el America First, si se quiere– del arte que solían alojar los museos y las instituciones culturales. From Latin America to Hollywood, por poner otro ejemplo, explorará la influencia de los cineastas latinos residentes en Estados Unidos y de los latinoamericanos en Hollywood desde la década de los sesenta. PST LA/LA también incluye una investigación sobre las inmersiones de Walt Disney a América Latina justo cuando la “política del buen vecino” estaba en vigor. Mientras el presidente Franklin Roosevelt declaraba, en medio de la Segunda Guerra Mundial, que Estados Unidos no intervendría en las decisiones soberanas de los países vecinos, un puñado de artistas y guionistas de Disney se dedicaron a importar tropos y personajes latinos para la película The Three Caballeros. De ahí que la curaduría de How to Read el Pato Pascual sitúe las denuncias que los latinos hemos hecho del imperalismo estadounidense en la televisión, al tiempo que recuperará las respuestas sarcásticas de la apropiación hecha por Disney.

Otra de las consignas de LA/LA es dar cuenta de la diversidad entre migrantes. Las muestras no solo hablan de México, Venezuela, Colombia como monolitos; en cambio, se atreven a incluir a los indígenas, mujeres, la comunidad LGTBQ sin presentar sus luchas como atentados que ponen en riesgo el frente contra Trump.

La revisión del arte chicano, por ejemplo, pasará por Judithe Hernández y Patssi Valdez porque tanto en Los Ángeles como en México, las muralistas del siglo XX fueron relegadas a segundo plano. Casi no sabemos, por ejemplo, de aquellas que apenas consiguieron pintar un mural en el norte del país porque Rivera, Orozco, Siquieros, y sus sucesores, ocuparon los espacios más relevantes en el capital. Del mismo modo, pero en Estados Unidos, Judithe Hernández se abrió paso como la única mujer del grupo de Los Four. Junto a Pattsi Valdez y muchas más, Hernández desafió la iconografía de un nacionalismo chicano que sería masculino y heterosexual.

En suma, PST LA/LA no es un consuelo de tontos ni un acto rebelde marginal. En la era de Trump este acontecimiento cobra el tono de una resistencia que está ahí para decir lo que desde hace tiempo es evidente para muchos habitantes de California: que ya no somos uno sin el otro.

Su fuerza no solo está en el mensaje, sino en los números. La cantidad de ciudades, inversión, museos, artistas, académicos y próximamente espectadores relacionados con la muestra habla de ciudades que reúnen residentes, ciudadanos o recién llegados, con la green card o sin ella, diversos y no sóoo “mexicanos” o “latinoamericanos”.

Eso que se oía como el sonido apagado y lejano del radar en la madrugada que ganó Trump es hoy el coro de la resistencia de millones de californianos y sus comunidades artísticas. California ha asumido que será un estorbo más para Trump y lo celebra. 

 

Sandra Barba

(Ciudad de México, 1986) estudió la licenciatura en ciencia política en el ITAM. Es editora de la revista 20/10 El Mundo Atlántico y la Modernidad Iberoamericana
Monday, 06 March 2017 00:00

El nuevo enemigo

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El comunismo ya no es el enemigo principal de la democracia liberal —de la libertad— sino el populismo. Aquel dejó de serlo cuando desapareció la URSS, por su incapacidad para resolver los problemas económicos y sociales más elementales, y cuando (por los mismos motivos) China Popular se transformó en un régimen capitalista autoritario. Los países comunistas que sobreviven —Cuba, Corea del Norte, Venezuela— se hallan en un estado tan calamitoso que difícilmente podrían ser un modelo, como pareció serlo la URSS en su momento, para sacar de la pobreza y el subdesarrollo a una sociedad. El comunismo es ahora una ideología residual y sus seguidores, grupos y grupúsculos, están en los márgenes de la vida política de las naciones.

Pero, a diferencia de lo que muchos creíamos, que la desaparición del comunismo reforzaría la democracia liberal y la extendería por el mundo, ha surgido la amenaza populista. No se trata de una ideología sino de una epidemia viral —en el sentido más tóxico de la palabra— que ataca por igual a países desarrollados y atrasados, adoptando para cada caso máscaras diversas, de izquierdismo en el Tercer Mundo y de derechismo en el primero. Ni siquiera los países de más arraigadas tradiciones democráticas, como Reino Unido, Francia, Holanda y Estados Unidos están vacunados contra esta enfermedad: lo prueban el triunfo del Brexit, la presidencia de Donald Trump, que el partido del Geert Wilders (el PVV o Partido por la Libertad) encabece todas las encuestas para las próximas elecciones holandesas y el Front National de Marine Le Pen las francesas.

 

¿Qué es el populismo? Ante todo, la política irresponsable y demagógica de unos gobernantes que no vacilan en sacrificar el futuro de una sociedad por un presente efímero. Por ejemplo, estatizando empresas y congelando los precios y aumentando los salarios, como hizo en el Perú el presidente Alan García durante su primer Gobierno, lo que produjo una bonanza momentánea que disparó su popularidad. Después, sobrevendría una hiperinflación que estuvo a punto de destruir la estructura productiva de un país al que aquellas políticas empobrecieron de manera brutal. (Aprendida la lección a costa del pueblo peruano, Alan García hizo una política bastante sensata en su segundo Gobierno).

Ingrediente central del populismo es el nacionalismo, la fuente, después de la religión, de las guerras más mortíferas que haya padecido la humanidad. Trump promete a sus electores que “América será grande de nuevo” y que “volverá a ganar guerras”; Estados Unidos ya no se dejará explotar por China, Europa, ni por los demás países del mundo, pues, ahora, sus intereses prevalecerán sobre los de todas las demás naciones. Los partidarios del Brexit —yo estaba en Londres y oí, estupefacto, la sarta de mentiras chauvinistas y xenófobas que propalaron gentes como Boris Johnson y Nigel Farage, el líder de UKIP en la televisión durante la campaña— ganaron el referéndum proclamando que, saliendo de la Unión Europea, Reino Unido recuperaría su soberanía y su libertad, ahora sometidas a los burócratas de Bruselas.

Hay gobernantes que no vacilan en sacrificar el futuro de una sociedad por un presente efímero

Inseparable del nacionalismo es el racismo, y se manifiesta sobre todo buscando chivos expiatorios a los que se hace culpables de todo lo que anda mal en el país. Los inmigrantes de color y los musulmanes son por ahora las víctimas propiciatorias del populismo en Occidente. Por ejemplo, esos mexicanos a los que el presidente Trump ha acusado de ser violadores, ladrones y narcotraficantes, y los árabes y africanos a los que Geert Wilders en Holanda, Marine Le Pen en Francia, y no se diga Viktor Orbán en Hungría y Beata Szydlo en Polonia, acusan de quitar el trabajo a los nativos, de abusar de la seguridad social, de degradar la educación pública, etcétera.

En América Latina, Gobiernos como los de Rafael Correa en Ecuador, el comandante Daniel Ortega en Nicaragua y Evo Morales en Bolivia, se jactan de ser antiimperialistas y socialistas, pero, en verdad, son la encarnación misma del populismo. Los tres se cuidan mucho de aplicar las recetas comunistas de nacionalizaciones masivas, colectivismo y estatismo económicos, pues, con mejor olfato que el iletrado Nicolás Maduro, saben el desastre a que conducen esas políticas. Apoyan de viva voz a Cuba y Venezuela, pero no las imitan. Practican, más bien, el mercantilismo de Putin (es decir, el capitalismo corrupto de los compinches), estableciendo alianzas mafiosas con empresarios serviles, a los que favorecen con privilegios y monopolios, siempre y cuando sean sumisos al poder y paguen las comisiones adecuadas. Todos ellos consideran, como el ultraconservador Trump, que la prensa libre es el peor enemigo del progreso y han establecido sistemas de control, directo o indirecto, para sojuzgarla. En esto, Rafael Correa fue más lejos que nadie: aprobó la ley de prensa más antidemocrática de la historia de América Latina. Trump no lo ha hecho todavía, porque la libertad de prensa es un derecho profundamente arraigado en Estados Unidos y provocaría una reacción negativa enorme de las instituciones y del público. Pero no se puede descartar que, a la corta o a la larga, tome medidas que —como en la Nicaragua sandinista o la Bolivia de Evo Morales— restrinjan y desnaturalicen la libertad de expresión.

Inseparable del nacionalismo es el racismo, y se manifiesta sobre todo buscando chivos expiatorios

El populismo tiene una muy antigua tradición, aunque nunca alcanzó la magnitud actual. Una de las dificultades mayores para combatirlo es que apela a los instintos más acendrados en los seres humanos, el espíritu tribal, la desconfianza y el miedo al otro, al que es de raza, lengua o religión distintas, la xenofobia, el patrioterismo, la ignorancia. Eso se advierte de manera dramática en el Estados Unidos de hoy. Jamás la división política en el país ha sido tan grande, y nunca ha estado tan clara la línea divisoria: de un lado, toda la América culta, cosmopolita, educada, moderna; del otro, la más primitiva, aislada, provinciana, que ve con desconfianza o miedo pánico la apertura de fronteras, la revolución de las comunicaciones, la globalización. El populismo frenético de Trump la ha convencido de que es posible detener el tiempo, retroceder a ese mundo supuestamente feliz y previsible, sin riesgos para los blancos y cristianos, que fue el Estados Unidos de los años cincuenta y sesenta. El despertar de esa ilusión será traumático y, por desgracia, no sólo para el país de Washington y Lincoln, sino también para el resto del mundo.

¿Se puede combatir al populismo? Desde luego que sí. Están dando un ejemplo de ello los brasileños con su formidable movilización contra la corrupción, los estadounidenses que resisten las políticas demenciales de Trump, los ecuatorianos que acaban de infligir una derrota a los planes de Correa imponiendo una segunda vuelta electoral que podría llevar al poder a Guillermo Lasso, un genuino demócrata, y los bolivianos que derrotaron a Evo Morales en el referéndum con el que pretendía hacerse reelegir por los siglos de los siglos. Y lo están dando los venezolanos que, pese al salvajismo de la represión desatada contra ellos por la dictadura narcopopulista de Nicolás Maduro, siguen combatiendo por la libertad. Sin embargo, la derrota definitiva del populismo, como fue la del comunismo, la dará la realidad, el fracaso traumático de unas políticas irresponsables que agravarán todos los problemas sociales y económicos de los países incautos que se rindieron a su hechizo.

 © Mario Vargas Llosa, 2017.

Monday, 06 March 2017 00:00

¿Migrantes invisibles?

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Ante todo este escenario marcado principalmente por las declaraciones y acciones del presidente Trump, se ha abierto la oportunidad de atender a los miles de migrantes ilegales, no solo poblanos, que viven, estudian  y trabajan en Estados Unidos,

Durante mucho tiempo, especialmente organizaciones de la sociedad civil, han demandado la atención a este fenómeno que afecta a la población de comunidades enteras  en nuestro Estado.

Tradicionalmente la mixteca poblana había sido el centro de las  comunidades expulsoras de personas, especialmente del medio rural indígena; actualmente muchas más comunidades han seguido esa trayectoria y sus experiencias de vida están muy marcadas por el fenómeno migratorio, tan marcadas que muchos de nuestros connacionales, se sienten ya más estadounidense  que sus mismos habitantes.

Las declaraciones recientes del Presidente, de los Senadores, Diputados, Gobernantes y Secretarios, especialmente de educación,  que han expresado que están listos para recibir, si este es el caso, a los miles de deportados especialmente a los “Dreamers” genera muchas  dudas, porque  también hay que considerar  a todos los adultos, adolescentes, niños y jóvenes que pueden regresar a nuestros país, a nuestro Estado y especialmente  a nuestras comunidades.

Deportados ya desde hace tiempo, situación intensificada en la  administración del presidente Obama, esta práctica ya se había venido realizando y no se había delineado ninguna estrategia de política pública para atenderlos, eran “invisibles”

Actualmente se sigue esa misma dinámica, aun cuando exista ahora la amenaza real de la presidencia de los Estados Unidos. Aquí en México se siguen dando discursos, se sigue viajando para realizar entrevistas políticas y se sigue legislando, sin que en la realidad de sus vidas,  los miles y miles de migrante mexicanos sientan el real apoyo de un país que alguna vez  los expulsó.

El caso de los “Dreamers” y de aquellos niños, adolescentes y jóvenes que están estudiando actualmente,  es sólo una de las muchas  problemáticas que se presentarán. Las autoridades educativas en especial, han dicho que estamos preparados para recibirlos:

¿Con infraestructura adecuada?

¿Con maestros bilingües?

¿Con revalidaciones y equivalencias gratuitas y expeditas?

¿Con becas suficientes para alumnos cuyos padres  por ejemplo, llegan sin trabajo y sin dinero?

¿Con currículos flexibles y adaptados a la nueva situación de estos niños, adolescentes y jóvenes?

Todo lo anterior implica una revisión de la política pública educativa actual, especialmente en lo operativo, en los hechos y en la compleja  realidad que se presenta.

Escuché a una senadora que comentaba en una entrevista: Si se legisla, si se decreta, si se declara, pero cuando es necesario pasar de los dichos a los hechos, nada pasa.

Seguimos con ese problema y no solo en lo educativo. Lo que si considero sumamente importante es acercarnos mucho más a quienes han sido migrantes o siguen siéndolo.

Aproximarse a sus vidas, conocer por todo lo que han pasado, desde su contexto familiar, su decisión de migrar, su cruce de la frontera y su inserción en la vida norteamericana representan una serie de aprendizajes y  de lecciones de vida tan significativos como valiosos. Muchos de ellos son hombres y mujeres admirables  que han vencido a la adversidad, no una vez, muchas veces.

Para nosotros, mexicanos orgullosos de su país y de su gente,   se nos presenta la oportunidad de valorar a este sector de la población que han sido “invisibles”  desde el siglo pasado  aquí, en su propio país.

Monday, 06 March 2017 00:00

Corridas extraordinarias / I

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Cuando en México había toros, toreros y afición –bastante más que ahora, se entiende–, era inconcebible una temporada grande sin el aderezo de tres o más festejos organizados al margen de la empresa regular de El Toreo o la Plaza México: las corridas extraordinarias. La Oreja de Oro, la de la Prensa, la de Covadonga, la de la Cruz Roja y alguna más cumplían así con la misión de darles otro sabor y otra dimensión a las tardes invernales.

Desde luego, no hablo de los tiempos lejanísimos en que los ases de la temporada firmaban –sobre su media docena de fechas, como mínimo– lo que se conocía como beneficio, un festejo extra, para el cual la empresa cedía la plaza al beneficiado, quien cargaba con gastos y utilidades. Este sistema, muy común durante el primer tercio del siglo XX, tenía el inconveniente de que el interesado tenía que prodigarse en sus actuaciones previas si quería asegurar una buena entrada para ese día; como es natural, quien en tres meses partía plaza ocho o nueve veces difícilmente albergaba el propósito de arrimarse como desesperado en todas ellas. A la larga, para una figura base de temporada, lo más práctico fue asegurarse emolumentos suficientemente altos para no tener que recurrir al consabido beneficio. Y hay que pensar en las complicaciones de andar tratando y contratando “compañeros”, además de un buen encierro, para reforzar el cartel de su corrida. Y eso que estando en auge tal modalidad, se beneficiaban incluso los subalternos, como ocurriera en 1902 con el banderillero Moyano y el picador “Agujetas”.

El último beneficio fue el del gran “Cagancho” a principios del año del boicot (22.03.36).

 

La Oreja de Oro

 

A veces bajo otra denominación, este festejo lo toreaban los triunfadores de la temporada –mexicanos y españoles sin faltar uno; cuando Manolete eludió el compromiso se armó un gran escándalo–. La organización corría a cargo de la Unión de Matadores, y las utilidades las aplicaba tanto a gastos administrativos como, sobre todo, a la atención médica de matadores y novilleros heridos, porque cornadas de diversa importancia nunca faltaban en cosos del país.

La historia habla de una primera Oreja de Oro adjudicada al recio baturro Nicanor Villalta en 1927, pero ése fue un trofeo donado por una revista especializada –también abundaban–, y lo adecuado es considerar primer ganador formal a un Fermín Espinosa “Armillita” adolescente, con el rabo a “Hechicero” de San Mateo como contraseña (12.02.28), preámbulo de tres más que fue acumulando a través de su gloriosa trayectoria (1932, 37 y 46). Al año siguiente, también en cartel de cuatro espadas, la presea fue para Curro Puya y su inmortal faena al sanmateíno “Como Tú” (03.02.29). Con el tiempo, cuatro hispanos más obtendrían el trofeo: el cordobés José María Martorell (1952), el madrileño Julio Aparicio (1954, único que lo hizo cortando apéndices), el sevillano Paco Camino (1964) y el salmantino Santiago Martín “El Viti” (1965). Y vale la pena recordar que la célebre gesta artística de Camino con “Catrín” de Pastejé ocurrió en una noche de Oreja de Oro (Toreo de Cuatro Caminos, 27.03.63), por más que “Catrín” fuese un toro de regalo, fuera de concurso, tras declararse desierto el trofeo. El cartel lo integraban Capetillo, Silveti, Huerta, Bernadó, Camino y El VIti: tres mexicanos y tres españoles con un encierro tlaxcalteca –que falló feamente– de Coaamaluca. Los participantes actuaban entonces sin cobrar, según lo estipulado en el Convenio hispanomexicano vigente.

Para este festejo de solidaridad gremial, el trofeo se trocó alguna vez de Oreja en Rosa de Oro (14.02.46, cuando Manuel Rodríguez mandó un apócrifo parte médico); y varias en Estoque, cuando las divisiones entre la torería azteca derivaron en la existencia simultánea de una Unión y una Asociación, de las que la primera tenía patentada la marca Oreja de Oro. Sin faltar ocasiones en que, por la misma causa, el tradicional festejo dejara de celebrarse. Y hasta se dio, en 1974, el curioso caso de que el encierro previsto por la Asociación lo rechazara la autoridad capitalina, por lo que la corrida se tuvo que trasladar a Guadalajara. Curioso porque hoy, en situación semejante, el rechazo sin duda se habría dado en la Perla tapatía y la aceptación de animales excesivamente terciados en la capital. Además de Guadalajara, en los años 60 se organizaron festejos similares en otras plazas de temporada (Tijuana, Ciudad Juárez, Monterrey), que garantizaban pingües utilidades.

 

Recuento de triunfadores

 

Detrás de Armillita y sus cuatro contundentes victorias (cortando siempre rabo), los ganadores del áureo trofeo en cosos de la capital fueron, tres veces, Antonio Velázquez (1945, 48 y 50), Manolo Martínez (1967, 70 y 73) y Curro Rivera (1969, 72 y 78), dos Lorenzo Garza (1935 y 36), Joselito Huerta (1962 y 71) y Rafael Ortega (1996 y 97), y una Heriberto García (1930), David Liceaga (1931), Alberto Balderas (1933), Pepe Ortiz (con su famoso quite de oro, 28.01.34), Paco Gorráez (1938), Fermín Rivera (1940), Luis Procuna (1944), El Soldado (1949), Carlos Arruza (1951), El Ranchero Aguilar (1961), Mariano Ramos (1975), Manolo Arruza (1976)… y tras un largo paréntesis, cuando en los años 90 se intentó revivir la tradición, Guillermo Capetillo (1994), Manolo Mejía (1995), El Zotoluco (1998, en terna) y Chema Luévano (2003).

Los últimos festejos por la Oreja de Oro resultaron francamente patéticos: limpia de corrales, ningún hispano en el cartel –los convenios no existían más; la solidaridad gremial, menos–, entradas flojísimas, pachanguero desorden para decidir al vencedor… La tiranía de la empresa sobre una resignada grey coletuda estaba consumada, y quienes menos contaban e interesaban eran los diestros locales. Varias veces, el trofeo quedó sin ganador, el último se le adjudicó al rejoneador Gastón Santos (17.02.2008) y ocasión hubo en que la única vuelta al ruedo la dio el magnífico subalterno Alfredo Acosta (28.02.93).

No está de más recordar que, como culminación de las temporadas novilleriles, se disputaba también la Oreja (o el Estoque) de Plata. Y constituía una de las tardes más esperadas de la temporada chica capitalina.

 

Corridas de la Prensa

 

Tradición muy arraigada en España, en México empezó a cobrar bríos a partir de la reanudación de las corridas de toros en el DF tras la trágica muerte del presidente Carranza. Su organización implicaba la existencia y activismo de un grupo de revisteros taurinos integrado en su mayoría por profesionistas liberales, con buenos contactos dentro y fuera del medio que les facilitaban el armado de un cartel de lujo.

Contra lo que más tarde sería usual –festejos de terna–, la primera fue de seis espadas y El Meco Silveti superó a Segura, Gaona, Belmonte, Dominguín y Sánchez Mejías, al que el sexto de Cecilio Albarrán le pegó regular cate (26.02.22). Al año siguiente, los plumíferos optaron por repetir al Tigre, en mano a mano nacionalista con Luis Freg, que fue quien llevó el gato al agua. A veces, como en 1924, se anunció como corrida pro Salud del Periodista. Y ya sin pausa, siguió dándose con invariable éxito de público y eventuales faenas grandes, como las de Gaona a “Turronero” de La Laguna (01.02.25), El Niño de la Palma a “Juan Gallardo”, del mismo hierro (07.02.26), Cagancho a “Reportero” de Zotoluca (27.12.31), Solórzano a “Redactor” de La Laguna (07.02.37), Garza a “Gráfico” de Torrecilla (26.12.37) –nótese cómo los nombres de los toros se adaptaban al tema periodístico–; en 1942 Calesero les ganó una Prensa de Oro nada menos que a Ortiz y Arruza y en 1946 se celebró por última vez en El Toreo, a punto de ser demolido.

En la México ya fueron esporádicas, al decrecer del ímpetu de los revisteros para constituirse en empresa. Memorable fue la apoteosis de César Girón –cuatro orejas y el rabo de “Rascarrabias”: 26.03.61–, día en que Humberto Moro bordó también un faenón con “Don Verdades”, y Chucho Córdoba estaba cuajando a plenitud al veleto “Monosabio” cuando éste se le coló y le fracturó una clavícula. Rebautizados sus toros con nombres de revisteros de antaño, la bravísima corrida de Tequisquiapan y el rebosante lleno no hacían presagiar un abrupto corte de tres lustros, antes de que, también de manera triunfal, Curro Rivera y Manolo Arruza, con el ecuatoriano Edgar Peñaherrera, al que hirió de gravedad el primero de Xajay, le pusieran fin de una etapa inolvidable (20.02.76).

 

Habrá más

 

Pero las corridas extraordinarias también encontraron campo propicio en la cazuela de Insurgentes. La de la Cruz Roja se hizo infaltable, continuó por algunos años la de Covadonga y hubo numerosos festejos a beneficio de la basílica de Guadalupe. O de otras causas altruistas, porque la Fiesta era fuente segura de beneficios económicos para instituciones públicas y privadas, o cuando alguna catástrofe asolaba al país. Ante cualquier circunstancia de ese tipo, la respuesta de la gente del toro era inmediata y su participación generosa. Como asimismo la del público aficionado.

Monday, 06 March 2017 00:00

A vueltas con las barras

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El escándalo de hace dos viernes en el Pirata Fuente es apenas el último brote de una serie que se seguirá alargando mientras no se tomen medidas drásticas para impedirlo. Está ligado al fenómeno de las mal llamadas barras –léxico de importación que México nunca debió haber adoptado– y evidencia la tozudez del poder futbolístico nacional, representado por un Consejo de Dueños que no es sino la máscara de andar por casa del monopolio televisivo, con su inocultable inclinación por la simulación y la falsía. Por eso, cuando no le queda de otra, finge “castigar” a los responsables de trifulcas y zacapelas con medidas donde las multas –dios sabe si cobradas o solamente aireadas– predominan sobre los indispensables vetos, reducidos a pitorreo para la magnitud de la violencia que se pretende penalizar pero en ningún caso erradicar, pues para ello se requerirían procedimientos que no están ni en la mente ni en el ánimo de los dueños del balón. Ellos prefieren trivializar los símbolos patrios y abusar de la inocencia infantil en el preámbulo de sus mediocres espectáculos deportivos. Como si patria y deporte estuvieran en el centro de sus afanes, que como cualquiera sabe son básica y exclusivamente comerciales.

El Tuca en la mira. Como ante la brutal agresión de la barra veracruzana a la neoleonesa Ricardo Ferretti perdió el control y gesticuló fieramente de cara a la tribuna en llamas, y como las cámaras se refocilaron enfocando al Tuca cuando más iracundo se mostraba, el tribunal futbolístico se lanzó veloz sobre las cuentas bancarias del DT de Tigres, y de pilón lo ha enviado a la tribuna por un par de meses, para que rumie a solas sus promesas de vendetta cuando le toque al Veracruz visitar el Volcán. Ya entrados en el tema entrenadores, no estaría de más investigar la relación de la etílica barra jarocha –donde el primer consumidor es el presidente del equipo: remémber su agresión a Codesal– con los usos y costumbres guerreras de Carlos Reinoso, cuyo frondoso historial en ese sentido incluye gaseos tóxicos y cortes de agua al vestidor visitante, y un sinfín de declaraciones alineadas con el “todo vale” que siempre pregonó, como jugador y como DT.

Extraña indulgencia. Del presidente de los Tiburones Rojos, Fidel Kuri, ya pocas cosas podrán extrañarnos. Esta vez, en típica maniobra distractora, aduce la existencia de un complot por parte del actual gobierno del estado, que buscaría el descenso de su equipo a fin de llevar la Primera División a la bella Xalapa, que jamás manifestó el menor gusto por el futbol. No explica, en cambio, por qué la porra visitante no disponía esa noche de ninguna protección –cinco gendarmes y nada son la misma cosa–, ni menos aún las razones por las que la feroz barra jarocha utilizó en la lucha objetos punzantes y cortantes, que un adecuado control en los accesos al estadio nunca hubiera dejado pasar.

Naturalmente, el tribunal del consejo de dueños –juez y parte– todo eso lo mencionó a la pasadita, antes de dictar un ridículo partido de veto al estadio del equipo infractor. Y ninguna medida útil, salvo unas cuantas recomendaciones tan obvias como inocuas, tendiente a evitar futuros desaguisados. Para lo cual haría falta desarticular sin contemplaciones a todas esas barras que en mala hora se le ocurrió a la gente del Pachuca incorporar a la dinámica del balompié nacional.

Realidad vs. ficción. Alegan los interesados en perpetuar la presente situación que hay barras “buenas” –los propios Tigres consideran a la suya incapaz de un mal gesto… sobre todo si se encuentra en inferioridad numérica y ambiental, como era el caso–, dignas, por lo tanto, de apoyos y estímulos –económicos, claro. Que saben cantar alegremente y que son incapaces de ofender a nadie. Empero, habría que averiguar de dónde les viene ese afán continuista de algo probadamente nocivo. Que en Argentina –la madre de la criatura– ha terminado por expulsar de los estadios al aficionado verdadero, ha obligado por ley a negar acceso a seguidores de equipos visitantes, y ha convertido al futbol profesional en un campo de batalla en que las dirigencias utilizan auténticos matones como líderes de barra y éstos a pandillas de delincuentes como instrumento de presión en contra de público, jugadores y –serpiente que se mordió la cola– los propios dirigentes que en un primer momento impulsaron dichos “grupos de animación”, eufemismo asimismo grato al oído de los del pacto mexicano de gavilleros.

Este tipo de descomposición es parte de la escalada del proceso barrístico, y ni siquiera en la otrora culta Europa han sido capaces de controlarlo. México aún estaría a tiempo, pero la falta de voluntad política de los dueños del balón es francamente consternante.

Tiburón medio ahogado. La lucha por no descender se torna candente y este fin de semana era Morelia–Veracruz el partido del morbo. Una birria como espectáculo, como película de suspenso se defendió. Y efectivamente, señor Kuri, su Veracruz ya es colero, cosa casi impensable hace un par de meses. Un penal serenamente cobrado por Ruidíaz lo condenó, y ahora está dos puntos abajo del Morelia y a cinco de Jaguares, que hizo lo increíble: proporcionarle un tanque oxígeno al Cruz Azul, que tras errar un penal (Peñalba) se sacó de la manga dos golazos (Mena y Joao). Y, por fin, le arrancó a Jémez una sonrisa.

¿Y la Franja? La derrota de ayer desagrada pero no sorprende. De cualquier modo, hay un colchón de nueve puntos con respecto al supercolero Veracruz (114 por 105). Parece una ventaja confortable, pero tampoco habrá que fiarse demasiado.

Duro con ellos. En una misma jornada han caído seriamente lesionados tres jugadores pequeños y habilidosos: Irving Lozano, Renato Ibarra y el Conejo Brizuela. Solamente el que le fracturó el peroné a Ibarra –“Rifle” Andrade– fue amonestado. Luego declaró lo usual en estos casos: “no hubo mala intención”. Así se piensa, se plantea y se juega el futbol industrial del s. XXI. Y todos nos adaptamos. Los árbitros, en primer lugar.

El Celtic de Tommy Gemmell. El pasado jueves, con 73 años y una vida a cuestas, falleció en Glasgow Tommy Gemmell. ¿Que quién era Gemmell? Pues uno de los jóvenes futbolistas escoceses que la tarde del 25 de mayo de 1967 conquistaron Lisboa para convirtirse ipso facto en héroes nacionales. Se llamaban Simpson; Craig, McNeill, Gemmell; Murdoch, Clark; Johnstone, Wallace, Chalmers, Audl y Lennox. Pero la comprensión de su historia requiere de ciertos antecedentes.

La Orejona. La Copa de Europa ya también es sesentona, como Gemmell y compañeros. Pero en su juventud, llegó a pensarse que solo admitiría amantes latinos. El Real Madrid de Di Stéfano, Kopa, Puskas, Gento en los primeros cinco años de su mocedad. Luego, par de veces, el Benfica de Eusebio. Y tras el águila lusitana, los dos equipos de Milán, primero el diavolo rojinegro (1963) y enseguida, dos años consecutivos, el Inter de Helenio Herrera, matriz del catenaccio. A continuación, cuando el Madrid parecía cosa del pasado, volvió a hacerse presente en Bruselas (1966) con un escuadrón juvenil, formado exclusivamente por españoles: los yeyés les llamaron. La siguiente edición la abordaron con bríos hasta que el Inter los frenó en semifinales, mientras las cebras verdiblancas de Glasgow escalaban también hasta la final. Era el Celtic el equipo católico de un país mayoritariamente protestante. Y lo era de verdad, integrado por chicos del mismo barrio a los que entrenaba una especie de cura fornido, sonrosado y enérgico: el gran Jock Stein.

La conquista. El Inter, favorito unánime, abrió temprano el marcador –penal de Mazzola, a los 8’– e intentó aplicarse al control del partido, especialidad de la casa. Pero entonces, un Celtic furibundo desató sucesivas oleadas de lava volcánica sobre el Estadio Nacional, asentado en medio de un bosquecillo. Ya Sarti, arquero interista, era el hombre del partido cuando, mediado el segundo tiempo, Tommy Gemmell empató, llegando desde su lateral izquierdo para angularla de un latigazo (63’). El desconcierto de la millonaria escuadra negrazul iba en aumento y la caída del segundo era inminente cuando, a los 84’, Chalmers desvió hacia la red uno de tantos servicios cruzados y decretó la histórica victoria del Celtic. Asegura Rod Stewart que él fue uno de los miles que, al sonar el silbatazo final, invadieron el campo para estrechar a los once muchachos que, contra todo pronóstico, acaban de coronar la mayor hazaña en la historia del futbol escocés.

El Celtic sigue organizando periódicas excursiones de hinchas al viejo estadio lisboeta para hacerlos revivir in situ aquel día soñado. Pero entre los envejecidos protagonistas de la gesta que suelen acompañar ese turismo sentimental no figurará ya Tommy Gemmell, que a punto estuvo de darle otra orejona a su equipo en 1970 y hasta anotó, precisamente en San Siro, otro golazo que pudo ser decisivo. Solo que el Feyenoord les volteó la tortilla a los célticos, ganó 2–1 esa final y lanzó al mundo un mensaje procedente de Holanda: el futbol total estaba ingresando en su década dorada.

Wednesday, 01 March 2017 00:00

Conan en México

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El comediante estadounidense Conan O'Brien se burla de las celebridades que tratan de salvar al mundo. “No me gustan”, me dijo en una entrevista, “lo veo muy sospechoso”. Pero irónicamente, en esta época de Trump, Conan se ha convertido (sin quererlo) en el mejor embajador de Estados Unidos en México.

Los mexicanos tienen un pésima imagen de Donald Trump. El 86% de los mexicanos tienen una opinión “desfavorable” del actual presidente estadounidense, de acuerdo con una encuesta realizada en enero por el diario Reforma. Y se nota.

Hay piñatas con la forma de Trump (listas para ser golpeadas), memes con pelo de elote en las redes sociales y las pláticas de los mexicanos están salpicadas con ingeniosos juegos de palabras que incluyen trompadas, trompetazos y trompudos.

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo que la relación entre Estados Unidos y México es “fenomenal”. Pero eso es falso. Además del rechazo generalizado de los mexicanos a Trump en las encuestas, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se opone al muro en la frontera (y a pagar por él), a la deportación masiva de mexicanos y a la terminación del Tratado de Libre Comercio.

No hay nada fenomenal en esto. Es el peor momento de la relación entre ambos países desde la invasión estadounidense a Veracruz en 1914. También reaviva los resentimientos creados por la guerra de 1846-48 en que México perdió la mitad de su territorio. ¿Y qué debe hacer un buen comediante ante un evento de esta magnitud? Tirarse un clavado en el tema. No evitarlo.

Por eso Conan se fue a México a grabar un programa especial para la cadena TBS. Antes ya había viajado a Cuba –cuando se abrieron las relaciones diplomáticas con Estados Unidos– y también estuvo en Corea del Sur, Qatar y Armenia. Me lo encontré frente al Ángel de la Independencia, comimos papitas con salsa Valentina y luego nos echamos unos tacos al pastor con un par de chelas. Conan insistió en ponerle la salsa más picosa (de chile habanero) a los tacos... y yo lo dejé.

Pero, más que de tacos, había que hablar de Trump. “Lo más triste que he encontrado aquí”, me dijo con los ojos llorosos, la boca encendida por la salsa picante y un tupido copete pelirrojo, “es que los mexicanos creen que las palabras de Trump reflejan el sentimiento de los estadounidenses hacia México y eso no es cierto”.

Trump dijo el 16 de junio del 2015, cuando lanzó su campaña presidencial, que los inmigrantes mexicanos eran criminales, narcotraficantes y violadores. Pero Trump no habla por todos los 324 millones de estadounidenses.

“Este concepto de que los estadounidenses tienen una opinión negativa de los mexicanos, no es cierto”, me aclaró Conan. “Yo vivo en Los Angeles y los mexicanos son parte de nuestra vida. Trabajan increíblemente duro, son chistosos, son magníficos y aportan muchísimo a nuestra cultura. Ellos son la cultura de California”.

Dejé a Conan en la ciudad de México y me fui a la hermosísima población de San Miguel de Allende para participar en un evento de la organización PEN (dedicada a la defensa de la libertad de expresión). Durante el invierno, San Miguel está repleto de expatriados estadounidenses y canadienses, y el espanglish se cuela por todos los rincones de la bien llamada Plaza de la Conspiración, en el centro del pueblo. Y el evento –sobre periodismo en la era de Trump– demostró una extraordinaria solidaridad e integración entre los asistentes mexicanos y estadounidenses. Trump separa pero la gente une. 

Mi conclusión, después de entrevistar a Conan y de pasar tres maravillosos días en San Miguel de Allende, es que Trump afortunadamente no refleja a todo Estados Unidos. Sus ofensas, sus amenazas y sus maniobras del bully pueden tener graves consecuencias en la relación bilateral, sobre todo separando familias. Nos esperan cuatro años muy difíciles. Pero por cada grosería presidencial hay varios gestos de resistencia.

Dudo que Trump se vaya a reír con el programa de TV de Conan desde México. Lo más preocupante de la personalidad de Trump es su incapacidad para reírse. Nunca le he escuchado una carcajada. Por eso, en esta época de sombras y peleas, siempre es bienvenido un chiste de Conan. Para los mexicanos, él es el anti-Trump.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

Wednesday, 01 March 2017 00:00

Ante Trump, unidad real...

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Las siguientes 72 horas, entre hoy y el viernes próximo, a decir de analistas privados y dirigentes empresariales, serán clave en la definición de la política a seguir frente al aún novel gobierno de Donald Trump en Estados Unidos que, si bien mantiene el tono agresivo de su discurso antimexicano, no parece estar encontrando en la población y, menos, en no pocas de las instituciones norteamericanas —“que allá si tienen peso propio y lo hacen valer…”— respuesta esperada a las más de sus propuestas.

Y esto, porque si bien hasta el momento de entregar esta colaboración no se tenía aún la claridad debida, todo apuntaba a que durante su comparecencia, anoche, ante el Congreso, el cuestionado republicano debió trazar las líneas rectoras de su gestión y, más específicamente, de su política antiinmigración, fiscal y de carácter económico-comercial, en lo referente a una eventual renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte —NAFTA, por sus siglas en inglés— de manera específica.

Serán así entonces los tres o cinco días venideros, el reducido plazo en que, más allá del discurso, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y los titulares de Relaciones Exteriores (Luis Videgaray Caso), Economía (Ildefonso Guajardo) y Hacienda (José Antonio Meade Kuribreña) de manera puntual, con apoyo de las comisiones senatoriales especializadas, expertos y representantes del sector privado, deberán definir las líneas rectoras de la relación bilateral que nunca en las últimas décadas había enfrentado retos mayores a los que ahora está planteando la Administración Trump.

Serán días determinantes en que, huelga destacar, la promocionada unidad nacional deberá concretar en colaboración y voluntad para delinear y adoptar los mejores criterios teniendo al país en la mira… ¡nada hoy, diría alguno, justificaría la imposición de criterios y/o políticas que, eventualmente, redunden en perjuicio de México y de su población!

Hablamos, para dejarlo claro, de que ni los protagonismos o la disputa de reflectores —“como por momentos ocurrió ayer en el Senado…”— ni los afanes personales de actores o grupos que aspiran a posicionarse en aras de conseguir una u otra posición política ni los intereses partidistas o, ni siquiera, los potenciales beneficios a favor de un grupo económico-financiero, sector o ramo industrial y/o comercial en particular, deberá anteponerse al bien superior del país.

Suena a retórica, pero la apuesta que, sustentada en una auténtica unidad gobierno-sociedad, se haga ante la agresiva postura del aún novel mandatario de Estados Unidos, no puede tener más ganador que la comunidad nacional…

 

ASTERISCOS

* Dura prueba espera hoy en San Lázaro al titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio quien, ante miembros de la Junta de Coordinación Política, deberá defender la propuesta oficial de mantener al Ejército fuera de sus cuarteles… hasta que gobernadores y alcaldes (indolentes) garanticen seguridad en sus respectivos territorios.

* Ahora sí que, nada parece funcionar ya en el interior del perredismo de Alejandra Barrales quien, apenas iniciar la semana, atestiguó cómo, en los hechos, otro de los suyos, nada menos que el coordinador de su fracción senatorial, Miguel Barbosa, “saltó del barco que se hunde” para garantizar lealtad y apoyo a Andrés Manuel López Obrador… aunque, claro, ¡sin dejar el PRD y, menos, su jugosa posición!

* Equivocada, a decir de los más, la estrategia de la asambleísta Cynthia López Castro de cimentar su intento por alcanzar la presidencia del tricolor capitalino, en el ataque y desacreditación de todo aquel que no apoye su ambiciosa pretensión como, en su momento, hizo con el también diputado Adrián Rubalcava.

Veámonos el viernes, con otro asunto De naturaleza política.

                Twitter: @EnriqueArandaP

Desde finales del año pasado el priista Alejandro Armenta Mier de manera sigilosa, sin estridencias, sin hacer definiciones públicas, empezó a afiliar a miembros de su estructura política en las filas del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) como una manera de demostrarle a Andrés Manuel López Obrador, el líder nacional de Morena, que es real su intención de quemar sus naves dentro del PRI.

Personas cercanas a Armenta dicen que el todavía legislador priista ha comentado, en platicas privadas, que esas afiliaciones han sido con el consentimiento de Andrés Manuel López Obrador, como parte de un proceso para incorporarlo a esta fuerza política.

En Morena, algunos dirigentes dicen todo lo contrario, que ningún priista tiene el visto bueno del líder nacional del partido y que se trata de actitudes oportunistas de varios miembros del PRI, quienes suponen que de ese modo podrán tomar el control de dicha agrupación política.

Lo cierto es que el coqueteo de Alejandro Armenta con Morena ya empezó a generar una división en este partido.

Existe un ala de líderes y dirigentes de Morena que califican como un pragmatismo extremo, peligroso, que se le abra la puerta a priistas y sobre todo, que hayan estado vinculados con el gobierno de Mario Marín Torres, pues hasta la fecha el ex mandatario sigue siendo visto como una de las figuras públicas más desprestigiadas a nivel nacional por el llamado Lydiagate.

Quienes están en contra de esta situación arguyen que Morena podría perder su esencia, su identidad, que consiste en proponer un cambio que se construya con ciudadanos que no han sido parte de las fuerzas políticas que han sido las culpables del desastre económico y social del país.

Al mismo tiempo hay un sector de Morena que está de acuerdo en que el partido sea receptor de una importante disidencia priista, que puede aportar la participación de grupos organizados que saben defender el voto en las casillas electorales, ya que parten del diagnóstico de que el partido encabezado por Andrés Manuel López Obrador en la actualidad no tiene los cuadros suficientes para evitar un fraude en los comicios que se avecinan.

Y ponen como prueba que en 2012 la coalición de partidos de izquierda no pudieron defender los triunfos que en las urnas habían obtenido sus candidatos a diputados federales y senadores por el estado de Puebla.

Más allá de esta discusión, queda claro que Alejandro Armenta está provocando a la cúpula nacional del PRI, al declarar que el tricolor ya negoció con el PAN que el morenovallismo gane la gubernatura de Puebla en el año 2018.

Parece que está buscando provocar un rompimiento con el PRI, que sea de tal magnitud que cause un impacto fuerte y positivo en la opinión pública que le permita entrar triunfante a Morena.

Quienes conocen a Alejandro Armenta dudan que realmente se atreva a romper con el PRI e irse a Morena, ya que es un político que nunca se arriesga.

Ya varias veces ha amenazado con desertar del PRI y al final se queda.

Pareciera que en realidad lo que busca es presionar al PRI para que le den una candidatura al Senado.

Si realmente quiere migrar a Morena, lo primero que deberá demostrar Alejandro Armenta es que tiene la convicción de enarbolar el proyecto de Andrés Manuel López Obrador.

Además, hacer público su rompimiento con Mario Marín, quien le dio los mejores cargos públicos que ha tenido este político originario de Acatzingo.

Si no lo hace, su activismo se seguirá viendo como un simple chantaje hacia la dirigencia del PRI.

Wednesday, 01 March 2017 00:00

Morena, ¿honestidad valiente?

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La honestidad valiente que tanto presume el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) —y su próximo candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador—, será puesta en entredicho por el Instituto Nacional Electoral (INE) cuando se hagan públicos en Puebla los resultados de la fiscalización de las prerrogativas asignadas a este partido durante los comicios locales de 2016.

Resulta que de los casi 2 millones de pesos (1.91 mdp para ser precisos) otorgados a Morena para los gastos de campaña de su candidato a la gubernatura de Puebla, Abraham Quiroz Palacios, el INE observó errores e inconsistencias en 1.7 millones.

Por estas irregularidades en la comprobación y justificación de los recursos públicos entregados al partido y a Quiroz Palacios, Morena ha sido sancionada con diferentes multas que suman 1.4 millones de pesos.

Por omisiones y errores en los gastos de precampaña, Morena fue sancionado con $105 mil 104 pesos, según se desprende del acuerdo clave INE/CG275/2016 y del IEE con clave CG/AC-081/16.

Por las deficiencias halladas en la fiscalización de los gastos de campaña de Abraham Quiroz, el INE y el IEE multaron al partido con 1.37 mdp, lo cual se puede corroborar en los acuerdos INE/CG589/2016 y CG/ AC-085/16 del IEE.

La Comisión de Fiscalización también exige al ex candidato de Morena la devolución de 219 mil 572 pesos, cantidad que éste no pudo justificar, según se desprende de los anexos del acuerdo INE/CG589/2016.

¿Esta es la honestidad valiente que presume Morena y López Obrador?

***

A propósito.

Al margen de sus dirigentes locales, Morena está elaborando —con el apoyo de algunos cuadros priístas— un mapa de líderes municipales y regionales, con el propósito de medirlos en encuestas internas y, eventualmente, ofrecerles candidaturas de presidentes municipales y diputados locales o federales.

En ese sentido en Morena se sigue con especial atención los procesos de renovación de comités municipales del PRI en la Sierra Norte, la Sierra Negra y la Mixteca.

Para dicha estrategia, algunos dirigentes nacionales de Morena están apoyándose en figuras priístas de Puebla —como Javier López Zavala, Alejandro Armenta Mier e Iván Galindo Castillejos, por citar sólo tres nombres— que han comenzado a deslindarse del PRI para buscar el cobijo del partido de López Obrador.

Gracias a ella se sabe que algunos priístas inconformes con los dirigentes municipales que les fueron impuestos ya se aprestan a sumarse a Morena en Coxcatlán, Jonotla, Zongozotla, Ajalpan, Coyomeapan y Atlixco.

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Wednesday, 01 March 2017 00:00

Indiferencias

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Los millones de mexicanos migrantes se fueron porque su país de origen no fue capaz de proporcionarles una vida digna. Durante décadas unos tras otros fijaron sus miradas en el próspero norte del continente y hacia allá se dirigieron con todos sus miedos, sueños y dolores a cuestas. Los pormenores de la travesía que emprendieron les era desconocida y para muchos fue ciertamente fatal. El calor, el desierto, las vallas, los maleantes o la corriente del río Bravo hizo las veces de sepultura. Casi nadie, fuera de sus cercanos, pareció notar sus ausencias, sufrimientos o muerte. Más todavía: los varios gobiernos (locales y federales) fingieron indiferencia ante sus precarias condiciones de búsqueda en el viaje y la aventura. A pie, ocultos en camiones, a nado o mediante otros medios de transporte, dejaron atrás su pertenencia a estas tierras. Muchos, miles de ellos, quizá millones, encontraron, después de incontables sufrimientos, múltiples maneras de subsistir y, también, de prosperar. Fundaron familias y proyectos de vida que se fueron pareciendo a lo que esperaban. Su nueva realidad les acomodó de variadas maneras y gustos. Adoptaron con rápida generosidad esa su nueva patria que, muy a pesar de los desprecios, les pareció acogedora, mucho mejor que la de sus ancestros. Otros, en cambio, también millones de ellos, fueron encarcelados por ilegales y deportados después. No se resignaron a retornar a sus miserias de origen y volvieron a intentar cruzar la frontera de sus ilusiones. Fue un ir y regresar incesante que se prolongó durante años y donde los sacrificios fueron continuos.

Mientras este fenómeno migratorio ocurría, aquí en México se instalaba toda una estructura capaz de subsumir para sí misma todas las oportunidades de vida que la nación fue capaz de generar. No todos los que quedaron aquí, aun cuando ayudaron a levantar tal estructura, fueron capaces de apropiarse o recibir lo necesario para satisfacer tanto sus necesidades como las genuinas aspiraciones entrevistas. Un puñado de individuos, bien pertrechado de favores, normas y medios adicionales, concentró, con inclemente celo depredador, la mejor y mayor parte de las abundantes riquezas del país. El reparto prevaleciente hoy en día en este México turbulento es ofensivamente desigual, profundamente injusto, inhumano e insostenible. Uno, tal vez dos de cada 10 mexicanos vive ahora más allá del río. Y ese conjunto de esforzados produce y consume más bienes y servicios que el resto de los que se quedaron. Más: envía, año con año, cantidades inmensas de recursos que permiten mantener la paz interna. Sin esas remesas, más el sol, las playas y el abundante petróleo que se dilapida sin miramientos, la continuidad de la famosa estructura levantada se pondría en entredicho.

Las políticas desplegadas por el actual gobierno republicano de Donald Trump está poniendo en grave riesgo a los migrantes en ese país, la mayoría de ellos de origen mexicano. Ese es y debe ser el principal asunto del que hay que ocuparse para asegurar la propia sobrevivencia. Basta ya de indiferencias e irresponsabilidades. El panorama que se cierne en el presente y futuro de la nación es de sumo cuidado. Las deportaciones masivas han comenzado y el ambiente que se ha impuesto a los migrantes viola, con saña, sus de por sí precarios derechos humanos. Toda la colectividad ha entrado en un estado de pánico e indefensión ante el terror desatado. Pero, como si lo que ocurre no fuera una amenaza presente, en México el sistema establecido continúa impávido su marcha. Sus beneficiarios se oponen de manera tajante a introducir cualquier cambio. No se adoptan medidas eficaces para instalar las prevenciones que puedan, al menos, neutralizar los efectos de tan dañino proceder del que, hasta ahora, se consideraba un gobierno socio y hasta amigo.

Aquí el dispendio de recursos es noticia cotidiana y nada apunta hacia la compostura o, al menos, la moderación. Miles de millones de los presupuestos federal y estatal se extravían sin que nadie, aparentemente, sepa adónde fueron a parar. Los latrocinios de los haberes públicos, bien documentados por lo demás, son socarronamente soslayados por la mera institución que debía procurar justicia. El cinismo rampante se apodera de la que debía ser urgente tarea de prevención en salud, educación o seguridad y, las altas esferas decisorias, continúan inmersas en sus festines de recursos: hasta la misma Suprema Corte de Justicia continúa sosteniendo que sus salarios y prestaciones son como son. La ley y hasta la Constitución es usada para justificar tan insolentes haberes mal empleados. Las élites mexicanas fingen creer que son merecedoras de hartos privilegios, mientras a los demás les chicanean hasta lo indispensable. Los partidos (PAN y PRI) se preparan para trampear sin mesura las elecciones venideras con los dineros públicos, al tiempo que presumen su espíritu democrático.

En las alturas continúa vigente la narrativa de que las importaciones de gasolinas y petroquímicos eran y son convenientes; una derivada impuesta por las leyes del mercado, arguyen. La revisión de supuestos equívocos y errores inducidos no forma parte del vocabulario de los responsables de tales acciones. Refinar crudo aquí ciertamente impedía los negocios de los traficantes de influencia. Nada se revisa de pasadas triquiñuelas que evitaron construir refinerías. Los entusiastas propagandistas de tal especie todavía se regodean, impunes, en jugosos puestos mientras se despilfarran enormes cantidades de las escasas reservas externas disponibles. El súbito cambio dictado por Donald Trump ha puesto en entredicho el modelo económico y la estructura establecida se tambalea todita. Y eso que apenas se conocen algunos detalles iniciales de su plan de gobierno que, en días futuros, se presentará con todas sus fieras pretensiones plutocráticas neoliberales.

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