Foto: Nexos

El esperado informe de Resultados de pobreza en México 2016, coordinado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), salió a la luz pública el pasado 30 de agosto de 2017 tras el enorme debate generado por las mejoras operativas implementadas en el levantamiento de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) 20161 y el Modelo Estadístico propuesto para preservar la continuidad de los ejercicios de medición de la pobreza 

La atmósfera de suspicacia que rodea la publicación de este informe se gestó en torno al señalamiento, por parte de un sector reconocido del medio académico, de la opacidad del mecanismo de mejora para la captación del ingreso de los hogares introducido a la ENIGH. Este mecanismo ajusta principalmente el ingreso de los deciles más bajos de la distribución,2 afectando considerablemente las estimaciones de desigualdad en el país y haciendo imposible la comparabilidad de sus resultados con años anteriores.

A este escándalo, sin embargo, siguió la decepción de los resultados: el informe reporta que en 2016, México cuenta con prácticamente el mismo número de personas en situación de pobreza que en 2010: 53 millones de mexicanos y mexicanas presentan condiciones económicas y sociales insuficientes para gozar de una vida digna.

Si bien el informe de pobreza arroja una disminución importante en el número y proporción de personas en situación de pobreza extrema, un avance significativo en la mejora de las condiciones de vida de la población con mayor rezago y exclusión, el panorama general de los resultados es en realidad uno de contrastes. A partir de 2006, el ingreso de los hogares ha fluctuado sin que se observe alguna recuperación general en los últimos 10 años,3 ello se ha traducido en un aumento sistemático, en proporción y número de personas, de la población vulnerable por ingresos4 y de la población por debajo de la línea de bienestar en el periodo 2010-2016. Por otro lado, las carencias sociales en el país han disminuido de forma consistente, pero moderada, durante este mismo periodo: el número de carencias promedio de la población en situación de pobreza, pasó de 2.6 a 2.2 entre 2010 y 2016 y en población en pobreza extrema de 3.8 a 3.5.

Estos resultados de pobreza en México, pueden entenderse como el producto de esfuerzos coordinados y desde varios frentes, que se derivan de la implementación la política social en el país.

La política social en México se ha concebido como labor casi exclusiva de la Secretaría de Desarrollo Social, la cual, desde su creación en 1992, ha sido proclamada como la instancia responsable de las políticas de combate a la pobreza y atención de los sectores sociales desprotegidos y población vulnerable del país. No obstante, un estudio reciente del CONEVAL ha identificado más de 15 dependencias y 156 programas sociales dirigidos a la atención de población en situación de pobreza, con énfasis en la pobreza extrema, y al acceso efectivo de los derechos sociales. Es decir, la política social y el presupuesto destinado para la misma se instrumentan a través de una importante oferta de programas sociales.

El análisis histórico que nos proporciona la serie de informes de pobreza de CONEVAL, muestra que este esquema operativo de la política social en México podría haber alcanzado un límite en el impacto de sus acciones. Por una parte, éstas se dirigen principalmente a la superación de las carencias sociales, donde se registra un avance progresivo; por otra, las acciones de política social fallan en atender el componente del ingreso que ancla a la población mexicana por debajo de la línea de bienestar o bienestar mínimo.

Como se mencionó previamente, la población en situación de pobreza persiste en el país desde 2010, lo que implica que uno de cada dos personas en México subsiste sin el ingreso suficiente para adquirir una canasta básica de alimentos y servicios, y se ve excluida del ejercicio efectivo de al menos un derecho social.  Ante estos datos, tal parece que el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la población ha resultado una tarea casi imposible en las últimas décadas. El papel de contención de la pobreza o la garantía de un piso mínimo de subsistencia al que se ha restringido la política social, es fácilmente reversible ante fenómenos externos, desde desastres naturales, como el episodio que tristemente enfrenta el suroeste del país, hasta el empeoramiento de relaciones de intercambio y la pérdida de competitividad de México respecto al mundo.

Es importante notar que los cuatro estados que más aumentaron su población en situación de pobreza entre 2014 y 2016 fueron Veracruz, Oaxaca, Tabasco y Chiapas. Estos estados concentran uno de cada cuatro mexicanos en pobreza y 45 por ciento de la pobreza extrema del país.

Históricamente, el sur mexicano ha sido considerado región prioritaria para la atención y aplicación de los recursos destinados a la superación de la pobreza en todas sus dimensiones. El aumento de las condiciones de privación en esta región, lleva a la reflexión profunda sobre el éxito o fracaso de la política social. Y aun cuando no es posible realizar una inferencia directa sobre estos resultados, sí es posible partir de este análisis para revisar el papel e incidencia de otros sectores del quehacer público: el ámbito económico, industrial, científico y tecnológico, laboral, entre otros, y su contribución a los objetivos de inclusión y desarrollo social.

La respuesta a los problemas de desarrollo y la pobreza no se encuentra únicamente del lado de la política social. Un elemento trascendental y por algún tiempo relegado de la agenda pública nacional, es la política económica, vuelta a escena en el marco de la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC). Las rondas de negociación del TLC han puesto sobre la mesa temas urgentes de discusión en el país como es la recuperación del salario mínimo y el papel del campo mexicano.

Sobe el primer punto, desde hace varios años han aparecido en México voces desde diferentes frentes, principalmente académico, que impulsan el aumento del salario mínimo. Se encuentra perfectamente documentado que el salario mínimo ha crecido por debajo de la inflación desde la década de los 80, y ha perdido al día de hoy tres cuartas partes de su poder adquisitivo, al punto que no es suficiente para que un hogar, que solo gana un salario mínimo, alcance la línea de bienestar en México. La política salarial queda fuera del ámbito de acción de la política social, aun así, corrige un punto básico en la tendencia de la pobreza en el país: la dimensión del ingreso.

Para finalizar, y en un plano más general, la Agenda 2030 plantea una aproximación universal y transversal de atención a los problemas del desarrollo sostenible. Esta estrategia propone la interrelación e indivisibilidad de los objetivos, ubicando en un mismo nivel los objetivos de promover un crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos y adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos. Un replanteamiento en este espíritu sobre el diseño e instrumentación de la política social en el país, representaría un cambio de rumbo importante y un paso hacia la consolidación de un proyecto integral de nación.

Silvia Elena Meza es economista por El Colegio de México y la Universidad de Sonora.


Comunicado de Prensa No.003. Posicionamiento de CONEVAL a los cambios realizados por el INEGI en la captación del ingreso de los hogares. CONEVAL, 15 de Julio de 2016.
De acuerdo con el INEGI, la sub-declaración en los deciles más bajos podría ser mayor al 20% de los ingresos monetarios; mientras que entre los deciles más altos ésta podría ser de 200%, 300% o mucho mayor.” Ingreso en México y evolución de la pobreza. Apuntes sobre la nueva ENIGH 2016. BBVA Research. Juan José Li Ng, Carlos Serrano, 4 septiembre 2017. 
Nota Informativa: La Evolución del Ingreso de los Hogares Mexicanos en los últimos 25 Años. CONEVAL, 15 de junio de 2017.
Población que no presenta carencias sociales y cuyo ingreso es inferior o igual a la línea de bienestar. Metodología para la medición multidimensional de la pobreza. CONEVAL, 2010.

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