Toda esa generación de jóvenes a la que solía verse absorta en el mundo virtual, ajena a la realidad circundante, puso los pies en la tierra el 19 de septiembre: salió a la calle a enfrentar la desgracia, a levantar escombros y, apoyada en las redes sociales, a organizar inteligentemente la ayuda. En opinión del escritor Juan Villoro, ésta fue una lección para todos los mexicanos, quienes pudieron ver que el único pecado de los millennials fue el “exceso de solidaridad”. Que la gente, dice, no regrese a una parda normalidad.

Uno de los costos más altos de la violencia en el país, según los expertos, ha sido el desgarramiento del tejido social. Desde que tienen conciencia, los jóvenes perdieron la libertad de las calles contra la inseguridad y los avances tecnológicos trasladaron la socialización a los terrenos virtuales. 

Replegada, la de los llamados millennials había sido vista como una generación apática, absorta en los confines del ciberespacio, con poco sentido de comunidad. Pero las sacudidas de septiembre obligaron a los jóvenes a salir a la superficie, descubrieron la realidad y decidieron incidir en ella.

Con los escombros, removieron también los prejuicios. Echaron mano de las redes sociales y de su fuerza para organizarse y comandar la ayuda a través de la emergencia.

Para Juan Villoro, es esa una de las principales lecciones que dejaron los últimos terremotos que cimbraron al país. En entrevista, sacudido aún por la tragedia, el periodista y escritor mexicano recuenta:

“Uno de los grandes problemas de la realidad virtual es que muchas veces piensas que tu indignación y tu protesta transforman algo, pero sólo lo transforman si trascienden la realidad virtual, si pasan al mundo de los hechos.

“Me parece que aquí la participación de los jóvenes ha sido una lección para todos. Porque salieron al mundo de lo real y lo transformaron y porque además lo hicieron con disciplina y con orden. Incluso hubo momentos en que asumieron el liderazgo de los rescates y fue extraordinario ver que ciertas autoridades se plegaban a lo que decidían los jóvenes brigadistas”, inicia Villoro, entre la emoción y la sorpresa.

–¿De dónde nace esta determinación con la que la juventud salió a las calles? ¿Del descontento, del dolor, del miedo…?

–Me atrevo a decir que hay muchos jóvenes que conocieron la ciudad por primera vez después del terremoto, que tuvieron una idea global de la ciudad a partir de la destrucción. Esa es una lección que te da la fragilidad de la vida. Podías morir y no lo hiciste. Si estás vivo, ¿cuál es la causa de tu supervivencia y qué debes hacer? Es el principio rector de la resistencia: la necesidad de hacer algo, de reparar los daños. Afortunadamente, para recoger basura nadie tiene que ser especialista.

Fragmento del reportaje especial publicado en Proceso 2135, ya en circulación

Read 107 times Last modified on Tuesday, 03 October 2017 10:11
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