La pekinesa Chloé Zhao se convirtió el domingo en la primera asiática y tan solo la segunda mujer en conquistar un Oscar en la categoría de dirección. La directora se llevó a casa dos estatuillas en la atípica gala de la Academia, marcada por la crisis del coronavirus y la debacle económica que provocó en la industria. Su cinta, Nomadland, fue la gran ganadora de la noche con tres grandes premios (mejor película, dirección y actriz principal). Este hito ha sido silenciado por la mayoría de la prensa china, que hasta ayer lunes hacía vacío a una cineasta que ha conquistado Hollywood con solo tres películas. El desaire tiene su origen en unas declaraciones de Zhao en 2013 a la revista Filmmaker, donde afirmó que su país “estaba lleno de mentiras”. Las palabras fueron recordadas en marzo por los sectores nacionalistas, que presionaron para impedir el estreno de la cinta ganadora del Oscar. Desde entonces se han borrado y censurado las elogiosas críticas que la película comenzó a obtener desde su estreno en el Festival de Venecia.

“Vean nuestra película en la pantalla más grande que les sea posible. Y, cuando se pueda, lleven a la mayor cantidad de personas a una oscura sala para que compartan hombro con hombro la experiencia de cualquiera de las películas aquí representadas”, dijo Frances McDormand, protagonista y productora de Nomadland, al recoger la estatuilla de mejor película.

Zhao y McDormand fueron los rostros más visibles de esta edición de los Oscar, donde el 32% de las aspirantes eran mujeres. Un incremento pequeño respecto a años anteriores. La noche dejó la siguiente marca de ganadoras: 15 ganaron 17 premios (Zhao y McDormand se llevaron dos cada una), empatando la de 2018. Fue la primera ocasión en que dos directoras aspiraban al Oscar. La otra candidata era Emerald Fennell, quien ganó el premio al mejor guion original por Una joven prometedora, una película que filmó en solo 23 días.

El lunes la gente continuaba criticando el anticlimático final de la ceremonia, celebrada en la estación de trenes de Union Station para evitar grandes concentraciones y tener más espacios al aire libre. Los organizadores colocaron como último galardón de la noche el premio a mejor actor con la esperanza de que los integrantes de la Academia cerraran con un emotivo momento en memoria de Chadwick Boseman, fallecido en 2020 a los 43 años por un cáncer y nominado por La madre del blues, producida por Netflix; el estudio que más ganó en la noche con siete estatuillas, entre ellas las de vestuario y maquillaje y peluquería, que tenía entre los galardonados al español Sergio López-Rivera, maquillador personal de Viola Davis, protagonista del drama.

La muerte del actor Chadwick Boseman, en agosto, alcanzó una audiencia mundial y se convirtió en el tuit con más interacciones de la historia. Pero no hubo final de Hollywood. Anthony Hopkins triunfó por su interpretación de un viejo aquejado por la demencia en El padre, dirigida por el francés Florian Zeller. Hopkins estaba en Gales y no acudió a la ceremonia. “A los 83 años no esperaba ganar este premio… Estoy muy agradecido y quisiera rendir un homenaje a Boseman, quien se ha ido de entre nosotros demasiado pronto”, dijo el actor en un vídeo grabado desde la campiña. Hace 30 años que ganó su primera estatuilla por su interpretación en El silencio de los corderos. El padre es el primer largometraje de Zeller, un experimentado dramaturgo que recibió desde París el Oscar al mejor guion adaptado, un premio que compartió con Christopher Hampton, un veterano que ya ganó en 1988 por Las amistades peligrosas y que estaba en la sede en Londres. El británico Daniel Kaluuya obtuvo el premio a actor de reparto por Judas y el mesías negro, una cinta que también ganó la mejor canción interpretada por Gabriella Sarmiento, H.E.R.

Tiara Thomas, H.E.R. y Dernst Emile II, ganadores de la estatuilla a la mejor canción original por 'Fight For You', de la película 'Judas y el mesías negro'.
Tiara Thomas, H.E.R. y Dernst Emile II, ganadores de la estatuilla a la mejor canción original por 'Fight For You', de la película 'Judas y el mesías negro'. POOL / REUTERS

La actriz Glenn Close dijo, antes de la ceremonia, que la edición 93 tenía un peso simbólico. “Formamos parte de una industria que se está redefiniendo, se está reinventando”, afirmó la actriz, que se fue con las manos vacías por octava ocasión, una marca que la empata en decepciones con Peter O’Toole. Y vaya si la pandemia ha transformado al cine. En 2020, la taquilla global ingresó solo 12.000 millones de dólares, una caída del 72% que responde al cierre de las salas. El mercado del streaming creció en el mismo tiempo un 33% en Estados Unidos y un 30% en el resto del mundo, superando los 1.000 millones de suscriptores. Tampoco la gala conectó con los espectadores: la ceremonia tuvo la peor audiencia de la historia (9,85 millones).

Close perdió frente a la surcoreana Youn Yuh-Jung, la abuela de Minari, quien se ha convertido en la segunda asiática en ganar un premio de interpretación desde 1957, cuando fue reconocida Miyoshi Umeki por Sayonara. La ganadora regaló a la audiencia uno de los discursos más divertidos de la noche gracias a su frescura. Un humor que también estuvo presente en la sala de prensa. “Nos categorizan como negros, blancos, amarillos, cafés. No está bien que nos dividan así, ¿saben? Si ponemos todos los colores juntos es mejor. Hasta el arcoíris tiene colores. Los colores realmente no importan”, dijo Youn. El discurso más doloroso fue, por su parte, el de Thomas Vinterberg, que con el Oscar en la mano a mejor película internacional por Otra ronda, recordó a su hija mayor, Ida, fallecida en accidente de coche cuatro días antes de que empezara el rodaje. “Es un milagro lo que ha pasado y ella es parte de él. Este Oscar es un monumento para ella”, dijo el director.

Las palabras de Youn refrescaron una acartonada ceremonia que tuvo de novedosa el arranque, a cargo del director Steven Soderbergh. Fue un gran plano secuencia de la caminata de la actriz y directora Regina King por el vestíbulo de las taquillas de Union Station hasta el escenario. Fue el momento más cinematográfico en la estación, una locación que supera las 150 películas, entre ellas Blade Runner y el Batman de Christopher Nolan.

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