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Uno de los últimos retratos de la pintora mexicana Frida Kahlo ha batido este martes el récord de un artista latinoamericano en subasta. El autorretrato Diego y yo, de 1949, fue la estrella de la puja que la casa Sotheby’s ha celebrado este martes en Nueva York, en el marco de la temporada de otoño del mercado del arte.

Con un precio de salida de 30 millones de dólares, la pintura, que muestra a la autora de frente, con la figura de Diego Rivera inserta en su frente como una presencia inquietante, fue rematada por 34,9 millones de dólares, un precio que desplaza a su marido del podio como autor latinoamericano más cotizado (10 millones de dólares en 2018 por su cuadro Los rivales) y que supone también un récord para la obra de una mujer, aunque sin superar la cifra de un cuadro de Georgia O’Keefe que alcanzó 44 millones de dólares en 2014, también en Sotheby’s.

Antes de la velada de este martes, bajo el título Evening Sale, el autorretrato de Kahlo ya había superado otro récord en una puja previa, el pasado septiembre, con un precio de 26 millones de dólares. Diego y yo había sido subastada por última vez en 1990, también en la casa Sotheby’s, por 1,4 millones de dólares. El precio más alto pagado por una obra de Kahlo hasta la subasta de este martes habían sido ocho millones de dólares por un lienzo de 1939, Dos desnudos en el bosque, vendido hace cinco años. De ahí que la centenaria casa Sotheby’s saludara el resultado de la puja, y la revalorización de Kahlo, “que eclipsa el récord de una obra de arte latinoamericana, anteriormente en poder de su esposo Diego Rivera, y bate su propio récord más de cuatro veces”.

El cuadro, de pequeñas dimensiones, simboliza la tortuosa relación que los dos artistas mantuvieron y, sobre todo, la continua presencia del muralista en la vida y la estética de Kahlo, con la figura de Rivera, que a su vez exhibe un tercer ojo en la frente, supervisando la visión -y la vida- de su esposa. Pintada un lustro antes de la muerte de Kahlo y considerada el último de sus numerosos autorretratos, la obra fue creada durante uno de los periodos más convulsos de la autora, debido al dolor físico que sufría a raíz de múltiples operaciones.

“Pintado el mismo año que su amado Diego se embarcó en un romance con su amiga María Félix, este poderoso retrato es la articulación pintada de su angustia y dolor. El resultado [de la subasta] de esta noche se podría definir como la máxima venganza, pero de hecho es la máxima validación del extraordinario talento y el atractivo global de Kahlo. Diego y yo es mucho más que un retrato bellamente pintado. Es un resumen pintado de toda la pasión y el dolor de Kahlo, un tour de force del crudo poder emotivo de la artista en la cima de su capacidad creadora”, ha valorado Anna di Stasi, responsable de Arte Latinoamericano en Sotheby’s.

 

Publicado por El País

Fotografía de portada: Angela Weiss

Comala, espacio artístico, volverá a abrir. Luego de padecer al Covid-19, sus estragos económicos y el llamado a la no reunión que llevó a deshabitar los espacios, este centro cultural ubicado en el barrio de El Alto reabrirá con un nuevo programa de talleres que apostarán por lo presencial y lo virtual. 

La gestora cultural Karla Ibarra pondrá en marcha el proyecto Interconectados, hacia un plan de conexión virtual, semipresencial y presencial de Comala, en el que -como su nombre lo indica- se busca un diálogo y un acercamiento con los públicos, estén donde estén. 

Durante una entrevista, la también actriz de la compañía Sincronía Teatral señala que al lado de la directora del espacio Sandra Parra trabaja para revivir el espacio ubicado en la 14 Oriente número 1412, ubicado a media cuadra de Casa Aguayo, sede del Poder Ejecutivo de Puebla. 

Acotó que con cuatro años de quehacer cultural integrado principalmente por talleres, conciertos, trueques, ciclos de cine y eventos culturales diversos, la contingencia sanitaria, económica y también cultural que causó el Covid-19, el espacio independiente tuvo que cerrar. 

Ibarra expuso que ahora con la obtención del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) 2020-2021 se enfocará en reactivar un espacio cultural, con actividades virtuales y presenciales, para que el público regrese poco a poco a los espacios y se conecte con ellos.

Informó que la reapertura será esta semana, a partir de este lunes 13 de septiembre, con talleres que van desde yoga, dibujo y pintura para niños y adolescentes, teatro comunitario, encuadernación artesanal e introducción a la animación y Stop Motion, mismos que serán permanentes y seguirán hasta diciembre. 

En el proyecto, contó, se contempló de inicio el temor que hay del público por regresar a los espacios culturales, a los teatros, a los centros culturales comunitarios, al cine.   

Confió que si bien no es nueva la virtualidad, pues desde hace un tiempo hay más plataformas para ver películas o conciertos, es cierto que la epidemia hizo moverse a la gente a esos espacios, casi de manera obligada. 

Por tanto, dijo Karla Ibarra, Comala buscará adecuarse a las necesidades sanitarias actuales que se requieren, por lo que se trabaja para darle confianza al público que asista de manera presencial para sentirse segura, a la par de que no se quitará el dedo del renglón en decir que es necesario regresar a los espacios. 

“Es un reto como gestora, algo que se vio en el curso Gestionar en comunidad que organicé. Hay que entender que Comala, al ser un espacio en medio de este barrio, puede ser un lugar de convivencia y de recreación que puede ayudar a bajar la mala fama del barrio al que se le considera violento”, señaló la gestora cultural. 

Los talleres de Encuadernación, Teatro en comunidad, Dibujo y pintura para niños y adolescentes, e Introducción a la animación y el Stop Motion estarán a cargo de Diana E. Torres, Liliana Olguín, Jesús P- Huerta y Erukaz, respectivamente, serán presenciales con cupos limitados. La excepción será el taller de Yoga que impartirá Larissa Guzmán, que sí tendrá una transmisión en vivo desde el facebook de Comala espacio artístico, los martes de 18:30 a 20 horas. 

La idea para Comala, concluyó Ibarra, es seguir difundiendo y hablando del espacio de manera virtual, para ir mudando a lo presencial entre los vecinos, pues está segura que un “espacio se alimenta con la gente que está alrededor” de él. Asimismo, se retomará la naturaleza del espacio sin descartar giros de tuerca en la programación tratando de hacerlo híbrido, haciendo diálogos con los públicos presenciales y virtuales. 

Escena del video 'Una trayectoria, una colección: Federico Silva' realizado por Osvaldo Villagrán, para conmemorar los 98 años del escultor, pintor y académico mexicano
Escena del video 'Una trayectoria, una colección: Federico Silva' realizado por Osvaldo Villagrán, para conmemorar los 98 años del escultor, pintor y académico mexicano.
 

En Tlaxcala, el estado más pequeño de la República, se encuentra la casa donde vive Federico Silva (Ciudad de México, 16 de septiembre de 1923), quien este jueves cumplirá 98 años de edad. Su obra comprende escultura, pintura de caballete y mural, arte cinético y gráfica digital. Allí, en un amplio terreno de varias hectáreas, vive con su esposa, la sicoanalista María Esther González Tovar, quien cordialmente nos recibe para la entrevista que nos concedió el maestro gracias a la intermediación del amigo Luis Ignacio Sáinz.

Desde muy joven se convirtió en apasionado lector y aficionado a la música. Con esas habilidades de escucha y lectura, realizó estudios de veterinaria, derecho y antropología, pero se decidió por el arte.

–¿Por qué no se dedicó a ser veterinario, abogado o antropólogo? ¿Por qué se decantó y prefirió ser artista?

–Eso realmente no lo sé, porque desde niño pintaba y hacía cosas y ahí me realizaba. Empecé a aprender y a entender también por qué se hace y me di cuenta de que los mejores artistas de México eran artistas comprometidos con la sociedad.

–¿Cuándo dijo “voy a ser artista”, se acuerda?

–Nunca dije eso, porque siempre le tuve mucho respeto al término. Yo quisiera ser artista, pero tampoco es el planteo. Las cosas se hacen casi por instinto, por necesidad vital, cuando se mira algo que conmueve, y por la enseñanza de los grandes maestros, ver los murales, ahí se aprende.

–Después de darse cuenta de que los mejores artistas eran los comprometidos con la sociedad, comenzó a trabajar con (David Alfaro) Siqueiros. ¿Cómo conoció a Siqueiros?

–Siqueiros venía de América del Sur a México y se fue a vivir a Coyoacán. Yo sabía de toda su trayectoria y convicciones. Se me ocurrió hacer una revista política que se llamó 1945, y con esa idea fui a visitar a Siqueiros sin antes haber tenido ningún contacto. Le propuse participar en la revista; dijo que sí, contra la opinión de su esposa Angélica, quien quería que se pusiera a pintar. Pero Siqueiros quiso hacer política, prefirió usar su energía, su talento y su experiencia en la revista. 

–¿Y ahí es donde aprendió a hacer murales, con él?

–Bueno, eso no se aprende porque un mural es un planteo muy complejo, técnico, ideológico, social, romántico. No, yo empecé a trabajar con Siqueiros en Bellas Artes, y lo que hacía yo era preparar los colores y en una ocasión me dijo: “A ver, pinte usted esta esquina”.

El maestro Silva relata cómo intentó pintar, pero se ríe al recordar que después de tres días Siqueiros borró lo que él había pintado.

Recordemos que fue Siqueiros quien dijo que Federico Silva era “el pintor de su generación de más capacidad y fuerza expresiva” para defender su derecho a pintar uno de sus primeros murales. También recibió el apoyo de Carlos Chávez, Fernando Gamboa y otros. Entre las opiniones favorables que suscitaron sus obras, destaca el comentario de José Revueltas, quien en 1953 advirtió que “Silva no se ha dejado seducir por el canto de esas sirenas de sacristía dogmática”.

–¿Qué opina al respecto hoy, maestro?

–Efectivamente, el artista no puede dejarse seducir por algo que no sea el arte. El compromiso del artista –responde enfáticamente– es de cada quien y consigo mismo, no con el gobierno ni con el Estado ni con ninguna organización.

–¿Tiene alguna obra suya que sea su favorita? ¿Huites qué tal?

–¡Ah, bueno…! Si hablamos del mural Principio, ése es otro fenómeno, es arte público, ¡ése me gusta todo! No lo valoro por el mercado que impone una instancia u otra. Al arte público lo impone la sociedad, ése es su verdadero valor.

Algunas imágenes del mural Principio se pueden admirar, así como las de las 11 esculturas suyas de la colección Pago en Especie de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y otras obras, en el video de la serie Una trayectoria, una colección: Federico Silva, que se presentará mañana a las 11 horas en las redes sociales de Hacienda es Patrimonio Cultural y en el canal 14 del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano.

La videoentrevista, junto con la exposición que se inaugurará en noviembre en el Museo de Arte de la SHCP (Moneda 4, en el Centro Histórico de la Ciudad de México), son un homenaje al escultor y pintor comprometido que es el maestro Silva, quien forma parte de la mencionada colección Pago en Especie.

Interés colectivo

En el video Una trayectoria… también se podrá comprender por qué las obras de arte públicas son de interés colectivo y, debido a su complejidad, es conveniente utilizar una metodología científica para realizarlas. El trabajo debe ser multidisciplinario, porque permite la responsabilidad y comprensión del significado del arte, que no es simplemente el rescate testimonial, sino un instrumento cultural transformador.

Así, en el Espacio Escultórico de la UNAM, inaugurado en 1979 y que surgió de una idea propuesta por Federico Silva en 1977, colaboraron arquitectos y urbanistas con los artistas que lo crearon y que allí situaron sus obras: Hersúa, Helen Escobedo, Mathias Goeritz, Sebastián, Manuel Felguérez y el propio Silva.

El Espacio Escultórico, en sus más de 40 años de existencia, es un ejemplo de arte que vincula la naturaleza con la arquitectura y la escultura, además de que abre paso a una reflexión de la relación del hombre con el universo. Y su creador, Federico Silva, sigue en su búsqueda, experimentando, porque para él el arte es un instrumento de conocimiento.

–¿En qué piensa cuando está trabajando, maestro?

–En mi relación con el proyecto en el que estoy. Actualmente me interesa conocer la opinión de Luis Ignacio acerca de una pieza, La bailarina. Considero que la dejaré de color negro.

Esa pieza, explica Sainz, formará parte de una exposición que se prepara para Bellas Artes. Incansable, el artista que cumplirá 98 años sigue lleno de ideas, preocupaciones y conflictos porque, como afirmó hace un tiempo, “el arte no se llega a conocer, y eso es lo que me mantiene joven y activo, porque voy tras algo que nunca encontraré”.

Adriana Castillo Román es directora general de Promoción Cultural y Acervo Patrimonial y encargada de los Asuntos de la Titularidad de la Conservaduría de Palacio Nacional en la SHCP.

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La actriz Sylvia Pasquel (izq) en una escena de la cinta El diablo entre las piernasFoto Cortesía Alebrije CIE/Cinetec
 
 

Paz Alicia Garciadiego comenzó a escribir el guion de El diablo entre las piernas sin la intención de que fuese filmada. Comencé a plasmarlo después de verme en el espejo. Me habían pedido fotos, y entre mis fotos y la cara en el espejo vi una enorme diferencia. Eso me hizo reflexionar sobre la vejez, al punto al que he llegado, y me puse a escribir sobre mí, y sobre todo, sobre mi generación, contó la guionista.

Al ser escrito sin la intención de ser filmado, el guion pudo desarrollarse libremente. No me va a temblar la mano al poner una u otra cosa, comentó Paz. Sin embargo, Arturo Ripstein, director de la cinta, al leerlo decidió llevarlo a la pantalla grande. “Lo leí y me sorprendió tanto que dije: ‘no estaba para filmarse pero a partir de este momento yo me ocupo de que esto se haga’”, recordó.

La película, que se estrena el 5 de mayo, narra la historia de Beatriz (Sylvia Pasquel), una mujer madura que sufre las vejaciones de su anciano esposo (Alejandro Suárez). Mientras él sostiene una relación con una amante (Patricia Reyes Spíndola), su esposa busca revivir su sexualidad, incluso fuera de su matrimonio. La intención de la cinta era mostrar a seres humanos con las pasiones vigentes, coincidieron.

Sobre las cuestiones de violencia y abuso retratadas, Garciadiego se manifestó en contra de la corrección política. Ninguno de los participantes en esta película condona el abuso sexual. Pero una cosa es la postura política en la realidad y, otra es cuando uno hace una obra de arte, o quiere hacerla. La ficción tiene otros extremos y no podemos dejar que la corrección política nos límite y cierre los márgenes en los cuales nos movemos. Nosotros no hacemos la realidad, los participantes de la película no golpeamos mujeres, no estamos a favor de que se les insulte; es una ficción, y tenemos el sacrosanto derecho y el deber de respetar lo que ocurre en la ficción, señaló la guionista.

Esta película, enfatizó, se distingue de otras que abordan la temática sobre adultos mayores que están tratados en la integridad de su humanidad, no como viejos que ya están al margen de las emociones que alguna vez tuvieron.

Para la actriz Sylvia Pasquel, protagonista de El diablo entre las piernas, su papel como Beatriz representó una prueba muy importante para mi carrera, para mí, para mi edad. En la cinta, la mujer a la que encarna se desnuda tanto física como emocionalmente, son desnudos que son parte de la vida de actriz, y que forman parte también de la desnudez del alma de este personaje. Me tuve que enfrentar a dejarme llevar, a no tener miedo y a tener la confianza de saber que no era yo la que estaba ahí sino que era Beatriz, expresó.

Su compañera, Patricia Reyes Spíndola destacó el humor y el enfoque con que el filme está hecho. Hablar de la sexualidad de las personas de la tercera edad nos cuesta trabajo, incluso hablarla entre amigos, de qué está pasando con nosotros. Pero además es muy curioso porque estoy segura de que la gente joven no ha pensado nunca en la sexualidad de sus padres. Nadie se quiere imaginar a sus papás haciendo el amor, señaló la actriz.

Como en otras cintas de Arturo Ripstein, El diablo entre las piernas está grabada en escala de grises. En blanco y negro empecé a querer los paisajes de mi país, en blanco y negro empecé a entender qué era la realidad, porque el blanco y negro de alguna forma eliminan lo circunstancial, el color hace que el cine se parezca mucho a la realidad, el blanco y negro es exactamente la antípoda, por eso es más real que lo real, explicó el realizador en conferencia de prensa virtual, donde estuvo acompañado por Paz Alicia Garciadiego y las actrices.

Saturday, 01 May 2021 00:00

'Toledo Ve' en la Casa de México, España

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La ausencia de Francisco Toledo es notoria en la casa que en 1988 convirtió en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO). Pero su visión de la vida y las cosas perdura.

Toledo vio detalles que el ojo común no detecta. Vio el arte en lo cotidiano y logró trascender a otros espacios y objetos. Quizá por eso la creatividad del artista oaxaqueño sigue siendo motivo de admiración y respeto. 

Francisco Toledo abrió un panorama en el diseño con piezas que parten de cosas muy simples, pero que dan muestra de su nivel de abstracción, dice Hazam Jara, quien trabajó con él durante 10 años en distintos proyectos de diseño en el Centro de las Artes de San Agustín en Oaxaca.

“La mayoría de sus ideas venían de los objetos más sencillos, a veces hasta de una semilla, una red para pescar, o cualquier otra cosa común. Él encontraba la estética y el diseño en cosas que nosotros estamos viendo a diario.  Era una persona excepcional en cuanto a sus procesos creativos. Hasta en las sombras de los árboles o la que generaban algunas cosas encontraba algo para hacer arte”, dice Hazam, ahora director del IAGO.

Ejemplos de estas piezas son los balones de fútbol que se maquilan en la cárcel. Toledo encontró los patrones para hacerlos con su diseño y le dio otro giro a una de las principales actividades que tienen los internos; lo mismo la joyería hecha con cuero de cabra y polvo de oro, materiales que no se habían experimentado en el diseño de este tipo de objetos.

“Siempre nos sorprendió porque se adaptó a las necesidades del momento o a la tecnología, era como toda su experiencia como artista plástico adaptada a nuevas formas de hacer las cosas, abrió un panorama distinto para él y para quienes participamos del proceso. Todo era arte para él , su genialidad era tal que con unos pequeños trazos lograba decir bastante”, destaca Hazam.

 

Toledo ve: el arte, la artesanía y el diseño 

La obra del artista zapoteca vuelve a Europa después de más de 20 años. Casa de México en España presenta Toledo Ve, una exposición que da constancia de la exploración del artista en el diseño, en la que comparte su manera de ver el mundo.

Toledo ve  se conforma de más de 600 piezas. Se trata de objetos utilitarios que fueron intervenidos por el artista o en otros casos sirvieron de fuente de inspiración. 

La muestra se inaugura hoy en España. Es la última gran exposición itinerante planeada y curada por el mismo Toledo, quien murió el 5 de septiembre de 2019, solo dos meses después de la inauguración en la Ciudad de México. 

Toledo ve reúne piezas que van desde el dibujo y el grabado hasta la acción comunitaria, la gráfica intervenida y la elaboración de objetos en piel, plata, textiles, vidrio y fibras naturales, además de joyería elaborada con piel, cuero y oro e inspirada en la fauna local del Istmo de Tehuantepec, con animales como cangrejos, monos, peces, chapulines o saltamontes, perros y lagartos.

“Es una exposición en donde se desdibujan las fronteras entre el arte, el diseño y la artesanía. En ellas se aprecia la inmensa creatividad del maestro Toledo y la manera de retomar lo cotidiano y transformarlo en arte”, dice Ximena Caraza Campos, Directora de Casa de México en España, el espacio que albergará la exposición del 29 de abril al 19 de septiembre de 2021.

Caraza Campos considera que en la obra del artista zapoteca, el arte, la artesanía y el diseño tienen el mismo valor. Son igual de relevantes los papalotes elaborados colectivamente, los azulejos diseñados por Toledo y otros artistas invitados, así como la joyería o las radiografías intervenidas para denunciar temas sociales. 

“En Casa de México tratamos al arte, arte popular y diseño como una oportunidad de dar a conocer a nuestro país a través de la cultura. Los tres cumplen con este objetivo y representan a nuestros artistas, maestros y creativos. Con Toledo Ve, creemos que los límites que puedan tener estas categorías se hacen permeables”, dijo en la entrevista vía correo electrónico.

 

¿Cuál sería el aporte de esta exposición para repensar lo social en esta crisis por la pandemia?

一Las  piezas, además de mostrar la manera cómo veía y se relacionaba con su entorno, revelan un impacto social. Los talleres colectivos que el artista creó tienen impacto más allá de la derrama económica, pues fortalecen el sentido social, de pertenencia y a la vez estimulan la creatividad.

Toledo Ve subraya el compromiso que la obra de Toledo tiene con el entorno natural, social y político. Vivir la obra del artista y conocer el entorno creativo, la relación que guardan las piezas con las vivencias del artista, la inspiración de lo cotidiano y la sensibilidad de los problemas que se presentan en el mundo resulta en la admiración de las piezas en lo individual y en lo colectivo.

Adicionalmente, en estos momentos en donde­­­ la solidaridad tiene que ser uno de los principales valores de personas e instituciones, Casa de México retoma la reflexión del maestro Toledo de hacer el arte accesible para un público más amplio.

Estoy segura que presentar esta exposición en Casa de México, es dar la oportunidad a los españoles de conocer y reconocer a un artista contemporáneo de los más importantes en México y en el mundo”.

 

Parte de las mujeres que pintaron el mural de María Izquierdo en Oaxaca de Juárez.
Parte de las mujeres que pintaron el mural de María Izquierdo en Oaxaca de Juárez. Cedida por el Proyecto 'El mural que debió ser'

En la calle Aldama, número 222, del barrio de Jalatlaco, en Oaxaca de Juárez, hay ahora un mural que trata de corregir la historia. En él, una mujer desgrana un elote dorado mientras una niña aprende a trabajar el campo, el piso es de tierra y el cielo de un azul muy fuerte, hay una puerta que separa el mundo rural de la ciudad, donde varias mujeres trabajan con máquinas el maíz. Pintado por más de 100 mujeres, lleva por título El mural que debió ser. La obra es una recreación y una protesta. Está basada en los bocetos que la pintora mexicana María Izquierdo diseñó para un mural que Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros le impidieron realizar hace 76 años.

El Gobierno encargó a Izquierdo pintar al fresco en una escalera del Palacio del Distrito Federal. La prensa la celebraba como la primera mujer en “subirse a los andamios”. La obra tenía que mostrar la historia y el progreso de la ciudad en las paredes verticales y en los plafones del techo, el arte en general. La pintora decide representar el campo como contrapunto fundamental del desarrollo urbano, pero en ambos mundos pone en el centro a la mujer.

Entusiasmada, tenía construidos los andamios, adquiridos los materiales, contratados a los ayudantes y preparados los bosquejos. El supervisor canceló el proyecto cuando los muralistas concluyeron que Izquierdo “estaba poco ejercitada en la práctica del fresco, por lo que era preferible cambiarla a algún otro edificio de menos importancia”, ponían de ejemplo una escuela, un mercado, los lugares donde pintaban las mujeres. El episodio hundió moral y económicamente a Izquierdo. La artista murió pobre, enferma, unos años más tarde.

“¿Cómo ha cambiado el papel de la mujer en el arte en México en todo este tiempo? Esta historia tiene resonancia actual, podría ser de una amiga que le pasó hace un mes”, cuenta por teléfono a EL PAÍS Dea López, estudiante de Arte Contemporáneo, quien decidió armar el proyecto para resucitar la obra de Izquierdo. “Me enojé y pensé: ¿por qué no se ha hecho ya este mural?”. Junto a la artista Cassandra Méndez recorrieron las calles de Jalatlaco timbrando a los vecinos, buscando quien les donara un muro. Tenía que parecerse al que le dieron a María en Ciudad de México en 1945.

El mural que Izquierdo debía crear ocupaba 154,86 metros cuadrados y tenía un costo de 34.843 pesos. La nueva versión tiene 45 y ha costado 8.000. Ahora en vez de dos manos, lo pintaron cientos. Como las chicas no sabían pintar al fresco utilizaron Comex. Los textiles de las campesinas se hicieron oaxaqueños, se eliminaron las figuras de los hombres que Izquierdo sí había incluido en sus bocetos.

Una de las voluntarias lija el muro donde se va a pintar la obra de María Izquierdo.
Una de las voluntarias lija el muro donde se va a pintar la obra de María Izquierdo. Cedida por el Proyecto 'El mural que debió ser'

En total participaron 160 mujeres, 110 pintaron. La mayoría eran jóvenes, entre 15 y 27 años, algunas eran historiadoras, curadoras, otras artistas, muchas nada tenían que ver con la pintura, llegaron de Puebla y Ciudad de México. Tardaron cuatro días de marzo. Lijaron el muro, quitaron las impurezas, resanaron sus huecos y pintaron de blanco, trazaron el dibujo, y pintaron, pintaron, pintaron hasta que el 10 de marzo quedó listo. Todas habían respondido a la pregunta que Dea López había hecho en la convocatoria: “¿Alguna vez tú has estado en el lugar de María Izquierdo?”.

El “monopolio agotador” de los muralistas

María Izquierdo (San Juan de los Lagos, Jalisco. 1902-1955), que fue casada cuando era niña, divorciada pese al escándalo, autodidacta y la primera pintora mexicana en tener una muestra en Estados Unidos, era ya una artista famosa y reconocida en México cuando el Gobierno le encargó el mural. Había estudiado un par de años en la Academia Nacional de Bellas Artes, entonces dirigida por Diego Rivera, quien paradójicamente fue el primero en darle impulso en sus comienzos. En una muestra de la escuela, Rivera nombró los cuadros de M. Izquierdo —desconocía si el artista era hombre o mujer—, como lo único de valor. Tras los elogios del muralista, algunos compañeros contrariados lanzaron baldes de agua a María, quien abandonó poco después la academia. “Era entonces un delito nacer mujer, y si la mujer tenía facultades artísticas, era mucho peor”, escribió en sus memorias.

Con un manejo espectacular del color, desarrolló retratos, paisajes, bodegones, con predilección por los llamados altares de dolores. “Me esfuerzo para que mi pintura refleje al México auténtico que siento y amo”, dijo en 1947 la autora. Su obra tuvo a las mujeres como protagonistas, domadoras de leones, campesinas, bailarinas, valientes, duras, audaces. “Sus pinturas insisten, a veces sutilmente y otras abiertamente, en que las mujeres contribuyen significativamente al arte y a la sociedad mexicana”, escribe en su ensayo la investigadora de la Universidad de Texas Nancy Deffebach.

Fotografía de archivo de la pintora María Izquierdo.
Fotografía de archivo de la pintora María Izquierdo. Archivo Manuel Álvarez Bravo 

En 1929 consiguió su primera muestra individual, un año después estuvo en el Arts Center de Nueva York, viajó por Sudámerica, expuso en decenas de ciudades, colaboró como columnista con Excélsior y la revista Hoy. Con los años se había distanciado de muralistas como Rivera, Siqueiros y Orozco, a quienes acusaba de ejercer un “monopolio agotador”: “Los ‘tres grandes’ tienen bajo su control toda la producción mural mexicana y dictaminarán, desde su omnímoda posición, quién sirve y quién no sirve para pintar murales”, escribió en 1947, en un artículo que tituló La Izquierdo contra los tres grandes. En él, la artista asegura que quien “sueña con llegar al tono mayor del mural” se encuentra frente “a la barrera infranqueable” de adoptar los dogmas, temas y estilos de estos tres muralistas.

El bloqueo a María en 1945 se convirtió en una polémica en México, tanto que incluso decenas de artistas firmaron un manifiesto para que le devolvieran el proyecto. El argumento de que Izquierdo carecía de la técnica la llevó a demostrar lo contrario al año siguiente y pintar un par de fragmentos, La tragedia y La música. Ambos se encuentran colgados en un auditorio de la Facultad de Derecho de la UNAM.

“¿Dónde hay otros muros? ¿Cuándo los habrá? ¿Quién los pintará?”, se preguntaba Izquierdo en 1947. Las organizadoras del proyecto en Oaxaca tienen ahora un objetivo mayor: pintar con artistas profesionales el mural que quiso pintar María en el mismo lugar donde a ella se lo encargaron, el hoy conocido Antiguo Palacio del Ayuntamiento, oficina de la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. La historiadora del arte Mariana Zardain, quien asesoró con el mural de la calle Aldama, explica que el muro donde iba a estar supuestamente la obra de Izquierdo sigue sin pintarse, vacío. “La idea que se va a proponer es que se haga donde debe de estar, reivindicar así el trabajo de María y hacer un cambio en la historia del arte”.

'El mural que debió ser', en Oaxaca de Juárez.
'El mural que debió ser', en Oaxaca de Juárez. Cedida por el Proyecto 'El mural que debió ser'
La embajadora de Donald Trump en la ONU, Nikki Haley, ante el tapiz del 'Guernica', en una imagen de 2018.
La embajadora de Donald Trump en la ONU, Nikki Haley, ante el tapiz del 'Guernica', en una imagen de 2018. Mary Altaffer/ AP

El enorme tapiz que representa el Guernica de Pablo Picasso, una de las señas de identidad desde hace décadas de la sede de Naciones Unidas en Nueva York, ya no se verá más en el acceso a la sala donde se reúne su máximo órgano de decisión, el Consejo de Seguridad, después de que su propietario, el bisnieto del magnate del petróleo John D. Rockefeller -el estadounidense más rico de la historia-, solicitara su devolución. La obra, en préstamo desde 1984, ya ha sido descolgada y no recordará más a los mandatarios y diplomáticos que recorran el sanctasanctórum de Naciones Unidas los desastres de la guerra, como pretendió el pintor malagueño.

Ni la ONU ni la familia Rockefeller explicaron los motivos que han llevado a la retirada del tapiz, encargado en 1955 por Nelson Rockefeller, nieto del patriarca, al taller francés de Jacqueline de la Baume-Durrbach, con la autorización del artista español. Lo único que se sabe que es el reclamante, Nelson A. Rockefeller Junior, bisnieto del fundador de la dinastía e hijo del anterior –que llegó a ser vicepresidente de EE UU y gobernador de Nueva York-, “notificó recientemente a Naciones Unidas su intención de recuperarlo”, ha comunicado este jueves Stéphane Dujarric, portavoz de la institución. “Agradecemos a la familia Rockefeller el préstamo de esta poderosa e icónica obra de arte durante más de 35 años”, añadió el portavoz.

El cuadro original, devenido en símbolo universal contra la barbarie y la crueldad de la guerra, representa el bombardeo de la localidad vasca el 26 de abril de 1937 por aviones alemanes de la Legión Cóndor, que apoyaban al bando franquista durante la Guerra Civil española (1936-1939).

La réplica textil fue prestada en 1984 a la ONU, que un año después la instaló en el acceso al puente de mando del organismo. Desde entonces, solo había salido de allí con motivo de las obras de reforma del edificio, entre 2009 y 2013, periodo en el que fue conservada en la Fundación Rockefeller. Este jueves, la pared donde se colgaba la enorme reproducción -siete metros de largo por tres de alto- estaba vacía, según confirmó el portavoz, lo que da pie a los países miembros a una carrera por postular a uno de sus artistas como sustituto. En 2008 Miquel Barceló inauguró su particular capilla sixtina en la cúpula del Palacio de las Naciones de la ONU en Ginebra, una obra magna -costó 20 millones de euros- no exenta de polémica.

El organismo va a estudiar opciones para sustituir el vacío dejado por la reproducción del Guernica, apuntó el portavoz, después de haber notificado a los países miembros la devolución de la obra.

En sus 75 años de historia, la ONU ha atesorado una vasta colección de lienzos y esculturas con mensajes contra la violencia y por la paz mundial. Un conjunto artístico que aglutina tantas anécdotas como diversidad de estilos, como por ejemplo una vidriera de Marc Chagall o murales de Portinari o el español José Vela Zanetti.

La cantante Britney Spears, en Beverly Hills en 2018.  CHRIS PIZZELLO  AP
La cantante Britney Spears, en Beverly Hills en 2018. Chris Pizzello/Ap

 

Ella se preguntaba a veces si aquello había sido lo más cerca que había estado de vender su alma al diablo. Sabía que era lo único inteligente que podía hacer en aquel momento, de todos modos. Simplemente, no veía otra opción. Y, después de todo, aquellas canciones hacía tiempo que habían dejado de ser suyas. Si es que acaso lo fueron alguna vez. ¿“Oops!... I did It Again”? A veces sentía verdadera vergüenza al toparse con aquel videoclip en los escaparates de las tiendas de televisores. Aunque, a decir verdad, ya hacía tiempo que no ocurría. Lo de sacarla en televisión. Ya ni siquiera existía la televisión. Al menos, no como la vivió ella. Ahora la música que sonaba en las pantallas ni siquiera necesitaba de divas del pop. Era compuesta por máquinas, como aquellas del 1984 de Orwell.

En ocasiones fantaseaba con que aquel tema servía de banda sonora al lanzamiento de algún cohete nuclear. “Oops!... I did It Again”, gritaría un sargento uniformado pulsando el famoso botón rojo de destrucción planetaria. ¿Acaso no eran ese tipo de cosas las que acababan financiándose con los fondos de inversión? Seguramente estaba exagerando. Como siempre le habían recriminado.

Todavía recordaba cómo le explicaron lo que era un fondo de inversión. Con un lenguaje infantil, como si fuera una niña que nunca hubiera llegado a quitarse esos coleteros de pompones rosas. “Es dinero que busca dinero”, dijeron. Y ella imaginó cómo sus canciones se convertían en detectives de vil metal, convirtiéndose en movimientos especulativos de alquiler en lejanas ciudades como Madrid, o en conseguir mercantilizar la dichosa vacuna que salvó a la humanidad en el 2021. Dinero que buscaba dinero. Dinero era lo que le iban a dar a ella. Mucho. Y era lo que ella necesitaba. Lo demás, en aquel momento, le daba igual. Lo importante era dejar algo a salvo de las manos de su padre. Algo a lo que poder aferrarse una vez recuperase su condición de adulta libre y funcional. La custodia de sus hijos. La normalidad.

Pero aquello tardó mucho tiempo en llegar.

Es cierto que, quizás, lo de afeitarse la cabeza no ayudó demasiado a mejorar su imagen pública. Pero estaba tan harta de todo. Y ella no era la única que había salido de fiesta sin bragas. ¿Qué había sido de Paris, o de Lindsay? Ellas también la liaban bien en aquellas noches. Pero ellas no eran madres, claro. Había una sutil diferencia. Que ella se lo pasara bien y se desmelenara de vez en cuando la invalidaba automáticamente como madre. Y le daba alas a su familia para convertirla en un títere capaz de dar giras, trabajar a destajo e incluso conseguir residencias en Las Vegas, pero no de gestionar su propio patrimonio ni sus afectos.

Por eso necesitaba dinero. Por eso vendió la mitad de sus derechos a fondos de inversión. Porque necesitaba liquidez. Y, por mucho que digan que el arte te hace libre, ella consideró que, en aquel momento, la libertad se encontraba en el dinero. Por mucho que pudiese perder el control sobre su obra. Su obra. Como si a aquellas alturas importase eso de “la obra”.

¿Acaso ella había llegado a ser una verdadera autora alguna vez? Sus canciones las firmaban decenas de supuestos escritores. Era algo que parecía imposible en los noventa, cuando empezó su estrellato. En aquellos días, una incluso podía reunirse con la que iba a ser la responsable de sus temas. En los dosmiles todo cambió. El número de compositores de los temas comenzó a incrementarse, así como los productores. Las canciones habían dejado de ser obras nacidas de una supuesta inspiración personal que hacía necesaria la expresión artística a través de la música. Los autores habían dejado de tener esa concepción, tan del siglo XIX, de seres tocados por las musas. La tecnología había traído de vuelta la idea de autor como mero artesano que construye temas en base a aquello que, supuestamente, más gustará. Más podrá vender. Dinero busca dinero, como solían decir. La música pop se había transformado en una gigantesca máquina de hacer dinero. Como ella.

Pero lo peor vino con Spotify y el dichoso algoritmo. Tampoco es que ella entendiera mucho de eso. Tan solo notaba que sus canciones habían dejado de tener una introducción y un estribillo, como aquellas que tan bellamente compuso Max Martin; para pasar a comenzar directamente con el estribillo. La canción debía atrapar al público en los treinta primeros segundos para que contase como reproducción en Spotify. También se acortaron sus temas. Desde aquel momento, tres minutos ya eran muchos. La música se fraccionaba y se multiplicaba como si fueran rodajas de sonido capaz de fraccionar y multiplicar aún más sus dividendos. La música ya no era música, era economía. Y los artistas, la verdad sea dicha, parecían no entender mucho de ese tema.

Quién le iba a decir a ella que sería una pionera en lo de vender su patrimonio musical. Lo que a ella le tocó hacer por necesidad y problemas familiares, se volvió moneda de cambio común durante la pandemia del coronavirus del 2020. Incluso el ínclito Bob Dylan acabó vendiendo su catálogo editorial por 300 millones de dólares. Claro, el pobre también necesitaba liquidez. La venta de discos físicos se había desplomado tras la llegada de internet y el streaming. Las compañías de streaming pagaban lo que venía a ser una pequeña limosna por cada reproducción. Y después, durante los aciagos años del 2020 y el 2021, olvídate de tocar en directo, aquello que había salvado de la ruina a los artistas durante el nuevo milenio. Vender era la única solución.

Fue entonces cuando las canciones terminaron por ser lo que llevaban intentando que fueran desde hace años: cifras.

En aquel momento, ella no se dio cuenta de dónde podía llevarles todo aquello. En aquel momento, tan solo había necesidad. Las consecuencias vinieron después. Pero nadie las consideró importantes, ya que solo afectaban al arte. ¿Y a quién le importaba eso? A los fondos de inversión, no.

Los fondos de inversión (que no dejaban de estar ejemplificados en cuatro grandes compañías) lo único que querían, y consiguieron con todo aquello, fue quitarse a los malditos autores de encima. Tenían un algoritmo que les decía qué era lo que más gustaba, cómo conseguirlo y qué mecanismos utilizar. Tenían toda una colección con millones de canciones con las que poder jugar y de las que poder obtener información. Después, Orwell les dio la clave. ¿Para qué tantos autores, tantos compositores? Era mejor que aquello de las canciones pop lo decidiese una máquina. Un robot capaz de darle al público lo que quería. Y a ellos, su dinero. Si ya incluso en el 2020 existía una herramienta capaz de generar un “error humano” en la producción para que sonase “más auténtico”. Quitarse de encima el concepto de autor les daba mucha ventaja.

Ahora que se discute tanto acerca de libertad de expresión, cabe preguntarse también qué libertad tenemos cuando nuestro arte está marcado y movido por el simple valor de resultar rentable a grandes compañías y fondos

Así, Britney dejó poco a poco de escuchar sus temas en la radio. E incluso le ofendía un poco ver que temas creados por robots obtenían más reproducciones de lo que ella nunca había conseguido. Pero no se podía jugar contra aquello que sabe lo que quieres mejor que tú, gracias a la información que le da tu teléfono, tu ordenador, tu consumo.

Sí, seguramente Britney Spears había vendido su alma al diablo. Porque el día que Britney fue libre fue el día en que la música dejó de esclavizarla. En el que ella dejó de ser un juguete roto, porque ya ni siquiera era considerada un juguete. Ya nadie quería jugar con ella, porque había otros elementos más lucrativos en los que entretenerse.

Puede que ahora podamos caer en la tentación de no tomar en serio estos movimientos. De no tomar en serio a la música pop. Pero es importante recordar que, aquello que mueve a los que están arriba, también afecta a los de abajo.

La música ha sido un negocio muy lucrativo a lo largo de la historia. Pero también ha sido uno de los medios de expresión más poderosos a la hora de transmitir mensajes contestatarios, que nos hablan de cambios y revoluciones. Del sentimiento que nace en las calles y mueve a los corazones. Si este medio se mercantiliza de manera completa, permitiendo que los autores dejen de ser considerados un elemento necesario en la cadena de producción, nos encontraremos con un mundo más presente de lo que parece. Uno en el que el mensaje que retransmiten las ondas sea el que los poderosos dictan. Y en el que el pueblo vaya perdiendo cada vez más voz.

Ahora que se discute tanto acerca de libertad de expresión, cabe preguntarse también qué libertad tenemos cuando nuestro arte está marcado y movido por el simple valor de resultar rentable a grandes compañías y fondos. En el que la tecnología ponga zancadillas a aquellos que no pertenecen a sus sellos y aborte cualquier tipo de innovación artística. De contracultura.

Es peligroso escuchar tan solo a aquellos que gobiernan. Es necesario tener la posibilidad de acceder a otras voces, aunque no nos digan aquello que esperamos oír. Es imprescindible seguir contando con autores que tengan la libertad de expresarse. Y de contar con canales donde puedan hacerlo sin someterse a un algoritmo. La extrema mercantilización del arte puede llegar a negar la existencia del autor y, sobre todo, la posibilidad de que éste pueda vivir de su obra sin estar sometido a la rentabilidad que fijan aquellos que tienen el privilegio de hacerlo.

Si Britney hubo de vender su alma al diablo para obtener su libertad, no dejemos que su futuro se convierta en nuestro presente.

* Elena Rosillo es doctora en Comunicación y programadora de la sala Vesta de Madrid; también colabora en La Marea, donde mantiene una sección de recomendación musical

El financista británico Jonathan Ruffer en el Castillo de Auckland (Inglaterra).
El financista británico Jonathan Ruffer en el Castillo de Auckland (Inglaterra). Barry Pells/Rhe Auckland Project
 
 

“Las personas somos como inmensas cuevas subterráneas, inexploradas incluso por nosotras mismas, y no agujeros cavados directamente en el suelo”, afirma el historiador estadounidense Timothy Snider en Pensar el siglo XXI, libro de su colega británico Tony Judt, del que de un modo muy poco ortodoxo es coautor. Es difícil no volver al alma de esta cita cuando se ha tenido enfrente a Jonathan Ruffer (Londres, 69 años) otro inglés sobresaliente, aunque en campos distintos: las finanzas, la filantropía y las artes plásticas.

Hablar con este joven entusiasta de 69 años resulta tanto o más estimulante que repasar aquella trayectoria vital impregnada de talento, de capacidad emprendedora y de una sensibilidad humana del todo infrecuente en estos tiempos. Quizá por eso escuchar a Ruffer hoy, cuando la pandemia asola al mundo, sea tan reconfortante. Después de todo, ¿cuántos hombres de negocios exitosos predican con realismo y modestia que nadie necesita más de 20 millones de libras para vivir, y convierten en praxis una encarnación de principios judeocristianos donde priman el desinterés, la generosidad y el cuidado del bien común?

Valores raros, pero que Jonathan, un hombre que se crio en Londres, que creció en North Yorkshire, que estudió en una escuela pública y que comenzó su carrera como corredor de bolsa para devenir luego abogado de nivel superior, bancario y especialista en finanzas corporativas y en inversiones estratégicas, seguramente aprendió de una de sus grandes referencias en el mundo de la filantropía: el prominente William Rathbone VI.

“Tengo una especie de gen de coleccionista, y creo que el deseo de coleccionar cosas es típicamente masculino, porque cuando extrañamos a una chica queremos poseerla, del mismo modo en que cuando nos encontramos con una obra que nos gusta queremos tenerla, lo cual por supuesto no es nada noble. Pero como sufro de este mal, hago como si se tratara de una cualidad”, asegura Ruffer a EL PAÍS con ese humor hecho de inteligencia y de nobleza tan típico de las mentes prodigiosas de Gran Bretaña, mientras se prodiga en otra de sus pasiones —la ópera— y especialmente en las voces españolas, desde el timbre hasta un misterio que las envuelve y que, como tal, no se puede explicar.

“En la pintura se puede constatar que a los franceses les ha preocupado la elegancia y que a los italianos les ha interesado la belleza, mientras que a los españoles les atrajo especialmente la verdad. Y por eso España tuvo su Siglo de Oro. Así que resulta natural que el barroco italiano te guste si la estética te encanta y que pienses que los franceses son especiales si la elegancia genera un magnetismo en ti. Pero si te importan la verdad y el alma de las cosas, aquella época de España es extraordinaria. Incluso yo, que vivo bromeando, tengo la teoría de que, si alguien quiere saber si un género es auténtico, debe observar si tiene humor”, añade, con un brillo y una gracia que son su marca de fábrica.

Pero a Ruffer —quien invirtió 18 millones de euros en evitar la dispersión de una serie de cuadros clave de Francisco de Zurbarán, así como en acondicionar el fantástico castillo que las alberga— no le interesa coleccionar como un acto mecánico y esnob, sino que en él esta es una costumbre tan natural como respirar, leer o sonreír. Y así, aunque sin pretensiones, explica qué es lo que le fascina de la gran pintura española: “Soy una persona conducida por el deseo de conocimiento, que acumulo sistemáticamente, y lo cierto es que lo considero una compulsión. Pero esto no sería así si no fuera por el dealer Anthony Mould, un hombre que, con su extraordinario ojo, ha sido una influencia y una guía fundamental durante más de 15 años para que mi colección, que hoy tiene entre 250 y 300 piezas, fuera como es”, dice este graduado de Cambridge que, pese a su modestia, admite una indudable facilidad para darle contexto histórico al arte de excelencia que admira y que colecciona, desde el barroco de la Europa continental hasta el paisajismo inglés.

En la pintura se puede constatar que a los franceses les ha preocupado la elegancia y que a los italianos les ha interesado la belleza, mientras que a los españoles les atrajo especialmente la verdad

“Cuando compro un cuadro español destinado al castillo de Auckland en el pueblo de Bishop Auckland, básicamente mi tarea es de preservación. Pero cuando compro un cuadro del barroco francés, lo hago por puro placer y para mí”, comenta con frescura un individuo que a lo largo de su carrera además ha destinado una enorme cantidad de dinero ya no para preservar arte, para alentar la pintura y para estimular la tarea de los curadores, sino para ayudar al prójimo de un modo que, precisamente por la autenticidad de su espíritu, Ruffer no se atreve a desgranar con detalles contrarios a la verdadera filantropía.

Fanático de artistas que no han sido valorados adecuadamente en su época, pero también de monstruos sagrados como Thomas Gainsborough y George Barret, Ruffer, un liberal que detesta pontificar, que considera que a menudo “las pinturas son ideas” y que ha declarado lo vital que es “mirar la vida a través de los ojos de los demás” para poder “ver las dificultades del otro”.

Casado con la doctora Jane Sequeira, descendiente del notable Isaac Herique Sequeira, Jonathan concede que muchos de sus contactos londinenses seguramente cataloguen como “atolondradas” algunas de sus aventuras, y lo asegura como un simpático modo de quitarles solemnidad y, tal vez, magnitud. Pero nadie puede afirmar que sea ortodoxo este señor que ha venido a volcar generosamente su fortuna allí donde creció, puesto que construir un parque temático de 80 millones de libras relacionado con la Historia, en las proximidades de su castillo, es otro de sus proyectos.

'Jacob y sus doce hijos' de Francisco de Zurbarán reposan desde hace siglos en un comedor del Castillo de Auckland.
'Jacob y sus doce hijos' de Francisco de Zurbarán reposan desde hace siglos en un comedor del Castillo de Auckland.HOUSE OF HUES / THE AUCKLAND PROJECT

La sombra de Zurbarán y del posible destino sudamericano de sus cuadros perdidos planea en el final de la conversación. Antes de terminar tiene tiempo para manifestar el orgullo que supone haber comprado y devuelto Los hijos de Jacob, una serie de retratos de Zurbarán claves pintados alrededor del año 1640, que para España, y también para el judaísmo, conforman un legado insustituible, al castillo que siempre los albergó, y cuyos vínculos con el episcopado anglicano de Durham son tan estrechos.

Con esa sonrisa cálida que lo caracteriza, el suéter verde rematadamente inglés, la camisa a cuadros debajo y una serie hermosa de reflexiones de semiótica y expresionismo filosófico en el análisis de algunas de las obras que le han hecho feliz, Jonathan remata, no sin antes elogiar a Navarrete el Mudo y con la esperanza como bandera: “Los seres humanos somos fascinantes. Por un lado somos gusanos, pero por otro estamos más elevados que los ángeles. Esa dicotomía es muy interesante, y si hay algo que demuestra el arte es que es más grande que todos nosotros. Esa grandeza es la que como especie tanto necesitamos. Porque si las personas se consideran maestras, se transforman en lentas, en poco interesantes, en insensibles. Pero cuando saben que hay cosas no comprensibles que tienen un poder sobre ellas, entonces se encuentran a sí mismas. Y bueno: eso es lo que creo que yo he hecho”.

Museo Internacional del Barroco
Foto: Agencia Enfoque
 

La exposición Leonardo da Vinci: 500 años de genialidad, llega a Puebla el próximo 4 de diciembre de 2020, se trata de un evento que se ha realizado en diversas partes del mundo y junta 200 piezas del propio del emblemático personaje.

En inglés llamada Leonardo da Vinci: 500 years of a genius, la exhibición fue creada por Grande Experiences junto al Museo Leonardo da Vinci y tiene como propósito crear una experiencia en torno a sus obras.

Los organizadores aseveran que es COVID-Safe, es decir que su naturaleza visual permite el distanciamiento social y no se manipulan objetos.

¿Qué esperar de la exhibición?

Para celebrar 500 años del legado de da Vinci, los asistentes podrán observar una galería y multimedia, principalmente pequeños cuádrenos con diafragmas y escritos de diversos temas del propio creador, así como pinturas.

Otra de las amenidades son 75 máquinas a gran escala, diseñadas según los planos y bocetos de Leonardo da Vinci.

Esta exposición se divide en 17 áreas temáticas.

Costo y horario

La exhibición se podrá observar de martes a domingo de 9:00 a.m. a 7:00 p.m., entre el 4 de diciembre de 2020 y el 28 de febrero de 2021, y es necesario comprar boletos para el acceso, los costos son:

  • 250 pesos en taquilla
  • 280 en Super Boletos (incluye cobro de servicio)

Ubicación

El Museo Internacional del Barroco albergará el evento. Se sitúa en Atlixcáyotl 2501, Reserva Territorial Atlixcáyotl, Puebla, Puebla.

Siempre libre y en constante exploración, es como se declaró el artista Gilberto Aceves Navarro (Ciudad de México, 1931-2019). Del pintor, grabador y uno de los mayores exponentes del expresionismo abstracto, el Museo Internacional del Barroco (MIB) montará la exposición Superar la herida. Pintura en libertad

Se trata de una exhibición conmemorativa a un año de su fallecimiento ocurrido el 20 de octubre de 2019, que recorre diferentes temporalidades de la vida de quien fuera colaborador de David Alfaro Siqueiros y miembro del Salón de la Plástica Mexicana. 

La muestra, que abrirá el próximo sábado 3 de octubre y permanecerá hasta el 28 de febrero de 2021, integra 29 óleos y acrílicos, 10 grabados además de artículos personales como cuadernos, pinceles y figurillas de plastilina, entre otros. 

De paso, indicó la Secretaría de Cultura de Puebla por medio de un comunicado, se integran obras inéditas del artista plástico formado en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda. 

Aceves Navarro trabajó hasta el último momento, no obstante tener la visión reducida, como reconoció en una entrevista concedida a La Jornada en julio de 2019: “Casi no veo, eso ha modificado mucho mi quehacer”. 

El miembro de la Academia de Artes y acreedor del Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes en 2003 se dedicó a hacer cuadros grandes, pues señaló que trabajaba “con mayor gusto y mayor variedad. Los artistas creadores vemos de dos maneras: una es la aprendida y otra la intuida. Y ésta es la mejor”.  

Reconocido también como parte de la generación de La Ruptura, Aceves Navarro fue maestro de generaciones de artistas y refrendó tener un compromiso con la educación. Sobre la infancia opinaba, al considerar que el arte ayuda a desarrollar la inteligencia: “El arte se debe enseñar a los niños porque es una bella compañía. Les hace más listos, rápidos, menos distraídos”. 

En 1952 trabajó como asistente de Siqueiros y participó en la elaboración de los murales del edificio de rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

Desempeñó una importante labor como docente en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, ahora Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, en la que impartió clases de 1971 hasta el 2012. Del mismo modo, desde 1998 brindaba clases de dibujo de manera independiente en su estudio en la colonia Roma. 

Participó en más de 300 exposiciones en México y en el extranjero, entre ellas en la muestra que en 2008 se le realizó en el Museo del Palacio de Bellas Artes a manera de homenaje: “Gilberto Aceves Navarro, 5 décadas, una mirada”, la cual reunió 120 piezas. 

En 2003 Gilberto Aceves Navarro se integró a la Academia de las Artes, mismo año en que recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes. En 2011 recibió la Medalla Bellas Artes, máximo reconocimiento que otorga el INBAL a destacados creadores en México. En 2014 recibió la medalla de la UNAM por sus 40 años de servicios académicos. 

Entre sus obras más reconocidas destacan Poema floral, mural al óleo pintado en 1968 para el Pabellón de México, en la Hemisfair de San Antonio, Texas; Yo canto a Vietnam, realizada en 1970 para el Pabellón de México, en la Feria Mundial de Osaka, Japón; Canto triste por Biafra, políptico al óleo de cinco piezas del Museo de Arte Moderno, del INBAL, pintado en 1979; Apoteosis de Don Manuel Tolsá y las musas románticas, técnica mixta que se encuentra en la explanada de la Facultad de Artes Diseño; Una canción para Atlanta, de 1993, mural de látex y acrílico pintado con motivo de los Juegos Olímpicos de 1996, celebrados en Atlanta, Estados Unidos; de 1994, los murales Agredida por los zancudos y Los músicos, el primero, acrílico sobre lámina de fierro, instalado para el Museo Rayo, Roldanillo, Colombia, y el segundo, acrílico sobre tela, ubicado en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. 

Su obra es parte de importantes colecciones públicas en el país, entre ellas las del Museo de Arte Moderno, en el que recientemente se exhibieron tres obras como parte de la exposición Colección Abierta. Galaxias; en el Museo Nacional de la Estampa y Museo de Arte Carrillo Gil, todos recintos del INBAL. 

La muestra Superar la herida. Pintura en libertad podrá visitarse en el MIB de martes a domingo, en un horario de 10 a 19 horas. Para acceder, los visitantes deberán cumplir las medidas sanitarias para evitar el contagio del Covid-19, como uso de cubrebocas y gel antibacterial. Para reservación de recorridos, de máximo 10 personas, se puede comunicar al teléfono 2223267130 (extensión 7131). 

Diego Rivera: intrahistorias es el nombre de la videoserie de estreno en la cual expertos en la obra del muralista mexicano relatarán anécdotas sobre su vida y obra. El título de la producción utiliza el concepto creado por Miguel de Unamuno para referirse a los hechos de una historia que suelen quedar a la sombra de las lecturas oficiales. 

Los primeros cuatro videos, producidos por el Museo Mural Diego Rivera, se transmitirán en la plataforma Contigo en la distancia de la Secretaría de Cultura federal y en el canal oficial de YouTube del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). 

En la serie Diego Rivera: intrahistorias, que se podrá apreciar cada semana, los días jueves, participan Mariano Meza, cocurador de la exposición Diego Rivera y la experiencia en la URSS, quien aborda distintas perspectivas de la figura mítica del guanajuatense por parte de sus contemporáneos.  

También participa el pintor Pedro Diego Alvarado, nieto del muralista, quien narra distintos episodios de la vida del artista, sus viajes por España y Francia, así como la realización de los murales en el Antiguo Colegio de San Ildefonso y la Secretaría de Educación Pública. 

“En sus composiciones (Diego Rivera) habla de un rigor áureo. Todo lo hacía en sección áurea como en el Renacimiento y, además, dominó la técnica del buen fresco como se utilizaba en dicho periodo”, refiere Alvarado en un capítulo. 

A ellos, se suma María Estela Duarte, también curadora de la exposición Diego Rivera y la experiencia en la URSS, quien revisa la relación de Rivera con el escultor Mardonio Magaña, a quien retrató en el mural Unidad panamericana, ubicado en el City College, de San Francisco, California, Estados Unidos. 

Por otra parte, la historiadora y curadora María Helena Noval hablará acerca del libro Picasso, Rivera y los mexicanos en París, publicado como parte de la muestra Picasso y Rivera: Conversaciones a través del tiempo –exhibida en el Palacio de Bellas Artes durante 2017-, exposición en la que se escribieron múltiples vivencias que reconstruyen la mítica figura del artista mexicano. 

Diego Rivera: intrahistorias se ha realizado con el propósito de dar continuidad a los contenidos digitales, los cuales conformarán un archivo audiovisual a disposición del público a través del canal oficial en YouTube del INBAL y en la plataforma contigoenladistancia.cultura.gob.mx. 

Para más información, se puede escribir al correo electrónico This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. o consultar el sitio electrónico www.museomuraldiegorivera.bellasartes.gob.mx y sus redes sociales: /museomural.diegorivera en Facebook, @MuseoMural en Twitter y @museomuraldiegorivera en Instagram. 

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