OCDE prevé un crecimiento de 5,8 por ciento en la economía mundial
Decenas de personas celebran el relativo regreso a la normalidad en Central Park (Nueva York, EE UU).
Decenas de personas celebran el relativo regreso a la normalidad en Central Park (Nueva York, EE UU).CAITLIN OCHS / REUTERS

Los anglosajones utilizan la palabra game changer para referirse a eventos o decisiones que cambian el curso natural de los acontecimientos, casi siempre para mejor. Los ingentes estímulos desplegados por la nueva Administración estadounidense van camino de ser uno de ellos para el mundo en su conjunto: la economía de Estados Unidos crecerá este año un 6,9%, según la proyección publicada este lunes por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), aupada por las transferencias de efectivo —que han logrado revivir el consumo— y los cuantiosos planes de infraestructura —que prometen modernizar un capital físico ajado mientras se vuelve a poner en marcha el engranaje de la actividad—.

Hasta ahora, el laboratorio de ideas de los países ricos, que todavía no incluye en sus cálculos las últimas inversiones anunciadas por la Casa Blanca —por lo que el resultado final podría ser incluso mejor—, esperaba que la todavía primera potencia mundial creciese cuatro décimas menos, un 6,5%, en 2021. Ese espectacular desempeño de EE UU, que poco después del ecuador de este año debería haber recuperado ya todo el terreno cedido durante la crisis, y la capacidad de resistencia de China (+8,5%, siete décimas más de lo previsto hasta ahora) llevarán en volandas a la eurozona, que despuntará un 4,3% (cuatro décimas más de lo anticipado) pese a su mayor timidez a la hora de gastar. Y también a la economía mundial en su conjunto, que crecerá un 5,8%, dos décimas más. La mejora global no es tan intensa como la aplicada en la revisión de marzo, cuando elevó el crecimiento en 1,4 puntos, pero los pronósticos siguen aumentando cada vez que toca actualizar el cuadro.

“Sigue siendo el momento de gastar”, decía este domingo el todavía secretario general saliente de la OCDE, Ángel Gurría, en una entrevista en EL PAÍS. Y eso es exactamente lo que está haciendo EE UU, desafiando incluso a quienes avisan del riesgo de sobrecalentamiento o de que la inflación se desboque. El paquete estadounidense de rescate sumará entre tres y cuatro puntos a su propio PIB en el primer año completo en marcha (2021) y un punto más al crecimiento mundial. Todas las economías se beneficiarán de la mayor demanda estadounidense, pero hay grados: el beneficio será más intenso para las más interconectadas con el gigante norteamericano —Canadá y México—, mientras que Europa, Japón y China lo harán algo menos.

“El impulso de la economía estadounidense se ha fortalecido, ayudado por los estímulos y la vacunación”, explican los economistas del organismo con sede en París en su último pase de revista a la economía mundial. “Su gran estímulo fiscal ayudará a robustecer la recuperación global”.

 

Apoyo público sin precedentes

A rebufo de EE UU, la sala de máquinas de la economía mundial está mucho mejor de lo que prácticamente nadie pudo pensar en diciembre del año pasado, cuando Biden aún no había tomado posesión y todavía faltaban dos semanas para que se inoculase la primera vacuna contra la covid-19 en EE UU y una para que se inyectase la primera dosis en el Reino Unido. Entonces se pensaba que el crecimiento global rondaría el 4,2% este año, superando a duras penas el nivel de PIB precrisis, pero la mejora sustancial de las previsiones desde entonces deja aquellos vaticinios en papel mojado: el mundo crecerá más gracias a la inmunización masiva en los países que hasta ahora han podido permitírselo y gracias también a una respuesta más keynesiana que nunca en Washington, que sigue dejando boquiabiertos a propios y extraños.

En marzo de 2020, cuando el mundo se llenaba de incógnitas a medida que los países se iban adentrando en el túnel de los confinamientos, la economista jefa de la OCDE, Laurence Boone, ya atisbaba lo que estaba por venir y apelaba a un “big bang presupuestario” para evitar una depresión económica de grandes proporciones: “No son los bancos centrales los que nos van a salvar esta vez, pero los presupuestos de los Estados pueden hacerlo”, decía. Un año y dos meses después, sus peticiones se han cumplido y la economista francesa utiliza este lunes el adjetivo “impresionante” para referirse al desempeño previsto para este 2021, con un apoyo de los países (fiscal y monetario) que “en ninguna otra crisis había sido tan rápido y efectivo”.

 

Con todo, apostilla Boone, algunos importantes vientos de cara permanecen, como la desigual distribución de la vacuna, muchísimo más rápida en el bloque rico que en los países en vías de desarrollo. “El mundo navega hoy hacia la recuperación, aunque con muchas fricciones. El riesgo de que el crecimiento pospandemia no sea globalmente compartido es elevado, y depende en gran medida de la cooperación internacional”, escribe la máxima responsable de análisis del think tank, que recuerda que en muchas economías —entre ellas, muchas avanzadas— a finales de 2022 el nivel de vida aún no habrá regresado a los estándares prepandemia. En síntesis: o los que tienen posibles se preocupan por la situación del resto o el riesgo de fondo es una recaída global con nuevas mutaciones del virus que pondrían en jaque a todos.

 

La inflación y el riesgo de sobrerreaccionar

La rápida reactivación de la economía es una buena noticia en sí, por lo que supone, pero también porque da confianza a empresas y consumidores para invertir y gastar sin tanto desasosiego y temor, lo que añade a su vez un punto adicional de optimismo sobre el crecimiento a medio plazo. Los ahorros acumulados por las familias que han tenido la fortuna de mantener sus fuentes de ingresos son muchos, “y el gasto únicamente de una fracción de ese exceso de ahorro acumulado elevaría significativamente el PIB”. “Los hogares”, opinan los técnicos del organismo, “podrían normalizarlo antes de lo previsto”.

Pero esa conversión en bloque del ahorro en consumo también crea dilemas importantes: con la recuperación asentándose con una consistencia mayor de la prevista, se han multiplicado las advertencias de quienes atisban una salida inflacionaria de la crisis. Y ese puede ser el detonante último.

La OCDE no descarta del todo esa posibilidad y recuerda que en los próximos meses este indicador probablemente siga picando al alza por una combinación de efecto base (la comparación interanual se establece con un ejercicio en el que los precios estaban bajo mínimos por la parálisis económica provocada por el virus), repunte de las materias primas y cuellos de botella en las cadenas de suministro de algunos productos esenciales estos días, como los semiconductores. Sin embargo, cree que la subida de precios será “temporal” y que el mayor riesgo es que unos mercados financieros demasiado temerosos sobrerreaccionen y provoquen un aumento de los tipos de interés a los que se financian Estados y empresas.

“En los últimos meses han aparecido señales de mayor presión por el lado de los costes”, reconocen los técnicos del organismo. “Pero la capacidad ociosa sigue siendo considerable y eso debería evitar un alza significativa y sostenida en la inflación subyacente [la que no tiene en cuenta ni la energía ni los alimentos, de largo los elementos más volátiles de la cesta de la compra]. Es poco probable que las tasas de desempleo regresen a niveles prepandemia, como pronto, hasta finales de 2022, así que la presión debería ser solo modesta en los 18 próximos meses”, explican. “La política monetaria actual, muy acomodaticia, debería mantenerse, permitiendo rebasar temporalmente la inflación siempre que la presión sobre los precios subyacentes siga contenida”. El error de 2011, cuando el Banco Central Europeo subió tipos mucho antes de lo que debería para conjurar un supuesto peligro inflacionista, sigue demasiado fresco en la memoria.

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