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Las enfermedades mentales y la vejez son temas poco tocados en nuestra sociedad, estamos acostumbrados a esconderlas y negarlas, pero ambas están ahí. Todos tendremos a nuestro cargo a alguien de la tercera edad, todos llegaremos a esa etapa de la vida donde los miedos se acrecientan y nos sentimos invadidos por la soledad, la melancolía y la incertidumbre sobre nuestro futuro, sentiremos el temor de no saber si nuestra descendencia hará un espacio en su vida para nosotros, experimentaremos la frustración que la pérdida de la fuerza y algunas capacidades representa. Y si la vejez viene acompañada de una enfermedad, esta será más difícil y compleja.

Muchas veces el ajetreo de nuestra vida diaria nos impide detenernos a pensar en la vejez y en cómo llevaremos y llegaremos a ella, afortunadamente en la literatura, el cine y otros medios tenemos un recurso  para reflejar y entender nuestra cotidianeidad, tenemos la oportunidad a través de ellos, de sensibilizarnos y ser más conscientes sobre algunos temas, como por ejemplo la vejez y todo lo que esta representa.

En el cine pocas son la cintas que tocan estos temas y muy reducidas aquellas que hacen énfasis en  los dos, una de esas cintas, es la ópera prima y de reciente estreno en cines de The Father, escrita y dirigida por el dramaturgo de origen francés Florian Zeller, quien junto a Christopher Hampton adaptó el guion (escrito en francés por Zeller) de la exitosa puesta en escena parisina del 2012.

“The Father” cuenta con seis candidaturas a los premios Oscar de este año, entre ellas: mejor película, mejor actor  (Anthony Hopkins) y mejor actriz de reparto (Olivia Colman).

El drama nos cuenta la historia de Anthony- extraordinariamente interpretado por Anthony Hopkins-, un hombre de la tercera edad que padece Alzheimer y que poco a poco se pierde entre recuerdos y caras de su presente y su pasado.

La película inicia con Anne (Olivia Colman) visitando a su padre, un hombre que pese a su edad parece fuerte e independiente. Anne le comunica sus intenciones de mudarse a París con su nuevo novio y además le pide que acepte a una nueva cuidadora, pues la última renunció por las “maneras” tan peculiares de Anthony para expresarse y tratar a los demás. A partir de ahí Zeller va construyendo y adentrándonos en el mundo de su protagonista.

The Father
Fotograma cortesía de Maremoto Maristain

A diferencia de otras cintas basadas en obras de teatro, The Father triunfa en el salto de los escenarios a la pantalla grande gracias al montaje, es con ayuda de este, que Zeller logra una conexión entre público y protagonista. Nos permite no solo ser espectadores, podemos entrar en la mente de Anthony y perdernos con él. Experimentamos la impotencia, la frustración y el miedo no solo a envejecer, también a ir perdiendo tus recuerdos y ser olvidado por ti mismo. Veremos cómo se van mezclando, los escenarios, los rostros, los tiempos e iremos internándonos en la confusión de su protagonista.

Aunque Hopkins hace gala de sus dotes actorales –como es su costumbre- Olivia Colman no se queda atrás y se luce como Anne, con ella la conexión es diferente, somos espectadores del sufrimiento y el dolor que esta enfermedad – como cualquier otra- causa en la familia.

The Father
Foto cortesía de Maremoto Maristain

Anne se debate entre el amor, el dolor y la impotencia de ver a su padre deteriorarse día tras día. Con The Father sufre al igual que su protagonista y te deja una sensación de tristeza, pero funciona bien para sensibilizarnos sobre el tema.

The Father es una buena historia, con grandiosas actuaciones y una maravillosa dirección.

Si estás pensando en regresar a los cines y aún no te decides por alguna opción, este drama puede funcionar perfecto.

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